Desde Scuba Junkie Komodo a Balikpapan

El relato comenzó en Desde Utrecht a Bali pasando por Doha

Hoy llegamos a una de esas jornadas de transición que hay siempre en los viajes por Asia cuando cambias de escenario y que suelen costarte un día. En mi caso, esto es solo la primera parte de una operación logística de envergadura que comienza bajando al comedor y zona de descanso del complejo de Scuba Junkie en Komodo para despedirme de mi Dive Master y de los amiguitos que he hecho por allí. Antes de seguir, merece la pena reseñar un detalle de la noche anterior que sucedió después de escribir la entrada. Estaba yo tan feliz como una lombriz viendo un episodio de Allí Abajo cuando escucho un ruido fortísimo. En la habitación de al lado, una que hasta ese día habían ocupado una de las parejas australianas y en la que ahora había alguien más, una pava gritaba, porque eso no eran gemidos, mientras se la follaba su pavo. Por Dios, se enteraron hasta los de las otras dos habitaciones después de la mía. La tía sonaba o o un cerdo en el matadero.

Volviendo al presente, después de despedirme de la gente, bajé a desayunar y les pasé una gran parte de los vídeos que hice durante los días de buceo y que ellos usarán en sus redes sociales. Después del desayuno, pagué lo que debía, que era poco ya que solo tomé tres cervezas radler y aacbé de meterlo todo en mi mochila. A las ocho todo el mundo salió a despedirnos y partimos hacia la isla de Rinca para visitar el Parque Nacional de Komodo y ver los dichosos dragones. El viaje fue de una hora, en parte por zonas que ya conozco porque he buceado junto a las islas. Al lllegar al parque, fuimos a la recepción, pagamos los más o menos veinte leuros que cuesta la visita y te llevan a ver un puñado de dragones de Komodo que estaban tomando el sol junto a la cocina y les haces fotos. Hay también monos, búfalos pequeños y otros animales que se comen los dragones, o que matan mordiéndoles y esperando a que las infecciones los acaben y depués los buscan y se los comen. La visita es un pelín decepcionante, lo único que hay es un puñado de lagartos junto a un edificio y después te dan un paseo en el que no ves ninguno. Tengo las fotos y eso, pero ahora entiendo por qué una china que ha estado en Komodo tres veces se queda en el barco esperando. Esto es para hacer y olvidar.

Después seguimos la ruta de vuelta a Labuan Bajo y vinimos llegando al muelle a la una y mi avión salía a las tres menos veinte, así que pillé un taxi y me dejó en el aeropuerto en menos de diez minutos, saqué mi tarjeta de embarque y después pasé el control de inseguridad. En vuelos domésticos los líquidos son bienvenidos. En la terminal me encontré con la pareja española con la que había buceado, que se supone que iban en otro vuelo pero se lo cancelaron y acabaron en el mío. El avión nos llevaba a Jakarta y era de la aerolínea Batik Air, que en realidad pertenece a Lionair. El avión despegó en hora y nos dieron un almuerzo de verdad, eso sí, con la única opción de agua para beber. El vuelo tardó dos horas y cuando aterricé en Jakarta comenzó mi maratón. Me despedí de los españoles y salí escopeteado. Lo primero fue encontrar el tren que te lleva entre terminales, ya que estaba en la segunda y tenía que ir a la tercera. Después busqué un mostrador de Garuda para comentarles que me cobraron dos billetes y me explicaron como reclamar uno de ellos. Después facturé y saqué dinero antes de pasar el control de inseguridad, de nuevo con los líquidos dentro de la bolsa. Toda esta movida fue porque mi vuelo original era con Lionair pero lo cancelaron tres días antes, algo que en Indonesia pasa continuamente con los vuelos domésticos, se cancelan y como todas las aerolíneas pertenecen a dos grupos, meten a la gente en vuelos de otras de sus compañías y así llevan los aviones más llenos.

El vuelo hacia Balikpapan con Garuda salió en hora y nos dieron cena. Duró una hora y cuarenta minutos y el Ancestral tiene suerte porque tuve ventana en ambos aviones. Aterrizamos sobre las diez de la noche, me instalé Grab en el móvil y así pedí un coche y me llevó al hotel por cuatro leuros. Fue una jornada de transición de catorce horas, saliendo de Scuba Junkie a las ocho de la mañana y llegando al hotel a las once menos cuarto. Aún me queda el segundo segmento de la aventura, que creo que me tomará cinco o seis horas.

El relato continúa en Llegando a Scuba Junkie Sangalaki

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