De meados, cafés y crisis

No sé por qué hoy estaba pensando en hospitales, sangre y esas cosas. Imagino que es el cierre del trimestre y del año, ya que mi empresa no sigue el calendario normal y acaba el año el treinta y uno de marzo y comenzamos ele nuevo año el uno de abril. Así, esta semana ha sido épica, con dos días poco menos que perdidos porque dábamos por sentado que nos echaban y tres días frenéticos para salvar el mes, el trimestre y el año y trabajar como bellacos, eso sí, dentro de las siete horas diarias que uno ya no tiene edad para hacer horas extras por-la-cara y aunque la tuviera, tampoco las haría que para eso dejé el país de los abusos en el año 2000.

Mientras mi jefa macera el grano del tamaño de una bola de ping pong que tiene en la cara y que es como el Teide de grande pero emponzoñado, yo hacía el informe que ella enviará el domingo atribuyéndose la autoría y que solo me tomó cinco horas continuas de trabajo. De ese mismo informe salió la hoja de ruta para los próximos tres meses que yo elaboro y que todo el mundo niega leer pero que todos quieren recibir. En paralelo y superándome a mí mismo, activé los mecanismos para aprobar otro anuncio que debía salir hoy, lo pasé por todo el engranaje de la compañía en la friolera de cuarenta y cinco minutos pese a que según los más intelectuales se tarda dos días y lo envié antes de que alguien cambie de opinión.

En algún momento del día tuvimos una crisis con un país de Oriente Medio y en lo que la máquina del café preparaba un par de los susodichos la resolvimos y pasamos la pelota al otro lado. Estábamos allí, comentando la jugada y dándonos palmadas unos a otros, aunque la expresión correcta sería chupándonos las pollas ya que esa es la traducción adecuado para el doramiento de píldora y en eso llega un vicepresidente y nos saluda. Los otros se quedan callados y el tío me mira y me dice que ha oído que decían que se cuenta y se rumorea que me voy de vacaciones y yo pongo los ojos más grandes que los del gato con botas y le digo que es a fin de mes. El hombre asiente y me dice que exactamente a esas se refiere y que seguro que me lo pasaré genial en Asia. Yo le digo que igual me voy de vacaciones antes si en la gala de las nominaciones y gracias a las llamadas del público me echan a la puta calle como yo siempre he querido y deseado, que desde que iba a la iglesia de San Pedro para prepararme para la Primera y última Comunión y don Manuel me tocaba con aquella mano de santo que tenía y con la que arreaba en la misma casa del Señor unas hostias legendarias, yo desde esa época sabía que de mayor quería que me echaran de una multinacional. El vicepresidente me mira y entonces es él quien pone unos ojos como discos eLePé y me dice que deje de esnifar sal marina porque a mí no me ponen en la puta lista, que tengo el comodín de los jefes y ese cuenta mucho más que el voto del público, por más que este sea unánime ya que no hay una sola persona en la sede holandesa de nuestra compañía que no me tenga en su quiniela, incluida mi jefa, que me mira como si estuviera en el corredor de la muerte y no me salva ni un giro de guión espectacular escrito por Stephen King. En eso que aparece el grano enorme de mi jefa por la esquina y detrás llegaba ella y cambiamos de conversación.

Volviendo a lo de los hospitales, de alguna manera obscura y sucia esto me recordó algo que noté cuando estuve en Gran Canaria. Uno de los días acompañé a mi padre a hacerse un análisis y no me fijé que cuando salimos de la casa llevaba una bolsa. Cuando llegamos allí aparcamos, fuimos a la sala de espera y aquello estaba petadísimo. Nos sentamos a esperar y a mi alrededor todo el mundo tenía garrafas de meados, o botellas de litro y medio o un par de botellas. Era una cosa increíble. Aluciné en colores. En la época en la que yo me hice análisis de orina, te daban un botito pequeñito que llenabas un poco y tan a gustito pero ahora parece que extraen oro o algo parecido de los meados de la gente porque te piden que lleves dos litros por lo menos. Yo miraba a toda aquella gente con aprensión mientras movían botellas y garrafas llenas de un líquido amarillo. En un momento determinado los comenzaron a llamar y cuando les tocaba el turno, cada uno entregaba su preciado cargamento como si de agua bendita traída de las mismas fuentes en las que bebió el hijo de la Virgen casada con un hombre más bien de la acera de enfrente y las enfermeras las etiquetaban y las guardaban. Si calculamos que aquel día había unas doscientas personas y si todos traen un litro y medio, eso son trescientos litros de meado al día que llegan al hospital.

En fin, que el cerebro humano es una máquina muy misteriosa pero no tanto los médicos del siglo veintiuno y su afán por recopilar meados

10 respuesta a “De meados, cafés y crisis”

  1. ¿Será que han descubierto una fórmula para hacer aguardiente de meado?
    Lo siento, esperaba que tuvieras suerte y que te echaran cumpliendo así tu anhelado deseo…
    Salud

  2. Según creo yo, normalmente lo que tienes que llevar es una muestra pequeñita, salvo que te quieran hacer una prueba de como está el riñón en cuyo caso te piden la orina de 24 horas.

    Pero que tanta gente tenga que llevar la orina de 24 horas me parece raro.

  3. Exactamente eso, sólo tienes que llevar ese bote tan grande para hacer un análisis especial en el que se necesita el recuento de la orina de 24 horas, y cuando la enfermera anota la cantidad de orina que hay en el bote, tira la orina y ya está, no hay más ciencia. Para un análisis normal, sigue habiendo ese botecillo pequeño en el que te las ves y te las deseas para echar el meado y te llenas todas las manos y es un asco. Por cierto, bienvenido Genin, te he echado de menos.

  4. Darliz, creo que no solo miden la cantidad y la tiran, bueno puede que a veces si, pero otras creo que la usan toda para hacer análisis de proteinas y montón de cosas más que dicen el estado de tu riñón.

  5. Que tal tu viaje Genín?
    Doy fe de que se siguen usando los frascos enanos en los que para una mujer es casi imposible acertar, y para un hombre es casi imposible que no rebote. Incluso ahora se usan unos micro-tubos muy parecidos a los de la analítica de sangre, y esos si que aseguran el meado por las manos, excepto en el caso del riñón, para ese estudio se necesitan, efectivamente, 24 h. de embalse.
    Respecto a lo de la empresa, yo hubiese apostado por eso antes incluso de que lo dijera el vicepresi…. de tontos no tienen ni un pelo, no me creo que te dejen escapar…. aunque yo de meiga tengo poco.
    PD.- 2 litros en 24h.?? que beben en Gran Canaria, macho????

  6. Virtuditas, muy bien gracias, estuve una semanita ejerciendo de padre y abuelo, y aunque se nota la falta de costumbre, salí con bastantes buenas notas…jajaja
    Son tantos años viviendo a mi aire, solo…
    Salud

  7. Hace poquito me tocó análisis a mi y fue en el bote de toda la vida, por eso alucinaba en colores al leer lo de los botes de dos litros, que además no serán estériles y sabe dios qué habrán contenido o qué gérmenes llevarán dentro…

Comentarios cerrados.