Café, Google y Origami

Ayer al llegar al trabajo, por culpa de los dolores en el brazo derramé el café sobre el teclado. Un desastre. Además, la profesional de la limpieza turca que limpia la oficina como que pasó de mí, me dio un par de servilletas y se cogió el piro a despellejar a sus comadres en alguna de las habitaciones en las que se suelen esconder mientras deberían estar trabajando.

Así que limpié mi teclado como pude. Más tarde, mientras usaba el ordenador, noté que cada cierto tiempo se me abría una ventana del Internet Explorer con Google. Le pasé antivirus al equipo, lo miré por arriba y por abajo, hasta que caí en la cuenta de que quizás tenía café dentro del teclado y estaba haciendo algún tipo de contacto chungo. Llamé a los de IT y en nada me trajeron un teclado nuevo. En el trabajo tengo un teclado que tiene miles de botones que realizan acciones. Yo nunca los he usado, pero ahí están, gran monumento a la estupidez de los diseñadores de hardware.

Por la tarde me pilló una de esas llamadas tontas en las que alguien tiene un problema y pretende que lo ayude durante horas, así que me dediqué a practicar mi Origami. Ya soy capaz de hacer unos cubos que parece ser que se pueden usar como bombas de agua. Tendré que practicar lanzando alguno desde la ventana. También aprendí a hacer una cajita abierta que está muy chula para poner pequeños regalos dentro.