Bicicleta Dutch ID roja

Bicicleta Dutch ID roja

En la temporada escolar, los miércoles siempre voy a clase de italiano, que nos las dan en un colegio que alquila clases fuera del horario lectivo, supongo que para ganarse una pastilla y que los profesores se puedan ir de pelanduscas o así. En una de mis últimas visitas antes de irme de vacaciones a Asia vi una bicicleta que me llamó la atención. Lo de ver es significativo ya que durante la mayor parte del año escolar, estamos en la época en la que entre las siete y las ocho y media de la tarde la obscuridad es casi completa, con lo que paso por allí sin ver las otras bicis. Como muy recientemente, me gustó de la bicicleta que tenía una capacidad pasmosa de llevar carga en el volante, con una megacesta en la que puedes meter a E.T. el extraterrestre y a dos primos-hermanos más. La bici también tiene la parte posterior preparada con un asiento de niño, que tiene un tope abatible y además, en el eje de la rueda trasera hay unos reposa-pezuñas. La bici es una Dutch ID, compañía que en la actualidad solo fabrica bicicletas eléctricas, bastante caras. Este modelo tiene freno a contra-pedal y parece que lleva un cambio de tres velocidades. Por lo demás, la bici se ve bien robusta.

La bici que donó sus ruedas

Bicicleta donante de ruedas

Todo comenzó con El fin de una rueda, el momento en el que el gran drama de mi vida esta semana se tornó letra y apareció por aquí. El lunes entrábamos en emergencia ejecutiva y el miércoles tras una complicada operación que tuvo lugar en el quirófano habilitado en el garaje de la empresa vivimos emocionados el nacimiento de la Zarrapastrosa 2.0. No pueden haber ganadores sin perdedores y hoy tenemos a la bicicleta que dio sus ruedas para que mi Zarrapastrosa pueda seguir corriendo por las calles de Hilversum. La vemos después de la operación, jodida y mal pagada, con las ruedas que todos sabemos que no valen y media destartalada. Por lo demás la bicicleta estaba en bastante buen estado y muchos en la oficina me han preguntado por qué, si no estaba amarrada, no me la quedé directamente y la convertí en mi bicicleta en Hilversum. La razón ya la nombraban ellos. El problema de esa bicicleta es que tiene demasiado buen aspecto, no es un cacho de chatarra, sino algo que atrae la atención de los que van a la zona de la estación donde están aparcadas las bicicletas a robarlas y si tengo esta, es muy probable que no llegue a las Navidades, que me la roben. La Zarrapastrosa 2.0 tiene tal pinta de desecho industrial que es ninguneada sistemáticamente y cuando veo los restos de cadenas rotas en la estación, siempre es a los lados. Nadie en su sano juicio pagará una cantidad interesante por mi bici si el aspecto es patético mientras que hay gente dispuesta a gastarse treinta leuros si parece estar bien.

Esta mañana, a las siete y seis minutos, cuando el complejo de edificios está desierto, esta pobre bicicleta salió de nuestro garaje y pasó a ocupar una plaza en uno de los aparcamientos de los edificios vecinos. Calculo que en un par de meses la quitarán y la llevarán a los puntos de reciclaje.

Zarrapastrosa 2.0

Zarrapastrosa 2.0

Ayer confirmaba El fin de una rueda, el tremendo y catastrófico drama que afectaba a La Zarrapastrosa, mi SAMBACLETA para los setecientos metros que separan la estación del edificio en el que me prostituyo ocho horas al día, cinco días a la semana. Se activó el protocolo de emergencia ejecutiva y manipulé ligeramente a uno de mis colegas de la oficina para realizar una operación a ruedas abiertas y trasplantar la misma desde otra bicicleta. Para poder ejecutar esa tarea necesitaba una bicicleta donante y previamente ya había ojeado una que lleva meses abandonada en el complejo de edificios en el que trabajo y a la que le habían puesto una etiqueta avisando que se la llevarían.

Esta mañana, al llegar a la oficina, de tapadillo, pillé la bicicleta donante y la bajé a nuestro garaje y hoy a las doce el cirujano fue a la mesa de operaciones con sus herramientas y en sesenta minutos realizó varias operaciones. La primera fue quitar la rueda trasera a la La Zarrapastrosa, lo cual tomó bastante tiempo. Después, mucho más rápidamente, le quitó la rueda a la bicicleta donante, sobre todo porque tenía un sistema más actual y la cantidad de tornillos oxidados a remover era muy inferior. Después trasplantó la nueva rueda a La Zarrapastrosa y ajustó su posición para que la cadena no esté ni muy suelta ni muy tensa. La nueva rueda tenía un pinchazo pero para eso ya había determinado alguna actividad posterior que puedo hacer yo mismo. Trasplantó la rueda rota a la donante y la mal-conectó ya que el objetivo es deshacerme de ella. Nos quedaba tiempo, así que me propuso hacer un DOBLE TRASPLANTE y cambiar también la rueda delantera, ya que en la otra bicicleta se veía mucho mejor. El trasplante de ruedas entre las dos bicicletas no tomó más de diez minutos. Nos quedaba tiempo así que arregló el pinchazo de la nueva rueda y en sesenta minutos La Zarrapastrosa volvía a estar operativa, transformada, así que ahora, la que tenemos en la foto es la Zarrapastrosa 2.0, sigue teniendo el mismo cutre-aspecto de la primera generación, algo fundamental para que no atraiga la atención de los que afanan bicicletas en la estación, pero ahora tiene candela para unos cuantos años más. Calculo que en un par de días le haremos algunos ajustes, pero serán pequeños detalles para que todo esté perfectamente encajado.

Ahora me tengo que deshacer de la donante y volver a ponerla en el lugar en el que la encontré, solo que bien jodida y mal pagada, que ahora sí que el que la trinque tendrá que currárselo y gastarse guita para ponerla operativa o en su caso, hacerle un trasplante masivo desde alguna otra donante.

En la estación he encontrado una que parece abandonada y que puede resultar interesante y estoy esperando a que le pongan la pegatina en la que avisan que la van a retirar y cuando eso suceda, en las dos semanas que dan para quitarla, me la llevaré y así tengo una bicicleta alternativa, que nunca está de más.

El fin de una rueda

El fin de una rueda

Desde hace unos meses mi plácida vida ha tenido un tremendo nubarrón sobre la misma que amenazaba con un drama total y yo he ido preparándome como buenamente pude para el mismo. Sucede que La Zarrapastrosa, la cutre bicicleta que tengo en Hilversum y con la que recorro los setecientos metros que hay entre la estación de tren y la oficina, estaba chocheando, se le notaban ya los años, como a algunos comentaristas y cada vez más, se ganaba el nombre de SAMBACLETA porque cuando vas sobre ella, te agitaba la caja de la mierda con tremenda saña y es como mano de santo contra el estreñimiento. Uno a uno, los rayos de la rueda trasera se han ido rompiendo, con el metal cansado seguramente por los años de servicio con personas obesas como vosotros, ya que estos últimos años ha tenido la suerte de prestarme sus servicios, y yo soy bulímico-noréxico del coño y mi grácil figura prácticamente pesa menos que el aire, sobre todo después del jiñote mañanero. Reparar la rueda requiere unos dones que yo no tengo y por lo que me comentaron los colegas de la oficina, por el precio que me cobrarían en cualquier tienda de barrio puedo conseguir otra bicicleta. En los planes preventivos que hice hace meses, en realidad me agencié otra bicicleta, una que estaba abandonada en el complejo de edificios en el que trabajo y que ahora está en nuestro garaje. El problema es que las manillas de los frenos se le pudrieron y tengo que conseguir otras y reemplazarlas, cambiarle la cámara de las ruedas y engrasarla, con lo que requiere de cierto mantenimiento antes de saber si realmente está lista para pasar a ser mi bicicleta de Hilversum.

Durante el fin de semana, la temperatura volvió a subir hasta más allá de los treinta grados y pilló a la La Zarrapastrosa aparcada en la estación, al aire libre y expuesta a las horrendas condiciones meteorológicas. Parece que fue mucho para ella y ayer, cuando la usé para ir a la oficina, la SAMBA característica la tenía demasiado exagerada. Cuando llegué a nuestro garaje, miré la rueda y descubrí que se ha partido en dos puntos distintos, como se puede ver en la foto y está sujeta por un par de rayos. Seguramente le quedaban un par de cientos de metros antes de partirse por completo y esto sirve para comprobar como mi Ángel de la Guarda es épico y legendario y hace su trabajo como un auténtico campeón. Como los planes para reemplazar la bici van retrasados, he tenido que activar el protocolo de emergencia ejecutiva, uno que diseñé hace un mes y que incluye una peligrosa operación de transplante de rueda, aprovechando que alguien ha aparcado una que parece ser compatible en nuestro campus y no está protegida por una cadena, con lo que en mi sencillo universo, es un regalo divino.

Ya he organizado mañana, con el mejor de los reparadores de bicicletas de mi empresa, o eso dice el colega, que se pone a la altura de un cirujano que hace transplantes de corazón, que mañana, a las doce de la mañana, haremos la operación, le quitaremos la rueda a la bici abandonada y se la pondremos a la mía y después devolveré al lugar en el que me encontré la otra. Cruzad los dedos porque vamos a necesitar muchísima suerte para que todo vaya como la seda.