Bryant Park es un lugar muy especial

Estás en el penúltimo capítulo del relato de un viaje que comenzó en Saltando un océano en seis horas y media.

El domingo por la mañana nos fuimos a desayunar a una cafetería de esas que se ven en las pelis. Nos pusieron unas raciones monstruosas. Mi huevos revueltos eran tres huevos como de avestruz de lo grandes que debían ser, porque aquello parecía más media docena. Como debieron pensar que no sería comida suficiente venían con papas machacadas, tres tostadas y una cantidad ingente de café chirrioso de ese que tanto gusta a los americanos. Pensé en echar una jiñada en el lugar para desalojar algo del exceso de equipaje que llevaba en encima. Nos fuimos caminando al Bryant Park, uno de mis rincones favoritos de la ciudad, muy cerca de la Grand Central Station y al lado de la Biblioteca pública. El parque está lleno de sillas y mesas que se pueden usar libremente. Nos compramos unos refrescos y nos sentamos allí, al solito, a pasar la mañana tranquilamente. Junto al parque se estaba organizando una cabalgata de Filipinos que celebraban el aniversario de su independencia, ya que todos sabemos que las Filipinas fueron hace mucho tiempo parte del gran Imperio Español. Algunas de las filipinas asustaban con unos trajes que no les ponen ya ni a las muñecas Nancy y tenían una carroza de Miss Filipinas caducada de Nueva York que se ganó la atención de mi cámara de fotos.

Lo de la cabalgata de filipinos resultaba fascinante, aunque mi capacidad para concentrarme en un evento es muy limitada y desde Bryant Park hay unas vistas del Empire State Building absolutamente geniales. Mi tío se marchaba temprano y lo acompañamos en el metro, aunque nosotros seguimos hasta la Calle 14 en donde nos bajamos para comprar una maleta. Por esa zona se venden baratísimas y de hecho, compramos un trolley por cuatro perras gordas. Volvimos al aparhotel en guagua, por una ciudad medio desierta por ser domingo. Esa tarde pasé por última vez por el Templo a honrar y presentar mis respetos a su Estivísimo, ese santo varón que dirige Apple y que ha instalado su gran catedral en la Quinta Avenida. Por la Quinta Avenida había otra cabalgata aunque esta era de judíos que celebraban algo aunque no sé muy bien lo que era. Una banda de nazis protestaba en la calle y los judíos radicales se encaraban contra ellos y se insultaban unos a otros agitando sus pancartas.

Me acerqué al Carnegie Hall para hacer unas cuantas fotos y después subí por Broadway Avenue hasta el Lincoln Center, lugar en el que está el legendario Metropolitan Opera House. Es una pena que estén en obras y no haya podido hacer fotos muy buenas pero aún así, mereció la pena el paseo hasta este lugar. Desde allí fui de nuevo a Times Square y entré en el museo de Madame Tussot. El que hay en Amsterdam siempre me ha parecido un poco flojo y ahora que he visto el de Nueva York, veo que es del mismo estilo y que las figuras esas de cera o de algo parecido no son lo mío. La gente se hacía fotos con las estrellas y yo debía ser la única persona que veía aquello demasiado falso.

Después me recorrí todas las tiendas de souvenirs de la zona buscando uno muy específico que me habían encargado y que no encontré y volví andando hasta nuestro hotel, cruzando Manhattan y haciendo fotos de todo lo que veía. Llegué muerto de cansancio.

Por la noche cenamos otro plato de comida masivo en el mismo sitio en el que habíamos desayunado. Salimos de allí cambados de tanta comida. Aprovechamos para preparar las maletas y dejarlo todo listo para el día siguiente.

Este relato continúa en El Museo de Historia Natural, el edificio Dakota y la vuelta a los Países Bajos.

2 opiniones en “Bryant Park es un lugar muy especial”

  1. Estupendo relato, como siempre. Ya lo tengo en cartera, para hacerlo si puedo, la primavera del año que viene. Me encanta cómo cuentas las cosas (ya te copié en mi viaje a Amsterdam), espero poder hacer algunas de todas esas cosas que has visitado. Te envidio tanto por tus viajes. Yo este año también he hecho muchos viajes, también tengo la sensación de haber estado siempre viajando, he ido a Alemania, Croacia y Grecia, pero quiero más.
    Te leo a menudo, pero no suelo intervenir, pero te felicito por tu esfuerzo.

    Por cierto, ¿qué tiempo hace en Nueva York en primavera, hacía frío?

    Besos y sigue así

    María José

    PD: el último enlace (el Museo de Historia Natural, etc. no funciona, no he podido leer cómo volviste a Holanda)

  2. Gracias por avisar del error, ya lo he reparado.
    Cuando yo estuve en primavera (a finales de mayo) la temperatura era muy buena, de alrededor de veinte grados y a veces un poco más.

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