Exagerando un montón

Abrigadas en exceso

Cuando estuve en Gran Canaria en Navidades, como siempre, me fascinó la manera que tienen los locales de exagerar con las temperaturas. Estábamos con mínimas de dieciocho grados y la gente que abrigaba de una manera exagerada y en la misma calle me podías ver a mi en pantalones cortos y con las cholas Moisés y a una chama como la de la foto, con una imagen tomada con cámara oculta en la guagua y que llevaba más capas que una cebolla. Debía tener camisilla, camisón, camiseta, camisa, abrigo, el trapo de limpiar las ventanas anudado al cuello como bufanda, un cuarto de litro de laca para proteger el pelo del frío, guantas, compresa, braguitas, bragas, medias, calcetinas, pantalones y solo Dios sabe qué más. Con la cantidad de ropa que llevaba yo podría sudar y perder al menos un kilo de peso al día, además de apestar más que el coño de una corredora de maratón al terminar la carrera. Ella y su amiga hasta comprobaron que todas las ventanas de la guagua estuviesen cerradas. Supongo que estas no sobreviven en Holanda y probablemente se les camba la peluca del susto si me ven salir de mi casa con cinco grados bajo cero y una camiseta y sobre la misma una chaqueta ligera que es impermeable, transpirable y cuya misión es protegerme del viento y de la lluvia y que con su sellado hermético me permite usar el calor corporal para mantenerme calentito. Con esa chaqueta, que no tiene forro interior, unos guantes y una banda para las orejas, yo me muevo perfectamente, ya sea andando o en bicicleta.

Lo más asombroso es que en la playa, mientras yo tomaba el sol, había gente equipada como la beba de la foto cerca de mi, disfrutando de un día de playa de invierno. Parece que de lo que se trata es de exagerar y de engañarte a ti mismo pensando que es invierno, cuando aquello son temperaturas de primavera o verano.

Un leuro de agua

Un leuro de agua

El secreto más grande de los aeropuertos españoles es el de las máquinas expendedoras dentro de la zona segura. Todos sabemos que el concepto de tiendas libres de impuestos es que al no tenerlos, todo resulta al menos dos veces más caro que en aquellos lugares del mundo en los que se pagan impuestos o quizás hasta más. Un ejemplo de este tema que puedo dar fue en el aeropuerto de Gran Canaria, en donde en uno de los chiringuitos vendían comida española, es decir, ninguna mierda truscolana y tenían, TOTALMENTE LIBRE DE IMPURESTOS, un sobre de cien gramos de jamón 50 por ciento casi Ibérico por la módica cantidad de DIECINUEVE LEUROS Y NOVENTA CÉNTIMOS DE LEURO. El mismo jamón, en una cadena de hipermercados de origen francés, el mismito, valía CUATRO LEUROS Y PICO pero claro, es que es más barato porque tiene impuestos y al liberarse de los mismos, el precio sube como los bitcoin y se desata todo. En las cafeterías del aeropuerto y en algunas tiendas también venden agua, pero debe ser bendita y venir de la mismísima fuente en la que lavaba sus bragas la Virgen María porque la venden a precio de gramo de oro. Si rastreas el aeropuerto, como buen perro de presa, encontrarás el rincón en el que seguramente no llega la luz del sol en el que tienen las máquinas expendedoras y allí, al menos hasta agosto del año pasado, que fue mi último paso por Gran Canaria, se podía comprar una botella de medio litro de agua por un leuro y cuarenta céntimos. El uno de enero, la última vez que pasé por allí, fui a la máquina y me llevé un tremendo disgusto cuando descubrí que la habían subido más de un siete por ciento de precio, hasta el leuro y cincuenta céntimos. Había algo raro en la fila inferior de botellas y por unos instantes pensé que se me había caído la vista o algo así y que necesitaba unas gafas porque no cuadraba la cantidad y prestando atención vi que hay una nueva marca de botellas de agua y que cada medio litro vale UN LEURO o sea, casi un treinta por ciento más barata. Pensé que no funcionaría pero me compré una y la máquina me la dio, con lo que es auténtico total y tal y tal. Supuse que sería agua sacada de las cloacas más siniestras pero no, es una marca granadina y este agüita viene del pueblo de Loja y puedo decir y digo que es todo un lujo de agua. Además, es casi agua de comentaristas ya que el poblacho está a la orilla del río Genil. De mi circuito de aeropuertos españoles, que cubre Madrid, Málaga y Gran Canaria, esta es la botella más barata. Para cuando salgo de Holanda, llevo siempre una botella especial que me compré en mi tienda china favorito y la lleno en los surtidores gratuitos que hay en el aeropuerto, pero ese concepto de dar agua gratis total parece que aún no lo han estudiado en España.

En Internet hay de todo y especialmente porno pero lo que no se encuentra es el listado de precios de botella de agua en dispensadores automáticos en los aeropuertos españoles y eso es algo que alguien se debería currar porque somos muchos los que QUEREMOS SABER.

Lucha entre dos titanes

Cuando pasas por Lisboa, eres consciente que tu estancia en la ciudad tiene que estar complementada con Pastéis de Nata, delicioso postre o tentempié o simplemente dulce que igual te sirve para llenar el estómago durante el desayuno, para acompañar un café por la mañana, para funcionar de postre tras el almuerzo, o para merendar o de postre para la cena o directamente te encochinas y te jincas seis de un tirón y llamas a eso almuerzo o cena. Por toda Lisboa hay pastelerías o dulcerías que fabrican los más mejores del universo pero en mi caso, hay dos compañías que juntos con los que yo raramente hago en mi casa, porque son un puto vicio que no puedo controlar, hacen unos pasteles de nata que están en otra liga. Para mí los mejores siguen siendo los Pastéis de Belém, más delicados de sabor y fabulosos. Yo me imagino que si existe el cielo, tendrá que haber algo así en cada esquina:

Orgía de Pastéis de Belém

Bandejas con cienes y cienes de Pastéis de Belém, calentitos, recién horneados y esperando que los adoptes. La foto anterior podría perfectamente aparecer en la definición de orgía porque es lo que me viene a la cabeza cuando paso por ese lugar (hasta ahora en cuatro ocasiones en mi vida). Es verlos y te entra un instinto maternal que no veas y los quieres adoptar a todos o en mi caso, a catorce de ellos, de los que a dos los mandé al fondo de mi estómago al momento con muchísimo amor:

Pastéis de Belém

Al de la izquierda lo vestí de canela y al de la derecha de azúcarglas. Los dos fueron épicos y legendarios y me pusieron una sonrisa de abobancado que no veas y más cuando pensaba que en mi mochila tenía doce más, de los cuales tengo diez congelados en grupos de dos para cinco futuros desayunos.

Pastéis de Nata Manteigaria

Si no te quieres dar el paseo hasta Belém que no está en el centro de Lisboa pero tienes un antojo irrefrenable de Pastéis de Nata, los segundos mejores son los de la Manteigaria, junto a la Plaza Camoñes. También hay cola siempre con gente comprando y venden paquetes pequeños de dos unidades además de los grandes, con lo que mi paso por allí terminó con seis, dos que me comí al instante y dos paquetes de dos que me llevé para más tarde y la merienda o el postre del día siguiente:

Pastéis de Nata Manteigaria

El sabor de los de Pastéis de Nata de la Manteigaria es más intenso, en el relleno tienen algún ingrediente que les da más sabor pero siguen siendo igual de buenos y recién hechos son épicos y al día siguiente siguen siendo fabulosos.

Hay mil millones de razones para pasar por Lisboa, una ciudad increíble y al menos cien de esos millones es para extasiarte comiendo Pastéis de Belém o Pastéis de Nata.

Micro-coche del año de Maricastañas

1956 Fuldamobil S-6 o 1955 Bambino 200

Hace casi un mes, una tarde, al salir de la oficina puntual como un reloj atómico, que yo soy un ferviente creyente en el mantra que dice que a la empresa que te paga la nómina ni agua y no hago ni un milisegundo extra a menos que se ofrezcan a comérmela y no parece que les gusten los sabores del noroeste de África, decía que salí y en mi camino a la estación de Hilversum Sportpark paso por delante del concesionario de coches de puro lujo María más grande y fabuloso y espectacular de los Países Bajos. A mi lo de ver un Ferrari, un Maserati o un Jaguar como que me la trae al fresco porque es el coche nuestro de cada día, los veo entre dos y cuatro veces cada día, dependiendo de si hacemos la ruta de caminar en esa dirección. Un Porsche es como un coche de pobre y en mi caso un Ferrari tiene la misma visibilidad que el Simca 1000 de Genín o Virtuditas, reconocidos culocochistas. La tarde de la foto sí que me paré y fui hasta el transporte que tenían junto a la puerta del garaje porque la carga era algo especial. Eran unos micro-coches preciosos y con una pinta como antiquísima, vamos, de la edad de oro de Genín y quizás incluso de Virtuditas, que lo digital y tal y tal engaña mucho y aquí nadie dice la verdad salvo el Elegido, que tengo esta cruz tan grande no saber mentir como vosotros. Primero pensé que igual alguna compañía había decidido comenzar a vender estos coches de nuevo para competir con los Smarts y otras cosillas pequeñas pero lo de las ventanas como que se ve muy viejo. Son como triciclos y buscando por imágenes en el GooglEvil no encontré un resultado claro así que me tuve que sumergir en las Internetes y bucear por la red hasta que di con dos posibles nombres. Yo estoy casi convencido, a falta de la confirmación de Genín que debe ser un experto en esos años que la foto es de un Fuldamobil S-6 del año 1956, aunque tengo alguna duda y quizás sea un Bambino 200 del 1955. En cualquier caso, un coche que puede que seguramente ya ha cumplido los sesenta tacos y se ve que está de fábula y casi no se le nota la edad.