Dolor y gloria

La cruz de ser el autor del mejor blog sin premios en castellano no es pesada para nada y yo la cargo con una alegría que no veas. En los dieciséis años que llevo manteniendo mi diario público que es mayormente ignorado, en ese tiempo ha habido muchísimo cine y entre ellas, creo que todas las películas que ha estrenado Pedro Almodóvar desde el año 2004, aunque en ocasiones ha sido más tarde ya que he debido esperar al estreno en los Países Bajos o cruzar los dedos para que coincidiera con uno de mis pasos por España. La primera película de él que tuvimos por aquí fue La mala educación y quizás incluso la mencione después. Después vino Volver y su estrella comenzó a languidecer en Los abrazos rotos y cuando llegamos a La piel que habito, yo ya lo daba por acabado porque resultó una mierda de película. Seguí viendo su cine pero Los amantes pasajeros fue otra mierda pinchada en un palo. Su película anterior fue Julieta y se quedó en que me gustó pero vamos, tampoco como para tirarme peítos y celebrarlo. Así fue como llegué a Dolor y gloria, que ya debe estar desapareciendo de la cartelera en España porque cuando yo la vi allí la ponían en menos cines y solo una o dos veces por día.

Un julay julandrón se vuelve jacoso por no chingar

Resulta que un director de cine famoso por el pasado o algo así vive encerrado y con muchos dolores por todas sus enfermedades varias y treinta años después de tener un encontronazo con uno de sus actores, recupera el contacto con el mismo, se hace adicto a la heroína fumada o algo así y quizás por los viajes de la misma, recuerda su pasado tan lejano y su niñez cuando vivía en una cueva y ya le salía el mariquitismo tan grande que llevaba dentro a la superficie.

Volviendo a La mala educación , si asumimos que ambas películas son autobiográficas, ahora resulta que Almodóvar ya tenía ese mariquitismo tan grande de antes y que cuando se enamoró por primera vez, fue de un pobre desgraciado al que enseñó a leer y escribir y hacer operaciones matemáticas básicas y al que se lo comía relamiéndose como su fuera un chupachups. La película funciona a base de flashbacks, saltos hacia tiempos pasados que a mí siempre me tocan los güevos un montón. Tenemos el director del presente, que es un masque, siempre con dolores, siempre sufriendo y siempre como aburrido y tenemos al niño, que descubre el mundo y que sin que lo digan claramente, se enamora de un pobre desgraciado y por si nos queda alguna duda, cuando ese susodicho desgraciado decide lavarse en la casa del niño con una palangana minúscula y se desnuda porque así es la vida misma, el chiquillo le ve el pollote y se desmaya de puro gusto, vamos, que ahí mismito firmó la sentencia del julandronismo para siempre. En estas dos películas que se mueven en paralelo, pese a que es más sosa, a mí me gusta más la del presente, quizás porque los actores lo hacen muchísimo mejor y fue un gustazo volver a ver a Antonio Banderas haciendo un buen papel. No puedo decir lo mismo de Penélope Cruz que hace su verdulera habitual, ese papel que repite cada tres películas y no se le ve que haga ningún esfuerzo por alterarlo. De los demás, hay un montón de secundarios que están muy bien, incluyendo a Julieta Serrano que clava su escena. La película tiene chispas del humor que hizo famoso al director pero aquí tira directamente por el drama y se ve que o tiene la vista cansada o se hartó de las ropas de colores vivos.

Pase lo que pase, si eres un miembro del Clan de los Orcos no deberías ir a ver esta película ya que puede saturar tu mono-neurona. Si eres un sub-intelectual con GafaPasta, por supuesto que la irás a ver.

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