Comienza la ronda de decisiones

Al contrario que esos dos que todos sabemos y que cuando viajan prefieren enviar de antemano dos contenedores con todo lo que para ellos es básico y que quieren y deben tener, yo soy más de ir con lo puesto. En las escapadas a Gran Canaria, la única muda de ropa que llevo es la puesta y ya he dejado allí cosillas para maximizar el espacio de mi mochila y dedicarlo completamente a comida. Cuando voy de fin de semana a algún lado calculo y sopeso el contenido de la mochila concienzudamente y cualquier cosa que haga un viaje en balde, sin uso aparente, entra instantáneamente en la lista negra, la de cosas a evitar.

El año pasado, como quedó documentado en Cruzando China camino de Manila, salí desde Holanda con ocho kilos y medio para vivir algo más de tres semanas en Asia. Este año ya estoy ocupado con los preparativos y aún no se si podré sobrevivir y viajar sin facturar. Entre las decisiones trascendentales que estoy tomando tenemos el dejar las playeras, nombre canario para las zapatillas deportivas e ir solo con las sandalias o cholas Moisés, que valen para todo. Otra decisión es llevar solo un pantalón de esos que se pueden hacer cortos o largos añadiendo o quitando pata. Siempre he llevado dos pero siendo unas vacaciones de sol y playa, puedo perfectamente salir en bañador a cenar y a nadie le parecerá extraño. Al no llevar playeras no hay necesidad de calcetines y todo ese peso que me ahorro lo desvío hacia el shorty que me compré ayer en cierta tienda deportiva con nombre de movida de mandamientos en grupos de diez. Es un traje corto de neopreno que en principio usaré cuando descienda al fondo del agua del mar. Pesa setecientos gramos así que hay que quitar cosas para mantener el equilibrio. Ya no llevo linterna (tengo teléfono), botiquín (siempre hay tiendas para comprar lo básico) y estoy considerando en reducir la cantidad de mudas de camisetas transpirables desde seis a cuatro y los calzoncillos desde seis a dos, que como dice algún amigo mío, tienen dos partes y te los puedes poner una vez del derecho y otra del revés y únicamente los uso en los días en ciudad, que son los que menos abundan en mis vacaciones. Dentro de un par de semanas comenzará un ritual que llevo practicando desde hace años. Pongo todo aquello que me llevaré en una cama y lo dejo ahí, unos días y cada vez que entro a esa habitación, veo algo que se puede desechar o algo que me estoy olvidando. El proceso requiere su tiempo pero para cuando terminas tienes más o menos la cantidad útil de cosas que hay que llevar.

Y paso de página para volver brevemente a aquello que comentaba en Los últimos quinientos metros. El mantra de truscoluña no es nación funciona muy bien pero lo he complementado con otra estrategia. Mi rutina de correr tiene tres hitos que podemos denominar A, B y C. El punto A es el lugar desde el que comienzo a correr. Entre ese sitio y el punto B, que es una encrucijada, hay casi cuatrocientos metros. En el punto B puedo tomar dos rutas distintas para ir hacia el punto C. La tradicional son seiscientos ocho metros y cuando regresaba a casa volvía por otro camino que tiene mil doscientos treinta metros. En el punto C hago un círcuito que me trae de vuelta al mismo lugar y que en total tiene tres mil ochocientos diez metros. Resumiendo, si salgo de A y de ahí voy a B por un camino, hago el circuito de C y regreso a B por el alternativo, la distancia total es de unos seis kilómetros. En mi ruta estática, el regreso entre C y B es por el ramal largo y ahí es donde sufro porque sé que estoy cerca. Ahora alterno y hay días que hago ese camino y otros, como hoy, en el que el tramo final será el de seiscientos metros. Así, la parte subconsciente del cerebro, esa que se emperra en amargarte y obligarte a parar, va despistada y cubro mi cuota sin tanto drama. Por echarle un poquito de chispa y variedad, el circuito que empieza y acaba en C unos días lo hago en una dirección y al siguiente en la otra, con lo que mi cerebro anda despistado y no puede calcular bien los tiempos. Los cuatrocientos metros que hay entre B y A los camino al regresar para comenzar a enfriarme.

12 opiniones en “Comienza la ronda de decisiones”

  1. Como tengas suerte y encuentres una mujer (o un hombre, que ya sabemos todos lo que hay aunque disimules) que te quiera hacer un apaño, la/lo desmayas en cuanto te despegues el calzoncillo como el papel de las magdalenas con el olorcillo a bacalao pasado… tío, si necesitas pasta para calzoncillos, avisa, o compra en la farmacia de los desechables, que son de medio-papel (no son sexis, pero vas limpio y no afecta al peso de tu mochila), y cuando te los sacas, los tiras y punto.
    Guarro, que eres un guarro.

  2. yo creo que lo que se va a quedar como un carton es el bañador, que será lo que tenga puesto prácticamente todos los días, a todas horas. Los calzoncillos, salvo en días de viaje, no me los pongo nunca jamás y así las joyas van más relajadas.

  3. Virtuditas es que es muy fizna porque tiene un aifon. Si supiera que el vaquero que tengo puesto hoy ya lo llevé hace una semana los siete días y que tras dejarlo descansar lo he vuelto a poner en circulación, le dan unas fatigas

  4. Mira que horas de dormir por tu culpa! Las trece razones de las pelotas…. dios que enganche…. la terminé por fin…. hasta mañana…. ?

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *