Swapfiets

Hasta ahora en la saga interminable de bicicletas que estamos viendo, además de esas que son propiedad de un julay, hemos visto varias que se pueden alquilar en ciudades de todo el universo conocido con abono o a palo seco y usarlas por un período de tiempo, habitualmente corto. Hoy llegamos a otro concepto y uno que ha surgido en los Países Bajos y que se está extendiendo por multitud de ciudades del norte de Europa y que atrae a la gente joven porque se han acostumbrado tanto al abono que ya lo ven normal y desconocen el concepto de propiedad. En este caso se trata de las Swapfiets, bicicletas que tienen un alquiler de larga duración y por las que, a día de hoy y para una como la de la foto, que es el modelo básico, se paga dieciséis leuros y cincuenta céntimos de leuro mensual. Por esa cantidad, la bicicleta es básicamente tuya y si se te estropea, llamas y te la reparan o reemplazan en un día y si te la roban, pagas una penalización de cuarenta leuros. Estas bicis se identifican fácilmente por la rueda delantera azul y la especie de bandeja para la mochila que hay sobre la rueda delantera. El freno es a contrapedal y son muy sencillas, del estilo omafiets o bicicleta de la tatarabuela. Ya hay un montón de ciudades en las que se alquila y resulta habitual verlas por todos lados, en varios colores y diseños porque si todas son iguales, los dueños las pasarían putas para encontrar la suya. Hay algo de truco en el contrato, sobre todo en las condiciones de cancelación, que dependiendo de la ciudad pueden ser de uno o de tres meses a contar desde el día primero al siguiente en el que se les informa, con lo que cuando la quieres devolver, mejor espabilas y lo comunicas más de un mes antes o te verás pagando por uno o tres meses más. Particularmente no creo que sea un buen negocio si lo que quieres es una bicicleta para muchos meses ya que con cien leuros te puedes apañar una de segunda mano que seguramente te dura sin manteniemiento alguno uno o dos años y si haces tus cálculos, puedes ver lo que te ahorras. La fauna que las alquila son los jóvenes, sobre todo los estudiantes universitarios y se pueden ver bandas de los susodichos los fines de semana sobre sus Swapfiets borrachos como cucas y volviendo a casa o buscando un nuevo bar en el que continuar bebiendo. Por ahora parece que estas bicis han llegado para quedarse y cada día que pasa se pueden ver en el centro de la ciudad más y más bicis arrendadas a esta empresa.

Sinner ligfiets

Aquí en el mejor blog sin premios en castellano tenemos una gran tradición con las ligfiets, esas bicicletas en las que el ciclista va despatarrado y con las gambas hacia arriba, como si su vida sea el poder olerse los peos sin necesidad de usar la mano para acercar el olor como hacemos el resto de los mortales. Yo a veces no las busco, las bicis me encuentran a mi, como esta Sinner cuyo modelo desconozco y que ya es muy difícil de saber porque la compañía fue absorbida por otra en el año 2014 y esta no aparece entre los modelos que vendían cuando su página web pasó a otra vida. Aún así se reconocen las partes básicas, con los pedales sobre la rueda delantera, una cadena larguísima para llegar a la trasera, unos mandos laterales que son los que controlan el volante y que hace que el ciclista más bien parezca un piloto de objeto volante no identificado y un sillín enorme y bastante reclinado. Cuando uno usa una de estas bicicletas es porque le gusta ir a velocidades entorno a los cincuenta kilómetros por hora y también porque le chifla tener lesiones tremendas cuando se escoña, que tarde o temprano se escoñan y en mi empresa hay uno que parece abonado a pasar unas semanas o meses de baja cada vez que esto sucede, porque estos trastos van muy rápido y son muy bajos y uno no puede estar mirando la actividad en su CaraCuloLibro mientras conduce y a la vez ver venir a un pollardón con uno de estos trastos. Por más que he mirado la foto no le veo candado con lo que la próxima vez que la vea, la sorteamos entre el Ancestral y la CuloCochista y después nos echamos unas risas cuando suceda el primer accidente.

Stella Modena Night Blue FDST Comfort

Hace prácticamente una vida, o toda una vida si es la de un niño con menos de nueve años, yo ya era un pionero y me compraba una Gazelle Orange Pure Innergy 2011, mi primera bicicleta eléctrica allá por la época en la que todo el mundo se me tiraba a la yugular por gandul y yo les reprochaba su culocochismo como el de Virtuditas y Genín, que hasta se toman el cafelito en el coche. Esa bicicleta la he usado un montón pero la parte eléctrica, o más bien la batería, se fue a tomar por culo hace unos años y el coste de cambiarla era tan alto que no merecía la pena. En paralelo, durante gran parte de este año, he estado mirando por una substituta y casualmente hace dos semanas mi vecino me comentaba que la marca Stella tenía buenas ofertas. Miré su página, encontré uno de sus escasos centros de reparación y venta a quince minutos de distancia de mi casa alejándote de Utrecht e hice una cita para ir a probar sus bicis para el lunes de la semana pasada después del trabajo. Ahora todo el mundo busca bicicletas espectaculares y con pantallas y todo lo demás y yo lo que quiero es una sencilla, con lo que los holandeses llaman cadena cerrada, que evita que la cadena se ensucie y el cambio de marchas saltando piñones y mi otro requisito primordial era que no quería pantalla para el control, solo un control simple y sencillo. En la tienda, se lo expliqué al vendedor y además pedí la versión julandra, sin la barra esa en la parte superior que cuando te paras en un semáforo te tritura las arriolas y que hace que subir y bajar sea más bien un entrenamiento para ballet. Me gustó mucho la que vemos en la foto y la probé y la sensación fue fantástica así que básicamente, la compré ese mismo día y conseguí seiscientos leuros de descuento por entregar La Zurriaga. Después de eso, llegué a mi casa y tenía un montón de correos con el contrato de compra e información. Durante la semana me llamaron para confirmarme que me la traerían a mi casa este lunes y así, ayer entró en mi vida la Stella Modena Night Blue FDST Comfort de la foto. Una de los detalles de la marca Stella es que no venden a través de tiendas de bici sino directamente, fabrican, venden y mantienen ellos mismos. Además, para el mantenimiento, tienen ciento veinticinco equipos recorriendo los Países Bajos cada día en furgonetas y lo que hacen es citas con los clientes en su casa, en su trabajo o en donde estén de vacaciones en el país y ellos vienen a ti, revisan o reparan tu bicicleta y siguen su camino. La bici que elegí, además del precioso color azul que tiene, está equipada con siete marchas y el motor tiene diez posiciones de ayuda, con lo que puedes elegir la más conveniente dependiendo de lo que estés haciendo. En sus cálculos, a un 70% de ayuda del motor se pueden hacer ciento cincuenta kilómetros con una batería, lo cual es una pasada. Como han pasado más de tres años desde que compré la anterior, puedo volver a recibir la ayuda del gobierno para que usemos bicicletas, el fietsplan, con lo que además del descuento por entregar la vieja, me descontarán setecientos cincuenta leuros en impuestos o algo así y del seguro descontarán cincuenta leuros cada año durante tres años, con lo que el seguro me saldrá muy barato, incluyendo robo, vandalismo, daños de todo tipo y reparación in-situ, que si te quedas tirado por esos mundos de Dios, llamas y vienen a ayudarte y repararla en el mismito lugar. Ahora en el lado obscuro del año la usaré para ir y volver al cine, ruta que con La Zurriaga me tomaba una media hora por su velocidad única y que con eesta puedo hacer probablemente en la mitad de tiempo o más probablemente, en veinte minutos, que tampoco hay que dejarse la piel para llegar hasta el cine o volver a casa. En primavera, cuando el tiempo acompañe, iré hasta Hilversum en bici como hacía antes y que me cuesta diez minutos más que ir con mi rutina habitual de transporte público.

Van Raam Fun2Go duofiets

Ya hemos visto a lo largo de los años algunos modelos del fabricante Van Raam, especializado en bicicletas especiales y hoy tenemos una que tiene una pinta espectacular. Esta se hizo pensando en esas parejas que provocan arcadas de tanto empalago y que quieren pedalear juntitos juntitos, arrimaditos y aquí lo pueden hacer sin problemas. El único límite de esta bici está en el peso, tu amiga Obesity, si pasa de los ciento veinte kilos no puede montarse y lo mejor es que le recomiendes un camión para sus paseos. Los pedales se pueden configurar para que funcionen de manera independiente entre los dos ciclistas o sincronizados y aunque ambos tienen volante, solo uno de ellos está conectado a la rueda delantera y el otro es estético o para agarrarte bien si te da un apretón. En su versión más básica, esta bici es super-barata y se puede comprar por poco más de cuatro mil cien euros, vamos, una ganga. Se le puede añadir motor eléctrico y otras opciones y el precio subirá como una buena masa con levadura. La que vemos en la foto es la única que me he cruzado en años de observación. Creo que cuando la encargas las hacen a la carta, especialmente para el cliente.