De la nieve a la primavera

Aunque no iba a trabajar, me levanté a la hora habitual y después de ducharme y todas las operaciones asociadas, bajé a desayunar. En ese momento arrastraba por el planeta sesenta y cuatro kilos con doscientos gramos, dentro del rango habitual en el que me muevo, con picos que suben hasta los sesenta y cinco kilos y pico y llanos que raramente cruzan por debajo de los sesenta y cuatro. Estos días, se nota que estamos en pleno cambio de estación y afuera la luz anunciaba el día pese a ser las seis y media de la mañana. Estuve a punto de hacerme un chocolate con churros pero después me acordé que había congelado unos panqueques americanos y los metí en el microondas y en un par de minutos tenía un desayuno espectacular. Después cogí la mochila tuneada, mi iPad y fui añadiendo cosas a la misma siguiendo mi legendaria lista de viajes. Hace unos días una compañera descubrió Wunderlist gracias a mí y la mujer lo está flipando, haciendo listas sin parar y compartiéndolas con su marido. Dice que es lo mejor que le han recomendado en décadas. Supongo que ella tampoco sabe que Siri es un puntal para anotar recordatorios y avisarte en los momentos solicitados y yo soy de los que siempre tengo varios activos, como esos dos recurrentes para tomarme mi pastilla de Betacaroteno por la mañana y por la tarde, ese otro para que no se me olvide enviar la declaración de la renta a tiempo o aquellos que se disparan cuando ando cerca del supermercado para que no se eme olvide hacer la compra. Seguí escrupulosamente mi lista de viajes y al acabar con la misma, tenía mi mochila preparada. Metí la ropa en la lavadora para que la mucama solo tenga que activar el programa y como el día se presentaba seco opté por ponerme mis zapatos Geox, esos que respiran y que tienen una tecnología patentada y maravillosa que según dicen evita que entre el agua. A las nueve y algo de la mañana es prácticamente imposible conseguir un sitio para aparcar la bicicleta en el aparcamiento gratuito vigilado así que opté por ir en guagua a la estación. Allí me compré mi billette, un capuchino y me subí en el tren que me llevaría hacia Eindhoven. Al momento saqué mi Ipad, lo conecté a la red Wifi gratuita que hay en casi todos los trenes Intercity holandeses y me puse a leer cosillas en el Netvibes, ese servicio que llevo usando desde que decidí que GooglEVIL sabía demasiado de mi y al que ahora llegan hordas de nuevos usuarios ya que GooglEVIL los está arrastrando aún más dentro de su red y ha decidido acabar con el venerable Reader. Cuando el tren pasó por Geldermarsen empezó a nevar, algo que me mosqueó un poco. Cuando llegó a Den Bosch nevaba a destajo y para cuando entramos en Eindhoven, la nevada era épica. Salí de la estación para subirme al autobús 401 e ir al aeropuerto y mis Geox inhalaron un montón de agua dentro de los mismos. Puta mierda de tecnología, ojalá que les invaliden la patente porque es puro cuento. Ya se lo dije al Rubio cuando los compramos, que estos zapatos tenían pinta de timo o solo para ser usados en sitios que no reciben más de dos gotas de agua al año.

Llegué al aeropuerto y por culpa de las obras hay que caminar un poco más de lo habitual. Seguía nevando, la acera y la carretera estaban llenas de aguanieve y mis Geox birriosos y deleznables absorbieron agua y hielo a destajo. Pasé el control de seguridad y por supuesto que me los tuve que quitar ya que además tienen una barra de hierro en su interior que pita en los arcos de los aeropuertos. Después busqué un rincón tranquilo en la terminal y me puse a navegar por Internet con la hora gratuita de wifi que te dan en ese aeropuerto, algo que también sucede en el aeropuerto de Schiphol y en todos los grandes aeropuertos del mundo en los que he estado. Que nadie se preocupe que no hay un solo aeropuerto español en el que den wifi gratis. Eso se reserva para los grandes y los que valoran y estiman a los pasajeros que pasan por sus edificios. En España se prefiere contratar un gran arquitecto, hacer una mierda de edificio que inmediatamente comenzará a tener problemas estructurales y joder a los pasajeros de todas las formas y maneras posibles, ya sean con huelgas de los empleados de los establecimientos del recinto, de las limpiadoras, controladores, azafatas, pilotos, personal de tierra, de seguridad y cualquier otro que se te ocurra.

Un avión que salía para Málaga estaba en la pista y lo rociaban con anticongelante. La operación es espectacular y la observé con mucha atención. La visibilidad era mínima porque no dejaba de nevar y lo que caía se convertía inmediatamente en aguanieve. Cuando llegó nuestro avión y anunciaron el embarque, yo ya me temía lo peor y daba por supuesto que llegaría al cacharro con más agua dentro de los zapatos gracias al sistema patentado de la mierda de zapatos Geox que tuve la mala suerte de elegir y que acabarán en la basura tan pronto como regrese. Había una cantidad significativamente grande de gente con prioridad en el embarque, casi todos ancianos que seguramente ven en esto su única oportunidad de agarrar en el avión una buena fila. En eso que se oye un ruido, todos nos giramos y vemos a una chama con una melena espectacular rubia larguísima acercarse. Un empleado de Ryanair venía junto a cada pasajero, te medía las dimensiones del equipaje usando la caja esa de cartón y comprobaba que la tarjeta de embarque fuera para la persona que aparecía en el pasaporte o carné de identidad. El hombre realmente te miraba y buscaba similitudes entre el documento y uno. Esto lo he visto hacer en muy pocas ocasiones. Seguramente el chaval es nuevo y aún se cree lo que le contaron en el periodo de formación. Cuando llegó a la chama de la melena espectacular, ciento sesenta personas lo observábamos. Ella portaba una microfalda bajo la que llevaba unas piernas gigantescas cubiertas con un panty blanco de algún material parecido al tergal, unas botas de vaquera, un nano-top sobre una camiseta y un arsenal de collares, abalorios y pulseras que probablemente reventaron las máquinas del control de seguridad. Todo eso estaba bien pero lo realmente prominente estaba en su cara. La nuez de Adán era del tamaño de un durazno y el careto marcaba al hombre que pugnaba por recuperar su cuerpo. No hay demasiadas opciones: o era un travelo del copón o un travestido en activo o un transexual al que las hormonas ya no le hacen efecto. Lo que sí que no era, ni en éste ni en ningún otro universo paralelo es una mujer. El empleado comprueba que su trolley rosado tenía las medidas adecuadas, toma la tarjeta de embarque y el pasaporte, mira a la chama camuflada, mira de nuevo el pasaporte, vuelve a mirar aquella rubia más falsa que los bolsos de marca que te venden en los chinos de Nueva York, vuelve a mirar el pasaporte, mira a la cara y todos podemos ver que el pobre no sabe que hacer ni como decirle que ni de coña coincide lo que tiene en sus manos con lo que hay frente a él. La rubia abre la boca y de la misma sale un vozarrón masculino im-presionante con el que dice: Que pasa, que sí que soy Josechu. Todos giramos la cabeza ciento ochenta grados para reírnos sin que nos vieran. Un momentazo épico.

Cuando entré en el avión, después de absorber medio litro de aguanieve gracias a la respiración mágica de mis zapatos Geox, veo a la falsa rubia sentada más o menos en el medio y con un vacío de gente a su alrededor, ya que todos somos muy tolerantes y tal y tal pero a la hora de la verdad, cuanto más lejos mejor que igual es contagioso. Yo elegí el asiento en la fila que no tiene ventana para así poder dormir mejor y porque la ruta que hace el avión me la tengo muy vista. A mi lado se sentaron dos sub-intelectuales que iban de vacaciones a Gran Canaria, dos amigas que si juntaban la masa cerebral que portaban ambas no llegaban a tener ni para el cerebro de un retardado. Delante de nosotros se sentaron un Emo que no hablaba y otro joven que hablaba demasiado. Yo me hice el autista pero no pude dejar de escuchar la conversación. El parlanchín tenía dieciocho años, no tenía estudios e iba con billete de ida a Gran Canaria para buscar trabajo en el negocio de la hostelería. Ese tonto no debe saber la que está cayendo en España. Su bautismo en las aguas de la estupidez llegó cuando el capitán comentó algunos detalles del vuelo en inglés, siendo británico de nacimiento y de acento y el chamo no le entendió una mierda. No hablaba español, no entendía bien el inglés y pretende vivir en otro país en la zona turística. Nos dio un detalle muy significativo cuando dijo que se iba a quedar en la zona del Yumbo. Cualquiera que viva o haya vivido en Gran Canaria sabe que ese es el mayor centro comercial Julandrista del universo conocido y que incluso sus alrededores son peligrosos y se recomienda andar con el culo sellado y pegado a la pared para que no te lo perforen. Ahora ya sabíamos de qué pata cogeaba el colega o al menos lo sabía yo, ya que las chicas le seguían tirando los tejos sin darse cuenta que a él también le gustan los bastos y las espadas en la baraja y no las copas y los oros. Yo me desactivé y me desperté cuando ya habíamos despegado, perdiéndome el despegue entre la nieve y demás. A esas alturas el emo ya hablaba e inmediatamente supe por qué callaba anteriormente. Era belga, flamenco y tenía el acentazo holandés ese que tiene esa gente y que en Holanda todo el mundo asocia con los retardados. Siempre que un belga habla en la tele le ponen subtítulos para que la gente los lea, algo que me fascina porque se les comprende perfectamente lo que dicen, pero estoy convencido que lo hacen por joder. Maté parte del vuelo viendo un par de episodio del Barco, serie que tengo atascada en mi Ipad y que quiero liquidar de una vez. La temporada final se me está haciendo muy cuesta arriba, sobre todo porque los episodios son eternos y la música que les ponen para remarcar las escenas de acción, las románticas, las de tedio, cachondeo y todas las demás, me saca de quicio. Hay un exceso brutal de música que mata los diálogos y la historia. Tardamos media hora más de lo previsto en llegar a Gran Canaria por culpa del viento en contra y al parecer el piloto lo tuvo en cuenta y no tuvimos que aterrizar en ningún lado, algo que habría sido notición de portada en cualquier medio de comunicación español porque se la tienen jurada a Ryanair. Al aterrizar en la isla, salí directo a la parada de taxis y tomé uno para ir a la casa de mis padres, lugar en el que pasaré una semanilla.

Salí de Holanda con nieve en el primer día de primavera y llegué a Gran Canaria con el clima apropiado para esta estación. Eso sí, de los zapatos mejor no hablar que me enveneno.

10 opiniones en “De la nieve a la primavera”

  1. Mira que paso horas en el aeropuerto durante todo el año, pero a mí estas cosas de julandrones travestidos con nueces como balones de baloncesto o de portadores de cibercipotes que revientan las alarmas de los controles de seguridad no me pasan nunca. Es tu karma, macho. O yo, que no presto nunca atención a mi alrededor.

  2. Pues no sólo te pasó a ti. A mi también, pensé que se habtía colado alguna piedecita y roto la membrana esa que deja pasar el sudor pero no el agua. De puro ceporro, me compré otro par más adelante y lo mismo. Una pena porque son muy cómodos, pero que cuelen agua es pa matarlos. Al final me los llevé al zapatero, por diez euros le pusieron unas suelas sin los putos agujeritos y desde entonces cero problemas.

  3. Tío, los julandrones te persiguen, eso quiere decir algo, ten cuidado que ya sabes lo que dicen, ” el que prueba no vuelve” ;-).

    En cuanto a los zapatos, a mi los geox siempre me han parecido una mierda cara, un zapato que se precie debe tener la forma del empeine, los que no lo tienen son basura.

  4. Anteriormente tenía unas Timberland que usé hasta agujerear la suela y creo que voy a volver a esa marca o a alguna marca alemana. Los de Geox por mí como si se asfixian.

  5. Uno+cero y Luis, es lo que tiene volar a un destino turístico muy conocido en el universo del Entendimiento desde Europa. Solo me pasa en los vuelos a Gran Canaria y parece que desde Eindhoven, aeropuerto del que empiezo a sospechar que es un templo del julandrismo.

  6. Por cierto, ahora que mencionas la desaparición del Reader, cuando me enteré me dio un yuyo, ¿Que voy a hacer yo sin el Reader cuando lo retiren el 1 de Julio?
    Buscar un sustituto, claro.
    He probado en tu blog la suscripción para ver como funciona, pero es un coñazo recibir todos esos mails, y eso que solo lo hice con el tuyo, ya lo he quitado, imagínate todo ese cojonal de mails diarios inundando la bandeja de entrada. Además no se tiene perspectiva de los que han publicado como en la lista del Reader y así saber mas o menos el tiempo que necesitas para responder.
    Hay unos rusos que han sacado algo así como “The Old Reader” y parece ser que lo han fusilado, pero están empezando, y de los rusos no me fio mucho, apenas son tres personas, pero como es el mismo formato y no me apetece nada hacer un curso para aprender como funciona otro muy diferente, a lo mejor lo pruebo.
    ¿Alguna sugerencia?
    Gracias.
    Salud

  7. Joder, es que yo no soy adivino, ni puta idea para que sirve, y no dices ni pio que sustituye el Reader…jajaja
    ¿Ese solo?
    Salud

  8. ¡Qué bien me ha venido esta entrada!…Estaba, estos días pasados, mirando unos zapatos de esa marca (para comprársela a mi marido); y ahora que acabo de leer esto, ni de coña me acerco a ellos.
    Se te agradece la información.

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