Todos los dulces en uno

Todos los dulces en uno

Cuando rastreando un supermercado en Cebu me tropecé con el paquete de otap que aparece en la foto, lo primero que pensé es que debía ser una comida milagrosa ya que en un único producto combinaba otap, polvorón, rosquillos, galletas de huevos, hojaldres y lady’s finger y méate toa merilléin que así sin más has soltado una ristra en tagalo que no veas y hasta te crees que estás hablando español cuando en realidad es filipino, pino, pino. Yo diría que en realidad era un paquete de otap, que no es otra cosa que lo que en España se llama palmerita solo que adaptada a los productos de aquel país, con margarina y coco entre sus ingredientes fundamentales y que en el paquete aprovechan para promocionar sus otros productos y por eso los mentan.

Ir a una panaderia en las Filipinas es viajar hacia atrás en el tiempo a la época en la que los españoles estaban allí. La mayor parte de los productos que se venden, salvo por el dónut, tienen nombres españoles y se hacen con recetas que aprendieron de la época colonial. Es con gran diferencia el país del sureste de Asia con los mejores panes y entre ellos destaca el pan de sal, una pequeña y deliciosa maravilla.

La barbería en la calle

La barbería

En Vietnam tenemos a los emprendedores que no necesitan ni alquilar un local para poner su negocio. Ya hemos visto a las chamas que con una bicicleta se convierten en empresarias y llevan toda la merka sobre y expuesta en la bicicleta y tienen la jeta de ponerse en la misma puerta del mercado para robarles clientes. Hoy vemos a uno que aprovechó la calle para cumplir el sueño de toda su vida y abrir su barbería. Un plástico por encima por si llueve, un espejo en la pared y listo, una barbería. Los precios eran de caerte pa’trás de la impresión y como se puede ver en la foto, el chamo tiene clientela. En Asia, yo solo me he cortado el pelo en Birmania o el país ahora conocido como Myanmar y en Tailandia. En el primero, por menos de un leuro fui a una peluquería de puro lujo Meri-Lleín en donde me trataron como un maharajá y hasta asignaron a uno que sabía al menos quince palabras en inglés para que tradujera mis instrucciones al barbero. Les intenté dar una propina similar al precio, ya que era de risa y se cabrearon conmigo. En Tailandia, en Chiang Mai fui a un peluquero que en lugar del espejo horrendo delante para que veas como te tortura tenía una tele plana gigantesca que ponía en el canal que tú querías, poco menos que además de pelarme me agarró el cipote y lo agitó para ver si salía el genio de la lámpara como en la película de animación y me cobró creo que menos de dos leuros y en los días siguientes, cada vez que me veía por la calle, agitaba tanto las manos que el efecto mariponsón provocaba tornados fortísimos en gringolandia.

Insectos al kilo

Insectos al kilo

En un montón de sitios en Asia, o seamos concretos, en Malasia, Myanmar, Camboya, Tailandia, Indonesia y Vietnam he visto en los mercados o en puestos en las estaciones vendedores que ofrecen bolsitas con insectos ya cocinados. En el mercado de Ben Thanh, en Saigón, los vendían al peso, justito al lado de las verduras y la gente los compraba y yo les hacía fotos y rezaba para que elijan ese momento para nacer y tener que huir del lugar perdiendo la poca o ninguna dignidad que jamás he tenido. Digo yo que todos esos panolis de organizaciones de derechos de los animales deberían hacer algo, ya que mucho meterse con las formas en las que se torturan algunos animales por aquí pero ahí mueren por miles, en su crisálida o como quiera que se llame esa cosa y jamás verán la luz del día, irán directamente a la plancha y de ahí primero a la boca y después al tripote del julay que se los coma.

Los andenes perdidos

La estación de tren de Utrecht, esa que se conoce como Utrecht Centraal es la más grande de los Países Bajos. Es básicamente una ciudad en movimiento, con más de novecientos trenes que pasan cada día por allí, con casi trescientas mil personas que entran y salen o cambian de tren. Es todo un universo con todo tipo de tiendas, bares, cafés e incluso dos pianos en cada uno de los extremos para que quien quiera se siente y regale música a los otros pasajeros, algo que sucede continuamente y en ocasiones incluso con gente cantando. En ese mundo recientemente renovado para prepararla para los cien millones de pasajeros al año que se espera que pasen por allí, faltan varios andenes, se perdieron en algún momento de la historia. Si te criaste fuera de truscoluña, que no es nación y está llena de ratas asquerosas y miserables, sabrás contar y si sigues las señales de los andenes no podrás encontrar el número 6, el número 10, el 13, el 16 y el 17. Algunos de ellos existieron en el pasado pero en la larga vida de esa estación de tren que se inauguró en 1843 desaparecieron igual que desde hace poco tiempo tenemos los andenes 20 y 21, nuevos y por los que yo suelo circular alguna vez cada semana camino de mi casa o de la del Rubio, ya que por casualidades de la vida allí también paran los trenes que van hacia su casa. El secreto de los andenes perdidos es que igual que en Londres tenían uno especial para ir a Hogwarts, desde Utrecht se puede acudir a varias escuelas de pitonisería, brujería y magia y por eso tenemos los números escondidos. En algunos casos, como el andén 10 o el 13, existían las vías hasta hace poco pero no había andén para acceder a los trenes porque eran vías reservadas para trenes de carga que paraban allí quizás esperando un hueco en el tráfico por el que colarse y seguir su camino. En la nueva estación, con sus techos acristalados llenos de células para recolectar electricidad del sol, con andenes amplios, vías rectas y escaleras grandes para que no se masifiquen, muchos de esos andenes desaparecieron pero se decidió respetar la numeración y así, los números perdidos son algo que a un pasajero que llegue por primera vez quizás lo confundan pero a los asiduos no, todos sabemos que no hay trenes desde esos números. Ahora que los nudos han desaparecido y que se redujo la flexibilidad para aumentar la velocidad, los trenes que van camino de Amsterdam siempre salen de los andenes 5 y 7 y aún así siempre puedes ver gente acercándose al mostrador de información y antes de abrir la boca, los empleados se lo dicen.

Perron 9 - Berlijnplein

Aparte de esos andenes perdidos, con los cambios, con el paso del tiempo y con la llegada del presente que en algún momento del pasado era futuro se tuvo que quitar la cubierta de la estación, esa que se instaló allá por el 1895 que Genín recuerda tan bien porque lo pilló en la más tierna infancia. Esa cubierta era de tan buena calidad que la última parte que se quitó fue en el año 2011, prueba definitiva de que ningún miembro de la familia del Kalatraba estuvo implicado en el diseño o las obras. Cuando esta cubierta estaba por desaparecer, un techo histórico que vivió todo el siglo XX (equis-equis) en el corazón de la ciudad, un grupo de ciudadanos decidieron salvar un pequeño trozo de aquel documento histórico y el ayuntamiento de Utrecht les dio un nuevo lugar, un punto de encuentro, de verbenas, de mercadillos junto al cine Cinemec Utrecht, un lugar llamado Berlijnplein o truscoluña no es nación, que es la perfecta traducción. Son solo treinta por treinta y cinco metros de lo que fue el techo que protegía a la gente que pasó por una estación de tren durante ciento dieciséis años y hay que ver lo bien que llevan la edad.