Crema de calabaza asada

Crema de calabaza asada

Hace unos años, la última de las secretarias que quedaba en mi oficina me pasó una receta de crema de calabaza que no podía dejar de hacer tras yo quejarme que por más que probaba recetas, todas me parecían sosas. Decidí darle una oportunidad y se convirtió en la única crema de calabaza que preparo. Se tardan unas dos horas y no sigue las normas convencionales porque comienzas horneando la calabaza pero merece la pena. Las cantidades que vienen a continuación es para hacer una crema para ocho personas. Congela muy bien con lo que una vez se ha enfriado, pongo porciones en bolsas en el congelador y básicamente tengo para una cena cada semana durante dos meses. El tipo de calabazas que yo prefiero son esas como la Ruperta y no la pelo, la meto en el horno cortada.

Ingredientes: 1,5 kg de calabaza sin las semillas y cortada en trozos grandes (sin pelarla), 125 ml de sirope de arce, 1 cucharadita de pimentón (dulce o picante, al gusto), sal, 2 cebollas picadas, 1 puerro limpio y cortado en anillos, 3 dientes de ajo picaditos, 1 rama de apio nabo picada, 250 ml de Jerez (o eso que en Europa llaman sherry), 2 litros de caldo de pollo, 4 cucharadas de aceite de oliva, 40g de mantequilla, 1 hoja de laurel, 175 g de beicon cortado en trocitos pequeños, media cucharadita de canela y pimienta molida. Para añadir al servir, cuatro lonchas de beicon y un poco de sirope de arce.

La implementación: Comenzamos calentando el horno a doscientos grados sin aire. Cortamos la (o las) calabaza(s) en trozos grandes y los ponemos en la bandeja del horno. Los pintamos con dos cucharadas de aceite de oliva y espolvoreamos el pimentón por encima y le ponemos también un toque de sal. Lo horneamos durante una hora. Después de ese tiempo, sacamos la bandeja y pintamos los trozos de calabaza con el sirope de arce y lo volvemos a meter en el horno cinco minutos más. En paralelo se pueden preparar los dos litros de caldo de pollo.

Cuando la calabaza lleve unos cuarenta minutos en el horno ponemos un caldero grande a fuego medio-fuerte y echamos la mantequilla, las otras dos cucharadas de aceite de oliva, la hoja de laurel, el beicon cortadito en trozos, la cebolla, el apio nabo y el ajo picados, los anillos de puerro y lo cocinamos unos diez minutos mezclando con frecuencia. Después de diez minutos vamos a comenzar a echar el jerez poco a poco, mezclamos y esperamos a que se evapore el alcohol y seguimos echando. Cuando ya se nos va a acabar, la calabaza ya debería estar a punto de salir del horno o ya debería estar lista (se puede dejar en el horno apagado hasta que se vaya a usar). Se añade al caldero el chorro final de jerez, la calabaza asada, el caldo de pollo, la canela y algo de pimienta fresca y lo dejamos cocinando cinco minutos para que se mezclen los sabores. Sacamos la hoja de laurel y si hay algún trozo duro y grande de piel de calabaza, se quita.

Con la batidora o una de brazo lo convertimos en una crema. Dado que es una gran cantidad, en mi batidora lo hago en dos tandas y las pongo en el caldero que voy a usar para servir. Se prueba y si es necesario se ajusta el punto de sal y pimienta. Yo la hago un par de horas antes de servirla para que se quede reposando y se templen los sabores. Cuando ya la vas a servir, en un sartén pequeño ponemos las cuatro lonchas de beicon y lo freímos hasta que esté crocante. Lo ponemos en papel de cocina y antes de servir despedazamos las lonchas. En cada plato se pone crema, se echa por encima el beicon crocante y un chorro de sirope de arce. De sabor es épica y merece la pena tener pan para rebañar el plato.

Galletas con trocitos de chocolate

Galletas con trocitos de chocolate

A mí desde siempre me pierden las galletas y más aún las de chocolate. Hago un montón de tipos de galletas y vuelan desde mi cocina. Si no las regalo, me encochino y me las como todas. Cuando estoy por ahí navegando por las internetes, las recetas de galletas son unas en las que me detengo, las estudio y decido si deben pasar a mi lista de cosillas a probar en un futuro o no. Así llegué a una receta que descubrí cuando estaba de vacaciones en las islas Filipinas este año y la leí en un blog holandés. La guardé en mi pocket y al regresar a casa no pasó mucho tiempo hasta que estaba buscando los ingredientes para hacerla, ya que la principal dificultad está en conseguir los tipos de azúcar que se necesitan, aunque el autor original de la receta decía que respetando la cantidad de azúcar las proporciones se podían alterar a voluntad y seguramente hasta el tipo de azúcar. En los Países Bajos en los supermercados tenemos además del azúcar de caña y del refinado uno llamado basterdsuiker y que en español viene a ser el azúcar moreno, aunque lo hay en dos o tres variaciones, siendo una el azúcar moreno claro y otra el oscuro. La receta de hoy la hago con tres tipos de azúcar y el resultado es espectacular, tanto que al único compañero de mi oficina al que le regalé una galleta, le flipó tanto que me compró toda la producción siguiente para llevarlas el día que se iban de vacaciones y darle a los niños y después me confirmó que fueron un éxito total. Estas galletas no son muy duras, se quedan blanditas y en eso está la gracia. Con los ingredientes salen diez galletas de sesenta y cinco gramos o veinte de unos treinta y tres o cualquier combinación de ambos pesos. Merece la pena usar la báscula de la cocina para que haya uniformidad en las galletas. Por último decir que se pueden congelar, si eres capaz de controlarte y que si las dejas en la nevera desde la noche anterior, al día siguiente estarán igual de épicas que el día que las hiciste.

Los ingredientes: 200 g de harina, 110 g de mantequilla, 50 g de azúcar moreno claro, 50 g de azúcar moreno oscuro, 90 g de azúcar, 80 g de trocitos de chocolate, 2,5 g de sal, 2,5 g de bicarbonato sódico, 1 huevo y 1 cucharadita de extracto de vainilla.

La implementación: Combinamos la mantequilla con los tres tipos de azúcar, el bicarbonato sódico y la sal. Se puede hacer tanto con una batidora de brazo como con la amasadora. Si usamos esta última comenzamos a una velocidad media y es probable que haya que parar alguna vez para raspar el bol y centrar la masa. Después de amasar un par de minutos añadimos sin parar de amasar el huevo batido y ya mezclado con el extracto de vainilla y seguimos batiendo. La masa se volverá más líquida y después de un minuto ya estamos listos para parar, añadir la harina y mezclar con una espátula o una cuchara. Después añadimos los trocitos de chocolate, los integramos bien y ya está lista la masa.

Hacemos diez bolas de 65 g o 20 de 33 g o una combinación de ambas y las ponemos en un bol que metemos un cuarto de hora en la nevera, tiempo que aprovechamos para calentar el horno sin aire a 170 grados. Las ponemos en una bandeja cubierta con una hoja de papel para hornear y dejando un montónd e espacio entre ellas. Se hornean 15 minutos, aunque conviene mirar algunos minutos antes no sea que tu horno sea más potente. Las sacamos y las ponemos a enfriar sobre el poyo de la cocina o eso que otros conocen como encimera. Hay que esperar por lo menos quince o veinte minutos antes de comerlas. Son deliciosas.

Judiones con salsa de tomate a la griega

Judiones con salsa de tomate a la griega

Los caminos por los que una receta puede llegar a tu vida son misteriosos y en el caso de hoy, fue a través de la semana griega en cierta cadena de supermercados que dicen de bajo costo y con un nombre que tiene tres consonantes, dos de ellas repetidas y una vocal. En realidad la semana esa ya había pasado y les sobraron un montón de unas judías con salsa de tomate que despertaron mi curiosidad. Cogí una lata y ese mismo día la abrí para probarla y al día siguiente regresé al supermercado para acaparar a conciencia. Me recordaba a algún plato que he comido en Turquía. Cuando se me estaban acabando me puse a buscar en esa red que tiene mucho más que pornografía y encontré las Gigantes plaki, que se preparan con judías de Lima. Cuando me pasé por el supermercado turco para comprarlas vi que también vendían judiones y que éstos últimos eran como tres veces más populares que las otras, así que me decanté por los judiones pero que sepáis que la receta original es con judías de Lima. Por desgracia por aquí solo las consigo en bote de cristal y aún no he dado con las secas. La receta es escandalosamente simple de preparar y decir, algo que repetiré, que es un plato que se come a temperatura de la habitación o fresco, que no se comen en caliente.

Los ingredientes: 2 botes de judiones (unos ochocientos gramos de judías ya escurridas) o si las conseguís secas, 400 gramos de judiones secos y que tendréis que preparar según las instrucciones del paquete, con lo que en este caso el gandulismo de los botes ahorra muchísimo tiempo. 2 latas de tomates (o si sois afortunados y vivís en algún lugar en el que los tomates todavía tengan sabor, 800g de tomates maduros y picados, 1 cebolla picada, 2 dientes de ajo picados, 3 cucharadas de aceite de oliva vírgen, 2 cucharadas de puré de tomate, 1 cucharada de azúcar, 1 cucharadita de orégano seco, 1 poco de canela molida, 2 cucharadas de perejil picado y algo más para decorar.

La implementación: Obviamente, si tenéis las judías secas, antes de llegar a este punto las dejaréis toda una noche en remojo y después las cocinaréis según las instrucciones del paquete. Comenzamos poniendo el horno a 180 grados sin ventilador. Calentamos el aceite de oliva en una sartén y freímos a fuego medio durante diez minutos la cebolla y el ajo picados, removiendo de cuando en cuando y procurando que no se nos queme. Añadimos el puré de tomate y lo cocinamos un minuto más antes de añadir los tomates de lata picados, el azúcar, el orégano, la canela molida y el perejil picado. Mezclamos bien y lo dejamos un par de minutos al fuego. Añadimos los judiones (previamente lavados y escurridos), mezclamos y echamos esta mezcla en una bandeja de horno y lo horneamos durante una hora, sin cubrir y sin revolver durante el horneado. Las judías absorberán todo el líquido y el sabor. Al sacarlo, se deja enfriar y lo servimos con un poco de perejil por encima y si se quiere, con un chorro de aceite de oliva. Congela maravillosamente y aguanta en la nevera un par de días. Con estas cantidades salen cuatro porciones.

Ya en el plato tenían este aspecto:

Judiones con salsa de tomate a la griega

Burritos de aguacates, millo y judías negras

Burritos de aguacates y judías negras

Siempre tengo una lista de recetas que despiertan mi curiosidad y que guardo para probarlas algún día. Cuando lo hago (o si lo hago), a veces son todo aquello que me imaginaba y paso a prepararlas con alguna regularidad o las considero fracasos y me olvido de ellas. Una que descubrí hace como año y medio y que pasó cerca de un año esperando su turno fue la de hoy, unos burritos vegetarianos muy fáciles de hacer si consigues los ingredientes, que es la parte más difícil. La he cocinado varias veces y hasta me estoy planteando el aprender a hacer las tortillas en casa, por aquello de tener el control completo del producto y sus ingredientes. Esta es una receta que congela fabulosamente y los que sobran (si sobran), los meto en bolsas ZIP y van a mi congelador para algún otro día y cuando los quieres comer, los pones en la nevera desde la noche anterior y al día siguiente están igual de épicos tanto fríos como calientes. El tiempo total de preparación, si tienes todos los ingredientes, es de alrededor de una hora incluyendo el calentamiento del horno y el horneado. En realidad tenemos dos recetas ya que la salsa que va sobre los burritos también la hago en casa.

Los ingredientes:
Para la salsa usaremos 1 lata de tomates enteros, cuatro cucharadas de cebolla picada, cuatro cucharadas de cilantro picado, 1 jalapeño troceado, 2 cucharaditas de zumo de lima, un poco de sal y comino.

Para los burritos dos chipotles en salsa adobada bien picados, que en los Páises Bajos se consiguen en los supermercados chinos, 1 taza de crema agria (sobre 250ml, más o menos), 2 latas de judías negras, lavadas y escurridas, 1 lata de millo (o eso que algunos llaman granos de maíz), en la receta original usaban el doble, 2 aguacates picados en daditos de un centímetro, ocho tortillas de harina (o de maíz) y unos doscientos gramos de queso rallado, que en mi caso es queso holandés viejo.

La implementación:
Comenzamos poniendo el horno a calentar a 180 grados, sin ventilador. Mientras tanto, preparamos la salsa. Ponemos en la batidora el contenido de la lata de tomates, las cebollas y el cilantro picados, el jalapeño troceado, el zumo de lima y la sal y el comino y en unos segundos tenemos la salsa.

En un bol mezclamos el chipotle picado con la crema agria. Pasamos por la batidora el contenido de una de las latas de judías negras y mezclamos con el contenido del bol. Añadimos el millo y el contenido de la otra lata de judías (que habéis lavado y escurrido previamente). Añadimos a esta mezcla los trocitos de aguacate con cuidado y ya tenemos el relleno listo.

Se le pone un poquito de aceite a la bandeja que vayáis a usar y comenzamos a enrollar los burritos. Sobre cada tortilla ponemos una cantidad proporcional de la masa (un octavo de lo que hemos hecho), lo enrollamos todo y lo vamos poniendo en la bandeja. Cuando estén todos, se cubre con la salsa que hicísteis al principio y sobre esto se pone el queso rallado. Lo cubrimos con papel de aluminio y lo metemos veinte minutos al horno.

Sencillo, vegetariano, con un montón de sabor y una comida que te deja bien lleno. Se puede acompañar con una ensalada o con otras verduras. En lo que a mi respecta, si es un plato único sin acompañantes, con un burrito no creo que sea suficiente pero con dos te quedas bien servido. Si lo acompañas con ensalada o algún entrante, con un burrito es más que suficiente. Por si acaso y para que se pueda calcular con una foto, aquí os dejo un plato con dos burritos y sobre la primera foto comentar que compré unas tortillas gigantescas y no hubo manera de meter ocho en la bandeja, con lo que hice seis y en otra bandeja puse las dos restantes. Las otras veces que lo he preparado sí que conseguí poner ocho:

Burritos de aguacates y judías negras