Aterrizando en Heathrow

Hace algo más de mes y medio hablaba en La visita anual a los arrabales de Londres de mi paso por BREXITlandia por motivos supuestamente laborales y creo que por allí mencionaba el fabuloso y asombroso vídeo a la par que calamitoso del aterrizaje, evento que sucedió sobrevolando la ciudad por su centro y con un poco de suerte, entre nubes y claros. El vídeo ha estado todo este tiempo esperando que lo revisara y acortara, ya que el original eran como siete minutos de más-de-lo-mismo y eso no mola nada. Esta semana por fin me senté un rato con el Mac mini y lo edité, pegándole unos acelerones de velocidad brutales y logré rebajar la duración total a poco más de dos minutos. En la anotación de hoy tenemos ese documento estremecedor acompañado de la cancíon instrumental Academic Decommitment, de Michael Giacchino y que forma parte de la banda sonora de la película del chaval araña ese que es super-héroe.

Hay dos momentos específicos en los que la atención debería ser máxima, al comienzo y cerca del final. Entramos directamente con el río Támesis a su paso por Londres, viendo la noria esa tan famosa, el Big Ben (si sabéis en donde está) y otros lugares épicos y legendarios. Por esa parte la velocidad de reproducción es la normal, después, cuando vemos Hyde Park aceleramos y vamos descendiendo mientras pasamos la mega-urbe, viendo el río con esa agua tan cristalina que lleva que para nada es marrón obscuro casi mierda. En el momento en el que vamos a tomar tierra, la mosca cojonera centrada en la parte inferior de la pantalla desaparecerá y un anuncio especial le indicará a Genín el momento en el que puede ver un avión Concorde que tienen por allí aparcado. Esos dos segundo he reducido la velocidad un montón para que no se los pierdas y después continuamos con el aterrizaje. El vídeo, si no lo podéis ver por debajo de este párrafo, está AQUí:

La visita anual a los arrabales de Londres

Desde hace unos años en mi empresa me castigan con una reunión en Londres por motivos medioambientales que a mí me la sudan hasta el infinito y más allá, mayormente porque esto es todo un paripé para mantener la certificación y no hay ningún interés en realmente trabajar por el medioambiente. La reunión la preside alguien de la oficina en Londres y cuando lo echaron en diciembre, yo me alegré porque me solucionaban la vida pero reasignaron la tarea a una pava que hacía otra cosa y la muy capulla resucitó la reunión. Siempre la hacen de un día para otro por razones que me son desconocidas con lo que paso una noche en un hotel que está en el CARAJO, lo llaman Londres pero está tan lejos de la ciudad que resulta difícil creérselo.

A la hora de comprar el billete, mi empresa se rige por el barato es el bueno y te obligan a viajar con esa opción, con lo que en los últimos años siempre ha sido con las líneas aéreas del Reino desUnido, esas que forman parte del grupo integrado también por lIberia y Buelin. Mi avión salía después de las diez así que no tuve que darme un madrugón brutal y fui al aeropuerto con todo el tiempo del mundo. Pasé de llevar mi bicicleta a la estación y la empresa me tendrá que pagar el coste de la guagua y del tren. Cuando llegué a Schiphol atravesé el control de inseguridad y pasaporte y después caminé durante una hora por el aeropuerto esperando el momento del embarque y quemando energía ya que sabía que al llegar a la oficina inglesa me iban a tener sentado todo el día. En la sala de embarque busqué a un colega de recursos inhumanos que iba a una reunión en el mismo lugar y hablamos un rato. Yo me colgaba de él para el taxi al llegar. El avión, al menos el del vuelo de las diez de la mañana a Heathrow es un Boeing 767 de antes de que Moisés escribiera los mandamientos. Las azafatas debían ser adolescentes cuando Napoleón conquistó Europa y ahora asustan por lo viejas que son. El avión es enorme y lo petaron y la salida se retrasó en veinte minutos que recuperaron luego. Desde el año pasado a este, British Airways ha cambiado su política y han adoptado la rastrera y miserable y ya no dan nada gratis en este tipo de vuelos así que vimos como las chamas seniles pasaban con los carros para intentar vendernos café a precio de whisky y las ninguneamos. Llegando a Londres se abrió un poco el cielo nublado e hice algunos vídeos que espero que sean muy chulos.

El día de la requete-roamin-dencia

Al aterrizar se produjo un evento histórico y del que queda constancia en el pantallazo anterior. Mi operador telefónico ha introducido el Roaming europeo que oficialmente comienza hoy desde el uno de junio y por primera vez en mi vida me podía mover por Europa sin que te la metan hasta los pelos de los güevos. En el mensaje me informaban que tanto los minutos de llamada como los eSeMeSes y los datos de Internet salían todos toditos de mi contrato con ello, que por si alguno está interesado cubre cien minutos o eSeMeSes al mes o una combinación de los mismos y un giga de datos, todo por la friolera de nueve leuros mensuales y solo con el 2G y el 3G. Ese contrato de dos años está cercano a su conclusión y ya he solicitado uno nuevo y como siguen siendo los más interesantes para mi, he cambiado a otro con los mismos minutos y mensajes y un giga y setecientos cincuenta megas de datos mensuales con el 4G, todo por doce leuros al mes. Esto también quiere decir que por primera vez en la historia del universo, no cambiaré mi número de teléfono durante al menos cuatro años. No quiero que nadie se preocupe, que ahora en el androitotorota puedo bloquear y bloqueo a quien me sale de los mondongos, y si no que se lo digan a la borde de una de mis compañeras de universidad que vive frustrada porque no puede mandarme todos los días mil mensajes de estupideces que no quiero leer. Regresando al tema del roaming, cuando uno lee sobre el mismo y lo de la abolición europeda se debe creer que es automático y más de dos y de tres se llevarán un disgusto porque te tienes que meter en los oscuros menús de configuración de tu teléfono y decirle que siga usando los datos cuando estás en roaming. Además, recuerda que eso no se desactiva solo y si viajas fuera de Europa, lo tendrás que cancelar o prepárate para cuando te llegue la factura y descubras que estás jodido y bien jodido.

De la reunión de la empresa mejor no hablar. Creo que batí todos mis récords anteriores de consumo de café expreso para no dormirme. Al día siguiente, el jueves de la semana pasada, acabamos a las tres y a esa hora salimos cuatro para el aeropuerto. Yo me quedé con el chamo alemán hablando y tomando una cerveza porque los vuelos de los otros dos eran más pronto. El embarque de mi avión fue en hora y hubiésemos podido llegar a tiempo pero al elegir la pista polderbaan para aterrizar, tardamos veinte minutos en llegar a la terminal y ahí perdieron la puntualidad. Salí del avión, en el que iba sentado en la parte delantera para no perder mucho tiempo, fui al control de pasaportes y después busqué el primer tren que me llevaría hasta Utrecht en donde terminaría el recorrido hasta mi casa en guagua. En la carpeta de borradores del programa de correo corporativo estaba el que mandé al día siguiente informando que ni de coña pienso volver a esta reunión, que es una pérdida de mi precioso tiempo sin ningún valor añadido. Aún no me han respondido pero creo que les ha jodido bastante.

Por casualidad, el día que regresé a los Países Bajos era el de las elecciones inglesas y todos sabemos lo mal que acabó eso para la vieja menopaúsica esa que parece tener el clítoris hiper-desarrollado y totalmente funcional para jincárselo a posibles tortilleras. En círculos de mi empresa se dice que mi presencia en aquel país tuvo una relación directa con las elecciones, que gafé a la pelleja aquella. Yo ni niego ni confirmo ese rumor.

Mi paso por Londres por movidas del currelo

La semana pasada estuve un par de días en Londres por culpa de las coñas medioambientales de mi empresa, que todos los años organiza un evento terrorífico al que me obligan a acudir porque al parecer, se rumorea que yo soy un experto en esas coñas. Son dos días con una noche de por medio de presentaciones interminables que te matan la ilusión por vivir, con temas aburridísimos y otros que ni siquiera te puedes imaginar que existen. No me voy a regodear en ese drama y nos centraremos en la parte lúdica del evento, que es ir y volver desde mi casa al aeropuerto de Heathrow, que resulta ser el mas cercano a la sede europeda de la multinacional que me mantiene desde hace más de una década y menos de dos. El tipo que organiza los cursos cada año los plantea en un horario diferente y este año se le ocurrió que comenzar a las doce y media de la tarde y acabar a las tres de la tarde del día siguiente era lo más óptimo y por eso, me pillé un avión a las diez y media de la mañana, ya que al viajar en contra del tiempo, la hora que pierdo en el vuelo la recupero con el cambio de zona horaria y desde el aeropuerto hasta la oficina de la empresa hay menos de veinte minutos. Salí de mi casa más o menos a la misma hora que siempre, sobre las siete de la mañana por aquello de estar en el aeropuerto al menos dos horas antes y tener un tiempo de reserva para los imprevistos. Fui en bici a la estación, desde allí en tren hasta el aeropuerto de Schiphol y en el trayecto aproveché para hacer mis ejercicios diarios de italiano en el duolingo y seguir con la racha de regularidad, que ya llevo quinientos sesenta y cinco días seguidos haciendo al menos tres ejercicios diarios. En el aeropuerto, accedí a la zona de la inspección y como los ingleses no están en Schengen, es la misma que para los gringos y los truscolanes y tienes que enseñar el pasaporte. Fui por el control de seguridad, después el de pasaporte y luego me acerqué a la puerta de embarque. El avión según mi tarjeta de embarque debía ser gigantesco, ya que estaba en la fila treinta y pico. En Holanda, esa mañana teníamos un triste día gris y con llovizna.

Despegando en Schiphol con lluvia

En el vídeo anterior tenemos el despegue del avión, que resultó ser un enorme Boeing 767 de antes de que Cristo-Rey se mudara a la cruz para crear la secta de los presuntos tocadores. El vídeo es como mágico porque habían gotas de agua en la ventana y desaparecen en uno de los grandes misterios de la vida. El vídeo acaba cuando entramos en la famosa nube esa, aunque por más que miré no encontré los vídeos con guarrerías que todos guardan por ahí. El vuelo en principio es de cuarenta y cinco minutos pero después te ponen a dar vueltas antes de aterrizar y acaba durando hora y media. Gracias a todos los dioses que Ryanair no vuela a ese aeropuerto o ya habrían caído un montón de aviones.

Aterrizaje en Heathrow

El vuelo transcurrió sin más incidencias y por supuesto, no hice uno, sino dos vídeos que gracias a la magia del iMovie combiné en uno solo. Ambos están acelerados (como el anterior). En el aterrizaje, primero tenemos un trozo en el que el avión se mueve justo encima de la nube, intentando cortarla con el ala y el piloto estaba desesperado buscando toda esa pornografia que guardáis por allí pero no tuvimos suerte. La segunda parte (o el segundo vídeo dentro del segundo vídeo) es el aterrizaje, cuando salimos de la nube y tocamos tierra en el aeropuerto londinense de Heathrow.

Despegando de London Heathrow

Después de las soporíferas sesiones de trabajo, mi regreso estaba previsto para las seis de la tarde y sobre las tres y pico me fui con un colega al aeropuerto. Esta vez el avión era de los más recientes y estaba petado. A mi lado se sentó un tío que tenía hasta músculos en los pelos de las cejas. En el vídeo anterior se puede ver el despegue y aquí hay que fijarse muy bien porque cuando quedan treinta y siete segundos para que acabe se puede ver en la parte inferior de la pantalla un CONCORDE, el avión ese terrorífico que tiene la peor estadística en todo el universo en cuanto a accidentes de aviones, ya que se hicieron un puñado escaso y murió un montón de gente. Esta vez el retraso fue en el despegue por congestión del aeropuerto pero recuperamos el tiempo en el vuelo y aterrizamos de un tirón y sin quince mil vueltas al aeropuerto.

Aterrizando en Schiphol por la tarde

Por una vez y sin que sirva de precedente, en el vídeo anterior aterrizamos en una pista que no es la jodida polderbaan que está a kilómetros del aeropuerto. El problema fue que estaba sentado del lado del sol y hay que echarle mucha ilusión para ver algo pero lo que sí se puede ver claramente y confirma las sospechas que tienen los doscientos que me mandan comentarios qeu modera el sistema de mi blog con información turística es que no hay UN PUTO CAMPO DE TULIPANES EN FLOR a finales de mayo, ya que la ruta de aterrizaje fue por la zona en la que un mes antes era un festival de colores.

Al salir del avión, nuevo control de pasaporte por regresar a Europa y después tuve más suerte que un tonto y pillé el tren al instante y me dio tiempo a regresar a Utrecht e ir al cine antes de volver a casa para al menos no perder por completo dos días de mi vida adquiriendo información sobre movidas que quedan muy bien de cara a la calle y la prensa pero que al final, aquí todos se pasan por el forro del trasero peludo.

La Torre de Londres y regreso a Holanda

El relato comenzó en Primer día paseando por Londres

Nuestro tercer y último día en Londres amaneció sin lluvia, aunque tampoco con un sol fabuloso pero después de dos días lloviendo, el cambio se agradecía. Nuestro avión salía sobre las cinco de la tarde así que podíamos hacer cosillas por la mañana y como la tropa renqueaba, opté por un programa que esperaba que no fuese demasiado cansado. De entrada nos montamos en el DLR para ir hacia Greenwhich, famoso por cierto paralelo y por ser el lugar en el que se decide la hora del universo conocido. Estoy totalmente convencido que España debería tener la hora del Reino Unido y las Canarias deberían estar una hora por detrás. La gente viviría con horarios más normales y no con los aberrantes que hay en la actualidad. El DLR es un sistema de transporte en superficie, como metros, pero con trenes más pequeños y sin conductor. Hay varias líneas y funciona de fábula. La ruta hacia el lugar que marca el punto cero de todos los paralelos es muy bonita porque pasas junto a los muelles de la ciudad y por el espectacular Canary Wharf, que lleva el nombre porque allí, unos años antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la compañía Fred Olsen recibía las frutas de las Islas Canarias. Este puerto fue durante casi ciento cincuenta años uno de los de más actividad del universo y cuando le llegó el declive, se transformó y ahora tiene un montón de rascacielos y es una zona financiera en la que el tren serpentea. El paseo me lo recomendó un colega del trabajo y acertó completamente. Nos bajamos del transporte en la parada de Island Gardens y después de hacer unas fotos del río cruzamos por el Greenwhich Foot Tunnel, un túnel peatonal que pasa por debajo del río y que se construyó hace más de ciento diez años. El túnel está a unos quince metros de profundidad.

Al otro lado nos encontramos con el Cutty Sark, un clipper construido en 1869 y que fue uno de los últimos barcos a vela que se hicieron para el transporte cuando los barcos de vapor ganaron la guerra de la velocidad. El lugar es muy agradable y la estación del DLR con el nombre del barco nos sirvió para regresar y enfilar hacia la zona de la Tower of London, la cual queríamos ver para husmear en las joyas de la reina. Por allí también tenemos el Tower Bridge, el puente más bonito sobre el Támesis.

Tower Bridge

No lo cruzamos, pero desde el lado en el que estábamos hicimos fotos. También aproveché para pillar el edificio ese larguísimo que es el más alto de las islas próximas al continente Europeo, aunque no me queda claro si el Reino Unido pertenece a Europa o no. Es lo mismo que cuando alguien me pregunta en Holanda y yo les digo que soy africano y me corrigen porque al parecer las islas no son parte de ningún continente, con lo que debería existir uno específico para los isleños, por ejemplo ISLAMix, aunque eso suena muy de terroristas-musulmanes de mierda.

City Hall, London Shard y el Támesis

En las fotos anteriores se puede ver que aunque no llovía, tampoco teníamos un cielo de esos como para ponerte a saltar de alegría. Parece que todos los seres humanos que turisteaban en la ciudad tuvieron la misma idea que yo y la cola para comprar las entradas era épica y los empleados como que funcionan con pilas que no deben ser alcalinas. Cuando las conseguí, entramos y fuimos directos a ver los joyotes de la reina. Están bien y son espectaculares pero yo me esperaba una purriada más, como kilos y kilos de pedrolos en bolsas del Guarrefur o así. Tienen más fotos y movidas en las paredes que joyas. O eso, o la reina las ha empeñado. Entramos en otro de los edificios, el que está en el centro y no veas la de escaleras que tuvimos que subir. La tropa se me sublevó con tanto meneo.

Soldados con chimpún en la Tower of London

En uno de los momentos dos julays vestidos de muñecos de plomo hicieron una especie de baile tipo conga y los capturé en el vídeo anterior para la posteridad, otro de esos documentos únicos que solo es posible ver en la mejor bitácora sin premios en castellano. El vídeo está aquí.

Después subí a otro edificio torre pero aparte de una chimenea y un montón de escalones, no había gran cosa. Afuera, mientras tanto, parecía que acababa de terminar la misa del domingo y los militares salían emperifollados de la misma, con las hembras a las que se la empetan hasta los pelos de los güevos vestidas como furcias. Un grupo de soldados salió de la iglesia en plan chimpún y por supuesto, los pillé en vídeo:

Soldados montando espectáculo en la Tower of London

El vídeo anterior está aquí. Cuando acabamos la visita a la Tower of London fuimos hasta la keli para recoger los trolleys y mi mochila y después pillamos el tren al aeropuerto de Gatwick, el cual está un pelín ajado y como muy de los años del Cuéntame como cagó. Nuestro avión tenía un escandaloso retraso de quince minutos pero el piloto y la tripulación empujaron a la gente para salir rápido y no perder el permiso de salida. Todavía había acarajotados pensando en como colocar sus maletas y abrigos cuando ya movían el avión. Llegamos a Holanda en un rato y tardamos casi lo mismo en alcanzar la terminal del aeropuerto gracias a la maldita Polderbaan, la pista esa que está a ocho kilómetros de las terminales del aeropuerto y separada por dos autopistas. Una vez en tierra, nos piramos de vuelta a mi keli y así acabó mi segunda escapada a Londres.