El caso Heineken – Kidnapping Freddy Heineken

Hasta un ser tan obviamente superior como yo de cuando en cuando se queda confundido y piensa que le están tratando de colar la misma cosa dos o tres veces y al ver el trailer de la película tuve un deja-vú como de haber estado allí antes y haber pasado por aquello. Buscando en los extensos, épicos y legendarios archivos de Distorsiones, el merecidamente aclamado mejor blog sin premios en castellano, encontré que hace unos añitos comenté por aquí De Heineken ontvoering, que básicamente es lo mismo y que en su día me gustó un montón. Resulta que han hecho otra película contando lo mismo y supuestamente basada en las investigaciones de un julay muy famoso en los Países Bajos y la han rodado en inglés, titulándose Kidnapping Mr. Heineken y que además se estrena en España la semana que viene con el título de El caso Heineken. Conviene señalar que yo vi esta versión de la película el segundo día del mes de julio de este año y ha estado desde entonces en mi despensa esperando el momento oportuno para salir a la luz, que ya ha llegado.

Un julay cervecero es raptado por una banda de chimpún y sanseacabó

Un grupo de panolis y malas vidas planea y ejecuta el rapto de Freddy Heineken, propietario de una de las cerveceras más famosas en el universo y holandés. Los tipos ejecutan el secuestro y durante un tiempillo mantienen al chamo en captividad, al igual que a su chófer. Llegado el momento, se paga el rescate y lo sueltan y ellos se convierten en fugitivos.

La idea es sencilla y se basa en hechos reales y además, se ha probado que se puede hacer una película. Pese a esto, aquí la cagaron y se les fue el baifo al cielo, ya que no se puede explicar de ninguna otra manera. La ejecución de la historia es patética, comenzando por la interminable presentación de todos y cada uno de los protagonistas, inundándonos de datos que más tarde no se usan y que nunca aportaron nada. Esta tendencia al exceso de información inútil continuará durante toda la película, que malamente dura poco más de noventa minutos y se hacen larguísimos. Uno de los protagonistas es Ryan Kwanten, actor al que todos adoramos por su papel en True Blood y que aquí está totalmente desaprovechado. Lo mismo se puede decir de Sam Worthington, que pasa sin pena ni gloria y en muchos momentos parece estar recitando, en lugar de actuando. A Heineken lo interpreta Anthony Hopkins y hay momentos en los que te confundes y te crees que esta es una secuela de la del silencio de los borregos porque es que el tipo hace el mismo papel según la fuerza y la dirección del viento. Con todos perdidos en densos personajes que no lo son y una historia que se anega de trivialidades, acaba por aburrir. Para cuando llega el final, la mayor preocupación de los espectadores es averiguar quien será el primero que alcance la puerta y deje la sala.

Esto no es cine para los miembros del Clan de los Orcos. Tampoco es cine para sub-intelectuales de GafaPasta. Eso sí, es un producto perfecto para combatir problemas con el sueño porque seguro que te tumba en menos de cinco minutos.

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