Preparando el camino para el césped

Con la caló tan horrenda que estamos teniendo en los Países Bajos este invierno, mis vacaciones del jardín se han acabado mucho antes de lo esperado y el sábado tuve que ponerme manos a la obra para preparar el escenario de los nuevos cambios en mi reino, que sí que es de este mundillo. De los cuatro lectores, si alguno tiene memoria de largo plazo igual se acuerda que el año pasado cuando estábamos en plena ola de caló tan dañina, una plaga de insectos asoló el país de sur a norte y un tipo específico de plantas murieron, unos pequeños matos que se pueden moldear y que se usan con mucha frecuencia para los lindes entre los jardines de las casas y para crear estructuras de altísimo diseño en nuestros jardines. En mi caso, en la parte frontal de mi casa murieron todas las plantas que separaban mi keli de la de mi vecino y en el jardín posterior tenía dos árboles rodeados por esos setos que también desaparecieron. La repoblación de la parte delantera ya la estoy organizando con el vecino y hemos elegido el árbol Fagus sylvatica, que al parecer en español es el haya común y que se compra en tamaño pequeño y podándolo, nunca llega a ser árbol. Tiene la ventaja que en invierno, las hojas se mueren pero se quedan agarraditas a la rama como político truscolán a su escaño y cambian al color rojo, con lo que tendremos el linde de la casa en verde en primavera/verano y en rojo en otoño/invierno.

En la parte trasera el problema fue más dramático. Me quedaron dos árboles rodeados de un erial junto a un troco de césped. Como el césped es mágico en lo relativo al mantenimiento, he optado por extender esa zona de césped y ampliarla en un metro y medio. No quería ni quiero que los árboles que estaban allí siguiesen así que a uno lo condené a muerte y al otro a un transplante, el segundo que sufre y que lo iba a acercar hasta la keli de las bicicletas. Durante el invierno, en una sesión maratoniana, arranqué el condenado, que me llevó como una hora y media extraerlo y meterlo en el contenedor para reciclado de jardín y verduras. En su lugar quedó un cráter que opté por no cubrir. El otro matojo o árbol, uno que produce unas flores blancas muy bonitas al final del verano y que es muy estilizado, lo quería poner en donde tenía varias plantas de hortensias, las últimas supervivientes de mis años viviendo allí, ya que cuando compré la casa el jardín estaba petado de hortensias.

El fin de semana pasado fue la matanza de las hortensias, tres de cinco, que sobrevivirá una que es trepadora y está pegada a la pared de la keli de las bicis y la otra, no la maté porque tenía el contenedor para reciclado lleno, pero ya está oyendo las campanas y debería saber que no llega viva al domingo. Después excavé un cráter, extraje el otro arbusto y lo puse en su nueva ubicación. Ahora me queda esperar que empiecen a vender las alfombras de césped para comprar un par de rollos y cubrir la zona a expandir, que lo de plantar semillas y esperar que crezca estaba muy bien en los ochenta pero hoy en día no mola nada. En la zona en la que queda el nuevo árbol, casi pegado a la pared, haré un pequeño parterre de unos cuarenta centímetros de ancho y junto con el arbusto y la trepadora, creo que voy a plantar fresales y quizás menta.

Por supuestísimo, ya podé la catalpa y el armazón de la enorme bola que generó durante la temporada del año pasado resultó en un contenedor completo de residuos. Este año, estoy planeando, Dios mediante si no me echan, comprar unas jardineras para poner en la terraza de la oficina y plantar aún más pimientos de Padrón, que se me dan que no veas y con el solajero que todos esperamos, me salen fabulosos, de los de la puta la madre, pican que no veas, como los de antes que ahora los de invernadero parecen más bien pimientos amariconados de Padrón.

Cosechando

El verano sigue su curso y aquel experimento que comencé en mayo, plantando semillas de pimientos de Padrón, ya está dando sus primeros frutos. Mis seis plantas de pimientos ya me han regalado mis primeros cien gramos de pimientos de Padrón:

Cosecha de pimientos de Padrón

Todas las plantas tienen muchos más pimientos en diferentes estadios de crecimiento con lo que estos son solo los primeros y con suerte, llegaré a un kilo al final de la temporada. Por descontado, esta prueba ha sido tal éxito que he acordado con una compañera del trabajo el buscar la forma de llenar la oficina de jardineras el año que viene y pasar a la producción masiva en un ambiente que controlamos y en el que estamos varias horas al día. Si ponemos una jardinera por ventana en la tercera planta, podemos estar hablando de nueve o diez kilos de pimientos a lo largo de un par de meses, así que ahora tendremos que convencer a los que tienen asiento de ventana para que nos cedan los centímetros que necesitamos, o al menos tenemos que convencer a unos cuantos, ya que de otros ya me encargo yo, que o me deben favores, o sentirán la presión de cosas que no quieren que se sepan y que casualmente yo se y podría dejar caer, que así de desarrollada es la maldad en mi familia.

En mi jardín, además de los pimientos y de las zarzamoras, que están a punto de entrar en la segunda fase después de los primeros once kilos que ya he recogido, hay una manzana, que el manzano este año ha tirado la keli por la ventana y lo ha apostado todo a un único fruto y una de las parras está desarretada y me pregunto si las uvas ya estarán maduras:

Las uvas están casi a punto

Como siempre había tenido uvas ácidas porque los veranos no tenían suficiente sol, jamás me había visto en las circunstancias en las que me encuentro. Estamos a mediados de agosto y yo creo que ya las uvas están como para cosecharlas, pero no estoy seguro y no encuentro un intelectual en Holanda que me lo pueda confirmar.

Otro día pondré una foto de la Catalpa que ha batido todos sus récords anteriores de crecimiento y está gigantesca. Se dice que desde la Estación espacial internacional los astronautas la pueden ver perfectamente.

Supervivientes de la OLA de CALÓ tan dañina

Lo de las últimas semanas en los Países Bajos ha sido para no mear gota pero no por impedimento físico sino porque se te evapora de la caló tan grande que hemos tenido, algo difícil de contar y aún más difícil de creer. El mes de julio aún gasta sus últimos segundos y ya se sabe que ha sido el más soleado desde 1906 que se miden estas cosas, además ha sido el más seco de la historia del universo neerlandés, superando al terrible julio de 1921 en el que llovió solo 16 milímetros de agüita y en este año han sido ONCE milímetros, que no dan ni para un chupito . Además hemos sufrido y padecido TRESCIENTAS TREINTA Y DOS horas de sol, que si lo divides por veinticuatro te salen más de dieciocho días de veinticuatro horas con el sol petando a base de bien.

Con todo este drama, la prioridad más absoluta fue, es y será salvar el jardín, ya que mientras que la mayoría prefiere que se les seque, yo he optado por gastarme unos leuros en agua y además, darle sus vasitos de agua a mis PIMIENTOS , que tengo nueve plantas creciendo y que algún día serán la alegría de la huerta:

Mis pimientos de Padrón

Tengo dos jardineras con tres plantas de pimientos de Padrón cada una y en la foto anterior vemos una de ellas y en la siguiente vemos la otra. Están espléndidos y ya tienen flores y pronto tendrán pimientos y yo me emocionaré hasta las lágrimas que no tengo porque se me secaron con la caló. Mis tres plantitas están en una pared colgadas, les da el sol algunas horas del día, pero no todo el día, con lo que espero que los pimientos no me salgan de esos de la-puta-la-madre.

Más pimientos de Padron

A una compañera de mi trabajo le regalé cuatro plantas y se fue de vacaciones una semana y ahora que ha vuelto me ha confirmado que se le murieron, se le secaron como momias. Además de las seis plantas de pimientos de Padrón, esa compañera me regaló tres de pimientos Shishito, la versión japonesa, muy similares, aunque menos rugosos, pero de igual tamaño y hasta los cocinan más o menos de la misma manera lo cual sirve para demostrar lo pequeñito que es el mundo. Esos tres pimientos, no sé si no les gusta la tierra o están traumatizados con el clima, pero no lucen tan bonitos:

Plantas de pimientos shishito

No tienen tantas flores como los otros pero vamos, que esta semana seguimos a casi treinta grados y es posible que la planta se anime, que no será por agua, que todos los días les doy un vasito de agua a cada una, además de las regadas del jardín, que son cada dos o tres días dependiendo de la caló.

Mis uvas siguen engordando

La que tiene toda mi atención es la parra y volvemos a mirar uno de los racimos, que siguen acumulando el agua con la que riego, están bien al solito para que se pongan dulces y yo me veo creando una mermelada que será épica y legendaria y es posible y hasta probable que incluso un sirope de uvas blancas.

Esto es el verano, caló dañina y alegrías en el jardín.

La catalpa y la parra están desmelenadas

Estamos en medio de una ola de sol y de una caló dañina que no veas y no hay día que el termómetro se quede por debajo de los veinticinco grados. Esta semana han comenzado las sugerencias para que no reguemos los jardines pero en lo que a mi concierne, me la paso por el forro ya que si he conseguido mantenerlo verde hasta ahora, no voy a renunciar a ese color tan lindo y si en las empresas que hay alrededor de la mía riegan, pues yo también y mismamente hoy he visto a cierta multinacional deportiva con sede para Europa en Hilversum regando su jardín. El calor dañino ha tenido unos efectos secundarios inesperados, que vemos en las dos fotos que vienen a continuación. Hace poco más de dos meses, veíamos por aquí una foto de mi catalpa en Abrid los ojos (o lo que sea) en donde el árbol comenzaba a despertarse y dos meses antes hice La podada de la catalpa y su evolución histórica. Ahora, SETENTA Y DOS días más tarde, está tal que así:

La catalpa en julio

Si sigue creciendo, las ramas de la parte inferior van a tocar el suelo por primera vez en la historia de la humanidad, está desarretada. Ni yo que he hecho las fotos y la he visto cada día me creo que haya pasado de un muñón como una estaca clavado en la tierra al glorioso espectáculo de esta semana. Muy cerca de ella está la pérgola y sus dos parras. Una de estas, la mayor, también está teniendo un año brutal y se debe haber pensado que la transplanté y me la llevé a España porque se ha vuelto loca y tiene una cantidad ingente de racimos que producirán varios kilos de uvas y con dos semanas más de ola de calufa garantizados, ya casi que esa producción está asegurada. La he podado, quitándole muchas ramas bajas que no tenían uvas y le he quitado las hojas para que a las uvas les de la luz del sol y si todo sale bien, este año haré mermelada de uvas blancas y será épica y legendaria y por supuesto no la compartiré con nadie.

La parra petada de racimos de uva

La otra parra, que está a la izquierda de la que hemos visto, esa solo tiene un racimo pero está creciendo y su objetivo es extenderse por la pérgola y no me preocupa que no de frutos. Si sumamos esto a los kilos de moras que cosecharé, este año mi jardín va a producir una cosecha deliciosa.