El requete-larguísimo regreso a casa

El relato comenzó en Desde Utrecht a Bali pasando por Doha

Cuando compré los billetes y organicé el viaje, lo del último día preferí no pensarlo demasiado porque sabía que sería bastante duro. Si contamos como el momento en el que salí del hotel para ir al aeropuerto el punto en el que comencé el regreso, entonces el tiempo total del regreso fueron al menos treinta y dos horas. El primer segmenteo era sencillo, ir desde Tawau a Kuala Lumpur. Hay un montón de vuelos al día pero cuando compré tuve problemas y acabé en uno matutino porque en mis cálculos faltaba una variable, el final del Ramadán y de la celebración posterior que convertía a ese domingo en uno de Operación Retorno en Malasia y los aviones iban completos. Usé grab para pedir un coche y el trayecto al aeropuerto tomó algo más de una hora. Una vez allí me encontré con una de las parejas que conocía porque estuvieron buceando conmigo en Sipadan y que me habían dicho que se quedaban cerca del hotel. Acabamos desayunando juntos y matando el tiempo hasta el despegue de nuestros aviones, que salían con media hora de diferencia. A la hora de elegir asiento, el programa de la aerolínea no me dio opciones y estaba sentado en la última fila del avión en pasillo, lo cual me ahorraba hacer el vídeo del Ancestral. El vuelo fue de algo más de dos horas con abundantes turbulencias, lo cual no impedía a la gente ir al baño. Mi teoría es que hubo chiquillos en ese avión que fueron al baño al menos cuatro o cinco veces y también adultos. Hubo una pava metida en el baño cuando tuvimos una turbulencia fuerte que lo tuvo que pasar super-mal con el burka y ese pequeño retreto en el que los meados no bajan hasta que usas la cisterna. Como este era un vuelo doméstico, era posible llevar litros y litros de líquidos en el equipaje de mano.

Al llegar a Kuala Lumpur, volaba con Malaysia Airlines, que usa el aeropuerto viejo, el KLIA, el mismo que tiene a todas las aerolíneas internacionales ya que el KLIA2 es para bajo costo. Salí del avión y tenía que buscar la puerta número siete en donde me esperaba uno de los malayos con los que buceé en Sangalaki, que me recogió para pasar el día con él y algunos de los colegas, ya que mi escala era de unas doce horas. Lo encontré y me llevó a su keli, en la ciudad de Klang, que es en donde está el puerto de Kuala Lumpur. Como son de ascendencia china, en la casa tenían algunas coñas culinarias raras y especialmente una especie de refresco que hacen fermentando hongos y que según ellos, vives cienes y cienes de años pero eso no quita que el sabor sea terrible. Por la tarde, sobre las siete, fuimos a cenar con otros dos de los colegas que pasaron una semana buceando conmigo. Me llevaron a un restaurante típico de comida china y especializado en carne de cochino, algo que yo no había comido en tres semanas por estar en países musulmanes. Me puse tibio a carne de cerdo. Acabamos cerca de las diez de la noche que era mi hora de partida ya que desde allí hay una guagua directa al aeropuerto, en uno de los centros comerciales. Antes de salir pasé por la casa del colega para ducharme y cambiarme y en el centro comercial me aprovisioné de paquetes de mango filipino seco, de esos que compro todos loa años. El trayecto al aeropuerto pasó sin pena ni gloria y a las once de la noche estaba en la cola de facturación ya que iban a comenzar en ese momento. Conseguí convencer al empleado para viajar con equipaje de man, aunque si llegan a pesar mi bolsa tenía más de siete kilos y después fui a pasar el control de inSeguridad y el de pasaporte. En este primer control aún te dejan pasar líquidos ya que el verdadero se hace cuando entras a la sala de espera. Sobre la medianoche la cantidad de vuelos que despegan de Kuala Lumpur es bastante limitada, eran unos cinco vuelos, con lo que la mayor parte de las tiendas estaban cerradas. Alrededor de la una y media comenzó el embarque y en este primer vuelo me cambiaron el asiento y me dieron uno en fila de emergencia, con lo que tienes más espacio para los pies pero la silla es menos ancha por el mecanismo para la bandeja, que va empotrada en uno de los lados. El avión no iba completamente lleno. Salimos en hora y nada más despegar nos dieron un tentempié y después de eso, me puse el antifaz y los auriculares y me dormí unas cuatro horas, aunque había un montón de turbulencias y me despertaba con las sacudidas. Dos horas antes del aterrizaje nos dieron un desayuno bastante completo y en esta ocasión, el aterrizaje en Doha fue sin problemas. Tenía tres horas entre vuelos así que me dediqué a caminar en el aeropuerto.

El tercer vuelo, ese en el que llegaba a Amsterdam iba petado hasta la bandera pero por suerte tenía ventana y quienquiera que fuese sentado a mi lado no se presentó con lo que éramos dos para tres asientos. A la hora del despegue es un festival porque al mismo tiempo salen aviones para un montón de destinos con lo que es una procesión de aviones, unos tiran para Londres, otros Amsterdam, Frankfurt, París, Roma, Venecia, Milán, Madrid, Viena, es increíble, en esos aeropuertos de Oriente Medio han creado unas redes increíbles en las que todos los aviones llegan durante un periodo de tiempo y la gente salta de unos a otros y después todos despegan en otro corto periodo de tiempo. En el vuelo nos dieron primero un buen desayuno, mi segundo y después teníamos un aperitivo al final. Procuré no dormir y me dediqué a ver series de televisión en mi iPad. En este vuelo no hubo turbulencias. Llegamos a Schiphol sobre las dos menos cuarto de la tarde y como no tenía que esperar por la maleta, salí del avión y fui directo al control de pasaporte y después a la estación de tren debajo del aeropuerto. Pillé el primer tren para Utrecht y una vez en la estación la guagua a mi casa y vine entrando en mi casa a las cuatro de la tarde, totalmente agotado por este eterno regreso a casa. Por suerte, ese lunes era festivo en los Países Bajos. Aunque en algún momento consideré el ir al cine, cuando entré en mi casa sabía que de sentarme en una sala obscura me dormiría inmediatamente y aguantar hasta las nueve o las diez de la noche para tratar de ajustar los horarios fue toda una aventura, lo conseguí pero no recuerdo muy bien esas horas, estaba como en trance. Y así acabaron las vacaciones en Asia del 2019, el año en el que buceé con tiburones, mantas y todo tipo de animales acuáticos.

Segunda visita a Sipadan y el fin del buceo

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Llegamos a mi último día de buceo, aquel en el que llegaba a las cincuenta y cuatro inmersiones durante las tres semanas y pico de vacaciones. En esta ocasión iba en el segundo barco a Sipadan, uno que sale más tarde y en el que solo se hacen tres inmersiones, que es el nuevo máximo permitido desde junio, con lo que los que teníamos reservado las cuatro inmersiones hasta octubre, podrán seguir haciéndolo pero todas las reservas nuevas serán solo de tres. Como el barco salía más tarde, me dio tiempo a hacer la bolsa con todas mis cosas ya que al volver me llevaban directamente a tierra. La noche anterior pagué lo que debía con lo que desayuné, dejé la llave en la recepción y fui al barco. En esta visita a Sipadan las dos Dive Master eran chamas europeas, al contrario del día anterior en el que todo el mundo era malayo. En el barco también venían los canadienses, aún rascados por la grandísima suerte que tuve el día anterior.

Nuestra primera inmersión fue a las nueve de la mañana en South Point, el mismo sitio en el que bajamos el día anterior. Estuvimos en el Gran Azul durante unos veinte minutos pero no vino ningún bicho grande así que regresamos a la zona de la pared vertical, en donde vimos un montón de tiburones de punta de aleta blanca, de los grey reef shark, vimos los pesados peces unicornio de nariz grande (big nose unicorn fish), que se limpian los parásitos en las burbujas de aire de nuestra respiración y se te pegan a la cabeza como mosquitos, vimos el banco de peces jack del día anterior, enorme y que se deja querer y hasta vimos tiburones pequeños entre ellos, que al parecer van allí para que los limpien. También vimos algunas tortugas. Sin ser apoteósica, la inmersión fue bastante buena.

Después salimos y esperamos una hora antes de bajar a Barracuda Point, que creo que fue mi tercera inmersión del día anterior. De nuevo estuvimos un rato en el Gran Azul pero no vino nada. Después vimos bancos de barracudas y comenzó el festival épico de tiburones. Un grey reef shark enorme estaba a nuestro lado, tengo un vídeo épico. Otros de cola de aleta blanca pasaban cerquita y alguno posado en la arena me dejó acercarme para grabarlo. Vimos unos giant Trevally gigantescos y algún pez león. El espectáculo de los tiburones fue increíble, fabuloso, fantástico e hizo de esta inmersión otra de esas para recordar. Después de salir fuimos a comer a la isla y tuvimos que esperar dos horas para la tercera inmersión.

Elegimos un sitio llamado los jardines colgantes y estuvimos en el Gran Azul otros veinte minutos sin suerte. Lo de bucear en mar abierto sin ver el fondo a mí me parece fascinante pero hay muchos que se sienten incómodos porque es como estar en el espacio. Cuando volvimos a la pared, aquello es épico. Hay decenas y decenas de tortugas que se meten en recovecos y el sitio parece más bien un aeropuerto de tortugas, con unas saliendo, otras llegando, cruzándose con nosotros, es como mágico. También vimos dos tiburones de punta de aleta blanca jóvenes, pequeñitos, que parecían jugar juntos y Giant Trevally que te dan ganas de comer. Los corales eran increíbles y salimos muy contentos.

A las tres y media estaba de vuelta y tuve que esperar hasta las cuatro para el barco que me llevaba a Semporna, en donde lo primero que hice fue buscar el único cajero automático del poblacho para tener dinero malayo. Después busqué mi hotel, me acomodé y salí para comer comida basura, que ya la echaba de menos. Como al día siguiente tengo que ir al aeropuerto temprano, procuré acostarme pronto. Y así acaba el segmento del buceo de este viaje y lo que queda es el larguísimo regreso a casa.

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Buceando con tiburones martillo en Sipadán

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Anoche estaba tan excitado que pese a acostarme a las nueve de la noche para echar horas a destajo, creo que me desperté sobre las cuatro y ya no pudo volver a dormirme hasta las cinco y cuarto que sonó la alarma (o más bien que vibró la alarma en mi Xiaomi Mi Band 3). La razón es que hoy era el día que llevaba esperando desde que llegué a Scuba Junkie Sipadan, el día que tenía el permiso y que pagué para hacer cuatro inmersiones en el Parque Nacional de Sipadan, el cual está considerado como el mejor lugar de buceo del universo conocido. A las seis menos cuarto teníamos un ligero desayuno y a las seis y cuarto estábamos todos en el pantalán esperando para salir. Cada día tienen trece pases, siete para cuatro inmersiones y seis para tres y cuando compras tu paquete, tienes que bucear al menos tres días alrededor de Mabul para tener derecho a un día en el parque Nacional. Yo dejé mi último día libre y por suerte he conseguido un segundo pase para tres inmersiones el día en que me voy. Llegamos a Sipadan a las siete, nos apuntamos en la oficina del gobierno para que nos dieran nuestros pases y después nos explicaron como funciona la cosa, ya que hay un número limitado de buceadores por día y además, no se permiten más de cincuenta por hora, con lo que asignan franjas horarias que hay que respetar escrupulosamente, en nuestro caso, teníamos de 8 a 9, 10 a 11, 12 a 1 y 2 a 3 de la tarde y no se permite que te pases ni un minuto, con lo que las inmersiones son de cincuenta minutos y hay que entrar al agua lo antes posible. Nuestra primera inmersión fue en punto Sur. De las siete personas, cinco tenían solo certificación Open Water y solo pueden bajar hasta dieciocho metros y un chamo británico y el Elegido podíamos bajar hasta donde nos salga de la pipa, o sea, hasta cuarenta metros, pero el chamo decidió que bucearía con su hembra para ganar puntos de empalamiento y me dejó a mi solo con mi Dive Master, Kai, al que los otros colegas han apodado LA LEYENDA. Lo primero es salir al azul, te alejas unos minutos de la plataforma de la isla y la profundidad es de cientos de metros. Fuimos cinco minutos mar adentro, a unos veintitrés metros de profundidad y el Dive Master se pone a otear el azul, con una visibilidad pésima por culpa del plancton. En eso que grita y sale disparado y yo le sigo y aparece de la nada un tiburón cabeza de martillo, nos mira y se va. Fue tan rápido que no me dio tiempo ni a empezar la cámara, solo lo tengo de lejos pero flipé, flipé y volví a flipar. Yo persiguiendo tiburones, a esto hemos llegado. Como me baje a Güaterlú no veas como va a correr la marikona esa que se compró una rumana porque le dan ascos las hembras truscolanas de su raza. Después de lo del tiburón cabeza de martillo, nos quedamo un rato más, como diez minutos pero no vimos más nada. Llegamos a estar a 28,8 metros de profundidad, no es lo más bajo que he descendido en estas vacaciones, pero aquello es el Gran Azul, allí si caes no vuelves nunca. Después de eso nos acercamos a un arrecife y vimos un montón de tiburones de punta de cola de aleta blanca (white tip shark), algunos posados en el fondo, vimos tiburones grises de arrecife, algunos enormes (grey reef shark), vimos un atún enorme (el gesto para indicarte que es un atún es como que abren una lata, me meo de risa cuando lo hacen), después vimos un Great Barracuda, enorme, vimos un esqueleto de tortuga, alguna tortuga, grupos de unos que llaman fussilier o algo así, peces unicornio de naríz grande (bit nose unicorn fish) y unos campos de corales espec-taculares. Fue una de las mejores inmersiones de mi vida. Salí saltando como compresa de coja. Fuimos a la isla a descansar y nuestra segunda inmersión era en un sitio llamado Prisión de Langosta o algo así que yo soy muy bruto con los nombres. El Dive Master me dijo que en toda la semana el único tiburón de cabeza de martillo visto era el mío y que esa era mi suerte. Yo le expliqué que a mí se me conoce por el Elegido, The Chosen One, de Uitverkorene, il Scelto y que me negaba a aceptar eso porque mi Ángel de la Guarda es épico y milenario y no me iba a dejar tirado. Salimos de nuevo al Gran Azul, esta vez con algo menos de profundidad y cuando estamos allí y el resto de la pandilla está por encima, aparece OTRO TIBURÓN DE CABEZA DE MARTILLO (Hummerhead shark) y este sí que lo tengo en vídeo. Los de arriba me dijeron que me vieron nadar como un delfín, que jamás pensaron que el PEOTE fuese capaz de propulsar a un ser humano como lo hizo conmigo. Fue É-PI-CO, LE-GEN-DA-RIO, IM-PRESIONANTE y todo lo que queráis decir. Después de eso, cuando fuimos a aguas menos profundas vimos un banco de Big Eye Trevally (que no sé ni como se llaman en español, un Napoleón enorme, los peces unicornio de nariz grande, tiburones de punta de aleta blanca, peces ballesta y colinas interminables de corales en perfecto estado. El banco de Big Eye Trevally era gigantesco y estaba a tres metros de profundidad sobre los corales, tengo vídeos y vídeos infiltrándome entre ellos, aquello fue el acabose.

Desués de la segunda inmersión saltaba como un grillo y si tras la primera desayunamos, tras la segunda nos dieron café y tarta. En esa inmersión acabé bajando a veintiséis metros. Para la tercera inmersión nos llevaron a Barracuda Point y nada más entrar nos topamos, como quien no quiere la coas, con un banco enorme de snapers (que tampoco sé cómo se llaman en español) y después de esos con bancos de barracudas de los tipos pickhandle, bigeye y chevron. Un festival de barracudas, seguido de tortugas a destajo y un banco de peces batfish amarillos navegando en formación con ángulo y reflejando La Luz del sol que aquello era increíble. No sé como nos las apañamos pero el rato que estuvimos en el Gran Azul mi Dive Master y yo, que los otro grupos no quisieron ir, nos las apañamos para descender a veinticuatro metros.

Salimos y fuimos a almorzar y durante la comida coincidimos con el grupo que hacían solo tres inmersiones y que habiendo estado en dos de los sitios que nosotros fuimos, no vieron ná de ná. Había un sirio que de la rabia casi se le estalla la mochila terrorista-musulmán-de-mielda que todos llevan consigo mismo para cuando se tercia la ocasión. La cuarta inmersión fue en un lugar llamado Drop-off en el que también hay una cueva. Yo bajé el primero porque de nuevo íbamos al Gran Azul y mi Dive Master me llevó a la cueva, encendimos mi antorcha de la cámara y entramos y la visitamos casi entera. Lo más espectacular, aparte de estar en una cueva, es hay parejas de jackfish (incultura mía con los nombres), uno gris y otro negro y están allí pá’follá y veíamos a las parejas cortejándose. Brutal. Después nos tropezamos con un montón de tiburones de punta de aleta blanca y a uno hasta le hice vídeo de cerca, vimos también algún gris de arrecife, los batfish (peces murciélago), un giant Trevally verdaderamente grande, grupos de peces unicornio, tortugas para quedarte ajito (en canario) y después nos tropezamos con un banco de peces loro cototo verde y entre ellos tortugas. Era un festival de corales y peces de todo tipo. Fue, en dos palabras, fan tástico.

Después de salir, regresamos a Mábul y en menos de sesenta segundos todo el complejo, repito, TODO EL COMPLEJO, sabía, que yo soy el que vio en dos inmersiones consecutivas dos tiburones de cabeza de martillo. A los canadienses, que cambiaron su inmersión para el día antes, la envidia los corroe, pero así es la vida y mi Ángel de la Guarda tardó en convencerme para sacarme el título pero se está comportando como el mejor de la Liga de Campeones. Me quedan tres inmersiones en Sipadan para mi cierre de las vacaciones de buceo y solo los dioses saben lo que me puede estar esperando allí.

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Buceando por el norte de la isla de Kapalai

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Hoy me tocaba ir al norte de la isla de Kapalai, la cual me dijeron que era mucho más bonita que la parte sur que vi el día anterior. Salíamos a las ocho y media de la mañana pero eso no cambia mis planes y me levanto a la hora de siempre y después de desayunar aprovecho para ver algún episodio de series o para lavar la camiseta y los gallumbos y que se sequen durante el día. A la hora indicada, estaba en el pantalán pero tuvimos que esperar casi cuarenta minutos porque un sirio-de-mielda al parecer se la trae al fresco los horarios. Yo me habría ido pero lo esperaron y gracias a eso, estoy totalmente a favor del exterminio total de ese país.

Llegamos al norte de la isla junto a un complejo espectacular de cabañas sobre el agua y la inmersión era en un arrecife artificial creado junto al complejo y llamado arrecife Casa. Bajamos y al momento te queda claro el nombre, han creado un pueblito bajo el agua, con los esqueletos de casas, una torre y otras estructuras y los peces y las algas lo han adoptado como hogar porque les gusta esconderse y la estructura les da multitud de espacios para hacerlo y evitar a los peces más grandes. La inmersión entre estas estructuras es preciosa y vimos un montón de peces y una serpiente enorme que subió a lo alto De la Torre mientras la mirábamos con algo de distancia, que todos sabemos que todas las serpientes submarinas, si te muerde una, que te den la extrema unción. El momento más flipante fue cuando conocimos a la morena Elvis, gigantesca, yo le echaba dos metros pero el Dive Master dice que más bien tres, gordísima, le es imposible esconderse. Jamás había visto una tan grande, debe ser viejísima. También vimos lagunas tortugas. Vimos un banco de choco dile nedlefish espectacular.

Salimos y como el día anterior, descansamos en el barco antes de bajar a la segunda inmersión, en la que vi el nudibranquio más grande hasta ahora, uno llamado toree lo de t-bar nudi, gigantesco y después una sepia también grandísima que me dejó acercarme bastante. Hubo una buena ración de morenas pero tras la de la anterior inmersión, ahora todas me parecen pequeñas. Vimos una especie de langostino enorme que es el peacock mantis shrimp y un cangrejo decorador Spiderman, además de unos preciosos ormate ghost pipefish y un fabuloso clown frogfish. Fue una de las inmersiones más variadas que he hecho en los alrededores de Mabul y definitivamente, la mejor de las de Kapalai.

Cuando salimos volvimos al complejo para darnos el atracón del almuerzo y después buceamos cerca, en el norte de Mabulen Panglima, que para mi era la segunda vez pero con la corriente en sentido contrario. Había unas corrientes descendentes brutales y nos hacían bajar como cinco metros y poca visibilidad. Aún así, vimos un precioso cangrejo araña (decorador Spider crab) y un montón de tortugas que colgaban de la pared como podían para aprovechar los recovecos y rascarse las conchas, algo que al parecer les mola un montón. Conseguimos llegar a la hora de inmersión pese a las corrientes, que eran de locura, nos hundían, nos lanzaban hacia la superficie, aquello era como una montaña rusa.

Cuando salimos volvimos al complejo para merendar y llenar los diarios de buceo y después me fui a dar la vuelta a la isla. Hay un pueblo bastante grande, con chabolas por un tubo y hay una cantidad ingente de niños, aquí cada pareja debe tener como cinco o seis. En lo que falla el sistema es en lo de la educación medioambiental, les da igual tirar la basura en donde sea, el gobierno debería educar a esta gente que vive en un paraíso y lo está destruyendo con plásticos y otras mierdas sin que parezca que les importe un pito. En la parte norte de la isla es donde están los tres o cuatro complejos turísticos y en el lado sur y centro está el pueblo. Mañana me espera un gran día, mi primera inmersión en el Parque Nacional de Sipadan, la razón de venir aquí y teóricamente, uno de los mejores lugares de buceo del universo conocido y reservado a ciento veinte afortunados con pases cada día.

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