Cascaes, Belém y el Parque de las Naciones

El relato comenzó en Paseando por Lisboa, el Palacio Real de Queluz y Óbidos

El domingo era mi último día en mi escapada de fin de semana a Lisboa y por supuesto lo tenía petado de aventuras pese a volar a las seis de la tarde. El secreto está en NO hacerte un Virtuditas, si te levantas para bendecir el comedor del hotel con tu presencia según comienzan los desayunos, es algo milagroso y te salen un montón de horas de algún lugar que ni siquiera conocías. Tras el papeo del desayuno, mi plan era ir hasta Cascais o Cascaes y visitar el lugar y desde allí ir retornando hacia el aeropuerto. Yo viajo ligero así que me llevé mi mochila.

Boca do Inferno

Una combinación de metro y tren me dejó en la estación de Cascaes y tras unos diez minutos andando, admiraba la Boca do Inferno, la cual vemos en la foto anterior y que es un bonito ejemplo de lo que puede hacer la naturaleza cuando le sale de los mismísimos. La zona tiene acantilados y a esa hora solo estaban los paseantes de mañana y la gente con chuchos. Este era el punto más lejano de la estación y la idea era barrer el poblacho viendo las cuatro cosas que tenía que ver.

Faro museo de Santa Marta en Cascais

Por la zona hay un antiguo faro que ahora han reconvertido en museo, el Faro museo de Santa Marta e hice varias fotos por fuera pero mirando en Internet no parecía tener nada en su interior con el interés suficiente como para esperar a que abrieran. La noche anterior debió llover en el lugar y se nota en el suelo de la foto con las palmeras.

Museu Condes de Castro Guimarães

Prácticamente al lado del faro está el Museu Condes de Castro Guimarães, de acceso gratuito, con unos jardines enormes y preciosos y un edificio con una arquitectura definida como de keli veraniega, con un torreón y unas estancias muy recargadas. Me lo pasé bien visitando el edificio aunque honestamente, el arte que colgaban de sus paredes y las esculturas me la traían al fresco, pero la keli merece una visita y más si es gratis. El edificio tiene una pequeña playa a su lado, que se puede ver en la foto y cuando yo pasé por allí no se podía subir a la parte superior de la torre porque estaban en obras, algo que también se puede ver en la foto.

Entrada al Museu Condes de Castro Guimarães

El edificio tiene junto a la entrada una preciosa fuente con unos azulejos muy bonitos y por dentro hay un patio interior muy agradable. Se construyó en el año 1900 o sea, al mismito inicio del siglo XX (equis-equis).

Muralla de la Ciudadela de Cascais

Cascaes, al estar en la punta de la nariz que vemos en los mapas portugueses debía ser un lugar que molaba para atacar a los enemigos de la nación y particularmente a los truscolanas, esa chusma y ralea de lo peor y por eso tienen una ciudadela, que ahora es como un complejo dedicado a las artes, que no helarte, aunque ambos conceptos te dejan igual de frío. La muralla de la ciudadela está en perfecto estado de conservación, como podéis ver en la foto anterior.

Praia da Ribeira

Siguiendo mi ruta, pasé junto a la Praia da Ribeira, que en verano seguro que está petada porque no es muy grande y la zona tiene pinta de llenarse con miles y miles de turistas. En un domingo por la mañana solo había algunos guiris paseando y un grupo de jóvenes jugando al voleibol a la izquierda de la foto, que creo que solo salió uno de ellos. Hay otra playa que también vi pero no le hice fotos con el móvil.

Igreja de Nossa Senhora da Misericórdia

En una de las minúsculas calles que hay por esa zona te encuentras con la Igreja de Nossa Senhora da Misericórdia o la iglesia de truscoluña no es nación en nuestra lengua. El árbol de Navidad que está en la imagen en primer plano se ve bastante peculiar.

Cuando acabé el paseo por Cascaes volví a tomar el tren pero me bajé en Belen, ya que ni muerto me voy de Lisboa sin pasar a comprar y comer Pastéis de Belém:

Orgía de Pastéis de Belém

Siempre me fascina las cantidades masivas de esas maravillas que cocinan y no tengo capacidad cerebral para comprender la enorme brutalidad de yemas de huevos que deben estar usando. En las bandejas que vemos en la foto anterior hay cienes y cienes de pasteles.

Pastéis de Belém

Doce acabaron en mi mochila y los dos de la foto anterior en mi estómago, que los recibió con un montón de amor y cantidades masivas de gratitud.

Estación de Oriente en Lisboa

Con la barriga llena y muy contento, volví a tomar el tren para llegar hasta la parte baja de la ciudad y allí cambiar al metro y seguí en dirección al aeropuerto hasta la Estación de Oriente, que creo que es la única zona de la ciudad que no había visto. La estación de trenes y metro es espectacular y se hizo para la Exposición Mundial que hubo en ese lugar hace un tiempillo.

Parque de las Naciones

La zona está en el estuario del río Tajo, con amplios parques que quedaron tras la Expo. Tienen todas las banderas del universo conocido y hasta de aquel por conocer y ni de coña han puesto la truscolana, porque al igual que la nación ficticia, no existía. Me dijeron que quieren izar la de Tabarnia, que sí que existe.

Torre Vasco da Gama

La zona es perfecta para pasear y hacer muchas fotos de esas monumentales y como está a una parada de metro del aeropuerto, sirve para acabar de ver Lisboa antes de salir por patas para allá. Uno de los elementos emblemáticos es la Torre Vasco da Gama, que es un hotel.

Puente Vasco da Gama

Desde por allí se puede ver el gigantesco Puente Vasco da Gama, el más largo de Europa con su doce kilómetros y pico y que sirve para que el tráfico que va del norte de Portugal al sur no tenga que entrar en Lisboa. Después almorcé por la zona, en la que hay un montón de restaurantes y un centro comercial y tranquilo y relajado, me fui al aeropuerto. Pillé la guagua a la terminal 2, ya que los vuelos de Easyjet salen desde la terminal de los pobres, pasé el control de inseguridad y busqué un rincón para apalancarme. Lo peor estaba por llegar. Ese día había un mega-temporal de viento sobre Galicia y el norte de Portugal y otro con nieve sobre Holanda. Mi avión, que debía llegar a las cinco y pico de la tarde, acumuló dos horas y media de retraso porque en Schiphol se les olvidó lo de echar el anticongelante a los aviones y tuvieron que hacer el curso para aprender. Al despegar tan tarde, la hora de llegada rondaba el límite de los trenes directos. Cuando por fin se produjo el embarque, todos corrimos al avión y el piloto nos informó que sería un vuelo meneao, pero con turbulencias de esas que recuerdas con cariño. Aviso que si alguno quería mear, mejor hacerlo antes del despegue porque igual ni apagaban la luz de los cinturones de seguridad. Tras el despegue, alguien comenzó a agitar el avión con inquina y tuvimos una primera hora de vuelo épica, aunque luego se tranquilizó. También tuvimos un viento brutal que nos empujó a velocidades cuasi-galácticas-de-la-luz y ganamos minutos, lo cual no evitó que aterrizáramos tarde, muy tarde. Según estábamos en tierra y activé el teléfono empecé a mirar los trenes y era dramático tirando a terrorífico. Tenía pocas o casi ninguna combinación. Salí del avión tirándome peos para correr más y perdí la dignitad que no tengo en mi carrera a la estación de tren de Schiphol, a donde llegué a tiempo para pillar un tren que paraba en todos lados y que iba hasta Weesp, a medio camino de Hilversum. La apuesta que hice fue que si el último que va desde Amsterdam a Utrecht se retrasaba dos o tres minutos, asumiendo que aquel en el que yo estaba saliera en hora, podría hacer la conexión y llegaría a Utrecht sobre la una y cuarto de la mañana. El tren llegó en hora y además el conductor como que sabía lo de la emergencia tan grande que teníamos e hizo las dos paradas que hay entre medias de Schiphol y Duivendrecht en unos pocos segundos y no solo llegamos en hora a Duivendrecht sino que lo hizo con dos minutos de antelación con lo que podíamos conectar y seguir hacia Utrecht. El universo a nuestro alrededor era totalmente blanco. Cuando llegué a la ciudad, pillé mi bicicleta, La Lapoya y usando la ruta segura, que es esa en la que ponen sal, llegué a mi casa sobre la una y media. Por suerte las condiciones meteorológicas fueron a peor y al día siguiente trabajé desde casa. Aún más por suerte, si el regreso hubiese sido al día siguiente no lo habría conseguido porque hubo cientos de cancelaciones de vuelos por el temporal que tuvimos.

Por supuesto que tenemos un documento estremecedor con todo lo anterior y que resulta un pequeño vídeo con la canción Long Way Down de Tom Odell que todos y todas amamos en la película Bajo la misma estrella – The Fault in Our Stars. En este documento se puede ver la Boca do Inferno, la vista desde el faro, con las playas y hasta la muralla de la Ciudadela y después vemos un tranvía en la zona de Belém, un tranvía especial por navidades y acabamos en el Parque de las Naciones. Si no lo véis por debajo de este párrafo, lo podréis encontrar AQUÍ:

Paseando por Lisboa, el Palacio Real de Queluz y Óbidos

En diciembre, un par de semanas antes de regresar a Gran Canaria para pasar la Navidad, estuve en Lisboa para una escapada de viernes a domingo y creo que esta fue mi tercera visita a la ciudad. En realidad no voy con más frecuencia porque en muchas ocasiones no hay nada barato para volar hasta allí desde Holanda, los aviones van siempre petados y las compañías que conectan ambos países se aprovechan. Para esta escapada la elegida fue Easyjet, compañía que por razones que desconozco, salvo por el Reino Unido, el resto de destinos desde Holanda son siempre caros. En el lado positivo de la balanza, vuelan desde Amsterdam, aunque lo hacen desde la terminal de bajo costo o las salas como hangares desde las que se corre al avión.

Avión de Easyjet en Schiphol

Ese día trabajé desde mi casa hasta la hora de acercarme al aeropuerto y una vez en el mismo, pasé el control de inseguridad y esperé en la zona comercial hasta que anunciaron la sala de embarque. En la foto se puede ver nuestro avión esperando por la tripulación y los pasajeros. Tanto en la ida como en la vuelta me asignaron asiento de pasillo con lo que nos ahorramos el suplicio de los despegues y aterrizajes y además, los aeropuertos de Schiphol y Lisboa están bien cubiertos con otros vídeos que hemos visto del tema.

Habitación en el hotel ibis Lisboa Centro Saldanha

El vuelo no tuvo incidencias, llegué a Lisboa en hora y después seguí mi ruta en metro hasta la estación de Saldanha, zona que elegí en esta ocasión porque está muy bien comunicada y además me apetecía alejarme un poco de la parte costera más turística. El hotel elegido fue el ibis Lisboa Centro Saldanha, que como todos los de esta cadena, resultan cómodos y familiares. En la foto anterior se puede ver el catre.

Baño en habitación del hotel ibis Lisboa Centro Saldanha

Y también tenemos el jiñódromo, lugar crucial ya que tarde o temprano te apetece darle vida al jiñote que estás macerando y esta es una tarea delicada y compleja que en mi caso requiere de un baño limpio. Para cenar elegí el Salsa Rosa Bistro que no estaba muy lejos y la comida resultó buena. Justo al lado había un supermercado así que aproveché para aprovisionarme con un kilo de castañas, que en aquella época todavía estábamos en temporada. Este año he comprado castañas en Holanda, Italia y Portugal y sin dudarlo un segundo, las italianas fueron las mejores. Cené un plato con pez espada por aquello de comer algo que no hay en los Países Bajos y después de cenar decidí bajarme al nivel del mar andando, que no quiero que se me desarrolle el culocochismo como a algunos comentaristas.

Estatua de António Ribeiro Chiado

Se me había olvidado que en Lisboa quieren matar a los peatones y las aceras están hechas de unos trocitos de azulejo o así que son mortales de necesidad. Ese día estaba húmedo y la ruta fue interesante, aunque no me caí. Por el camino me crucé con la estatua de António Ribeiro Chiado, portugués famoso que se cachondeaba de truscoluña en el siglo XVI (equis-uve-palito), época en la que tampoco era nación.

Praça Luís de Camões

Mi destino final era la Praça Luís de Camões porque al lado está la Manteigaira y me quería comprar unos pasteles de Nata por aquello de encochinarme. La plaza estaba petadísima de turistas españoles y ya gozaba de adornos navideños y seguro que la véis en el vídeo que si todo sale bien estará al final de esta anotación. Por allí hay una entrada para llegar a través de unos túneles y escaleras mecánicas hasta la estación de metro de Baixa-Chiado y regresé al hotel usando este conveniente transporte público, ya que lo de pegarme tres cuartos de hora cuesta arriba y quizás con llovizna no me molaba nada.

Salón en el Palacio Nacional de Queluz

Mi plan para el sábado era bastante completo y por supuesto no comenzaba después de la hora Virtuditas sino muchísimo antes y de hecho, creo que fui la tercera persona que desayunó en el hotel. Calculé el transporte público para ir hasta el Palacio Real de Queluz llegando a la estación de tren de la zona un par de minutos después de que hubiese abierto. Pillé la audioguía para enterarme de todas las movidas que hay en el lugar y así tener una visita sub-intelectualmente más completa, ya que uno hace lo que puede para no ser un cacho de carne con ojos como muchos de vosotros que no voy a señalar porque me faltan dedos en las manos y los pies. El palacio es espectacular y tiene unos jardines preciosos.

Fachada desde el jardín del Palacio Real de Queluz

En el jardín hasta tenían un tramo de canal por el que navegaba la familia real, tramo todo azulejeado con azulejos preciosos y azules y que por supuesto veréis en el vídeo. Para que después la gente los critique, que los ricos sí que saben vivir. Ese sábado supuestamente iba a llover pero en la foto anterior se puede ver que la suerte me estaba acompañando y pillé unos cielos preciosos.

Fuente en el jardín del Palacio Real de Queluz

Al ser ese fin de semana parte del puente de diciembre favorito de los españoles, aquello era como andar por algún lugar de España, solo se oía nuestro idioma. La parte del jardín en la que están las fuentes es la más bonita y fotogénica y tanto en el vídeo como en las fotos anteriores se puede ver que el lugar está muy bien cuidado y en óptimas condiciones para vuestros selfies o sea, esas fotos que os hacéis con el teléfono estirando la mano de manera poco natural y procurando tapar con vuestro cabezón aquello que queréis mostrar. Cuando acabé la visita comencé una complicada y calculada operación de transporte para ir a Óbidos, un poblacho a unos setenta y cinco kilómetros de Lisboa y al que se puede ir en guagua y que es famoso en el universo entero. Al ser fin de semana, había menos autobuses y tuve que calcular muy bien el salir del museo, pillar el tren hasta una estación de metro y desde allí ir hasta la estación de metro de Campo Grande, aunque como iba sobrado de tiempo el tramo del metro lo hice andando. La guagua tarda una hora, tiempo que se puede aprovechar perfectamente para hacer tus ejercicios diarios con el duolingo.

Azulejos en una de las Puertas de Óbidos

La guagua te deja en la misma puerta del poblacho y ese día había una multitud que no veas, en parte por ser sábado y en parte porque en Navidades montan allí una especie de parque temático para gente con niños. Todo el poblacho era propiedad de la reina de Portugal y gracias a eso se conservó bastante bien y ahora aquello es una mina de oro y un lugar horrendo para vivir. La puerta para cruzar la muralla más popular (y la única que vi) es la de la foto anterior.

Altar de iglesia en Óbidos

El lugar, pese a que allí debían vivir y viven cuatro gatos, tiene varias iglesias porque nunca se pueden tener suficientes sucursales de organizaciones en las que se agrupan presuntos tocadores de niños y algunos otros que son peor calaña, como la monja esa asquerosa que hay en truscoluña. En la foto anterior se puede ver el altar de una de las micro-iglesias, ya que de capacidad son más bien como clubs de barrios.

Iglesia de Santiago en Óbidos

La zona en la que se hacía el mercadillo navideño era por detrás de la Iglesia de Santiago, que ya no es iglesia, sino librería. Para entrar en el mercado había que pagar y por lo que pude ver estaba como muy pensado para los niños, así que pasé. Después escuché a gente comentando la visita y quejándose y creo que no me perdí gran cosa. A la derecha de la iglesia había un camino que te permitía subir a la muralla del pueblo y prácticamente le di la vuelta completa, faltándome solo el tramo del mercado navideño porque lo bloquearon.

Muralla de Óbidos

El paseo por la muralla es toda una aventura y si tienes vértigo es aún más interesante, sobre todo cuando te cruzas con gente que va en dirección contraria.

Vista de Óbidos desde la muralla

La foto anterior cuando llegué al otro extremo del poblacho. Al fondo se puede ver el castillo y a su izquierda la iglesia que vimos anteriormente. En el pueblo, que vive mayormente del turismo, hay varias casas que se han reconvertido en posadas y algunas fastuosas y de lujo tienen hasta piscina.

Enredaderas y muralla en Óbidos

Esta siguiente foto es prácticamente a la anterior y la pongo solo para que se vea lo diferente que puede parecer un lugar mirándolo dos metros más a la izquierda. Por toda esa muralla caminé y se puede apreciar la absoluta falta de barandillas para asegurarse que el que se cae se escoña. En gringolandia algún desgraciado se tira a propósito y después denuncia para cobrar los millones. En Portugal, se escoña igual y como mucho le darán un carné de tullido para que se ponga en la puerta de algún centro comercial a pedir guita.

Castillo de Óbidos

La parte que se puede caminar de la muralla va desde la torre que está a la derecha en el castillo hasta el lugar en el que hice la foto y se puede hacer todo el circuito en una media hora, contando que no te de vertigo y que no haya una multitud que te obligue a agarrarte a la muralla para no caer, que puede suceder y sucede. Por detrás del castillo estaba la feria navideña.

Portal de Belén en Óbidos

En Óbidos aproveché para almorzar y entre otras cosas me comí una especie de pan que ya hacen al horno con el chorizo dentro que estaba épico y legendario. También compré castañas pero vamos, más de la mitad tenían bicho y yo no tengo la capacidad que tenía mi abuela, que se las jincaba igual. Enfrente de una de las iglesias tenían montado en un local un portal de Belén y como estas cosas son siempre cutres vayas donde vayas, aproveché para hacerle una foto. Regresé de Óbidos sobre las cinco de la tarde, llegando a Lisboa a las seis y para cuando llegué al hotel estaba más muerto que vivo y como al día siguiente me esperaba otra quemada, opté por comer algo (no mucho), en un sitio llamado Companhia Das Sandes que estaba cerca del hotel.

Más o menos así transcurrieron la llegada el viernes y el sábado que estuve por Lisboa. En el vídeo que culmina esta anotación podemos ver la sala de espera de vuelos de bajísimo costo en Schiphol, después tenemos la Praça Luís de Camões con su vidilla nocturna y la bajada por túneles y escaleras a la estación de metro de Baixa-Chiado antes de darnos un paseo por el Palacio de Quelus y sus jardines y después por Óbidos. Todo está amenizado con la canción Tightrope cantada por Michelle Williams en la película El gran showman – The Greatest Showman. Si no aparece por debajo de este párrafo, el vídeo está AQUÍ:

El relato continúa en Cascaes, Belém y el Parque de las Naciones

Un nuevo regreso navideño

Todos los años se repite la misma matraquilla. Yo me compro el billete para ir a Gran Canaria miles de millones de segundos antes y espero pacientemente a que me llegue la hora y cuando sucede, pues apechugo y me pongo en ruta. Este año, por primera vez en la historia del universo conocido, el Elegido, o the Chosen One, de Uitverkorene o il Scelto según como os plazca mentarme cambió la ruta ibérica y en lugar de pasar por Mandril con liberia, fui directo a Lisboa con TAP, ciudad en la que mismamente había estado un par de semanas antes y que en algún momento de este mes seguro que hay relato por aquí ya que nos saltamos el orden y contamos las cosas como a mí me sale de los mismísimos mondongos, que para algo soy el que paga el tinglado este. El avión salía a las siete de la mañana del viernes y para ello debía facturar a las cinco y uno no es tonto y tras la jugarreta de los taxistas de unos años atrás, ahora soy más de la corriente esa que clama porque les den por culo y como el taxi me cuesta exactamente los mismos leuros que una habitación en el Hotel ibis budget Amsterdam Airport, pues tenía habitación y vine saliendo de mi casa la noche antes.

Habitación en el Hotel ibis budget Amsterdam Airport

Las habitaciones de ese hotel de costo bajo son simples pero muy completas y en realidad tienen capacidad para tres julays. Jamás me quedaría a ir para visitar Amsterdam porque es un coñazo ir a la ciudad pero está a unos seis minutos del aeropuerto en una lanzadera gratuita, lo cual es muy conveniente. En la primera de ellas, antes de las cinco de la mañana, un servidor y una multitud íbamos camino del aeropuerto. Éramos tantos que apilan las maletas en una parte de la guagua y el pasaje va como ganado en la otra. Efectivo si lo que quieres es maximizar la cantidad de julays. Al llegar al aeropuerto facturé y subí a pasar el control de inseguridad y tras eso, desayuné las cosillas que me compré en el supermercado del aeropuerto y me senté a esperar la salida. Un poco más abajo se podrá ver el despegue en un vídeo o más bien se puede ver negro sobre negro ya que pese a lo que diga el comentarista más prolífico, los despegues nocturnos son una puta mierda del copón. En este avión tenía asiento de ventana. Embarcamos en hora y despegamos con una puntualidad increíble. En el avión nos dieron hasta papeo, como en aquellas aerolíneas con las que se movían Genín y Virtuditas por el mundo allá por los sesenta, una cosa como de un pasado muy lejano, casi que de la época del Concilio Vaticano II (palito-palito). ´

El avión de TAP que me llevó a Gran Canaria

El aterrizaje en Lisboa fue espectacular, con un cielo azul y dimos un rodeo sobre la desembocadura del Tajo y pasando por la ciudad increíble, todo superdocumentado en el vídeo que viene a continuación, pero antes de llegar al mismo señalar el avión que se puede ver en la foto anterior y que estaba aparcado junto al que me trajo desde Amsterdam. Resultó que ese fue mi avión a Gran Canaria con lo que a falta de asiento en ventana para ese vuelo, al menos vemos la preciosidad de avión que me llevó, un Embraer 190 o 195.

A continuación tenemos el vídeo que documenta el despegue nocturno de Amsterdam y el aterrizaje a las nueve de la mañana hora local en Lisboa. Está acompañado de la fabulosa canción Rewrite The Stars o truscoluña no es nación traducido al español y que cantan a dúo Zac Efron & Zendaya en el retonnnnnnnno musical de Zac, lo más esperado en el mundo desde que la Cenicienta se mudó a un piso en Móstoles. Obviamente, la canción pertenece a la banda sonora de la película El gran showman – The Greatest Showman que todos hemos ido a ver salvo Virtuditas. Si el vídeo no está por aquí debajo, lo tenéis AQUÍ:

En el aeropuerto de Lisboa aproveché la escala para comprar un par de cajas de Pasteles de Nata de la marca ALOMA, recién hechos allí mismo y que estaban riquísimos y si no que alguien le pregunte a mi madre que se jincó ella sola una caja o a los que se pegaron la otra:

Pastel de nata ALOMA

Ya en la parte del viaje de las vacaciones navideñas yo sigo lo del #MEnot y paso de compartir mi vida con la plebe. Solo un par de detalles. Uno es que estuve en la playa de la Garita y durante un par de horas, yo era el único ser humano e incluso inhumano disfrutando de los veintipico grados, el sol, la brisa marina que sale del fondo del agua del océano y todo lo demás y si no me creéis, a las pruebas me remito:

Playa de la Garita

Bendita sea la tontería esa de los canarios de no querer ir a la playa si no es verano. Toa’pa’mí. Uno de los días bajé a las Palmas de Gran Canaria para una inmersión nocturna que comentaré en una anotación exclusiva y antes de ir al club de buceo aproveché para visitar el tradicional Belén de arena de las Palmas de Gran Canaria, conocido en el universo entero y que se hace porque al contrario que las playas chicharreras, en las Canteras hay un montón de arena y ni siquiera tiene alacranes, como la de la isla picuda. Este año se les fue un poquito la mano con la interpretación de los motivos navideños y casi que parece que hubo la mano de un podemita por detrás de la inspiración:

María, el viejo José y el niño Jesús

Supuestamente los anteriores son María, José y Jesús. Ella tiene un careto de pendón jinameño que no veas, está toda repatingada como si se acabara de fumar un porrillo y todavía no se le ha pasado el efecto. El José se ve claramente que no es el padre porque está muy envejecido y demuestra que ella se casó con él por interés puro y duro. El chiquillo es que casi no cabe en el pesebre, estará recién nacido pero vamos, que para soltar ese cachorrro por los bajos se tuvo que quedar rota para los restos.

Los Reyes Magos de arena en la playa de las Canteras

Otra escena conocida en este portal de Belén gigantesco de arena es la de los tres Reyes Magos de Oriente, nada de travelos o lesbianas como gustan por Mandril a la alcaldesa esa que parece sacada de algún episodio de la Bruja Avería. Estos mayormente el problema que tienen es el de la obesidad, quizás por las cervecillas que se jincaron por el camino y el camello es que podría salir perfectamente en el tercer episodio de la nueva saga de las Galaxias, esa que ha tenido un segundo episodio tan malo. Y esta última referencia me sirve para enlazar con el vídeo ya que la música que acompaña al siguiente y estremecedor documento es el tema Smoke, del maestro entre maestros John Williams y que era el tema del malo de la primera película de la nueva trilogía, el mismo que murió en la segunda y nos ha dejado con un malo acarajotado para la tercera y última. Si el vídeo no está por aquí debajo, lo tenéis AQUÍ:

Por supuesto que tengo más pero como ya esto es muy largo, cortamos aquí.

Regresando desde Lisboa

El relato de este viaje comenzó en Llegando de nuevo a Lisboa

Mi escapada relampago a Lisboa tenía un vuelo mañanero así que el domingo por la mañana, a las seis y media ya estaba en la ducha y a las siete pagaba en la recepción de la pensión para ir al aeropuerto. Allí me encontré con la Beba Gringa, una chama de leche caducada que al parecer también se había hospedado en el lugar y que iba al aeropuerto. La mujer me preguntó si iba a ir en la guagua de los guiris y le dije que no, que yo iba en metro con la plebe. Se marchó antes de que yo pagara pero debía estar entrenándose para las procesiones de Semana Santa porque cuando bajé a la puerta de salida aún seguía por allí. Como este mes aún no había hecho ninguna buena acción, le ofrecí que se uniera a mí y excepcionalmente podía usar mis avanzados conocimientos de Lisboa para ir al aeropuerto usando el metro. Le dije que esta era una oportunidad única e irrepetible y que ni Huitten había recibido una invitación semejante, sobre todo porque todos sabemos que es drogadicta de fumar y ya sabemos como me las gasto yo con esa gente. Lo segundo que le dije es que ya podía enchufarse el tampón por el orto para incrementar la velocidad porque mi vuelo salía a las nueve de la mañana y no a las seis de la tarde. Con las cosas claras desde el comienzo, nos acercamos a la estación de metro de Rossio y fue llegar y tener que esperar treinta segundos por el metro. Si la hubiera dejado a ella bajar su trolley lo habríamos perdido porque la mujer se paraba más que un paso en Sevilla. El metro iba prácticamente vacío ya que un domingo a las siete de la mañana parece que no hay mucha afición por moverte en la ciudad. En la estación de Alameda cambiamos a la línea roja (o un color aproximado al rojo, quizás púrpura, puede que rosado-sin-mariquitismo) y en el nuevo metro ya seguíamos hasta la última parada, hablando de los lugares que ambos hemos visitado y ella jurándome y perjurándome que puedo ir a Sudamérica y caminar como si nada con mi cámara y mis objetivos y todo el mundo me dará grandes besos y abrazos y nadie intentará hacerme pupita de la mala. No me convenció, igual que no me convencen los precios de los billetes hacia ese lado del mundo. Yo soy más bien de Asia, de ver a los pobres que no hablan mi lengua materna en su entorno natural, de los templos budistas y las playas del Océano Índico.

Sobre las siete y media llegábamos al aeropuerto de Lisboa y allí nuestros caminos seguían rutas distintas. Ella iba a la Terminal 1, la de los ricachones y las aerolíneas normales y yo tenía que tomar el autobús que me llevaría a la terminal 2, la de las aerolíneas de precios baratos, que es desde donde salen los avioines de Transavia. Al haber estado allí el año pasado ya me conocía al dedillo el camino y fui a la guagua que te desplaza entre las terminales y al llegar y mientras la gente trataba de orientarse yo salí por patas y llegué el primero al mostrador de facturación y en menos que dan un anuncio por la tele tenía mi tarjeta de embarque, la cual era para la parte delantera del avión. Aproveché para comprar algo para desayunar y después me senté hasta que nos llamaron para embarcar. Fui de los primeros en pasar y llegué al avión también de los primeros, caminando por la pista, algo que a mí me gusta un montón y que no entiendo por qué en las aerolíneas caras no hacen, ya que mola mucho más ver el avión de cerca que verlo de lejos desde la terminal. Me recuerda cuando era pequeño y a la puerta del avión había un fotógrafo que retrataba a las familias y después te vendían la foto.

Transavia HV5986 LIS - AMS

Transavia HV5986 LIS – AMS, originally uploaded by sulaco_rm.

El avión iba petado hasta el embrague y los últimos ya no pudieron poner sus trolleys en ningún lugar. A una vieja rastrera que llegó la penúltima le dijeron que lo tenía que poner en bodega y ella intentó que quitaran mi mega-mochila para poner su trolley. Le dije que si ella se hacía responsable de los miles de euros de equipo fotográfico, la botella de vino, los pastéis de nata y demás por mí no había problema pero que si no, por mí como si tenía que meterse por culo su maleta y viajar sentada sobre ella. La azafata cuando vio el tamaño de mi mochila, la cual tiene exáctamente las medidas máximas de los trolleys le dijo a la vieja le tocaba joderse. Otro chamo optó por sentarse con los pies sobre su trolley y viajó de esa guisa hasta Amsterdam.

Despegamos en hora e incluso nos dijeron que llegaríamos quince minutos antes de tiempo gracias a los vientos mágicos. la realidad fue que tuvimos veinte minutos de retraso y pasamos más de media hora sobrevolando Amsterdam por culpa de un temporal de viento y lluvia que asolaba Holanda en ese momento y que había levantado una alerta amarilla. Si eres de los ñangas que se asustan con las turbulencias, esa media hora final te habría encantado porque el avión subía y bajaba como un carricoche de montaña rusa. Por culpa del mal tiempo aterrizamos en el puto Polderbaan, la pista que está a kilómetros de la terminal y nos tomó casi veinte minutos llegar a la misma. Después nos hicieron esperar otros diez y entonces el piloto nos informó que no habían pasarelas libres y que nos dejarían cerca de la terminal, en la zona en la que aterriza EasyJet y Norwegian y desde allí tendríamos que correr hacia el edificio para no mojarnos. Eso hice y una vez a salvo volé por la terminal para llegar a la estación de tren del aeropuerto, lo cual me tomó casi un cuarto de hora. En el tren hacia Utrecht vi que no paraba de llover y por desgracia yo no tenía mis pantalones chubasqueros así que me preparé para lo peor. El último tramo en bici, desde la estación a mi casa, fue una tortura, con los pantalones totalmente mojados por agua a ocho grados, la cual también me quemaba las manos. Al llegar a mi casa me quité la ropa, encendí la calefacción al máximo y traté de recuperar la temperatura corporal aunque el resfriado ya estaba mostrando las primeras señales. Excepcionalmente me puse a importar las fotos de la cámara y aunque parezca increíble, ya he procesado un tercio de las mismas así que seguramente veremos Sintra en algún momento de descanso de la serie sobre Camboya que se avecina.

Así acabó mi pequeña escapada a Lisboa del pasado fin de semana, ciudad a la que pienso seguir yendo porque junto con Roma y Estambul me parece una de las mejores de Europa.