Décimo séptimo día. Kuala Lumpur a Utrecht

El relato de este viaje comenzó en Camino a Kuala Lumpur y Tienes un índice con todos los capítulos en Viaje a Malasia del 2009: Índice con toda la historia.

Cuando me senté a escribir el relato de mi viaje a Malasia sabía que sería una tarea larga y trabajosa y que se extendería en el tiempo pero nunca pensé que daría para tanto. Hoy llegamos al final de este relato, el capítulo final, el cierre del círculo y pese a que nos habíamos quedado a punto de salir para el aeropuerto, salto atrás en el tiempo y recupero algunos momentos de ese día ya que todo ese domingo fue para mí día de transición.

Después de volver el Parque de Aves de Kuala Lumpur pasé una hora en la piscina disfrutando con la vista de las torres Petronas y descansando dentro del agua.

Petronas Twin Towers

Hice esta foto desde allí y se pueden deducir un par de cosas. La piscina tiene unas vistas increíbles y pese a lo que dicen muchos come-mierda, las cámaras de otros teléfonos móviles no son mejores que la del iPhone. Durante todo el viaje usé para las jornadas de transición mi teléfono Sony-Ericsson K800i, el cual viene equipado con una cámara de tres megapixels Sony Cybershot que supuestamente es infinitamente superior a la de mi otro teléfono. Las fotos fueron mayormente de pena. Estando en la piscina recordé que el teléfono podía hacer panoramas automáticamente y aproveché para sacar uno en el que aparecieran las Torres Petronas al copleto. Como veis el resultado fue de pena.

Después de la piscina estuve en el Pavilion Kuala Lumpur, lugar en el que fui al cine y maté la tarde. El centro comercial es tan nuevo que no aparecía en mis guías de viaje. La arquitectura interior está pensada para asombrar y lo consiguen:

Pavilion Kuala Lumpur

En la foto anterior podéis ver uno de los patios interiores del centro comercial. Técnicamente estaba prohibido hacer fotos y los de seguridad se despachaban a gusto con la gente a la que pillaban haciéndolo, algo incomprensible porque no entiendo el daño que puede hacer uno haciendo la foto pero bueno, en un despiste de los mismos hice mi foto dentro del centro comercial.

Las Petronas desde la puerta del hotel

Volviendo al hilo de la historia, a las siete volví al hotel y los conserjes me dieron mi equipaje y llamaron un taxi. Mientras el taxista ponía mis dos mochilas en el portabultos aproveché para hacer una última foto de las torres Petronas desde la puerta del hotel. El taxista era muy simpático y dicharachero y mientras me llevaba a la estación Central hicimos un repaso de las atracciones de la ciudad y le sorprendió saber que lo había visto casi todo.

Chirona en Kuala Lumpur

En nuestro recorrido pasamos junto a la extraña cárcel que hay en el centro de la ciudad y que parece sacada de alguna película de la Segunda Guerra Mundial. Está claro que en aquel lugar cuando uno entra no es para pasarlo bien. El taxista intentó camelarme para llevarme al aeropuerto pero yo estaba determinado a ir en tren. Durante los diecisiete días de mi aventura en Malasia he viajado en avión, barca rápida, mini-bus, autobús de puro lujo, autobús cochambroso, taxi, ferry de alta velocidad, coche de alquiler, teleférico, funicular, barca de río, monorail, he andado sobre la jungla, en la jungla, bajo cuevas llenas de murciélagos y he caminado por sitios increíbles. Para completar este recorrido increíble y variado quería probar el tren más espectacular del país el cual conecta el aeropuerto con la capital. El taxista me dejó en la estación y me acerqué a los dispensadores para comprar mi billete. Después, mientras caminaba por el vestíbulo de la estación me distrajo el cartel de una farmacia, el cual veréis en la siguiente foto:

Farmasi

Imagino que es la influencia portuguesa porque a veces asusta que tengan palabras tan parecidas al español. Uno espera que todo suene más a inglés y se queda con la boca abierta cuando ve cosas como esa. Subí al tren y comprobé que era una máquina alemana como muchísimas que circulan por este lado de Europa, nada especial. En el interior tenían un montón de pantallas de televisión en las que ponían noticias y vídeos. El tren hace los setenta y cinco kilómetros que separan la ciudad de Kuala Lumpur del aeropuerto en media hora. Salimos en punto y pronto volábamos hacia nuestro destino. Todo el mundo iba cargado de maletas y mochilas y algunos daban un cante a sudor que no veas. Crucé los dedos para que no me tocara uno de esos sentado a mi lado en el viaje de vuelta.

El tren acaba su recorrido bajo la terminal del aeropuerto y desde allí subí directamente a salidas. Busqué el mostrador de facturación de KLM e intenté cambiar mi asiento. Tenía uno de ventana y quería que me dieran pasillo pero el avión iba petado y me dijeron que no era posible. Me sugirieron que se lo comentara a las azafatas al embarcar ya que hay veces que la gente se cambia por distintos motivos. Tras facturar di un repaso de las tiendas pero eran pocas y nada interesantes así que crucé el control de seguridad, el cual no llegaba ni de lejos a los que nos hacen pasar en Europa o los Estados Unidos. Ya en la zona segura tenía que coger un tren que me llevaba hasta la terminal satélite desde la que salía mi avión y como no parecía que hubiesen tiendas por allí me subí en el mismo y en unos minutos estaba al otro lado.

Kuala Lumpur International Airport

Faltaban casi tres horas así que me dediqué a recorrer las tiendas y gastarme los billetes malasios que me quedaban comprando algunos souvenirs para mi familia. También compré unos auriculares y un antifaz para dormir ya que el mío se me había olvidado en mi casa. Cuando me aburrí busqué algún lugar en el que sentarme a ver algunas de las cosas que tenía en mi portátil pero comprobé con desazón que ese aeropuerto tampoco parece estar preparado para el siglo XXI. El único lugar en el que tenían enchufes era en un Starbucks así que me pedí un batido y me senté a matar el rato enviando correos y chateando con los colegas. A la hora del embarque éramos una pequeña multitud junto a la puerta y fuimos entrando poco a poco. Para llenar esos trastos enormes se tarda casi una hora. Le comenté a la azafata lo del cambio de asiento pero me dijo que era poco probable que sucediera. A mi lado se sentó una chica y un chico que también viajaban solos. Los tres estábamos en la misma onda de no hablar con extraños así que nos ninguneamos.

Para cuando el avión comenzó a moverse por la pista sabíamos que quedaban por delante DOCE horas y media de vuelo. Nada más despegar nos quitamos los zapatos para ponernos cómodos y allí había un hedor que no veas. Pensé que era culpa mía pero más tarde comprobé que el tufillo venía de los pies de la chica. Las azafatas vinieron a la carrera con la cena y en seguida apagaron las luces para que la gente pudiese dormir. Yo me puse el antifaz, me coloqué la almohada cervical y me quedé dormido, algo a lo que ayudó las cuatro pastillas de melatonine que me tomé con la cena.

Me desperté tras lo que pensé que había sido una eternidad. Encendí mi pantalla personal, puse el canal del GPS y casi me desmayo cuando veo que estamos terminando de sobrevolar la India y faltan seis horas de vuelo. Ya no tenía sueño así que me puse a ver películas y a tomar helados, zumos, agua, snacks y todo lo que te van ofreciendo durante el vuelo. Cuando faltaban unas dos horas y media para aterrizar el avión volvió a la vida y la gente comenzó a despabilarse. Nos sirvieron el desayuno y el avión se llenó con los sonidos del descenso. Desde el aire pude ver Oostvaardersplassen, el parque holandés en el que he estado un par de veces y también pasé por encima de la casa de mi amigo el Rubio.

Amanecer en SchipholCorre corre que el avión se marcha

Aterrizamos en hora y justo cuando nuestro avión aparcaba el sol salía en el horizonte poniendo un bonito punto y final a un viaje alucinante. La gente como siempre se pone histérica y se creen que van a salir al momento pero no es así. Hay que esperar un buen rato hasta que sales y yo los pasé sentado, conectado con mi teléfono a internet. Para cuando llegué a las cintas de recogida de equipaje ya estaban saliendo las maletas y en seguida localicé mi mochila. Me compré un billete de tren y desde el vestíbulo principal del aeropuerto de Schiphol accedí al andén por el que debía llegar mi tren. Pasé junto al estadio del Ajax, el ArenA y debido al cansancio y la desorientación el tiempo pasaba volando y pronto me vi en la estación de Utrecht. No eran ni las siete y media de la mañana y la estación aún estaba medio vacía así que en lugar de coger un taxi bajé a la estación de guaguas y tuve suerte porque había una a punto de salir y diez minutos más tarde caminaba por mi calle en dirección a mi casa.

Aún no eran ni las ocho de la mañana cuando abrí mi puerta, dejé caer las mochilas y salí disparado a darme una ducha para irme a trabajar. Mis vacaciones en Malasia acababan de terminar. Fin del relato.

12 opiniones en “Décimo séptimo día. Kuala Lumpur a Utrecht”

  1. Bueno, esta última parte del relato de tu viaje, no ha sido la mas excitante, claro, doce horas con el culo pegado a un asiento no es nada excitante, lo se por experiencia, lo raro es que durara tan poco el efecto de las pastillas…
    Salud

  2. ?ozzz, te pegas el viaje y sobre la marcha al curro, sin transición ni nada. Eso si que es valor y lo demás tonterías.

    Yo lo más que he hecho es llegar un día y currar al siguiente, pero el mismo unnn, pelin duro.

  3. Luis, yo no pierdo un día de vacaciones por estar cansado. Me voy a la oficina y lo duermo allí que para eso me pagan. También lo hice al volver de Estambul, el año anterior desde Estados Unidos y en varias ocasiones volviendo de Gran Canaria. Los holandeses son muy comprensivos con eso y nunca esperan que en tu primer día después de unas vacaciones estés al 100 por cien.

  4. siempre tomas pastillas para viajar? yo tengo qeu hacer un vuelo de tres horas para la semana que comparado con lo tuyo no es ná y ya estoy pensando como voy a hacer para que no me de el ataque de ansiedad (ya sabes pánico a los aviones) estoy pendiente todo el rato del mínimo movimiento, pero decidí que voy a poder yo mas que mi miedo y cogerlos igual.

  5. Aliena, solo tomo pastillas si el vuelo es de más de cinco horas y quiero dormir pero hasta ahora nunca me han funcionado. Las pastillas que yo tengo son de melatonina, la cual debería inducir el sueño pero en mi caso es una lotería y no parecen funcionar. Se compran sin receta médica en unos botes que traen cientos de pastillas pequeñitas. Algunos de mis amigos dicen que con ellos es mano de santo pero yo no soy tan afortunado.
    Yo no tengo ningún tipo de ansiedad a la hora de volar. Es más bien tedio. En lo que va de año ya he hecho 13 vuelos y tengo los seis siguientes ya comprados.

  6. Yo lo paso peor en el coche de cualquier hijo de julay, que los carnets de conducir parece que los dan en tombolas de pueblo. En el avión ni me entero.

  7. Totalmente de acuerdo, mucho peor el coche. Paso más ansiedad en cualquier carretera. Aliena, habla con tu médico de cabecera, explícale eso del vuelo y te dará un relajante suave, de 0.5 o 0.25. Para un vuelo de tres horas yo no tomaría somníferos, pero un relajante suave (siempre dado por el médico) ayuda, no atonta, y la ansiedad la dejas en casa, ¡que te vas de vacaciones mujer!

  8. Una biodramina (sin cafeína) te deja lo suficientemente grogui para el vuelo de tres horas. Y fácil de conseguir…

  9. A veces me asustan. Aquí todo el mundo estudió farmacia, acupuntura y bordado.
    Off-topic: Hace un rato el contador de la barra lateral superó los dos millones doscientos veintidós mil doscientos veintidós páginas impresas o 2222222. Increíble. Gracias a todos los que han trabajado para alcanzar ese número con sus visitas.

  10. me recetaron tranquimazín, a ver como me va, la biodramina no me hace nada…., y bueno será por que estoy acostumbrada a carreteras de pueblo (todo curvas y que tienes que apartarte por donde puedas cuando viene uno de frente) que el coche no me da miedo.

  11. sulaco, todo el mundo no sé…. algunos…. bueno, el bordado no… casi no se coser un botón, pero del resto…. no se me dan mal, ni los medicamentos, ni las agujas, jajajajaja 😉

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