Último día en Riga y regreso a Utrecht

El relato comenzó en Llegando a Riga

Mi día final en Riga comenzó temprano, como es habitual. De nuevo tuve el dudoso honor y privilegio de estrenar el baño y dejar otro regalo épico y legendario para la ciudad. Después de desayunar, charlando de nuevo con la finlandesa que parece que es la única que madrugaba como yo, recogí mis cosas y me marché. El día anterior había decidido pasar la mañana en el Museo Etnográfico al aire libre de Riga, el cual está algo alejado del centro. Tenía que ir en la guagua de la línea número 1 y sabía que pasaba cerca de mi pensión a las nueve y veinte.

Camino de la parada de la guagua pasé (nuevamente) junto a la Sveta Nevas Aleksandra pareizticigo baznica, una iglesia ortodoxa que también es muy popular y bonita y en donde la gente se golpea la cabeza contra la biblia o el libro que tienen expuesto y trae ofrendas de comida que dejan por toda la iglesia y que el cura y los ayudantes recogen. Increíble como partiendo de las mismas mentiras, los católicos tiraron para un lado y los ortodoxos para otro. La guagua llegó en hora y recorrí la ciudad saliendo de la misma hasta llegar al museo etnográfico, el cual está en un parque abierto.

Es otro bosque que han llenado de casas de madera que han rescatado de varios lugares del país, iglesias, escuelas, granjas y similares y que eran de los siglos XVII (equis-uve-palito-palito), XVIII (equis-uve-palito-palito-palito), XIX (equis-palito-equis). Tienen gente vestidos como folclóricos y haciendo las tareas que se hacían en aquellos tiempos. En realidad es muy interesante y lo tienen muy bien montado pero por alguna razón, atrae a los letones y no presenta demasiado interés para los turistas, o al menos no el día que yo lo visité ya que fui el único que paseaba por allí. Hay un poblacho de pescadores, un poblacho de montaña, y entre las cosas curiosas tenemos el sistema de castigo de truscolanes que han patentado y que van a poner en el centro de la capital para cuando les visite alguno darle candela de la buena, ya que todos sabemos que se merecen eso y muchísimo más.

También en el lugar hay un molino de viento y pensaba que había hecho un vídeo junto a una de las iglesias que me puso los pelos de punta, ya que parecía el escenario perfecto para una película de terror con adolescentes ligeras de ropa que mueren soltando quince o quizás dieciseis litros de sangre, pero igual lo borré sin darme cuenta. En el museo estuve casi tres horas, caminando y curioseando en los edificios y regresé al centro de la ciudad para almorzar antes de ir al aeropuerto.

Algo que aún es muy popular en Riga y que me recordó a algunas ciudades de España de hace décadas son los trolebuses. Si no puedes ver el vídeo anterior, pulsa aquíEstán por todos lados. También hay tranvías y autobuses pero el trolebús parece ser el rey. Por culpa de ellos y de los tranvías y de que parecen encantados con los cables, habréis notado la presencia constante de cables en las fotos, algo que no se puede evitar.

Después de comer fui al aeropuerto en el autobús 22 y el avión llegó veinte minutos antes de la hora prevista y salimos más o menos en hora.

En el avión de ida no nos dejaban usar los dispositivos mágicos y maravillosos durante el despegue y el aterrizaje pero en el vuelo de vuelta la tripulación tenía una idea distinta así que aproveché para hacer un pequeño vídeo aterrizando en Eindhoven, documento único y espeluznante que solo está disponible en la mejor bitácora sin premios en castellano. Si no puedes ver el vídeo anterior, pulsa aquí. Al aterrizar, fui en guagua a la estación central de Eindhoven y desde allí a Utrecht en tren y finalmente en bici a mi casa y así acabó esta escapada a Riga, ciudad que me ha parecido muy interesante y me ha abierto el apetito para ir a las otras capitales de los países de la zona, esos que se votan unos a otros en Eurovision (o al menos lo hacían cuando prestaba atención a esos eventos hace años).

El día que visité Sigulda

El relato comenzó en Llegando a Riga

Mi tercer día en Letonia lo había reservado para ir a Sigulda, un poblacho a unos cincuenta y cinco kilómetros de la ciudad y en el que hay varios castillos. Si iba con el tren o con el autobús que te lleva hasta el villorrio, o salía tempranísimo o llegaba al medio día. Investigando descubrí que había una manera de ir en autobús que te dejaba en la carretera nacional y que desde allí hasta la estación se podía ir andando y tomaba menos de diez minutos, con lo que esa fue mi opción. El autobús salía a las nueve así que me levanté temprano, desayuné y estaba en la estación sobre las nueve menos veinte. Le enseñé a la señora que vendía los billetes el pantallazo del lugar al que quería ir y ella admiró mi dispositivo mágico y maravilloso y me dio mi billete, el cual me costó la friolera de dos leuros y setenta y cinco céntimos. Fui a la plataforma número doce y cinco minutos antes de la hora de salida llegó la guagua y se petó con toda la gente. Van llamando según el número de tu asiento, aunque como yo no soy versado en el idioma local entré de los últimos, lo cual tampoco importaba ya que mi asiento era delante. Salimos en hora y aquello se fue llenando más y más y más. El viaje era de unos setenta minutos y cuando llevábamos unos cuarenta en ruta, la guagua estaba que se caía de gente. A las diez y diez me dejó en el cruce con la carretera A2 en Sigulda y desde allí fui andando a la estación de tren, lugar en el que está la oficina de turismo. La chama que trabajaba allí me explicó las cosillas y me puse en ruta.

En la misma puerta de la estación está el Laimas pulkstenis, una especie de reloj-obelisco en la plaza curioso y que te da una idea de la idea de turismo que tienen por allí. En el poblacho hay en realidad un puñado de cosas para ver pero lo inflaron a base de crear un folleto en el que cualquier cosa es atracción turística, algo que no les hace falta ya que lo que hay para ver es muy bonito. Otra bobería marcada en el mapa fue el Veja zvans, una escultura con piezas metálicas que al moverlas el viento producen ruido o algún tipo esotérico de música. Me recordó a las polladas regadas por Lanzarote por el Manrique, que aprovechaba el viento para esas aberraciones que tanto le gustaban. El siguiente en la ruta fue el Piemineklis Krisjanis Barons, un monumento a un hombre que al parecer recopiló y publicó en varios volúmenes el compendio de la música típica letona y que por eso es famoso.

Viduslaiku pils

Viduslaiku pils, originally uploaded by sulaco_rm.

En realidad lo que yo quería ver es el Livonijas ordena Siguldas pils o el castillo de Sigulda, las ruinas de un castillo en la zona. El chamo que controla la entrada va vestido como un monje y delante del castillo está el nuevo palacio, una residencia muy bonita que no se podía visitar. Desde el castillo hay unas vistas espléndidas. El lugar es muy bucólico y tranquilo. Desde allí se podía ver el teleférico que te cruza al otro lado del río.

Camino del teleférico entré a ver la luteranu baznica, una iglesia luterana pequeña y coqueta, en un blanco que quema los ojos y construida en madera. Tienen un bonito órgano y da una idea de lo sobria que es esa gente.

Spieku park

Spieku park, originally uploaded by sulaco_rm.

Cerca de la iglesia está el Spieku parks o el parque de los bastones. Al parecer en este poblacho se hacen bastones que la gente de todo el país compra y los usan para caminar por las montañas. Nada del otro mundo para mí pero por lo que vi, todos los letones eran atraídos por los puestos que los vendían como moscas. El parque con los bastones daba un poco de grima, como se puede ver en la foto.

Para cruzar al otro lado del río fui en el teleférico, el único que hay en ese país. El viaje te vale cuatro leuros y dura unos cinco minutos. Tiene unas vistas muy bonitas del río y de la zona, las cuales igual hasta se pueden apreciar en el vídeo que hice. Al llegar al otro lado me acerqué con el resto de turistas (éramos unos diez en total en el viaje en teleférico) a Krimulda manor, una especie de residencia de descanso que vivió sus mejores años en la época en la que Stephen King escribió el Resplandor y que podría ser el escenario perfecto de una película de terror en la que un puñado de truscolanes nos persigue para endiñárnosla y los tenemos que matar capándolos y acabamos bañados en sangre y lefa de la mala. En la zona también están las ruinas de un castillo medieval, el krimuldas viduslaiku pilsdrupasl, rodeadas y cubiertas por el bosque, pero que visité igualmente. Después me lancé hacia la Serpentina cels, un pequeño y retorcido camino para caminantes y bicis que te lleva por el bosque. Son unos cuantos kilómetros andando por la naturaleza, con un montón de rutas alternativas que salen de la principal. Imagino que a primera hora de la mañana te puedes tropezar con ciervos correteando (ya que vi las mierdas por el suelo). Es todo muy agradable. Si no puedes ver el vídeo anterior, pulsa aquí

Gutmanala

Gutmanala, originally uploaded by sulaco_rm.

En cierto momento llegué a Gutmanala, la cueva de Gutmanis, un sitio que parece ser es sacrado para los letones desde hace milenios y que visitan para dejar sus mensajes escritos en las rocas. En la zona principal ya no permiten escribir para que la gente no borre los antiguos pero en otras de las llamadas cuevas había gente ocupada dejando su legado. En realidad las cuevas no son muy grandes. En la zona hay un aparcamiento enorme, puestos de venta y estaba bastante llena de letones, que acuden allí siempre que hay buen tiempo y aprovechan para caminar en los bosques.

Turaidas pils

Turaidas pils, originally uploaded by sulaco_rm.

A partir de ahí la carretera se empinaba ya que subía hacia el castillo de Turaida, el cual se engloba en la Turaidas muzejrezervats, una especie de parque enorme con esculturas, el castillo y edificios viejos que han salvado de otros lugares. Estuve más de dos horas en el parque, visitando el castillo, la vieja iglesia de madera que tienen en el lugar y todas las esculturas que hay por los jardines. Es un sitio inmenso y muy bonito. Cuando salí regresé a Sigulda en guagua y como tenía que esperar tres cuartos de hora por el tren, aproveché para comer algo en una cafetería frente a la estación.

La llegada del tren quedó inmortalizada en el vídeo anterior. Si no lo puedes ver, pulsa aquí. El tren era diesel, que siempre me dan la sensación de chucu-chucu, algo que no pasa con los eléctricos, que no se menean tanto. El tren tarda unos setenta minutos en recorrer los cincuenta y pico kilómetros y para un montón de veces, siendo algunas paradas simplemente una señal en el camino en medio del bosque y no hay andenes o nada parecido, la gente entra al tren o sale allí y sigue su camino.

Después de regresar a Riga cené y regresé al centro para ver los edificios que me faltaban y callejear apreciando la arquitectura de los edificios.

Aproveché para cruzar el puente de piedra e ir al otro lado y ver de cerca la mole horrenda de la Biblioteca nacional. Desde allí paseé junto al río y fui a un barrio que hay junto al mismo y en el que las casas son de madera. En esa zona hay un pequeño museo que recomendaban visitar pero estaba cerrado el domingo y el lunes de Pascua con lo que no pude verlo.

Puente Vansu y Riga al fondo

Puente Vansu y Riga al fondo, originally uploaded by sulaco_rm.

Desde la zona de las casas de madera había una curiosa y bonita vista de Riga en la que predominan los triángulos, algo que no sé por qué me llamó la atención al hacer la foto. Para regresar opté por cruzar por el puente Vansu, ese enorme que se puede ver en varias de las fotos (como la de los triángulos).

Puente Vansu

Puente Vansu, originally uploaded by sulaco_rm.

Por supuesto, hice una foto andando sobre el puente ya que todos sabemos como se las gasta cierto comentarista si lo hago esperar unos años para verlas.

Ya estaba anocheciendo, era casi las nueve de la noche y desde el medio del puente hice una bonita foto del río Daugava y la ciudad de Riga a ambos lados con los colores del atardecer. Y así acabó este día. Al regresar al hostal, me uní a la tertulia en el salón para comentar las cosas que había visto durante el día.

El relato acaba en Último día en Riga y regreso a Utrecht

Haciendo turismo en Riga

El relato comenzó en Llegando a Riga

Mi primera mañana en Riga comenzó como siempre temprano. Fui el primero en darse una ducha y sembrar el terreno en el baño compartido de la pensión, hostal o como queráis denominarla. Cuando fui a la cocina a desayunar se me unió una finlandesa y nos preparamos el desayuno mientras charlábamos. Después, preparé la cámara y salí a la calle.

Al acercarme al centro, el cual está a dos cuadras de la pensión, pasé por el parque Vermanes, un lugar sencillo y tranquilo al que la gente lleva a los niños a jugar, pasea y se relaja y en el que me tropecé con el huevo de Pascua gigantesco de la foto anterior, el cual fue un regalo de otra ciudad. Cruzando la calle al norte del parque llegué a otro parque, el Esplanade, en el que está la Kristus Piedzimsanas pareizticigo katedrale o la catedral de la Natividad de Jesucristo, la principal iglesia ortodoxa de la ciudad. Yo pensaba que los ortodoxos van a un ritmo distinto y que para ellos la Semana Santa empieza más tarde pero al parecer había algún tipo de celebración y el lugar estaba muy animado. La iglesia es preciosa, tanto por fuera como por dentro y regresé en otras ocasiones a verla. Desde allí volví a pasar por el Monumento a la Libertad y seguí por el Pilsetas kanals, que creo que se puede traducir como canal de la ciudad y en el que serpentea un canal con fuentes, una pequeña loma y también muy agradable para pasear. Al parecer lo hicieron en el siglo XIX (equis-palito-equis) al demoler la muralla de fortificación de la ciudad. Allí está la colina del bastión. Al parecer hace unos años adecentaron la zona y hubo muchísima polémica por el costo pero lo cierto es que les ha quedado de fábula y aporta un toque especial al centro de la ciudad.

Pulvertornis

Pulvertornis, originally uploaded by sulaco_rm.

Salí del parque por la zona en la que está el Pulvertornis, una torre defensiva de la ciudad que ahora forma parte del museo de la guerra de Letonia, el cual no iba a visitar pero merecía la pena ver la estructura. Está al comienzo de una calle muy curiosa, la calle Torna, con unas casa muy bonitas y la Puerta de Suecia, que es de lo poco que queda de las murallas de la ciudad y que se construyó a finales del siglo XVII (equis-uve-palito-palito) para acceder a los barracones fuera de la ciudad. La zona tiene mucho turista porque las visitas guiadas van allí a contar su rollo pero no es más que un arco sin nada especial. Le hice un par de fotos a la fachada del Arsenals, un museo de arte moderno que no estaba abierto en ese momento (y que tampoco me interesaba), también le hice fotos al Saeima o parlamento letón y entré a ver la Sveta Jekaba katedrale o la Catedral de Santiago de Riga, la cual es la principal iglesia católica de la ciudad.

En el vídeo (el cual está aquí si no lo puedes ver en pantalla) se puede escuchar al coro que estaba ensayando para un concierto que iban a dar un par de horas más tarde. La iglesia es simple, aunque imagino que en la época comunista arrasaron con todo y no les quedó demasiado. La catedral tiene un claustro en el que han recolectado piezas de otros edificios creando una especie de minúsculo museo. Al lado de la iglesia están los Tres Hermanos, tres casas que al parecer son de las más antiguas que quedan en la ciudad, siendo una del siglo XV (equis-uve), otra del siglo XVII (equis-uve-palito-palito) y la tercera también de ese siglo. Bonitos y bien restaurados. Desde ahí seguí paseando hacia el Melngalvju nams, la casa de las Cabezas Negras en donde me dieron abundante información de todas las cosas que quería hacer y de paso hice otra ronda de fotos.

Me acerqué a la Sveta Petera Evangeliski luteriska baznica y esta vez estaba abierta así que pagué la entrada para subir al campanario y desde allí admiré las vistas de la ciudad. En la foto anterior tenemos la parte sur, se puede ver el río Daugava, el puente ferroviario, la torre de la televisión y ese edificio que parece el Empire State es la Academia de la ciencia, lugar desde el que también hay un mirador. La subida al campanario es en ascensor, con lo que muy agradable y relajada. Los cuatro hangares enormes ahora son parte del mercado central y al parecer en un pasado algo lejano se usaban para reparar Zepelines. Al bajar, nadie controlaba así que visité la iglesia aunque técnicamente mi entrada solo permitía subir al campanario. Tampoco es que hubiese demasiado que ver, pero cuando es gratis, sabe mejor.

Ya que estaba, fui hasta el Mercado Central y paseé entre los puestos, algo que siempre te recomiendan pero que yo sigo pensando que un mercado es un mercado, da igual el lugar. Desde el mercado me acerqué al edificio de la Latvijas Zin?t?u akad?mija o Academia Letona de las Ciencias, edificio que la gente apodó como la tarta de cumpleaños de Stalin por su forma, y que fue el primer rascacielos que se construyó en la ciudad. No sé si escondido en algún lugar habrá otro pero me dio la impresión que hay un único ascensor. Desde la planta diecisiete hay unas vistas preciosas de la ciudad. A la izquierda, ese edificio horrendo en forma de montaña es la Biblioteca Nacional, lo cual nos recuerda que en todos lados hay arquitectos desgraciados.

En la esquina de la calle está la R?gas Vissv?t?s Dievm?tes pasludin?šanas pareiztic?go bazn?ca, otra iglesia ortodoxa que estaba petadísima de gente haciendo ofrendas y dándose de golpes contra una biblia o libro parecido, algo que debe formar parte de su manera de rezar. Tampoco permitían hacer fotos en el interior aunque el espectáculo era increíble y el sitio estaba llenísimo. En lugar de regresar por el mismo camino me acerqué al río y por allí hay una zona con varios edificios restaurados en la que predomina el artisteo. Justo ese día había algún tipo de feria por la Semana Santa y disfruté del sol, el calor, el lugar y de paso comí una especie de papa frita que pelaron en una única tira y que ponen en un pincho de madera antes de freírla. Curiosa y muy rica.

Crucé de vuelta al casco antiguo y fui a ver el Rigas vestures un kugniecibas muzejs o Museo de la historia de Riga y de la Navegación, el cual me recomendaron en la oficina de turismo para hacerme un poco una idea del lugar. No es muy grande y no se hace pesado, aunque tampoco te deja con la boca abierta y alucinando.

Catedral de Riga

Catedral de Riga, originally uploaded by sulaco_rm.

De allí fui a la Catedral de Riga, lo cual me tenía algo confundido ya que era la cuarta catedral a la que iba, producto de la fragmentación de sectas cristianas. Esta pertenece a la iglesia evangelista luterana de Letonia. Al salir fui al museo de Arte de Riga Bourse para ver el poco arte que tienen ya que el lugar ha sido expoliado en múltiples ocasiones y esta gente no nada en oro como los truscolanes, a los que de siempre han mantenido los españoles. El edificio es muy bonito por fuera y está en una plaza junto a la catedral que acababa de visitar. Cuando acabé el paseo por el museo me senté en la plaza un rato a disfrutar del día. Callejeé por la zona fijándome en la arquitectura gracias a un listado que tenía de edificios y después enfilé hacia la calle Alberta, el paraíso del Art Nouveau.

Museo de Art Nouveau

Museo de Art Nouveau, originally uploaded by sulaco_rm.

Esta ciudad tiene un montón de edificios en ese estilo maravillosamente conservados. En esa calle está también el Museo de Art Noveau. El museo es básicamente una casa con todos los muebles de la época, sencillamente fantástica y que merece no una sino varias visitas. Solo se visita la planta baja pero te da una idea de como debía ser vivir en aquellos años en la ciudad. Cuando cruzas la puerta y antes de entrar al museo tienes una escalera fantástica, la cual podemos ver desde abajo en la siguiente foto:

Al salir me dejé embriagar por el empacho de Art Nouveau en los edificios de la zona y después de eso fui a cenar. Como los días son largos, regresé al centro de la ciudad y fui a ver la Casa de los Gatos, un edificio con unos gatos en el tejado y que podemos ver en la foto:

La casa de los gatos

La casa de los gatos, originally uploaded by sulaco_rm.

Particularmente, me parece que no es nada especial pero vamos, la nombran en todas y cada una de las guías turísticas como una cosa que no hay que perderse. Por la noche regresé a la vera del río Daugava para ver la alucinante puesta de sol y hacer algunas fotos con el puente ferroviario. Después regresé al hostal porque al día siguiente tenía otro día movidito y así acabó esta jornada.

El relato continúa en El día que visité Sigulda

Llegando a Riga

A veces el azar es el que determina que viaje a un lugar u otro. Hasta el día en el que me compro el billete y organizo el viaje no tengo ni idea del lugar en el que acabaré pasando unos días. Un buen ejemplo fue este pasado fin de semana en el que me perdí en Riga, capital de Letonia, uno de los pequeños países bálticos que deben estar sudando sangre porque los rusos van a por ellos. En mi vida se me había ocurrido ir a esa ciudad y si no es porque WizzAir puso una oferta, no lo habría hecho. Coincidió además que vuelan los viernes por la tarde y los lunes y en los Países Bajos el único día festivo es el lunes de Pascua, con lo que encajaba perfectamente en mi agenda.

El viaje comenzó en realidad sobre las seis de la mañana, cuando me levanté y sin prisa ni pausa me puse a trabajar desde casa, algo que odio porque termino haciendo mucho más pero que en este caso jugaba a mi favor. Sobre las diez de la mañana acababa mi media jornada de trabajo y un rato más tarde salía escopeteado para la estación central de Utrecht en bicicleta, con mi mochila de treinta litros en la que iba todo lo necesario para sobrevivir tres días. Gracias a mi maravillosa y fantástica lista de viaje, me toma entre dos y tres minutos el preparar la mochila, una actividad extremadamente optimizada. En la estación, compré el billete de tren para Eindhoven y como las obras que han tenido esa línea al menos dos semanas medio trastocada habían terminado justo el día anterior, sabía que el tiempo de viaje era de cincuenta minutos, los cuales pasé viendo un episodio de una de mis series favoritas, en este caso Marvel Agents of S.H.I.E.L.D., agencia que os sonará de todas las películas del universo Marvel en las que la nombran. En la estación tomé la guagua 401 y veinte minutos más tarde estaba en el aeropuerto. En el control de seguridad había una cola impresionante y les tomó unos treinta minutos procesarme, lo cual lleva poner las cosas en una bandeja y pasar bajo el arco mágico en el que dependiendo del aeropuerto, pito o no pito.

Equipaje de mano de Ryanair

Equipaje de mano de Ryanair, originally uploaded by sulaco_rm.

WizzAir tiene las reglas de equipaje de mano más extrañas del universo. Gratis no puedes llevar un bolso del tamaño normal, solo mochilas de treinta litros o menos. Si quieres llevar algo más grande en cabina, tienes que pagar adicional en el momento en el que compras el billete y si no lo haces, cuando te pillan en el aeropuerto, la clavada es épica, básicamente, SESENTA LEUROS que tienes que pagar o y siempre pillan a todos los primos que lo intentan. Mi mochila se ajustaba al 42 x 32 x 25 cm para el equipaje gratuito y no tuve problemas pero vi a una chama que parecía que se le había subido la regla a los ojos de la sangre que echaba en las lágrimas. Curiosamente, Ryanair es hoy en día de las más liberales, permitiendo dos bultos que han de entrar en la estructura metálica de la foto anterior.

Traveling with inVants

Traveling with inVants, originally uploaded by sulaco_rm.

Como lo de la Prioridad era barato, la había comprado y fue un acierto. En la fila éramos tres y eso nos garantizaba el asiento que quisiésemos dentro del avión, salvo por las tres primeras filas o las salidas de emergencia. Cuando estábamos embarcando me fijé que un cacho de carne con ojos había puesto el mensaje en los paneles en Engrish, que es la versión pachanguera del inglés. Seguramente quien lo escribió pensaba en ese momento en la pava holandesa que quería empalar y su cerebro tradujo la v como f, ya que en neerlandés esa es la pronunciación de la v, con lo que las infantas perdieron su derecho a entrar primero en el avión.

Fui el primero en entrar al avión y durante el paseíllo le hice una foto. El concepto de Wizzair de vuelo de bajo costo es de petar el avión como si fuera hindú y creo que con diferencia son la aerolínea con menos espacio entre filas. Yo no soy alto y aún así, iba empotrado. La chama que iba a mi lado era una de esas culogoma y la pobre estuvo dos horas encajada sin poder moverse. El avión despegó en hora y en ciento veinte minutos nos aproximábamos al aeropuerto de Riga. El piloto hizo un par de maniobras extrañas, reduciendo e incrementando la velocidad de manera brusca que consiguieron acojonar a todo el aparato y hacer que todo suspiráramos aliviados al tocar tierra.

Como Letonia aún pertenece a la zona euro, salí del aeropuerto, crucé el aparcamiento y fui a la parada de la guagua 22, la cual te lleva hasta el centro de la ciudad por un leuro y veinte céntimos (es más barato si te compras una tarjeta de viaje en estancos, pero por veinte o treinta céntimos pasé un kilo). Después de un viaje de media hora llegamos a la zona de la estación central de trenes y autobuses y desde allí caminé hasta mi pensión, el Funky Hostel, el cual está a unos setecientos metros y fuera del casco antiguo.

Después de dejar mis cosas y de que la dueña de la pensión me diera instrucciones básicas y algo de información, fui a cenar a un restaurante Lido, de los cuales hay varios, son baratos y tienen comida local. Tras esto me acerqué a un centro comercial llamado Galleria Riga en el que la mujer me había dicho que desde la terraza de la azotea hay unas bonitas vistas de la ciudad, con lo que me pasé para hacer las fotos de rigor.

Brivibas piemineklis

Brivibas piemineklis, originally uploaded by sulaco_rm.

Riga tiene uno de los centros urbanos más pequeños de Europa (para una capital de país). Viene a ser de un kilómetro por un kilómetro con lo que te lo caminas en un instante. A la entrada de la zona me tropecé con el Brivibas piemineklis o el Monumento a la Libertad, construido en honor de los que murieron en la Guerra de Independencia de Letonia en 1935 y que les duró cuatro lunas antes de que los rusos los volvieran a invadir. Como el centro es tan pequeño, en tres o cuatro pasos ya estaba frente al Melngalvju nams, el edificio más pintoresco y bonito de la ciudad y que se puede traducir por la Casa de las cabezas negras.

Melngalvju nams

Melngalvju nams, originally uploaded by sulaco_rm.

Aunque el edificio lo levantaron en el siglo XIV (equis-palito-uve), el actual se levantó entre 1995 y 1999, ya que lo bombardearon los alemanes en 1941 y los rusos demolieron los restos en 1948. Este edificio era de una asociación de mercaderes, dueños de barcos y extranjeros solteros que funcionó hasta 1940.

Cerquita está la Sveta Petera Evangeliski luteriska baznica, una iglesia luterana dedicada a San Pedro y desde cuyo campanario hay unas bonitas vistas de la ciudad. Me dediqué a callejear y básicamente vi casi todos los puntos turísticos, aunque los dejo para el relato de mañana y acabé junto al río Daugava, viendo la puesta de sol, algo que repetí los dos días siguientes, con lo que veremos más fotos de este estilo en proximos capítulos del relato del viaje:

Cuando llego la noche regresé al hostal para descansar ya que al día siguiente tenía un día muy dinámico y después del madrugón estaba cansado.

El relato continúa en Haciendo turismo en Riga