De gira por la isla de Siargao

El relato comenzó en Cruzando China camino de Manila

Mi tercer día (segundo con actividades en Siargao) arrancó como cualquier otro, despertándome a las seis de la mañana, aunque hay que decir que a las once de la noche estoy ya durmiendo porque te terminas acostumbrando a los horarios filipinos. Después de desayunar y hacer alguna foto junto al mar con marea llena, pregunté en la recepción y como no había ninguna excursión planeada, alquilé una motocicleta. Cuando estaba en la tarea apareció una filipina de esas que se han ido al extranjero y casado y ahora regresan para fardar y acordamos que mañana (en la línea temporal del relato) haremos juntos una excursión visitando tres islas. Ellos son cinco, yo uno y como el barco tiene capacidad para ocho, la filipina me dijo que ella se encarga de camelarse a dos más. También le recordé a la de la recepción que me cuente en cualquier excursión que se planee para el viernes. 

Cuando salí, me dirigí hacia Cloud 9, la merca de los surferos por su ola casi perpétua. Está a unos tres kilómetros de General Luna que es el lugar en el que yo me quedo. En ese sitio, hay una pasarela que se adentra en el mar con una construcción de madera al final desde la que se puede ver perfectamente las olas y a los surferos intentando cabalgarlas. La pasarela en los Países Bajos la habrían cerrado por insegura hace una década pero aquí, da igual que le canten travesaños, que haya tramos con madera podrida y que los más estúpidos caminen descalzos sobre clavos oxidados. Así de gloriosos son los surfistas, parece que tienes que demostrar una ausencia enorme de actividad cerebral para entrar en el mundillo. Fui e hice fotos pero lo del surf me aburre tanto o más que el golf y la chulería de los que pasaban por allí me hacía partirme de risa, ya que la mayoría están en el saco de los muertos de hambre. Tampoco creo que hubiese nadie particularmente bueno ese día y debo reconocer que la chusma y la gentuza que lo practica en la playa del Hombre y en la de la Garita se ven mucho más capaces que los de por allí. Flipé con las mini-tablas para los retacos filipinos, parecían de juguetes pero claro, si no llegas al metro y medio, tampoco te pueden poner una tabla más grande que tu. Desde allí deshice el camino andado y en lugar de coger la carretera general, me fui por una secundaria por la costa. A las afueras de General Luna, como a un kilómetro de distancia, aparece una playa espectacular y totalmente vacía. Es una zona no urbanizada y nadie va por allí, salvo un servidor. Después seguí la carretera, me equivoqué en un cruce, como siempre y para cuando me quise dar cuenta, llegué a un punto en el que la carretera parecía estar en obras y cortada. Estaba por dar la vuelta cuando una pareja filipina llegan y pasan por allí como buenamente pueden. Los sigo y les pregunto confirmando que aquella ruta me llevaría hacia Dapa, la capital de la isla. En el siguiente cruce me señalaron la opción correcta y lento pero seguro avancé hacia el lugar. Esta vez me tocó una motocicleta ancestral, sin espejos (parecía que se los habían arrancado), sin indicación de velocidad y sin el ganchillo del que siempre aseguro mi bolsa, lo cual me obligó a cambiar mi configuración y coger mi micro-mochila, poniendo en ella la cámara acuática, la toballa y las gafas y el tubo y usando la bolsa de la cámara en bandolera. Tras una hora llegué a Dapa, poblacho como del lejano oeste pero con puerto. Me fi una vuelta por la ciudad, vi la Panadería, el mercado, centrado fundamentalmente en pesado y cerdo y la llegada de un barco desde Surigao con el frenesí habitual. 

Cuando por fin encontré la salida al poblacho enfilé hacia Pilar, a unos veintidós kilómetros, solo que en una carretera como las de estas pequeñas islas Filipinas, te toma una hora, ya que niños, perros, vacas, cerdos y adultos prefieren la carretera a los caminos a los lados, la gente usa parte de un carril para secar arroz o que los niños jueguen, los gallos y gallinas corren como locos y los tramos en los que puedes acelerar son muy limitados y cuando crees que lo vas a hacer, aparece un cartel avisando que en la zona hay accidentes y te acojonas. Al menos este tramo solo tuvo un pequeño pedazo en obras y el paseo es fascinante. Al llegar a Pilar y no ver la entrada para el sitio al que iba, decidí no dármelas de enterado y regresé al pueblo a preguntar. Ví a un julay en la calle y le pregunté por la dirección de la playa de Magpupungko y me dijo que saliera del pueblo y la encontraría. En eso que pasaron varias motos y supuse que iban en la misma dirección y acerté, así que me limité a seguirlos. Al llegar, lo tienen todo muy organizado, con unos chamizos para poner las motos debajo y que no se te derrita el sillín. Te cobran veinte pesos o unos cuarenta y pico céntimos de leuro. La entrada a la playa está controlada por un funcionario del ayuntamiento y también hay que pagar cincuenta pesos o algo menos de un leuro. En la puerta te recuerdan que está totalmente prohibido bañarse en marea llena pero eso ya lo sabía y por eso llegué antes de que acabara de bajar la marea. En este lugar, cuando se despliegua la bajamar, aparecen unas piscinas naturales de roca ideales para bañarse. Además hay una roca gigantesca que parece estar colocada sobre otra y que todo el mundo quiere fotografiar y por descontado, también hay una playa, pero como da a las rocas en las que están las piscinas, es poco menos que inútil. Saqué la cámara y empiecé a hacer fotos como loco. El lugar es increíblemente fotogénico. Estaba lleno de filipinos, ya que la isla es muy popular para las vacaciones de los filipinos que viven en el norte de Mindanao y los extranjeros debíamos ser menos de diez.  Me acerqué a la roca y le hice un montón de fotos y una vez la pasé, la vista era aún más bonita, también habían piscinas y por allí no había prácticamente nadie, solo una pareja de extranjeros. Encontré un sitio tras la piscina para dejar mi mochila y mi cámara, ya que al parecer los chiquillos locales no son trigo limpio y como la ley filipina prohíbe condenar a menores, en teoría tienen carta blanca para hacer lo que les salga de los mondongos. Me metí en la piscina y estuve allí como una hora y media. El agua es CRIS-TA-LINA, hay pece tíos que nadan a tu alrededor y es un lugar muy bucólico. Cuando me cansé, regresé a la playa, busqué la motocicleta y seguí en dirección a San Isidro.  Según la chica de la recepción del complejo, es una hora de ruta aunque solo eran ocho kilómetros. Me pregunto si ella lo hizo antes de que construyeran la carretera porque yo recorrí el tramo en veinte minutos. Una vez en el pueblo, alguien me indicó el desvío que tenía que tomar para ir a Pacífico, lugar en el medio de la nada con una playa muy bonita. Lo encontré, hice fotos, me bañé y después comencé el retorno. Podría  haber hecho una ruta circular yendo por otra carretera y pasando por el aeropuerto pero esa zona la vi el día anterior desde la furgoneta así que volví por la misma carretera por la que fui y aún así, el regreso me tomo una hora y pico y  un litro adicional de gasolina, que compras a gente que la vende por el camino y que la tiene en botellas de Coca-Loca de un litro. Al llegar a la zona turística paré a comprarme un helado y después de regresar, salí pitando para la piscina y la playa y maté las dos últimas horas de sol allí, escuchando un audiolibro. Lo de la motocicleta cansa un montón, no sé si será la concentración para evitar darme una hostia pero siempre que alquilo una motilla, acabo agotado. Se me ha olvidado comentar que en un punto de la carretera pasé junto a una serpiente enorme muerta por atropello. Pensé que debería trincarla y llevarla que seguro que Virtuditas le hace una bufanda o algo parecido precioso a Genín pero cuando regresé alguien la había pillado, seguramente para echarla en la olla y decirle a la basca que aquello tan rico era pollo. 

Mañana, nueva jornada con barco.

El relato continúa en Saltando entre islas cerca de Siargao

4 opiniones en “De gira por la isla de Siargao”

  1. Me han encantado todas las fotos que he ido recibiento estos días y supongo que para ti han sido unas vacaciones estupendas.
    Yo flipo con todo lo que te da tiempo a hacer.

  2. Genín, el texto fue escrito antes de averiguar que te echaste novia y por eso le asigné la tarea a Virtuditas.

    Montse, ya sabes lo que dicen, a quien madruga, algún Dios le da más tiempo. Contando que a las cinco y media todo el mundo está de pie y que a las seis es imposible seguir en la cama, los días se te hacen largos y productivos. Podría haber hecho más si hubiera optimizado mejor los días de desplazamientos pero como cambio mis planes de un día para otro, resultaba bastante difícil. Por ejemplo, desde Legazpi hay un vuelo directo a Cebu, con lo que no habría tenido que volar a Manila para después de allí ir a Cebu. El problema es que es un turbohélice, solo hay tres vuelos a la semana para setenta pasajeros y para cuando yo compré mi billete, cuarenta y ocho horas antes de la partida, el avión directo no tenía plazas disponibles y me pegué el palizón con 3 vuelos …

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