Caminando entre Bhudas

El relato del viaje a Birmania y Tailandia del 2011 comenzó en la anotación De Utrecht a Bangkok pasando por Hilversum y Amsterdam

Mi segundo y último día de turismo en Yangon comenzó a horas más tolerables y en esta ocasión con un desayuno birmano que estaba delicioso al que le hice una foto con el teléfono e igual algún día lo vemos en la bitácora. Después de la comida, me preparé para salir y descubrí que la noche anterior me olvidé mi paraguas en el otro taxi y tuve que salir sin ninguno. Visto que no me llovió el día anterior, tampoco lo eché de menos.

Fui en taxi hasta la Pagoda Chaukhtagyi en la que hasta hace 50 años había un enorme Bhuda de pie que un buen día se cansó y se desmoronó ya que al ser un lugar santo, se da por sentado que si se cae es porque Bhuda lo quiso. Para evitar futuros malos rollos por el estilo el nuevo está tumbado, tiene 65 metros de largo y unos ojos de cristal de una sola pieza de un metro y pico. A 300 metros había otra Pagoda que quería ver pero mi legendario sentido de la orientación me hizo dar una vuelta entera sin toparmela. Regresé al lugar de partida, pregunté y entre gestos y gritos me señalaron justo la dirección en la que yo daba por sentado que no estaba. Fui a ver la Pagoda Ngahtatgyi en la que te cobran dos dólares por entrar y hay un enorme Bhuda sentado. Lo miré y lo remiré, le hice las fotos de rigor y me puse a buscar la forma de llegar al museo Bogyoke Aung San. Un chamo que percibió mis problemas a la hora de seguir un mapa se ofreció a hacerme un recorrido por los monasterios en losnque estaban los monjes de las revueltas de hace 3 años y también llevarme al museo, el cual estaba cerrado porque el gobierno no quiere que la gente recuerde eras pasadas que quizás fueron mejores. Desde allí seguí hacia el lago Kandawgyi, el cual bordeé haciendo fotos. Lo dejé a la altura del estadio nacional y en ese instante se cubrió el cielo y caó un chubasco brutal que me dejó totalmente mojado. Por suerte mi cámara va en una funda que rocié con un producto que lleva nanotecnologia de la buena y no se mojó y mis pantalones y camisetas son de materiales especiales y secan rápido. Aun así jode enchumbarte. Pasé junto a la estación ferroviaria con la esperanza de ver algún tren pero no hubo suerte. Seguí hacia el barrio chino y me metí a almorzar en un restaurante de la calle 29 que me recomendó Charles llamado Daw Saw Yee. Comida básica y deliciosa por menos de dos leuros. Ya casi seco, me fui a ver el mercado de Bogyoke Aung San el cual no me pareció gran cosa pero claro, en Utrecht tenemos Ikea.

Dentro del mercado me intentaron vender lo impensable pero no hay nada como unos auriculares Bluetooth para no perder la concentración. Vi un puesto de paraguas pero cuando la chama me dijo que los vendía por cinco leuros y medio, la mandé al coño su puta madre y me cagué en esa puta que la parió. No he pagado ese dinero por un paraguas ni en Holanda, que es primerísimo mundo.

Con semejante disgusto salí a la calle y decidí ir a la Pagoda Kohthtatgyi en la que hay un Buda sentado. Me tomó un rato largo porque eran casi 3 kilómetros pero finalmente llegué, me quité las cholas Moisés-abre-las-aguas, pagué el impuesto revolucionario para que te las cuidan y hipócritamente llaman donación, entré, lo vi y como pretendían sacarme 2 dólares por hacerle fotos, este se tuvo que joder y no estará en mi colección.

De allí seguí andando hacia la zona de Shwedagon Paya y por supuesto me perdí y acabé haciendo 3 kilómetros en lugar de 1. Al menos, en ese inmenso rodeo encontré una tienda que vendía paraguas con su precio indicado y compré uno que la zorra de mierda me ofreció por siete leuros y se negó a regatear pagando tres. Cuando recupere el camino, fui a uno de los restaurantes de la zona, cené temprano, me tomé el Malarone y como el cielo se comenzó a obscurecer, encontré un curte-taxi y volví al boutique hotel. Nada más entrar se abrieron las puertas del cielo y cayó lo que no está escrito. Ahora ya sé lo que son las lluvias monzonicas. al día siguiente tenia que ir al aeropuerto a las cinco y media de la mañana así que me retiré temprano y así acabó mi primera visita a Yangon.

El relato continúa en Desde Yangon a Mandalay

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