De Utrecht a Bangkok pasando por Hilversum y Amsterdam

Todo gran viaje ha de comenzar de alguna manera y este lo hizo a las seis y veinte de la mañana, levantándome temprano después de irme a la cama bastante tarde el día anterior para acumular cansancio a propósito. Al salir de mi casa en dirección a Hilversum para ir a trabajar, en mi casa quedaban las dos mochilas preparadas desde la noche anterior, sin mucho mas que lo que puse desde el lunes anterior en las mismas. En el último día rocié las mochilas y las botas con un producto que crea una capa protectora contra el agua.

La jornada de trabajo en Hilversum estuvo algo liada. Siempre surgen cosillas a ultima hora que hay que arreglar y como me imaginaba que algo así podía suceder, me presenté en el trabajo con 10 magdalenas y alimenté los estómagos adecuados para que estén en deuda conmigo y me ayuden. A la mucama y a mi vecino les dejé 6 a cada uno y reservé 2 para llevar conmigo al aeropuerto.

Me piré del trabajo a las tres y media, llegué a mi casa, me duché, me vestí y volví a comprobar el peso de mi mochila, unos asombrosos 8,7 kilos que te permiten llevarla sin problemas. Dejé casi todo desconectado en mi casa y me marché alrededor de las cinco. Primero tomé una guagua a la estación central de Utrecht y desde allí el Intercity que me llevó hasta el aeropuerto. En el tren proliferaban los julandrones con unas pérdidas de aceite astronómicas y puretonas arrugadisimas y que iban vestidas de blanco y dorado. Todos eran presa de la excitación ya que iban al concierto de los Toppers en el ArenA, una especie de Década Prodigiosa hecha con cantantes famosos holandeses y que cantan canciones famosas mientras la gente se vuelve loca y las marujas se desovulan todas con ellos y estos las ignoran porque son más de salchichón y menos de almeja.

Tras dejar a todo ese gentío en la parada del ArenA, llegamos al aeropuerto y me acerqué al mostrador de Austrian a facturar la mochila. Mis tarjetas de embarque eran unas imágenes que llevaba en el teléfono y que me sirvieron para cruzar a la zona segura. En el arco que tienes que pasar pité como nunca por culpa de todas las cremalleras de mis pantalones y un hindú que estaba trabajando me sobó con empeño hasta prácticamente convertirse en familia. Al otro lado, en la zona supuestamente segura del aeropuerto había quedado con mi amigo el Niño para cenar juntos ya que él acababa de terminar de trabajar. Después de la comida nos despedimos y me fui a mi puerta de embarque en donde con quince minutos de retraso, accedimos al avión, un Airbus A-319-100 al que recientemente le habían cambiado los sillones.

El primer salto con destino a Viena transcurrió sin problemas hasta que estábamos llegando al aeropuerto y el avión comenzó a agitarse como una coctelera y los motores a hacer el mismo ruido que la batidora cuando le pones mucha carga. desde el aire se veía en tierra unos faros que parecían indicar el camino entre las montañas a los aviones y espero que eso solo sea un rescoldo de la tecnología que se usaba en el siglo veinte ??

Tomamos tierra a la garrula, con topetazo final incluido y en Viena llovía copiosamente. Como volaba fuera de Europa tuve que pasar un nuevo control de pasaporte y de seguridad y en este último mis pantalones no pitaron lo cual nos recuerda que no hay dos arcos de detección de metales iguales. En la sala de espera tenían Wifi gratis y aproveché para mandar los últimos mensajes y despedirme por enésima vez de los amigotes. El avión para ir a Bangkok era un Boeing B-777-200 y elegí una de las ultimas filas ya que solo hay dos personas y tienes un poco más de espacio. Al final resultó que no llevaba a nadie sentado junto a mí. Los asientos de este avión estaban algo viejos y al parecer será en el 2012 cuando los cambien. Después de despegar pasamos las mismas turbulencias que disfruté al aterrizar y que agitaron el avión con saña. Nos sirvieron la cena y con la comida me hinqué 4 pastillas de melatonina para ayudar a dormir. Era casi la una de la mañana. Me puse a ver I Am Number Four y pronto la apagué y me pegué una sobada histórica de casi siete horas en la que recuerdo despertarme alguna vez para cambiar de postura e ir al baño. Desayunamos y una hora más tarde aterrizábamos en Bangkok. La hora local eran las dos y media de la tarde. pasé el control de pasaportes, recogí mi mochila envuelta en su condón protector gigante de Seal&Go y me puse los auriculares para ignorar las hordas de falsos taxistas mientras caminaba a la estación de tren del aeropuerto. Allí tomé el Rail Link hasta una estación en la que transbordé al metro y una parada más tarde estaba muy cerca de mi hotel, en la calle y con un bochorno del copón.

Fueron un montón de horas y necesité una guagua, dos trenes, dos aviones y un metro para llegar desde Utrecht a Bangkok y comenzar el viaje. Lo demás llegará en futuras anotaciones.

El relato continúa en Mis impresiones de Bangkok y la visita a Wat Pho y Wat Phra Kaew

6 opiniones en “De Utrecht a Bangkok pasando por Hilversum y Amsterdam”

  1. Me sigue resultando llamativo despues de todos estos años leyéndote que seas capaz de contar un salto Utrecht – Bangkok igual que si fuera algo cotidiano.
    Disfruta mucho, y nosotros que lo leamos.

  2. Me ha interesado lo de las pastillas de melatonina, porque no lo había escuchado y a mí lo que más me echa para atrás de los viajes largos es que no duermo ni a tiros.

  3. Darliz, yo tengo unas llamadas Sleepz que son muy suaves y no hacen mucho. En Bangkok me tome dos para dormir y no sirvió de nada. La próxima vez me dolo con 4 como n el avión.

    Ya he escrito varios capítulos. El problema es que he dejado esto tan empaquetado con contenido que irán cayendo a cuenta gotas. Además, no quiero decir mucho sobre Birmania mientras sigo dentro ya que los que gobiernan no se andan con chiquitas.

  4. Luego cuando vuelvas, puedes poner a parir todo lo que quieras, pero mientras, prudencia, a ver si vamos a tener que ir a sacarte del trullo.

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