Buceando por las islas Gili

El relato comenzó en Desde Utrecht a Kuala Lumpur pasando por Abu Dhabi

Básicamente, en las islas Gili lo único que se puede hacer es pescar, tomar el sol o submarinear. Como de siempre le he tenido pánico a las bombonas y máscaras de aire y nunca he querido hacer alguno de los cursos, opté por una excursión de buceo con gafas, aletas y tubo con los holandeses. Debo ser el bicho más raro del mundo ya que tengo al menos dos amigos certificados que me podían haber ayudado a sacarme el título más básico de Padi o como quiera que se llame sin gastarme prácticamente dinero, pero bueno, regresemos a este relato.

Encargamos al holandés apuntarnos a alguna de las excursiones y eso hizo, consiguiéndonos además descuento por ser tres. Lo buenísimo y maravilloso de tener un nuevo amigo holandés y que trabaja en el mundo financiero es que es rastrero que no veas a la hora de negociar y racanear. Al parecer, la gente que contrató el paseo había pagado ciento veinte mil rupias, que vienen a ser nueve leuros y algo y a nosotros nos lo dejaron en siete leuros y medio o noventa y cinco mil rupias. Me imagino al pobre que le vendió la excursión llorando de rabia porque se la metieron doblada. Nos teníamos que ver en el muelle a las diez de la mañana y como ese día pasé de alquilar bicicleta, salí con tiempo de mi exilio al otro lado de la isla para ir paseando hasta el embarcadero. En mi bolsa waterproof llevaba la cámara, el objetivo gran angular, una toballa, la cartera, el bronceador y alguna chorrada más. Nos encontramos y el holandés se fue a pagar y concretarlo todo.

El tipo le dijo que no soplara al resto lo del acuerdo o le jodía la vida aún más ya que todos los demás habían pagado el precio ofertado y nosotros éramos los únicos con descuento. Nos dieron nuestras aletas y como esto es Asia y las cosas siempre son distintas, resultó que habían fusionado el grupo de aquella compañía con el de otra para así llevar un único barco lleno. ?ramos unos veinte de los que la más espectacular era una chama indonesia con un niño de dos o tres años que dormía. Nos subimos todos a nuestro barco con fondo de cristal y nos pusimos en ruta.

La primera parada fue cerca de Gili Meno, en un lugar para ver corales. Yo creo que llevar tantos años viniendo a Asia me está afectando porque estas cosas ya no me impresionan y juraría que los de las islas Perhentian están a años luz de los de las Gili en belleza. Estaban bonitos y como siempre es un placer, pero nada que no haya visto y muchísimos menos peces que en Malasia o en Camboya.

La segunda parada, también cerca de Gili Meno fue para ver tortugas. Yo llegué a ver seis, pero no eran las enormes de un metro o más de largo como en Malasia sino unas de treinta o cuarenta centímetros. Además vimos bastantes corales. En cada una de estas paradas estábamos entre media hora y tres cuartos y como siempre, los turistas indonesios se tiraban con chalecos salvavidas ya que no saben nadar. Los europeos no parecemos tener ese problema.

La tercera parada fue cerca de Gili Air, en un lugar muy próximo a donde estaba un grupo de surferos cogiendo olas. Allí había corales con más corales y algún banco de peces enorme. A esas alturas, muchos ya no saltaban al agua y se quedaban en el barco. Siempre pasa lo mismo, la gente llega con muchas ganas pero no aguantan demasiado.

Después la barca se dirigió a una de las playas de Gili Air para almorzar. Creo que con el viaje iba incluido un plato de arroz pero nosotros pasamos y pedimos la comida en uno de los restaurantes. Los indonesios son maestros consumados en hostelería con miles de premios internacionales y aunque éramos tres y todos pedimos la misma bebida (tres cervezas), nos las trajeron de una en una. Con la comida fue peor ya que primero vino la mía y la del holandés y cuando habíamos terminado de comer llegó la de la holandesa. Por suerte nosotros ya estamos adaptados y no esperamos por ella o nos comemos la barracuda fría. Al regresar al barco fuimos a otro lugar para dar de comer a los peces y después regresamos a Gili Trawangan sobre las tres de la tarde. Fui a la agencia en la que los holandeses habían comprado su billete para regresar a Bali y compré el mío para el mismo barco. Yo creo que el tío reconoció al holandés y de la rabia tan grande que le tenía, me vendió mi billete dos leuros más barato solo por joder al otro, que perdió hasta el color del disgusto mientras su novia y yo nos partíamos de risa. Después nos fuimos a un local pijo a tomarnos un capuchino helado y un trozo de tarta y de gratis nos vimos una pelea entre una cliente y las camareras, ya que la tía decía que no había pedido comida y ellas le decían que pagara los tres platos que había pedido.

Al regresar a mi cabaña me desvié y subí al punto más elevado de Gili Trawangan, una escalada increíble hasta setenta y dos metros de altura, por un camino en pésimas condiciones en el que veías todo tipo de bichos. Este día no hubo puesta de sol y por la tarde me acerqué a la zona más habitada para cenar en un bar en el que tenían barbacoa y podías elegir tu pescado. Opté por dos calamares a la parrilla. Después de cenar regresé paseando a mi choza para pasar mi última noche en Gili Trawangan. El cielo estaba soberbiamente iluminado por millones de estrellas y resulta curioso ver como las constelaciones que conozco parecen estar descolocadas por culpa de estar por debajo del Ecuador.

El relato continúa en Desde Gili Trawangan a Kuta

8 respuesta a “Buceando por las islas Gili”

  1. SESENTA Y TRES kilos OCHOCIENTOS gramos. Ese es el dato. Mi peso al regresar. Sencillamente perfecto. Sigo y espero seguir durante mil millones de años con mi talla 29/30 de pantalones.

  2. Sencillamente esquelético, si fueses hijo de mi madre te iba a meter laconada hasta que te saliera por las orejas… para ella yo siempre estoy “que doy penita” y soy mujer y solo peso unos kg menos que tú!!

  3. Vete a mi tumblr y mira todo lo que como. Lo que pasa es que no me apoltrono, no tengo coche, me muevo más que la compresa de una coja y cuando todo lo demás me falla, jiño hasta vaciarme.

  4. Cuando hay mucho viento…¿no tienes que agarrarte a ningún sitio?… jajaja. Pesas exactamente lo que peso yo; y yo soy mujer, y también creo que mido menos que tú. Hasta hace 3 años, pesaba 55 kilos (2,5 kg menos que mi peso ideal), y comía hasta la saciedad (de todo) manteniéndome siempre igual. Pero los años pasan…y ahora, a pesar de seguir con el mismo ritmo en todo, los kilos se adhieren sin permiso…y sin poder evitarlo. Así que te tendrás que ir haciendo a la idea, que lo que te ocurre ahora no será para toda la vida. Jajaja….

Comentarios cerrados.