Capítulo Octavo: Nueva Orleans 4

Lo bueno que tiene el leer esto por entregas es que uno tiene tiempo para olvidarse de las historias anteriores. Aún así, hay gente que llega inmaculada a este punto y esos deberían saber que como todo, esta historia tiene un comienzo. En primer lugar deberías leer London Heathrow y después continuar con Capítulo primero. El comienzo en donde se habla del viaje, Capítulo segundo: Plantation Country y como cruzamos este territorio de plantaciones yendo hacia Baton Rouge, Capítulo tercero: Cajun Country 1 y nuestro primer contacto con el Swamp, Capítulo cuarto: Cajun Country 2 y el segundo contacto con el Swamp, Capítulo quinto: Nueva Orleans 1 y nuestro primer día en The Big Easy para continuar con Capítulo sexto: Nueva Orleans 2 y finalmente llegar a Capítulo séptimo: Nueva Orleans 3.

Cocodrilo blancoNuestro cuarto y último día en Nueva Orleans era un sábado. El congreso había terminado y este último día se planteaba más relajado. Lo comenzamos desayunando en el Café du Monde un café con leche con Beignets. Después hicimos el tour del centro de la ciudad, que yo tenía muy trabajado y le di los detalles básicos al colega. Más tarde se nos unió uno de los asistentes al congreso de cosmetología, taquicardias y otras fornicaciones y seguimos la ruta juntos. Decidimos visitar el Acuario de las Américas, que está junto a la plaza de España, el hotel Hilton y el centro de Convenciones, al final del distrito de negocios. El edificio es imponente con un diseño muy vanguardista. En su interior habían tiburones, cocodrilos incluyendo uno blanco, caballos de mar, medusas, ranas y cualquier pescado que se os ocurra. Espero que aquello tenga grupo electrógeno y que haya gente manteniéndolo porque si no habrán muerto miles de animales. Estuvimos un par de horas visitándolo y de paso nos vimos una película en el cine Imax que hay en su interior. A posteriori llegamos a la conclusión que no mereció la pena. Podríamos haber aprovechado ese tiempo mucho más haciendo otras cosas. Me imagino que para un niño debe ser algo espectacular, pero para nosotros no pasó de una atracción turística destinada a sacarte los cuartos. Supuestamente es uno de los cinco mejores acuarios de los Estados Unidos.

Hola, ¿cómo estas?Mientras hacíamos la visita yo ya había avisado a mi profesor de cocina Criolla y había quedado con él para cenar, aprovechando su invitación. De alguna manera nos las apañamos para pasar el día y a media tarde, volvimos al Bed & Breakfast (aunque sin desayuno) y el hombre pasó a recogernos a la hora acordada. Tenía una ranchera de esas típicas americanas. Hasta ahora no lo he dicho para no alarmar a la hinchada, pero el colega era de raza julandra o como dirían algunos del Opus Dei, tenía comportamientos sexuales aberrantes. Yo repito aquí lo que digo siempre para que quede claro. De tu culo has un florero. Me la trae al fresco la orientación sexual de la gente. Cada uno es bien libre de hacer lo que quiera en su cama, siempre y cuando sea con mayores de edad. El hombre era muy simpático y eso es lo importante. Después de recogernos nos dio un paseo en coche por el Lower Garden District, la zona por la que estaba la casa de Anne Rice y de la que he hablado en el primer día en Nueva Orleans. Mi amigo no la había podido ver, así que le sirvió de tour sucio y rápido. Esa tarde habían unas nubes bien negras y se veía que iba a caer una buena tormenta, se podía respirar el agua en el aire. Había un calor dulzón, pegajoso, que nos hacía movernos lentamente. Cuando paramos delante de la casa que compró una pareja de homosexuales por diez millones de dólares dejé caer el dato, aunque esta es una forma muy suave de definir mi comentario más del estilo de este edificio es la Sodoma y Mangorra de la calle con dos hombres viviendo en pecado mortal y realizando actos contra-natura en la soledad de su dormitorio. No fue exáctamente así, pero similar. El efecto fue el deseado. Nuestro conductor salió del armario y nos dijo que él también jugaba a bastos en la baraja. Yo tengo una sonrisa encantadora cuando quiero y aproveché ese momento para desplegarla y decirle que nosotros éramos más de Copas y que nos parecía fantástico que él fuera tan abierto con sus gustos sexuales. Os preguntaréis a qué venía la cosa pero es que es muy importante el poner las cartas sobre la mesa antes de que hayan malentendidos. Ahora que todos habíamos visto las cartas, la cosa fue como la seda.

Cenando en el Jacques-Imo?s CaféLlegamos al restaurante y estaba más lleno que las bragas de la cantante de Mocedades. ?l se fue adentro a hablar con el chef, dueño y amigo y de paso nos consiguió unas cervecillas. El local se distribuye entre dos edificios y también tienen unas pocas mesas en la calle. La más espectacular es una que está sobre un Pick-up, una de esas furgonetas abiertas en la parte trasera. La furgoneta está pintada en plan hippiento y sobre ella pueden comer cuatro o seis personas. Al rato de estar allí salió el chef en persona a saludarnos. El hombre es una celebridad en Nueva Orleans y el hecho de que viniera a darnos la bienvenida levantó murmullos de malsana envidia, que la gente es muy mala. Justo una de las mesas de la calle se había quedado vacía y le correspondía a un hombre con sus dos hijas. La mesa era redonda y bien grande, con capacidad para seis personas. El chef habló con ellos y les preguntó si no les importaba compartirla con nosotros tres. En circunstancias normales seguro que se niegan, pero cuando es uno de los arcángeles de la cocina el que te lo pide, sonríes, le besas las uñas negras de los pies y le dices que sí asintiendo con la cabeza repetidamente. Nos sentamos con ellos. El tipo era normal e incluso una de sus hijas. La otra pobrecita debió sufrir algún tipo de contaminación en su infancia y había evolucionado hacia los gustos y formas de vestir de los miembros del grupo The Cure. Era como una mezcla entre caniche, fantasma y pared de color beige. El pelo corto no la favorecía nada, la ponía en el reverso tenebroso de esas lesbianas que suplen su carencia de un buen pene con el aspecto. Para pedir, el chef nos dijo que él nos hacía la elección y nos traería cosas muy muy especiales y nuestros compañeros del otro lado de la mesa dijeron que ellos querían de todo lo mismo, o sea, cuarto y mitad.

Friendo cangrejos en el Jacques-Imo?s CaféNos trajeron los entrantes entre los que destacaba un pan de maíz que te provocaba multitudinarias corridas de lo bueno que estaba. Jamás he conseguido hacer un pan de maíz decente y esa es una espina que tengo clavada en mi orgullo. Espero poder hacerlo algún día. Cuando estábamos devorando los entrantes se abrieron las compuertas del cielo y comenzó a llover a granel, uno de esos chubascos tropicales con gotas del tamaño de nueces. Nuestra mesa estaba a la intemperie y no había donde protegerse. En el otro lado de la calle había una galería de arte con un grandioso toldo y nuestro amigo fue a hablar con la dueña, a la que también conocía y le pidió permiso para que pusiéramos nuestra mesa allí. Otorgado el permiso, agarramos la mesa entre todos, cruzamos la calle y nos reubicamos. Estoy seguro que este tipo de cosas no os pasa a ninguno de vosotros y doy gracias a Dios por tener un testigo porque seguro que más de uno dice que exagero. Cuando el camarero salió a la calle se encontró que nuestra mesa había emigrado. Como era redonda, uno de nosotros quedaba más desguarnecido que el resto y aunque seguro que pensáis que me tocó a mí, Yo soy un poco más espabilado y me coloqué por la parte del escaparate. El pobre desgraciado que se tuvo que poner por fuera era mi amigo. La camarera nos trajo los platos principales en medio de una tromba de agua. Los traía cubiertos para que no se mojaran, aunque no se puede decir lo mismo de ella, que iba en plan camisetas mojadas, con las tetas marcándose bajo los finos tules de su ropa. Sus pezoncillos revoloteaban como mariposas saltando de flor en flor y seguro que era consciente de las miradas lascivas de algunos de los de la mesa, incluido el padre de la friki mística, que babeaba más que un bulldog. Lo de las tetas llegó a ser tan escandaloso que en uno de los viajes nuestro anfitrión le dijo a la chica que a ver si mandaban también a un camarero macho que en esa mesa habían personas con otros gustos sexuales. Como la lluvia no cesaba, mi amigo tenía que usar un paraguas para protegerse y era nuestro colega de la raza del julandro el que le cortaba la comida y se la daba con el tenedor. Tengo fotos que no voy a compartir pero os aseguro que fue un momento impagable, con aquel hombre comiendo de la mano del otro mientras sujetaba el paraguas sobre él.

Banda de Jazz en el Jacques-Imo?s CaféDentro del local había una banda de Jazz tocando y en uno de los viajes el hombre se quejó a la camarera de que nosotros éramos clientes de segunda sin música ni nada. La chica volvió con su camiseta mojada y a los dos minutos aparece el Chef al frente de la banda de Jazz, cruzaron la calle y nos dieron un concierto de veinte minutos para nosotros, los de otra mesa que nos habían copiado y la dueña de la tienda. Si hay un momento mágico en este viaje fue ese. Una banda fantástica tocando bajo la lluvia, empapándose de arriba abajo mientras nos regalaban un concierto bajo la lluvia. Los premiamos con una gran propina, la más grande que he dado en mi vida y que para evitar comentarios de los lenguarazas de turno, alcanzó los cuarenta dolares. Terminamos de cenar y a la hora de pagar fuimos dentro del local. El chef nos cogió del brazo y nos metió en la cocina en donde nos presentó a todo el mundo incluyendo a su esposa. El cocinero principal me adoptó y me enseñó como hacían los cangrejos fritos, una de las especialidades de aquel local. Si la comida fue increíble y el concierto alucinante, este era el único colofón posible a una velada inolvidable. Salimos del local y Michael nos invitó a tomarnos una copa en su casa. Vivía muy cerca en una de esas casas encantadoras que anteriormente habían sido los cuartos de los esclavos. Tenía una cocina de escándalo, lo cual no es de extrañar si tenemos en cuenta que es profesor de cocina. Después de un par de cervezas el hombre nos llevó al centro de la ciudad. Nos dejó junto al Superdome, el estadio que sirvió de refugio a los afectados por el Katrina y que luego se convirtió en una ratonera sin ley. Terminamos la noche en Bourbon Street, como era de esperar, tomando cerveza y escuchando música Jazz en vivo.

Este relato continúa en Capítulo noveno: Los isleños en el camino a Bilox

2 opiniones en “Capítulo Octavo: Nueva Orleans 4”

  1. El millo no es conocido fuera de nuestra tierra. Es como si hubiera dicho pan de choclo, que es otra de las palabras para definir el maíz. Por eso escogí esa.

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