Décimo sexto día. Taman Negara a Kuala Lumpur

El relato de este viaje comenzó en Camino a Kuala Lumpur y Tienes un índice con todos los capítulos en Viaje a Malasia del 2009: Índice con toda la historia.

De nuevo me ponía en ruta y en este caso se trataba de volver a Kuala Lumpur. Tras el diluvio universal que tuvimos la noche anterior me imaginaba que el río estaría intratable y que aquello sería una pesadilla. Ya tenía de nuevo las mochilas preparadas y al levantarme lo más crítico era ducharme y obrar. En su momento expliqué lo complejo que es la ducha en aquellos chalés y como una imagen vale más que nada, os pongo una micro-foto:

Las complejidades de la ducha

Los que presten atención verán dos duchas, una a la izquierda del termo y otra en la pared de la derecha. Ambas apuntan más o menos al mismo sitio así que la consecución de la temperatura deseada parecía ser una tarea de buscar el equilibrio. Para complicarlo más en la pared de la derecha habían tres grifos, así que uno debía probar y errar hasta que descubría lo que hacía cada uno y como afectaban al conjunto. De alguna forma conseguí ducharme y cargado con mis mochilas bajé hasta el restaurante flotante.

Me sorprendió que el agua no bajara revuelta y la tabla que hacía de pasarela parecía bastante estable así que la pude cruzar sin más problemas. Ya había comentado que mi alias terminó por suplantar a mi nombre real y la mesa como siempre estaba reservada a mi nombre para desayunar.

Sulaco

Me llevé la plaquita a otra mesa y me senté con los colegas y desayunamos juntos, un plato con huevos revueltos, dos tostadas y café. Sobre las ocho y media comenzaron las comprobaciones para saber quien volvía hacia el mundo exterior y nos fueron agrupando en las zonas en las que embarcaríamos. En esta ocasión el barco iba muy lleno y me sentaron con el señor mayor de Utrecht, el viudo. Íbamos sentados en la parte posterior. Salimos a las nueve en punto y ya sabíamos que tardaríamos casi tres horas en llegar a nuestro destino, bajando por el río.

Río abajoA punto de atracar

En uno de los meandros nos cruzamos con un grupo de aborígenes que salían de la selva para coger agua del río. Los chiquillos y las madres jugaban en el agua. No vimos a los hombres así que imagino que estaban cazando u ocupados con otras tareas. En otro lugar pasamos junto a un montón de pájaros martín pescador pero no tuve tiempo a hacerles una foto.

Después de la primera media hora te duele el culo y ya no sabes como ponerte. Todo el mundo iba en silencio y un grupo de canadienses se pasaban unos a otros revistas del corazón que se habían traído en este viaje. Lo que me pasó por la cabeza es que cada loco con su tema. Muchos se habían tumbado longitudinalmente en el espacio que tenían asignado y trataban de dormitar en el viaje o quizás lo hacían para no marearse. Cuando ya has perdido la fe y crees que nunca acabará el viaje vimos el puerto de atraque, el cual podéis ver en la segunda foto. Allí un grupo de jóvenes avispados han montado una especie de montacarga y por veinticinco céntimos te suben la maleta (o la mochila) hasta la carretera. Algunas de las personas se acogieron a esta oferta pero la mayoría cargamos como mulas por las escaleras que tuvimos que subir.

Arriba nos esperaba un autobús que nos llevó hasta las oficinas de NKS, el operador que habíamos contratado para estas vacaciones. En aquel lugar almorzábamos y después saldríamos hacia Kuala Lumpur.

Frutas extrañasProfesionales en momento de tedio

Los alemanes y el viejo holandés se sentaron conmigo, moviendo sus respectivas placas a mi mesa y así comenzamos la tertulia antes de almorzar. Estábamos allí, todavía doloridos por las tres horas de sentada en madera cuando vemos aparecer a la julaya que trabajaba en el restaurante flotante como animadora y controladora del cotarro. Se acercó a saludarnos y nos dijo que había venido con el mini-bus que tienen. Casi me da un telele. Se podía evitar el viaje en barco y usar el mini-bus pero como se trata de hacernos disfrutar la experiencia, no nos lo dijeron. Como vio que esa nueva información nos había afectado enormemente nos trajo a cada uno unas frutas exóticas de la zona para que las probáramos. Son las de la primera foto. Parecen cebollas peladas y la verdad que el sabor era amargo y no me gustaron nada. Nosotros comíamos en un lado del local y justo teníamos la mesa en la que se organizaban los viajes, la cual podéis ver en la segunda foto.

Jungla y más junglaPor lo menos una hora más hasta KL

A la hora prevista apareció el chófer del autobús y lanzamos nuestras mochilas en la bodega y nos subimos. Era el mismo conductor que nos había traído dos días antes. En el camino de vuelta, más de lo mismo, verde por todos lados y esos híbridos entre autopista y carreteras comarcales. Aunque sé que es imposible, tras hora y media en la guagua paramos en un área de descanso que juraría que es la misma que en la ida pero eso no es posible porque en esa ocasión estábamos en el otro lado de la carretera.

Las cuevas BatuKuala Lumpur bajo la lluvia

Volvimos a pasar al lado de las cuevas Batu que podéis ver en la primera foto. Hay unas escalinatas interminables junto a una figura gigantesca de alguna de las divinidades hindúes. Desde ahí al centro de la ciudad hay alrededor de 18 kilómetros y todavía tardamos casi una hora. Cerca de nuestro destino se encapotó el cielo y comenzó a caer un diluvio que no veas. Lo malo de esos países es que incluso cuando llueve la temperatura no desciende y la sensación de bochorno hasta se amplifica.

Al llegar enfrente del hotel nos bajamos, nos despedimos y pillé un taxi para que me llevase a mi hotel fastuoso de la muerte, el IMPIANA KLCC HOTEL & SPA. Pasé por el trámite de la recepción en un par de minutos y me dieron mi tarjeta para abrir la puerta de mi habitación.

Suite puro lujo María

Subí con la desgana que da el llegar a un hotel más y cuando abrí la puerta aluciné. Una suite de cojones y con vistas a las torres Petronas (que por supuesto había pedido al reservar). La foto está hecha desde la mesa de despacho que tenía junto a los enormes ventanales.

Eran las cinco y media de la tarde y había llegado a mi destino.

El relato continúa en Décimo sexto y décimo séptimo días. Kuala Lumpur

5 opiniones en “Décimo sexto día. Taman Negara a Kuala Lumpur”

  1. Rodolfo, el enchufe estaba bien alto. Creo que el termo de la ducha en el “chalé” de las islas Perhentian corría más riesgo.

  2. El último hotel se ve bien bueno, pero lo de la ducha, parece como una especie de mostruito de las pelis de ciencia ficción…jajaja
    Salud

  3. Mi madre, pues yo me metía ahí ahora mismo sin pensarlo, que pintaza!!!! (la del hotel, claro, no la del chalet)

  4. En el baño tenían tantos productos de cosmética e higiene personal que asustaba. No veas todo lo que metí en la mochila cuando me marché. Con eso ya tengo suficiente para mis viajes por Europa en pensiones y moteles de mala muerte de este año y del próximo.

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