Buceando en el arrecife secreto y en el pecio del azúcar

El relato comenzó en Desde Utrecht a Kuala Lumpur

Mi segundo día de buceo y ya más o menos adaptado a la relajada vida en las Perhentians, sin mucho que hacer y a un ritmo que te pone en un modo de vacaciones total. Me levanté temprano y a las siete y media, cuando comenzaron a servir los desayunos, yo estaba allí el primero. Después me fui al club de buceo y hoy en la primera inmersión, la de las ocho, no se había apuntado nadie más. Como saben que yo estoy al nivel de los grandes buceadores de la historia organizaron una visita a un lugar al que no han ido desde hace dos años y al que no llevan a cualquier desgraciado que se presente aquí porque es complicado y es profundo y el tipo de buceador que hay visitando estas islas son gente que o viene a hacer aquí el curso o no tiene mucha experiencia, como pude ver el día anterior con la gente que se bebe el tanque de aire como si fuera leche machanga. Se vinieron casi todos los maestros de buceo del club así que pese a que yo era el único cliente, venían cuatro buceadores conmigo para disfrutar del lugar, ya que el sitio al que íbamos es de eso, de disfrutar. Lo llaman el arrecife secreto y está al noroeste de Pulau Perhentian Kecil o la isla pequeña, que es en la que me estoy quedando, entre esta y un grupo de islotes. En realidad los buceadores querían tener este sitio marcado pero los pescadores no están de acuerdo y cada vez que ponen una boya la cortan. El dueño del club, que nació en esta isla, conoce la ubicación, pero en plan marcas, algo que me recordó a cuando iba a pescar con mi padre en su barquilla y buscábamos el sitio en el que estaba el pescado y era siempre con movidas raras como que se tenía que ver la fábrica de cemento de Arguineguín, el faro de Maspalomas y un saliente de la cosa yendo a Mogán y después mirabas hacia el centro de la isla y todo eso junto con la visión de uno de los roques y resultaba que allí estaban las brecas. Esto es igual, el colega tenía sus marcas en base al pequeño archipiélago de islotes y a nuestra isla y colocó la barca, lanzó una línea con plomos y tanteaba el fondo buscando rocas. Se equivocó en una de sus marcas en los dos primeros intentos pero en el tercero dio con el lugar. Todos nos preparamos, nos lanzamos al agua y allí había excitación. Usamos la línea con la plomada como referencia para bajar al fondo, casi a treinta metros, con lo que el tiempo que íbamos a permanecer allí lo marcarían nuestros computadores de buceo y no sería mucho así que había que asegurarse que fuera precioso. Descendimos y fue llegar, en un fondo de mar de arena y alrededor del conjunto de rocas enormes hay una cantidad brutal de vida, con bancos gigantes de barracudas, meros enormes y durmiendo entre las rocas, una cantidad dantesca de tiburones bambú, unos que al parecer tienen algo especial que les permite dormir sin moverse y se esconden entre rocas durante el día y salen de caza de noche. En un sitio determinado teníamos cinco tiburones en línea juntos. Allí todo el mundo hacía ruido y avisaba a los demás porque miraras a donde miraras, había algo. Parecían chiquillos con un juguete nuevo. Vimos de todo y siempre con bancos gigantescos de peces dando vueltas a nuestro alrededor. Cuando los computadores se acercaban al límite para una inmersión sin descompresión, comenzamos el ascenso y a media agua nos pilló una nube de medusas pero no de las que pican, muy bonitas. Salimos con todo el mundo flipando y volvimos en la barca al club.

La siguiente salida fue a mediodía y en esa se vino una pareja que hablaban en español entre ellos pero que resultó que ella es búlgara y él es italiano, pero ambos han vivido en países de habla hispana y es el idioma común. No tenían casi nada de experiencia y de hecho, el tío se bebió la botella con unas ganas que no veas. Fuimos al pecio del barco del azúcar, llamado así porque el barco que se hundió allí transportaba eso, pero que obviamente no es el nombre del barco. No está mu profundo, se hundió hace unos quince años y tiene muchísima vida, aunque la zona al ser arenosa y con corriente decían que la visibilidad podía ser mala. Está a medio camino entre las islas y el puerto desde el que se viene en la costa, así que en el camino iban paralelos a nosotros un par de barcos con gente que regresaba a la península. Enganchamos una de las boyas y la usamos para bajar. El pecio está de costado y hay unos tamborines gigantes, está medio abierto y se puede entrar y salir por algunas partes y en una de esas aventuras nos topamos con una serpiente marina y salimos por patas. Vimos algún tiburón bambú escondido, vimos peces león, bancos de barracudas, tanto de pequeñas y jovencitas como ya grandes y se ve que los peces agradecen que haya algo en el fondo del mar aparte de la arena porque el lugar está petado. También había una cantidad ingente de erizos y uno de ellos se había colocado sobre un cangrejo y era un cachondeo ver aquel erizo con patas que se movía rápidamente. Antes que Virtuditas me acuse, decir que lo encontramos así. Después de treinta y cinco minutos el italiano se había bebido el aire y tuvimos que salir. Estuvo bien pero la visibilidad era bastante escasa. Regresamos al club y para el resto de la tarde, cogí la toalla y me bajé a la playa a tomar el sol y pegarme un pedazo de siesta épica, antes de volver a la habitación para ducharme, ir a cenar y después escribir el relato de lo que sucedió en el día.

El relato continúa en El pecio vietnamita, la campana marina y la playa romántica

2 respuesta a “Buceando en el arrecife secreto y en el pecio del azúcar”

  1. Con el comienzo del Ramadán la gente como que desapareció durante esa semana, lo cual para mi fue perfecto y tuve todo el centro de buceo para mi. Algunos días se apuntaba gente para Descubrir el mar, pero esas son salidas puntuales y nosotros no íbamos con ellos. En Indonesia ya me pasó que éramos pocos o yo solo. El mes de mayo está entre temporadas y es perfecto para evitar las multitudes debajo del agua.

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