China contra china

Las grandes batallas se pueden suceder en cualquier lugar de este mundo, a cualquier hora y por cualquier razón. Preferimos creer que las guerras ocurren lejos de nuestras casas y lo cierto es que cualquiera que camine sobre la superficie de este planeta es soldado en una o en varias de esas confrontaciones. Párate a pensar y te darás cuenta que hoy, aquí y ahora estás luchando con tu vecino por algo, con tu jefe o con tus amigos por imponer tu opinión o tus ideas. Lo llevamos en nuestra sangre, forma parte del éxito de nuestra especie aunque algunas veces lo llevamos muy lejos ??

?? Son las ocho de la mañana de una mañana cualquiera en la ciudad de Nueva York. Los engranajes que mueven el mundo han comenzado a girar y ya pronto alcanzarán la velocidad crucero y mientras la ciudad se quita las legañas yo avanzo hacia el corazón de Manhattan para otro día de visita turística. Después de salir del apartamento voy a uno de los comercios rusos y me compro algo para desayunar. Me acerco a la parada del metro y cuando llega está vacío porque es una de las primeras paradas. Tomo asiento y me concentro en la gente que va entrando. Cuatro paradas más tarde el vagón está casi al completo, con un solo asiento libre. La gente va leyendo el periódico, escuchando música con sus iPods o hablando por teléfono mientras el metro traquetea por Brooklyn camino de Manhattan. Llegamos a una parada y se abren las puertas. A través de una de las puertas entra una dulce ancianita china, todo arrugas y bondad, renqueando y se dirige hacia el único asiento que queda libre. A través de otra puerta algo más lejana entra otra china, joven y de rasgos duros, con ese hocico de zorra rastrera que se les pone a las chinas cuando llevan ropa de oficinistas. Analiza la situación y avanza hacia el mismo asiento. La viejita continúa su lento camino y ya casi ha alcanzado la meta. Todos las observamos atentamente porque sabemos que allí va a tener lugar la siguiente gran batalla, esa que recordaremos durante mucho tiempo.

La viejita parece ser la ganadora. Va tranquila hacia ese asiento que tanto necesita y al llegar comienza la maniobra para sentarse. Se gira lentamente mirando hacia adelante para lanzar el culo hacia atrás y en ese mismo instante la china joven hace un esfuerzo final y se lanza por detrás de ella robándole el asiento. La anciana está sentándose cuando descubre horrorizada que el asiento está ocupado. Se incorpora lentamente y le lanza una ristra de desgracias en chino a la joven que no se calla y le responde. Ambas se regalan adjetivos de todo tipo y la joven opta por ignorarla totalmente, saca de su bolso unas agujas de tejer ganchillo y se pone a tejer sin prestar atención a la anciana a la que acaba de robar su asiento. Ninguno nos esperábamos este despliegue de crueldad, esa carencia total de escrúpulos. Un señor se levantó y le cedió su asiento a la anciana, la cual se lo agradeció amablemente. Yo mantuve la vista fija en la china forzándola a mantener los ojos bajos. Cada vez que los alzaba encontraba los míos mirándola, fijamente, acusándola por lo que había hecho.

Se bajó antes que yo y aunque ganó aquella batalla, seguro que perderá la guerra, el equilibrio del mundo se basa en reglas sencillas, perro muerde a perro, hoy la haces y mañana la pagas y esas cosas que se dicen.

3 opiniones en “China contra china”

  1. Qué cabrona! Me pone de los nervios la gente así. Se olvidan de un dato importante…que todos llegaremos (o no) a viejos, y cuando la zorra esa lo sea y la artritis le impida moverse con ligereza a ver si tiene la cara dura de increpar a los jóvenes que no ayudan a que su existencia sea un poco más fácil. Y no sé, como gente así puede dormir tranquila. Tú lo has dicho, falta de escrúpulos. Ya le llegará…

  2. Estoy en Schiphol camino una vez mas camino del Reino Iberico. No sean muy malos y comportense civilizadamente.

    Plus, esta noche hemos quedado con el de la foto y con la del gato Ripley.

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