De Coron al infierno de Manila

El relato comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones

Finalmente llegó el día en el que comenzaba el Gran Retorno, una vuelta con varios pasos. Por desgracia, ni el Nido ni Coron son aeropuertos internacionales con lo que hay que volver a Manila o Cebu para poder regresar a casa. Temiéndome el retraso habitual de los vuelos nacionales en Manila, elegí El Segundo del día, a las diez menos diez de la mañana. Me levanté temprano y a la hora en la que comenzaban los desayunos en la pensión, yo ya estaba allí, ya que quería evitar a los dos viejos que llegan y piden el desayuno de toda su familia, que son como diez y después las chicas se pegan veinte minutos preparándolo. Esta vez se jodieron porque cuando aparecieron yo ya estaba esperando el mío y además me senté en su mesa favorita y hasta consideré el mearla alrededor para marcar el territorio. Entre las siete y las siete y media de la mañana supuestamente me recogían para llevarme al aeropuerto. Tras desayunar, lavado de dientes y rápidamente terminé de empaquetar. A las siete y un minuto estaba la furgoneta en la puerta. De mi pensión iban dos más y en el vehículo había dos filipinas. Pensé que haríamos el tour del pueblo recogiendo gente pero no, el tío salió por patas. Probablemente batió varios records de velocidad y puso nuestras vidas en peligro más de una vez, pero parecía tener una misión y estar dispuesto a completarla. En un tramo cerca del aeropuerto en el que la carretera es una línea recta, un pájaro de esos pescador está en la misma. El colega ni redujo la velocidad ni se pasó al otro carril. Mató al bicho sin escrúpulo alguno. 

Al llegar al aeropuerto había aterrizado el primer avión del día y la razón de su prisa es que tenía que recoger a unos japoneses, un grupo de doce que han venido a bucear en el Fun & Sun y que debían llegar ese día. Curioso como los caminos de la gente se cruzan. Fuimos los primeros en el aeropuerto. El control de seguridad es de pura risa y de hecho, se me olvidó quitarme los auriculares bluetooth y sacarme algunas cosas de los bolsillos y los arcos no pitaron. Con mi tarjeta de embarque en la mano, entré en la sala y me senté. Faltaban dos horas para el vuelo. Pronto, el GooglEvil anunciaba veinte minutos de retraso, después treinta y más tarde una hora y diez. Por la megafonía también lo dijeron, que por congestión del aeropuerto de Manila, el avión vendría con retraso. De hecho, el avión llegó al mismo tiempo que el tercero del día. Iban a comenzar el embarque con nosotros pero cambiaron de idea y decidieron que primero el otro. Se montó una pelotera allí, la acarajotada que recogía las tarjetas de embarque no se enteraba y mezcló pasajeros de los aviones, después un grupo de gente se le fue por la pista para hacerse fotos, todos corriendo a pararlos, el resto que tiró para el avión sin tener permiso, en fin, que ni los hermanos Marx podrían haber organizado un embarque más caótico. Finalmente, con los dos aviones llenos, decidieron qeu el nuestro iría primero. Despegamos y tardamos una hora y diez minutos en llegar a Manila. Era un ATR-72. Dos minutos por detrás de nosotros venía el otro. Al salir del avión, poco menos que le tienen que dar hostias a la gente para evitar que se vayan por el aeropuerto a hacerse fotos. Recogí mi maleta, busqué el mostrador de Grab y pedí un coche con mi App para llevarme al hotel. Precio del viaje, tres leuros. Si lo puedo evitar, jamás volveré a coger un taxi en Manila, los taxistas son todos unos ladrones y los taxímetros los tienen trucados. No había mucho tráfico y el viaje fue relativamente rápido.

Mi hotel era el Red Planet Ermita. Tiene el mismo aspecto que todos los de la cadena y eso ome gusta. Nunca había estado en esta parte de la ciudad y es una mierda. Es la zona de los hoteles, la zona de las putas, la zona de los nichos que son adictos a esnifar pegamento y que pueden cometer crímenes impunemente, es la zona de los mendigos y es la zona DE LA MIERDA. El hedor de las cloacas es insoportabaes, cuando no ves una directamente rebosándose en la calle. A unos ochocientos metros del hotel está el Robinsons, un centro comercial con cine. Fui para allá y tras esquivar a pordioseros y niños tratando de robarte en los bolsillos entré. Vi una película, cené allí y por suerte, comenzó a llover cuando salí y eso parece que distrajo a la chusma y la gentuza. 

Lo repito y lo tripito. Manila es una mierda de ciudad. Si no fuera por el riesgo de retrasos y cancelaciones, jamás pasaría por ella. 

La foto y el vídeo con lo que sucedió este día lo podéis ver en Yendo a Manila desde Coron y el relato continúa en La Bahía de Manila de día y de noche

2 opiniones en “De Coron al infierno de Manila”

  1. Jo, ya hasta los nichos esnifan… 🙂
    Por lo que cuentas, a mi tampoco me gustaría Manila ¿A quien le podría gustar?… 🙁
    Salud

  2. No sé para que consideraste mear alrededor de la mesa para marcar el territorio, tal y como llevas los calzoncillos, debes marcar territorio en un margen amplio sin necesidad de mear…

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