Cuatro récords

El lunes por la tarde, así como quien no quiere la cosa, en un poblacho llamado De Bilt que está a unos cinco kilómetros de mi keli, los equipos de medición del instituto nacional de meteorología holandeses llegaron por primera vez en la historia de la humanidad a los 18,3 grados, algo que no puede parecer mucho pero por estos lares, es un nuevo récord que rompía uno del último día de febrero del año 1959, hace escasamente sesenta años y además lo hacía con una temperatura un grado completo por encima del anterior récord. En los Países Bajos se fijan los récords en base a lo que sucede en ese poblacho pero en otras partes del pequeño país hubo temperaturas mayores.

El martes, aquel récord que estaba por cumplir su primer día de vigencia cayó, solo un día después, lo reemplazó otro con 18,4 grados. A esas alturas, por la tarde, se podía tomar el sol en un parque con una temperatura super-hiper-mega agradable, eso sí, siempre teniendo presente la hora de la puesta de sol porque tras ese momento, la temperatura exterior cae como si estuviera lastrada con una plomada.

El miércoles, todos cruzábamos los dedos para que el récord aguante y consiga mantenerse durante otros sesenta años pero no fue así, el nuevo, el recién declarado, volvió a caer y lo sustituyó otro con 18,9 grados, el veintisiete de febrero, en invierno, en los Países Bajos. El año pasado en esta época yo patinaba sobre hielo en los mismos sitios en los que hoy los tulipanes prácticamente han florecido. En muchísimos lugares del país incluido mi jardín los termómetros superaron los veinte grados y eso provocó el cuarto récord, el más terrorífico porque nos deja bien claros que el clima está cambiando a pasos agigantados.

El número de días entre distintos años en los que la temperatura fue de veinte grados ha bajado desde el récord del año 2014, cuando hubo ciento treinta y cuatro días que podemos considerar de otoño e invierno y ahora, en el 2019, ese periodo ha quedado en ciento trece días. Tenemos dos estaciones que deberían cubrir medio año apretadas en algo más de tres meses y medio. Bajamos de los veinte grados el seis de noviembre del año pasado y ya hemos vuelto a esa temperatura. Más claro no se puede tener. Si nadie hace nada por evitarlo, el invierno desaparecerá como estación en una gran parte del universo y tendremos un verano largo y una primavera/otoño que serán la misma estación pero llamándola otoño en el año que acaba y primavera en el que comienza.

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