Calle privada

Calle Privada
Cuando uno entra en una calle y se encuentra este cartel se te vienen a la cabeza un montón de preguntas: ¿qué hacen los niños de este barrio? ¿serán normales? ¿tiene el presidente de la comunidad el poder supremo de prohibir animales domésticos? ¿se considerará el hacer el amor como un juego? Y de ser así, ¿cómo engendra niños esta gente?

Muchísimas preguntas sin respuestas al mirar el triste cartel que preside una triste y vacía calle en el barrio de San Juán, en Telde. No hay niños en esa calle jugando, calle que para más inri está cerrada al tráfico. No hay gente sentada en los bancos que se encuentran dispersos a lo largo de su recorrido. Sólo hay alcahuetas y noveleros controlando desde sus ventanas que nadie rompa las reglas. Infames individuos que en cualquier otra época de la historia de la humanidad habrían sido pasto de la máquina evolutiva pero que en el siglo XXI se asocian y son capaces de imponer criterios estúpidos.

¿Cómo se engañarán esos individuos a sí mismos cuando están en casa y les apetece jugar con sus parejas? Se dirán a sí mismos que no es juego, que es obligación evolutiva o que es mandato eclesial. ¿Y cómo harán para controlar los animales? ¿Entrarán en las casas cuando sus dueños se han ido? ¿considerarán que el hecho de ser visitado por moscas o mosquitos en las casas es constitutivo de delito? Y si una mariposa llega arrastrada por el viento y decide embellecer ese triste entorno revoloteando por allí, ¿la matarán?

¿Se habrán dado cuenta de que somos animales? ¿también los humanos tenemos prohibida la circulación en esa comunidad?

Tantas preguntas y sólo un cartel para responderlas …

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