Relajándome en Bantayan

La saga de vídeos comenzó en Los vídeos del comienzo del viaje y el primer día en Dubai y el relato del viaje sin fotos comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones

Hoy tenemos otro episodio de vídeos muy corto pero que es el preludio del tsunami que está a punto de caer por aquí, ya que los dos siguientes episodios serán un empacho de tal calibre que aquello va a parecer el Nodo y tan interminable como la creación de un falso país llamado truscoluña, que no es nación y con la que llevan ajitándonos, porque estoy ajito, desde prácticamente cuando nací. Regresando al tema, aunque estuve tres días en Bantayan, creo que solo tengo fotos del primero de ellos o al menos parece que he borrado las del segundo que tenía en el móvil. En cualquier caso, esa fue una escala de sol, paseo en bicicleta, agua de mar y relajarme, una parada técnica para reducir el ritmo en las vacaciones, como todos recordamos ya que está escrito en el capítulo de La playa Paraíso y Bantayan Proper.

Playa Paraíso en Bantayan

En mi primer día entero en Bantayan estuve recorriendo la isla con una bici y acabé en la Playa Paraíso, de la cual vemos una parte en esta foto y se puede apreciar que está más petada que las playas españolas, esas en las que se puede ir desde la avenida al agua sin poner el pie en la arena de tanta toballa que hay.

Playa Paraíso en Bantayan

Todos sabemos que por aquí hay más de un bicho malo con una lengua tan venenosa que si se la muerden caen muertos antes de llegar al suelo y seguro que piensan que obligué a la multitud a ponerse detrás de mi así que en la foto anterior tenemos la otra mitad de la playa y en el vídeo también se puede ver que éramos cuatro gatos y mayormente filipinos.

Comida en el Chef Panyang en Bantayan

Las fotos de la pitanza, tanto la que está por encima de este texto como la que está por debajo, son de comida en el Chef Panyang, un sitio que no resultó muy bueno y suerte que yo me encochino y me pido dos platos porque el anterior tenía un pase pero el que está por venir puedo confirmar y confirmo que era una cagada. Las camareras estaban como ancladas al suelo por los tampones y desde que las llamabas hasta que venían pasaban años y años.

Comida en el Chef Panyang en Bantayan

El vídeo dura cuarenta y cinco segundos o sea, ná de ná y en el mismo podemos ver un segmento con la playa y un 180 grados hecho con la cámara y después las fotos anteriores. La música es la canción Epilogue de la banda sonora del clásico Stardust compuesta por Ilan Eshkeri. El vídeo está aquí:

El siguiente capítulo está en Los vídeos del día que fui de Cebu al Nido

Segunda inmersión para ver el tiburón azotador

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Mi último día en Malapascua en realidad eran solo unas horas ya que desde allí salía para Bantayan pero fue tiempo bien aprovechado porque no me hice un Virtuditas y me levanté antes de las cinco. El relato está en El retorcido caminito de Malapascua a Bantayan. Son dos segmentos con un total de un minuto y medio. Al principio se ve la terraza submarina a la que se desciende a unos veinte metros para esperar que el tiburón azotador aparezca y alrededor del minuto y diez segundos se puede ver uno con su cola tan característica. Un flipe de que te cagas. La música del vídeo es la canción Mia & Sebastian’s Theme, parte de la banda sonora de la fabulosa y fantástica película La ciudad de las estrellas – La La Land. El vídeo está aquí:

Esa tarde llegué a Bantayan, en la zona de Santa Fe y tenemos una fotillo hecha en la playa delante del hotel en el que me hospedé:

Playa en Santa Fe, Bantayan

Esa noche cené en el Bantayan Burrito Company y me jinqué un Notorious PIG que podéis ver en la foto:

Notorious PIG

La siguiente tanda de vídeos está en Relajándome en Bantayan

La visita a la isla Virgen

El relato comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones

Mi segunda mañana en Santa Fe comenzó on un desayuno a las siete de la mañana y el restaurante del hotel petado. A los filipinos les fascina irse tres o cuatro días de vacaciones pero como el dinero no abundan, a la hora de desayunar, por ejemplo, se piden algún plato de carne (adobo o similar) y un montón de arroz y después lo reparten entre los comensales. No tienen paciencia para esperar que los camareros vayan a sus mesas (o no están acostumbrados) así que se acercan a la zona de La Cocina y piden directamente allí. Si pueden, se llevan ellos mismos los cubiertos, platos y demás. Es un tipo de vacaciones «low cost». Otro flipe es como cada uno de ellos, repito, cada uno de ellos se hace básicamente unos cientos de fotos durante esos días de vacaciones, por ejemplo delante del cartel del hotel, mirando al horizonte con la cámara por detrás de ellos, sonriendo, junto a extranjeros (me he vuelto un galgo a la hora de escapar de esas sesiones que nunca se acaban y que atraen a quince más y cada uno quiere diez fotos distintas contigo en diferentes posturas) y en cualquier otra postura que se les ocurra. Unos les hacen las fotos a otros, después vienen las grupales, que se repiten varias veces para que todos los teléfonos las tengan y después vienen los vídeos. Todo eso gritando todo lo que pueden y más para que todo el mundo en un radio de doscientos metros sepan que están allí de vacaciones. 

Volviendo al relato, mi día comenzó temprano desayunando y después me venían a buscar para ir a la isla Virgen, nombre que le dan por el turístico pero que no es el suyo. Me recogió un chamo que seguramente tiene veinticinco años o así y aparenta la edad de Genín con dos niños pequeños, que como están de vacaciones se los trajo. El trayecto hasta la isla tomó unos carenta minutos y al llegar ya había un montón de barquitos allí. En la orilla me esperaba el poli de la isla y otro para llevarme a La Oficina de inscripción y que pagara el impuesto de entrada. Para ser una isla «virgen», tenía varios edificios, baños, tiendas y caminos hechos de cementos, sombrillas fijas de madera, hamacas y un montón de plantas que no son del lugar. Se ve todo como muy de Disney pero para nada te hace recordar a una isla «virgen». La playa principal está dividida en dos. La parte más fea es el aparcamiento de los barcos y la otra tiene incluso una estructura de cemento con techo en el agua para que la gente se puede poner allí a gritar a los demás, hacerse fotos y realizarse como seres humanos o algo así. 

Seguí un camino para nada «virgen» que me llevó al otro lado de la isla en donde se podía bucear con gafas y tubo. Resultó que crearon una mega-estructura de bambú para acceder al agua, anotaron la zona de buceo a unos cincuenta metros cuadrados y estaba prohibido salirse de esa zona. También pusieron un socorrista que yo creo que era el que realmente necesitaba de auxilio. Al menos el lugar estaba desierto y me quedé allí una hora más o menos. Después me volví a la playa principal, pillé una de las hamacas, que eran gratis, con sombrilla y que no se podían mover y pasé las siguientes tres horas tomando el sol y bañándome. Hoy debía ser el día con descuento para tullidos porque había varios «occidentales» tullidos o con algún tipo de minusvalía de esas visibles, visibles, que tenían su esposa filipina bonita, bonita y que se agarraba a su marido como si fuera Brad Pitt. Ni me molesto en preguntarme ¿por qué lo llaman amor cuando quieren decir matrimonio por interés? A ellas les da igual, lo que cuenta es el triunfo de tener marido extranjero, de vivir fuera del país y por lo tanto, nadar en el éxito. Como que se ponen tres tampones atados por el orto para caminar tiesas como palos y mirando hacia el cielo, orgullosas que no veas. Solo les faltan las gafas esas con cristales del tamaño de parabrisas de camiones de la Rocío Jurao y prometío. 

Cuando me cansé me llevaron frente a la costa de la isla de Hilantagaan para bucear un rato más. Allí sí que había un fondo más lindo, con algunos corales y muchos peces, aunque nada como lo que se puede ver por el Nido, que será mi próximo destino. Sobre las tres de la tarde me dejaron en la playa frente al hotel y después me puse en las hamacas del hotel a tomar el sol hasta casi las cinco, momento en el que fui al centro a cenar y darme un garbeo. Y así acabó mi último día en esta isla.

El relato continúa en Desde Santa Fe a la ciudad de Cebu

La playa Paraíso y Bantayan Proper

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Después de varios días durmiendo sobre un centro de buceo que comienza su actividad a las cuatro de la mañana todos los días, llegar al hotel en Bantayan y no tener ese ruido fue una bendición. Anoche dormí diez horas, levantándome a las siete de la mañana. Me quedé tirado en la cama hasta casi las ocho, leyendo sobre los sitios a los que voy a ir y cuando finalmente me levanté, lo clásico, afeitarme y jiñote, aunque lo de bucear me tiene muy cambiado y debe ser por las presiones a los que lo someto pero este año parece que no voy a requintar un solo retrete en Asia. Otra cosilla rara de lo de bucear es que debo convertir en líquido la poca grasa que tengo, que gracias a Dios yo no soy obeso como vosotros y cuando regreso de bucear hago unas meadas épicas, yo creo que si me pones un garrafón te lo lleno. Por supuesto muchos prefieren usar el meadero que hay en los barcos en la parte trasera pero yo aún no he dado ese paso y no estoy por darlo.. 

En la hora que estuve bobeando miré lo que hay que ver en la isla y decidí alquilar una bicicleta. Después de desayunar y junto al hotel hay varios chamos y uno me ofreció una por ciento cincuenta pesos para todo el día. Ese mismo me solucionó el día siguiente apalabrando una excursión en barco. Con mi cámara, una toballa, mi bolsa resistente al agua, la cartera y el teléfono, salí en ruta. 

Mi primer destino era cruzar la isla de este a oeste y llegar a Bantayan proper, el municipio y el pueblo que le da nombre a la isla, ya que yo estoy en Santa Fe (en tagalo, en lengua original). Eran unos doce kilómetros de bicicleta a treinta y dos grados y con un sol de justicia y con una bici sencilla, sin velocidades su que no parece que sea capaz de pillar una velocidad alta. En la ida volví a pasar por El centro de Santa Fe y después, la carretera, la única que hay en ese sentido, avanza mayormente en línea recta y sin mucho tráfico, ya que la cantidad de coches que hay en esta isla es muy limitada. Mayormente se cruzaron conmigo motocicletas y ni una sola bicicleta. A unos kilómetros del destino pasé por un pueblo que estaba de fiesta y en otro lugar había un cartel que indicaba que era Mojon y que a dos kilómetros está Sofa. Súper conveniente el que te digan el sitio en el que puedes plantar el jiñote o poner un mojon, que es otra forma coloquial de referirnos a eso que todos, con sangre roja, azul y hasta las ratas deleznables y despreciables, además de asquerosas y zarrapastrosas de los truscolanes hacen, que es, en dos palabras, Ca Gar. En el pueblo de Bantayan está el cajero automático de la isla y en su puerta había cola. Yo por suerte no tenía necesidad y es probable que aguante sin sacar más dinero hasta que me vaya. Los dos centros de buceo que visitaré en el futuro más cercano aceptan tarjeta de crédito, los hoteles los tengo pagos y con la pasta que tengo debería ser suficiente para papeo, taxis, barcos, bus, tricycles y demás. En Bantayan me acerqué al puerto, lugar al que llegan los barcos que van hacia Cadiz,  en la isla de Negros. Pese a ser domingo, el mercado estaba abierto, aunque tiene sentido en un lugar en el que la gente vive sin neveras en las casas. La carne o el pescado lo compran diariamente y solo lo que van a consumir. En la plaza principal estaba la iglesia de San Pedro y San Pablo, estaban de misa en ese momento y llena hasta la bandera. La iglesia es de la época colonial española y podría estar en cualquier rincón de España. Hice unas fotos y aproveché para comprarme un helado, una botella de agua de un litro, una de refresco y un dónut. Creo que pagué por todo un leuro. En el regreso iba a desviarme para visitar Paradise beach y programé la ruta en el teléfono para que me diera indicaciones mientras iba escuchando un podcast. Este año he decidido no escuchar audiobooks porque tenía un retraso de meses en mi lista de podcast y de hecho, hoy he llegado a febrero y aún me queda por oír más de noventa. El teléfono me llevó hasta el lugar en el que había varias motocicletas aparcadas y desde el que salía un camino que seguí durante medio kilómetro y que de repente se abría a una playa preciosa y muy bien cuidada. Cobraban por entrar casi un leuro. La playa es idílica y al ser tan complicado llegar hay pocos filipinos, ya que ellos, como cierta comentarista, son culocoches y si hay que caminar como que no mola la cosa.  

Estuve allí unas horas, tomando el sol y pasando ratos larguísimos en el agua. Cuando dejé el lugar y porque me pillaba de paso paré en el Ogton Cave Beach Resort, de los mismos dueños que el sitio en el que me estoy quedando y para el que me habían dado un pase de entrada para ver la cueva, que resultó ser eso, una cueva solo que entra el agua del mar y los filipinos se meten allí a mearse por las patas pa’bajo y reírse. Hice mis fotos y seguí mi ruta, regresando al hotel. Ya me he puesto y he hecho mis deberes. Tengo todos los hoteles y el vuelo de avión que me faltaba arreglado con lo que desde este punto hasta el día que me vaya no habrá demasiada flexibilidad pero tampoco tengo que agobiarme por eslabones sueltos. Fui a cenar al Bantayan Burrito Company, un mejicano que aparece en el primer lugar en el tripadvisor. Y después de eso, volver en bicicleta al hotel. 

El relato continúa en La visita a la isla Virgen