Desde Utrecht a Kuala Lumpur pasando por Abu Dhabi

En realidad podría comenzar a contar este viaje desde una semana antes de salir ya que he estado liadísimo. Aparte de trabajar, la semana pasada la pasé escribiendo anotación tras anotación, sobre todo con fotos y de cine para que ésta la mejor bitácora sin premios en castellano no quedara desangelada, ya que nunca se sabe si tendré o no acceso a Internet en los sitios a los que voy. A eso se le unió un par de días que trabajé en el jardín ya que por fin llegaron las buenas temperaturas, aunque duraron cuarenta y ocho horas. Esta es la primera vez que me voy de Holanda sin haber visto uno solo de los cientos de tulipanes que tengo en mi jardín y supongo que para cuando regresen ya habrán desaparecido.

El jueves por la noche miraba la página de la compañía ferroviaria y descubría que el viernes por la noche y hasta el sábado por la mañana estarían trabajando en la zona del aeropuerto y llegar se complicaría un poco. Opté por reservar un taxi y que me recogiera a las seis de la mañana, ya que mi vuelo hacía sobre las diez de la mañana y me gusta tener tiempo parar imprevistos. Por la tarde el viernes fui al cine a ver cierta tercera y mierdosa parte de una saga de películas de un superhéroe que está hecho de latón y después visité a mis vecinos para darles las últimas instrucciones. Ya en mi casa comencé a tirar cosas sobre la cama del cuarto de invitados y cuando más o menos lo tenía todo, hice la mochila. Por falta de tiempo y de ganas pasé de hacer la ceremonia del pesado pero al terminar comprobé que me quedé por debajo de los diez kilos. Más o menos me llevo lo mismo que en años anteriores más el trípode Travel Angel y algunas otras cosillas que añadí. Sobre la medianoche me pillaba escribiendo la anotación sobre la película anteriormente mentada y me fui a la cama alrededor de la una, levantándome a las cinco y diez. Me duché, me afeité, me vestí y desayuné una cristina con café con leche. El taxi llegó cinco minutos antes de tiempo pero ya estaba preparado así que salí.

Yo prefiero ir en tren porque los taxis a esas horas intempestivas me ponen de los nervios. Casi siempre el desgraciado que lo lleva está acabando su turno y tiene que estar agotado y voy en tensión por si se duerme en la carretera y me da el finiquito. Llegamos a Schiphol sobre las 06.40 y la facturación de Garuda Indonesia abría a las 07.20, tres horas antes de la salida del vuelo. Técnicamente yo he comprado mi pasaje a Etihad Airways, pero de los cuatro vuelos que tengo con ellos, solo uno es en un avión de esa compañía. Fui uno de los primeros en facturar y me pusieron en el asiento 33D, así que imaginé que estaría en el medio del avión. Después me fui a la puerta de embarque y me dediqué a chatear con el Rubio, el cual estaba en ese momento en Abu Dhabi haciendo escala camino de Bangkok. Parece que mis dotes para buscar billete son muy buenas ya que ellos se descojonaron de mí y acabaron yendo con la misma compañía solo que ellos tuvieron que salir desde Dusseldorf ya que el vuelo de Amsterdam estaba completo. También les salió algo más caro, unos ciento veinte euros por billete y si tenemos en cuenta que son cinco, pagaron seiscientos leuros adicionales por no comprar el billete al mismo tiempo que yo.

Al entrar a la sala de embarque tuve que pasar el control de seguridad con el escáner corporal. El holandés no pone nada extraño en la imagen, al contrario que los americanos que servían para ver gente en pelotas. Estando allí se me ocurrió lo que molaría pasar ese control con el rabo morcillón y envuelto en platina. Seguro que se monta un escándalo cuando ven que estás preparado para matar. Entré al avión y no parecía muy grande, más que nada porque había demasiado espacio entre las filas de asientos. Era un Airbus A330-200 y resultó que iba sentado en la última fila. Estaba en la tira de asientos centrales, que en esa parte del avión solo tiene 3 y los dos de al lado iban ocupados por hindúes, a los que por supuesto, ignoré. No sé por qué no me gusta este tipo de aviones, hacen poco ruido y no vibran mucho, pero pese a todo, sigo quedándome una y mil veces con el Boeing 777. La azafata que agarraba el micrófono para echarnos los rollos debía tener la campanilla pegada a la garganta después de tragarse la lefa de todos los machos de la tripulación porque no se le entendía una mierda, ni en indonesio ni en inglés. Procuré (y conseguí) no dormirme durante las seis horas y pico del vuelo y me dediqué a jugar con el iPad y a ver series. También estuve escuchando el cuarto libro de la saga The Lost Fleet de Jack Campbell. Al ir en pasillo no vi mucho del aterrizaje y al tomar tierra lo que me alucinó es que el aeropuerto de Abu Dhabi estaba todo mojado y no sabía si es que lo riegan o si se había producido un milagro anunciando mi llegada y había llovido. El avión seguía hacia Jakarta, lo cual igual habría sido más conveniente para mí pero los de Garuda te pegaban una levantada del copón. Mi siguiente avión salí de la terminal 3, una nueva y sin una especie de seta azulejeada horrenda que hay en la terminal vieja y que algunos habréis visto en la foto que mando cada día. Tuve que ir a los mostradores de transferencia porque me tenían que dar mi tarjeta de embarque para el segundo vuelo.

Después tenía unas horas sin hacer nada y busqué un rincón con un enchufe de pared para cargar mis dispositivos mágicos y maravillosos por si acaso. El aeropuerto parece diseñado por el mismo pollaboba que hace los españoles y que parece que desconoce la tecnología actual. A mí me hayan dos mezquitas y miles de tiendas me la trae floja, ponme butacas cómodas y sitios donde pueda cargar mis cosillas, aunque igual eso explica por qué los viajeros han elegido al aeropuerto de Schiphol como el mejor de Europa y uno de los mejores del mundo y en esa lista ni hay españoles, ni está el de Abu Dhabi.

Mi segundo vuelo estaba operado por Virgin Australia y con esa compañía sí que tenía curiosidad por viajar ya que de siempre la he asociado con el puro lujo María. Mi asiento era el 40A y por lo que yo sabía, era cerca de la penúltima puerta del avión. Allí sí que había gente por un tubo pero como los malayos parecen poco espabilados, cuando anunciaron el embarque todos corrieron hacia la zona de embarque de clases Business, los europeos nos fuimos a la zona para turistas y cuando los bloquearon y les dijeron que fueran a la otra zona, nosotros ya nos descojonábamos de ellos. Se me olvida comentar un momento antológico en el aeropuerto. Había tres terroristas musulmanes y de repente vienen tres emburcadas, que al parecer eran sus parientas. No se les veía ni los ojos. Digo yo que es milagroso que cada uno sepa cual es la suya. Bueno, las tres emburcadas caminaban del copón. Un rato más tarde, cuando vamos a embarcar, tres mozos con sillas de ruedas fueron a recoger los burkas con chocho debajo. De repente las tías eran minusválidas (que milagro más grande cuando las vi caminar con soltura) y se apalancaron en las sillas, se pusieron encima una cantidad ingente de bolsas y entraron en el avión de esa guisa, haciendo el paripé. El avión era un Boeing B-777 y hay que reconocer que Virgin se lo curra. Precioso por dentro y casi lloro de emoción cuando veo que hay una toma USB en cada asiento para que recargues tu móvil y un enchufe cada dos asientos para que conectes tu portátil. Eso es estilo y lo demás es bobería. El piloto dijo que por congestión aérea teníamos que salir con cuarenta minutos de retraso y yo me dormí. Era de noche, el avión estaba a oscuras y todos teníamos nuestros asientos reclinados y nuestras máscaras para los ojos así que la azafata nos tuvo que despertar antes del despegue. Según volábamos, pasaron sirviendo un tentempié, el cual me comí y me sirvió para amodorrarme. Dormí cinco horas y algo de un tirón y me desperté cuando comenzaron a servir el desayuno.

Aterrizamos más o menos en hora, ya que pese al retraso en la salida, el vuelo fue más corto de lo habitual y una vez en el aeropuerto de Kuala Lumpur o KLIA, sabía como moverme ya que he estado en este mismo aeropuerto varias veces. Pasé el control de inmigración, recogí mi mochila, fui a la estación de tren que hay en los bajos del aeropuerto y media hora más tarde estaba en Kuala Lumpur. El tramo final hasta el hotel fue en el monorrail. Después de darme una ducha salí a dar un garbeo por las torres petronas, a las que llegué en el monorrail y después caminando. Quería hacer algunas fotos de noche y me llevé el trípode. Después regresé al hotel, cansado tras un día agotador y aún sin llegar a mi destino, pero ese será el relato de otro día.

El relato continúa en Desde Kuala Lumpur a Bali

La historia de Rina y Razi

MSS

MSS, originally uploaded by sulaco_rm.

La historia de Rina y Razi para mi comenzó en un garito de carretera en Malasia, allá por el año 2009. Iba en una furgoneta llena de turistas que viajábamos desde las islas Perhentian hasta Cameron Highlands. A medio camino paramos a almorzar y como sucede siempre con estos viajes organizados, te llevan al restaurante en el que ellos tienen comisión y en el que además, se cruzaban varias líneas de la empresa y movían gente de unas furgonetas a otras. El lugar se llamaba Mamak Spicy Specials y era una especie de restaurante de comida hindú hecha al estilo malayo. En realidad el concepto de restaurante se les quedaba muy holgado ya que era como una cabaña enorme sin paredes laterales con la comida ya preparada en el centro y tú señalabas lo que querías y ellos te llenaban un plato. Al cocinero le debieron extirpar de pequeño las papilas gustativas porque le ponía cantidades ingentes de picante a la comida. De hecho, todos salimos corriendo hacia las botellas de agua según íbamos probando nuestros platos.

Mientras comía me fijé en un poster a mi lado que informaba que el momento histórico en el que el universo recibió la bendición de este restaurante fue en un 31 de agosto del año 2003, cuando Rina y Razi abrieron su primer local, al que siguieron otros en el estado de Kelantan.Todo el mundo en ese estado disfruta de la comida super-hiper-mega picante de Rina y Razi, los reyes del chili. No me pude contener y le hice una foto al cartel porque parecía un anuncio de búsqueda y captura con recompensa incluida. Sobreviví a su comida picante aunque creo que tardé al menos seis horas en recuperar el sentido del gusto y me aprendí muy bien el nombre de su cadena para evitarla en un futuro.

Álbum de fotos de George Town

Templo de Khoo Kongsi

Pasé por la ciudad de George Town únicamente para tomar al día siguiente un barco e ir a Langkawi. Uno de mis amigos me había dicho que no es gran cosa y que carece del espíritu de aventura que tienen otros lugares de Malasia y tenía razón. Se puede ver en un día sin grandes problemas y si visitáis el país y no tenéis muchos días, este es un destino que os podéis saltar.

Torre del reloj del JubileoFort CornwallisAyuntamiento de Penang - Dewan Bandar Raya Pulau PinangTown Hall Penang
St. George's ChurchTemplo de Kuan Yin TengDentro del templo de Kuan Yin TengDeseos y oraciones en papel
Templo de Sri MariammanTemplo de Han Jiang TeochewTemplo de Khoo KongsiDentro del templo de Khoo Kongsi
En las calles de PenangCalle comercial en George TownEl funicular de la colina de PenangFunicular en Penang Hill
El puente de PenangGeorge Town desde la colina de PenangTemplo hindú de la colina de PenangLa mezquita de la colina de Penang