Otra vez helado

VW en versión esfera

El sábado estuve en Amsterdam para ir al cine y entre películas pasé por el Kalvertoren, un pequeño centro comercial en la calle Kalverstraat que recientemente ha sido remodelado y ahora lo llaman Kalverpassage, pero vamos, que sigue siendo una colección de tiendas en las que gastar tu dinero. El cambio más drástico parece ser que ahora, el pasillo por el que se circulaba es el Art Passage y lo están decorando con arte moderno, ese que se hace para HELARTE y que tiembles con el súbito bajón de temperatura corporal. La pieza principal era una esfera hecha con un VW escarabajo, aquellas preciosidades de hace mil años y que aquí un artista indonesio destruye y convierte en una bola, en la que aún se puede reconocer el coche pero que da pena, ya que esto, más que arte, es un atentado contra un objeto que ya era bello.

Hey Joe tu pomada

Hey Joe tu pomada

Una de las cosas que hago siempre que paso por Gran Canaria es ir a la barbería, que ahora y gracias al modernismo y al CaraCuloLibro se llama peluquería pero que allí siguen afeitando a gente y cortando el pelo y tienen hasta la cosa esa que da vueltas con colores a la entrada, con lo que ha sido, es y será una barbería.

Mi cabezón lleva en las mismas manos una purriada de años, ya que llegué a ellos después del periplo del Éxodo, que hasta se escribió y se han hecho películas. Mi Éxodo no comenzó en Egipto sino en la calle Rosiana, donde yo iba a un barbero que además era testigo de Jehová y trataba de convertirme y me regalaba sus biblias falseadas y todo. Los nietos de este señor iban a mi colegio y de cuando en cuando jugábamos juntos, pero me acabaron cansando con tanto panfleto de su Dios y tal y tal, que entre su casa y la mía no había ninguna papelera disponible y cuando mi madre me los interceptaba, me echaba un rollo que no veas y hasta me amenazaba con llamar a Don Manuel para que me exorcizara o me diera una jalá, según le conviniera más. Volviendo al barbero, el éxodo llegó cuando a aquel hombre como que se le notaban demasiado los síntomas del Parkinson, que cogía la tijera y empezaba a agitarla alrededor de mi cabezón y yo me meaba allí de puro miedo, así que anuncié a mis padres que ni jarto de Clipper de fresa volvía allí. Entonces mi padre me llevó a su barbero, que estaba en la punta de abajo de la calle Luján Pérez, y que era un chamo muy dicharachero. Todo fue bien por un par de años hasta que el colega trincó un cáncer o algo así, seguramente porque respiraba tanta laca y durante unos meses lo sustituyó una chama. La japuta era mala, mala, mala, pelando y después de que una de las veces que fui me dejó peor que como entré, renuncié y continué el éxodo hacia la calle Faro, muy cerquita de ellos y en donde comencé con otro peluquero. Este tenía un asistente que después de unos años lo traicionó y montó su negocio en la cercanía pero yo seguí con él y su tropa, que tenía a tres jóvenes trabajando con él. Después, allá por el 2010 o así la palmó y de repente desapareció la barbería y dos de los barberos abrieron otra en la misma zona, también en la calle Faro, que es a la que voy desde entonces, con lo que pese a los cambios de ubicación, se puede decir que en el árbol de los barberos, continúo en mi tercera iteración. Es rara la ocasión en la que acudo y aquello está vacío, son muy populares y siempre está petado y hay que esperar. Cuando estoy allí sentado, matando el rato con las asombrosas conversaciones de las barberías, que son casi lo mejor del universo, enfrente de mi y colocado bajo el mostrador para que los que estamos sentado lo veamos está el cartel de la foto, ese que dice HEY JOE tu pomada y siempre que lo veo me parto de risa porque me imagino que al pobre Joe le tienen que dar por el orto que no veas y por eso va a todos lados con su pomadita, para que le duela menos.

Exagerando un montón

Abrigadas en exceso

Cuando estuve en Gran Canaria en Navidades, como siempre, me fascinó la manera que tienen los locales de exagerar con las temperaturas. Estábamos con mínimas de dieciocho grados y la gente que abrigaba de una manera exagerada y en la misma calle me podías ver a mi en pantalones cortos y con las cholas Moisés y a una chama como la de la foto, con una imagen tomada con cámara oculta en la guagua y que llevaba más capas que una cebolla. Debía tener camisilla, camisón, camiseta, camisa, abrigo, el trapo de limpiar las ventanas anudado al cuello como bufanda, un cuarto de litro de laca para proteger el pelo del frío, guantas, compresa, braguitas, bragas, medias, calcetinas, pantalones y solo Dios sabe qué más. Con la cantidad de ropa que llevaba yo podría sudar y perder al menos un kilo de peso al día, además de apestar más que el coño de una corredora de maratón al terminar la carrera. Ella y su amiga hasta comprobaron que todas las ventanas de la guagua estuviesen cerradas. Supongo que estas no sobreviven en Holanda y probablemente se les camba la peluca del susto si me ven salir de mi casa con cinco grados bajo cero y una camiseta y sobre la misma una chaqueta ligera que es impermeable, transpirable y cuya misión es protegerme del viento y de la lluvia y que con su sellado hermético me permite usar el calor corporal para mantenerme calentito. Con esa chaqueta, que no tiene forro interior, unos guantes y una banda para las orejas, yo me muevo perfectamente, ya sea andando o en bicicleta.

Lo más asombroso es que en la playa, mientras yo tomaba el sol, había gente equipada como la beba de la foto cerca de mi, disfrutando de un día de playa de invierno. Parece que de lo que se trata es de exagerar y de engañarte a ti mismo pensando que es invierno, cuando aquello son temperaturas de primavera o verano.

Un leuro de agua

Un leuro de agua

El secreto más grande de los aeropuertos españoles es el de las máquinas expendedoras dentro de la zona segura. Todos sabemos que el concepto de tiendas libres de impuestos es que al no tenerlos, todo resulta al menos dos veces más caro que en aquellos lugares del mundo en los que se pagan impuestos o quizás hasta más. Un ejemplo de este tema que puedo dar fue en el aeropuerto de Gran Canaria, en donde en uno de los chiringuitos vendían comida española, es decir, ninguna mierda truscolana y tenían, TOTALMENTE LIBRE DE IMPURESTOS, un sobre de cien gramos de jamón 50 por ciento casi Ibérico por la módica cantidad de DIECINUEVE LEUROS Y NOVENTA CÉNTIMOS DE LEURO. El mismo jamón, en una cadena de hipermercados de origen francés, el mismito, valía CUATRO LEUROS Y PICO pero claro, es que es más barato porque tiene impuestos y al liberarse de los mismos, el precio sube como los bitcoin y se desata todo. En las cafeterías del aeropuerto y en algunas tiendas también venden agua, pero debe ser bendita y venir de la mismísima fuente en la que lavaba sus bragas la Virgen María porque la venden a precio de gramo de oro. Si rastreas el aeropuerto, como buen perro de presa, encontrarás el rincón en el que seguramente no llega la luz del sol en el que tienen las máquinas expendedoras y allí, al menos hasta agosto del año pasado, que fue mi último paso por Gran Canaria, se podía comprar una botella de medio litro de agua por un leuro y cuarenta céntimos. El uno de enero, la última vez que pasé por allí, fui a la máquina y me llevé un tremendo disgusto cuando descubrí que la habían subido más de un siete por ciento de precio, hasta el leuro y cincuenta céntimos. Había algo raro en la fila inferior de botellas y por unos instantes pensé que se me había caído la vista o algo así y que necesitaba unas gafas porque no cuadraba la cantidad y prestando atención vi que hay una nueva marca de botellas de agua y que cada medio litro vale UN LEURO o sea, casi un treinta por ciento más barata. Pensé que no funcionaría pero me compré una y la máquina me la dio, con lo que es auténtico total y tal y tal. Supuse que sería agua sacada de las cloacas más siniestras pero no, es una marca granadina y este agüita viene del pueblo de Loja y puedo decir y digo que es todo un lujo de agua. Además, es casi agua de comentaristas ya que el poblacho está a la orilla del río Genil. De mi circuito de aeropuertos españoles, que cubre Madrid, Málaga y Gran Canaria, esta es la botella más barata. Para cuando salgo de Holanda, llevo siempre una botella especial que me compré en mi tienda china favorito y la lleno en los surtidores gratuitos que hay en el aeropuerto, pero ese concepto de dar agua gratis total parece que aún no lo han estudiado en España.

En Internet hay de todo y especialmente porno pero lo que no se encuentra es el listado de precios de botella de agua en dispensadores automáticos en los aeropuertos españoles y eso es algo que alguien se debería currar porque somos muchos los que QUEREMOS SABER.