Hoja de ruta del 2019

Todos los años dejo escrita en mi hoja de ruta las cosas que quiero y espero hacer durante los doce meses que están por venir y después me paso mayormente por el forro esas resoluciones, que es como debe ser, que solo los alemanes son capaces de decir que van a hacer algo y terminar haciéndolo, así que esta anotación hay que tomársela como si fuera un desvarío y no hacerle demasiado caso. Creo que si vamos a señalar a los seres humanos que pueden decir que están escribiendo su hoja de ruta por decimoquinta vez me quedo tan solo como la una y como por aquí pasa mucha lengua venenosa que seguro que dicen que miento, a las pruebas me remito y se pueden leer las de los años 2005, 2006, 2007, 2008, 2009, 2010, 2011, 2012, 2013, 2014, 2015, 2016, 2017 y finalmente la del 2018.

Ahora que ha quedado demostrado que tengo un desorden obsesivo-compulsivo con el tema, nos ponemos a la obra y repetiré lo obvio. No pienso dejar de escribir el mejor blog sin premios en castellano y así, pronto llegará a su decimosexto año de publicación continua, la cual es una edad problemática ya que todos recordamos lo cafres que éramos en esos años. Por suerte los blogs ya no están de moda y puedo decir lo que me place y como me place sin tener que preocuparme del sanedrín de juzgadores que te ejecutan en público cuando no piensas como ellos. Durante este año seguiré con la frecuencia de dos anotaciones diarias en los días laborables y de haber películas, los fines de semana. Como en años anteriores, tendremos la anotación matutina con fotos de lugares que he visitado y que tras la ciudad de Viena, regresará a las Filipinas para pasar por el Nido, Corón y algún otro lugar fabuloso y procuraré intercalar escapadas en ciudades europeas. Por las noches los vientos cerebrales y mis neuras determinarán la ruta y los fines de semana hablaremos de cine. Dado que flickr nos traicionó, habrá una última serie de fotos entrando en cierto club y tras eso, el club cerrará sus puertas.

El objetivo más duro que me he puesto para este año y que me costará sangre, sudor y rabia es el de usar el hilo dental todos y cada uno de los días, aunque como sé que eso es imposible, me he puesto cinco comodines mensuales, margen que me parece más real. Veremos la cara que se le pone a mi dentista cuando me vea en mayo y no me pueda restregar lo del hilo dental, que reconozco que soy muy voluble y tengo semanas de hacerlo todos los días y otras en las que ninguneo la actividad y me limito al lavado de dientes.

Seguiré corriendo y caminando a la hora del almuerzo y por supuesto, seguiré buceando y de darse las circunstancias, hasta patinando sobre hielo y seguiré sin ser el propietario o el usuario de eso que llaman coche y al que tienen tanto apego los reconocidos comentaristas culocochistas, que los tenemos. Seguiré también cocinando todo aquello que me gusta y regalando cantidades ingentes de dulces hechos en casa, como hoy mismo, que he traído a la oficina dos brownies, trece magdalenas, trece snickerdoodles y una brutalidad de lacitos de hojaldre por aquello de alegrar a los colegas el primer viernes del año. Seguro que este año añadiré alguna receta nueva a mi pequeño libro de recetas de cocina, el cual ya no es tan pequeño.

La esperanza es lo último que se pierde y a lo mejor y hasta me echan del trabajo, aunque tras un 2018 en el que el número de empleados de la multinacional amarilla en la que me prostituyo por una nómina se redujo más de un veintidós por ciento en Holanda, empiezo a temerme que voy a quedar para apagar la luz y cerrar la puerta, pero seguiré esperando que me llegue ese día en el que me manden a tomar por jauer.

Tengo más o menos claro lo que quiero hacer a la hora de viajar en la primera mitad del año y pasaré por Málaga al final de enero e iré a Belfast y Bristol en marzo, antes y después del Brexit, lo cual puede que sea muy interesante. En abril pasaré por Gran Canaria y para mi escapada en Asia quiero ir a bucear en Indonesia y me gustaría pasar por Shanghai unos días y haré lo imposible por conseguir un billete que me permita hacerlo, aunque esto está en el aire. Este año mi visita a Asia será algo más tardía, entre mayo y junio por culpa del calendario de festivos. Para la segunda mitad del año aún no sé cuando viajaré ni a dónde lo haré, aunque entre las ciudades que siempre están en mi lista tenemos a Bilbao, Helsinki, San Petersburgo y también me gustaría visitar Sicilia.

Doy por supuesto que en lo relativo al cine alcanzaré, de nuevo, las doscientas películas vistas, ya que parece que la cifra es muy fácil de lograr si te gusta pasar por una sala obscura y que te cuenten una historia.

Aquí no habrá tregua con los truscolanes y los seguiré mentando hasta que me quede sin yemas de los dedos y no pueda teclear más e incluso entonces, tendría que perder la voz porque le dictaría al ordenador. Seguiré hablando de esas cosillas de mi vida en la categoría de Reality sucks y repito la promesa que nunca cumplo y tampoco escribiré la legendaria trilogía Láctea, esa obra maestra de la zafiedad que cambiará la percepción que ninguno tiene de mi y que consta de tres episodios titulados Leche machanga, carne de machorra y leche mangorra.

Este año que empieza ya no quiero escribir un libro, quiero escribir tres y obviamente, no lo haré ya que si no puedo con una, imagínate hacer un trío pero la idea que se me ocurrió es buenísima y sería una obra absurda e hilarante con la que partirse la polla de risa, algo muy del estilo de Tom Sharpe, que si no sabes quien es, mejor te pegas un tiro de gofio porque no deberías seguir consumiendo el oxígendo de nuestro planeta.

El año pasado comencé un podcast de viajes, aunque soy muy voluble y pasan eones entre episodios y este año quiero comenzar uno épico y legendario contando anécdotas mías y de otros pero a mi manera, crueles y despiadadas. Probablemente lo haré pero creo que no habrá ningún tipo de enlace entre ese mundo y el de la bitácora, serán universos paralelos, como mi instagram, que existe y está muy pero que muy vivo pero no quiero que se cruce con éste otro territorio ya que soy un firme creyente en compartimentar la vida para evitar el acoso de los buscadores, esas máquinas que parecen haber sido creadas para joderte la vida.

Seguiré haciendo día tras día mis ejercicios de Duolingo e intentaré mantener mi récord de constancia, que en la actualidad está en más de cuatro años. Igual hasta añado alguna variación de idiomas pero en el peor de los casos, seguiré con el italiano para españoles, el holandés e italiano para ingleses, el inglés para holandeses y el inglés para italianos. Seguiré encendiendo velas negras para ver si sacan de una puñetera vez el curso de español para italianos que llevan preparando desde antes de la crucifixión del chamo aquel y ciertamente, truscoluña no era nación ni cuando empezaron a prepararlo ni lo será cuando lo pongan en circulación.

O sea, que otra nueva tanda de más de lo mismo, que no por nada es nuestra bebida favorita, por aquí por Distorsiones, el lugar en el que Nada es lo que parece.


Bokbierfestival 2018

El último fin de semana de octubre está marcado con sangre, sudor y resacas en mi calendario por dos motivos. Uno es que padecemos el fatídico cambio de hora que jamás debería ocurrir porque deberíamos estar siempre en el mismo huso horario y no meneándolo cual compresa de coja y la otra razón es que hasta este año, es el fin de semana del Bokbierfestival, el mayor evento universal de celebración y regocijo con las cervezas bok, ese tipo de cerveza maravillosa que se produce en esta zona del mundo y que no se exporta pa’fuera porque no nos da la gana y no queremos que la chusma y la gentuza del exterior nos la pisoteen y la transformen en meado de diabética como ha pasado con otras cervezas holandesas famosas en el mundo entero. Este año al parecer hubo un rifirrafe y resulta que los organizaciones eran una fundación y un club, ambos con el mismo nombre y por primera vez, el club se quedó fuera y la organización corrió a cargo de la fundación. De hecho, un par de meses antes del evento no se sabía si tendría lugar. Saltándome todo lo que viene por debajo, este año ha sido parcialmente un desastre económico y dudo mucho que la vuelvan a organizar en el lugar en el que se ha hecho desde el 2004, en el Beurs van Berlage, que como todos los años repito que fue en su día el mercado de valores de Amsterdam y la marabunta de turistas que visita Amsterlandia pasan a su lado sin saberlo. En el mejor blog sin premios en castellano se ha hablado muy mucho del bokbierfestival y para demostrarlo, me remito a las pruebas: Tenemos la anotación del Bokbierfestival 2017, la del Bokbierfestival 2016, Bokbierfestival 2015, Bokbierfestival 2014, El Bokbierfestival 2012, una referencia al evento en el año 2011 en Siendo social a lo uno punto cero, Bokbierfestival 2008 y Bokbierfestival 2007 y es más que probable que los años que no están en la lista también acudí. Todas ellas son un festival de fotos épicas y legendarias y de vídeos.

Para este año, coincidía con el gran drama de mi vida y lo combinamos con la última visita al Café Cartouche, el cual cierra hoy sus puertas. Con tanta emoción, le hice una foto a la fachada para la posteridad:

Café Cartouche en Hilversum

Por supuesto, en el Café Cartouche comemos lo de siempre, sus famosísimas, sus legendarias, sus épicas, sus fabulosas costillas:

Costillas Spicy

Y si alguien se cree que yo no me las zampo, así quedó mi plato cuando acabé con ellas:

¿Dónde habrán ido a parar las costillas?

Tras eso nos desplazamos a Amsterdam pero antes de salir del Café Cartouche, uno de los camareros me juró por las bragas más polutas de Mafalda que dentro de un mes volverán a abrir y lo harán con el mismo nombre y con las costillas en el menú y como yo no les creo, ya he organizado una cena con colegas en diciembre, mes muy problemático para mi por circunstancias de la vida. Tras llegar a Amsterdam, pagamos los veinte leuros de la entrada que te dan derecho a dos cervezas y más importante, al VASO, que es la entrada y llegamos a la sala principal:

Bokbierfestival 2018 en el Beurs van Berlage

Comparado con años anteriores estaba bastante vacía y ni siquiera tuvimos que hacer colas de quince minutos para tomar cerveza, era decidirte por una y tenerla en el vaso en una razonable cantidad de segundos. Justo a la entrada de la sala a la izquierda estaba Snab y allí nos dirigimos para comenzar a lo grande, con la reina, con la ganadora de la mejor cerveza bok holandesa de este año, con la insuperable y fabulosa y fastuosa y maravillosa IJsbok que obviamente, jamás llegaréis a probar porque se hace una producción extremadamente limitada:

IJsbok

Esa es la variante más fuerte de las cervezas de Snab y el porcentaje de alcohol es superior al 9%, con lo que con estómago vacío te manda directo a la borrachera. La segunda cerveza la eligió el Moreno y particularmente, para mi fue la peor de todas las que tomé. Se llama Bullebok:

Bullebok

Tras este desencuentro seguimos caminos distintos y con las siguientes cervezas, cada uno tomó del tipo que le molan, que estas cervezas tienen sabores muy intensos y diferentes, las hay agrias como chocho de monja de clausura y las hay dulzonas como potorro de petate. Todos coincidimos en pedir en el mostrador de la cervecería de la Haya Kompaan pero el Moreno se pidió una que hacen con whisky, otro de los chamos se pidió una que hacen con vino Oporto (o con los barriles de los mismos, que no me quedó claro)y yo elegí una que hacen mezclándola con higos o eso que en Canarias, en donde la hache no siempre se muda, se llaman jigos y así mi tercera cerveza fue Kompaan Bocks 2018 Figs y estaba deliciosa y de un dulce que no veas:

Kompaan Bocks 2018 Figs

Este año descubrí las cervezas bok creadas por la compañía Bronckhorster y me tomé dos de las tres que ofrecían y me parecieron fabulosas, especialmente la Bronckhorster Dubbel Weizen Bock que fusiona a las cervezas de trigo con las Dubbel con doble fermentación y con las Bock o sea, lo más de lo más de lo más. Esta cerveza se hace en un poblacho con la friolera cantidad de ciento cincuenta y siete habitantes, vamos, tres guaguas de gente, aunque imagino que todos los alcohólicos conocidos y por conocer van al local de la cervecería a ponerse tibios y yo también lo haría de no ser porque está literalmente en el quinto coño:

Bronckhorster Dubbel Weizen Bock

Mi segunda y última cerveza de esta compañía tiene un nombre rarísimo y también estaba riquísima. El nombre de la cerveza es Bronckhorster B(r)ok In-de-keel que creo que se puede traducir como truscoluña no es nación ni lo será jamás:

Bronckhorster B(r)ok In-de-keel

También hice un pequeño vídeo de la escasez de gente en la sala principal, algo que se puede comprobar fácilmente mirando vídeos de años anteriores. Lo que viene a continuación es un vídeo, aunque para verlo hay que tener el cerebro muy desarrollado y saber lo que se tiene que hacer:

Bokbierfestival 2018 en Amsterdam

La siguiente foto está falsamente colocada aquí, ya que la hice al llegar a Amsterdam pero la pongo al final de la anotación, cuando abandonábamos la capital holandesa. Se trata de la estación de tren Amsterdam Centraal, pero vista por la noche:

Amsterdam Centraal de noche

Cuando ya estábamos pensando en marcharnos, en las pantallas pusieron un anuncio de la máxima importancia informando que aquellos que se pasaran por el punto de venta de entradas a partir de ese momento se podían llevar, GRATIS TOTAL, una caja (o dos, o tres) con doce vasos del festival y claro, igual que un niño jamás le hace ascos a un caramelo que le ofrezca un cura por más que sabemos que seguramente lo que quiere es darle otra cosita, nosotros salimos de allí con una caja cada uno de doce vasos, más el que habíamos usado, con lo que me colocaron trece vasos. Este despilfarro de vasos es lo que me hace temer que el resultado financiero ha sido un desastre, tenían una cantidad considerable de cajas con vasos. Estoy regalando a la plebe y el populacho algunos y otro me lo he llevado a la oficina y en lugar de una aburrida taza para los capuchinos, ahora tengo un vaso fastuoso que permite hacer fotos tan espectaculares como esta:

Capuchino en vaso del Bokbierfestival 2018>

Y así, con este espumoso capuchino en vaso de cerveza, cerramos el relato del Bokbierfestival 2018. Y como nota informativa, si alguno se pregunta por la razón de añadir textos a algunas de las fotos es que he reutilizado las que ponía en una fantástica historia que creé en mi Istagrán, que es el medio de comunicarme con mis amigos chinitos y buceadores.

CHACHA NO GRITES

Respect Creatures inside

Los mensajes en inglés que me tropiezo por Asia son en muchas ocasiones hilarantes porque alguien intenta plasmar en una lengua que no es la suya una idea y fracasa estrepitosamente. El cartel de la foto es una buena prueba de ello. Estaba cerca de una de las playas de Mantigue y pide por favor respete las criaturas dentro lo cual me hizo pensar que igual no está bien que te descojones de las bostas que pueden estar allí bañándose o si alguna es más fea que Tizio, tienes que hacer como que es transparente y no reflejarlo en la cara. El cartel da una pista adicional al estirar el uso del verbo minimizar hasta extremos que tampoco son correctos en inglés y decir que minimiza tu voz, en lugar de pedirlo con las mil formas que conocemos para rogar a otros que hablen más bajo. Igual es que aquella es una playa de Orcos, como las que hay en los alrededores de Vecindario, capital de Mordor y en donde las chamas desbaratadas van a la playa cubiertas con sus lycras a punto de reventar y se revuelcan en la arena gritando y escuchando música a todo meter mientras chillan las aventuras y desventuras de sus relaciones sexuales para que todos los que estamos a menos de cien metros de ellas lo podamos oír sin problemas. Estoy convencido que muchos orcos en Gran Canaria se compran el teléfono en base a la potencia del altavoz del mismo y no pueden sobrevivir en este mundo si no comparten sus pésimos gustos musicales con toda la gente a su alrededor. Al final, va a resultar que los chichones son todos iguales, independientemente de su ubicación geográfica.

Visiones terroríficas sobre el agua

Visiones terroríficas sobre el agua

Mientras vamos viendo fotos y vídeos de mi viaje por Asia, hemos llegado al momento en el que comenzaron muchas de mis pesadillas presentes y futuras y por eso he optado por extraer esta foto del formato que estoy usando y señalarla de manera independiente. Este es un documento estremecedor y horripilante a la par que alucinante de lo que está sucediendo por todo el universo conocido desde que hasta cualquier friki de barriada popular puede viajar por el mundo. Llegué a esta foto buceando, en el fondo marino del agua del mar. Estábamos debajo de los mares y océanos y cuando finalmente salimos, junto a nuestro barco hay otro. Por los objetos presentes en la cubierta, uno puede presuponer y hasta supone que también estaban buceando allí. Lo estremecedor está a la vista, seguro que ya lo habéis notado. Hay dos julays con microtangas acompañando a un criminal-truscolán, con su bandera esa de la mal-cagada o como quiera que se llame. Indonesia es un país en el que por un peo mal tirado te taponan el culo y te cortan las manos y estos dos chamos estaban allí mostrando más carnaza de la que deberían. En mi barco, que llevábamos a eso que nosotros llamamos cariñosamente y con toda la saña del mundo una mora y que si quieres ser más políticamente correcto te tendrías que referir a ella como una joputa-terrorista-islámica, la chama estaba que se le iban a caer los ojos ya que jamás había visto culo de macho, o, como yo le expliqué, en medicina recibe el nombre de chocho de hombre. La pava lo flipaba y nuestros indonesios murmuraban entre ellos. Si la pasma llega en una de sus falúas por allí, esos dos acaban como albóndigas de sopa en menos que canta una folclórica. El barco se fue al poco tiempo y ya no los volvimos a ver más pero aquí queda este testimonio, con prueba visual por si alguien duda de mi palabra.