El castillo de Loarre, Monasterio de San Juan de la Peña y Jaca

Comenzamos este viaje en Un exótico viaje de Holanda a Zaragoza

Para nuestro segundo día alquilamos un coche y la tarde anterior en la Oficina de Turismo de Aragón nos propusieron una ruta que parecía interesante. La chica fue muy amable y diligente y nos proporcionó un montón de mapas y folletos y por supuesto, nosotros robamos dos copias más de cada cosa porque cada uno ha de tener lo suyo y así no hay pleitos entre nosotros.

Después de recoger el coche, activamos el GPS de mi anterior teléfono móvil y comenzamos la aventura que nos llevaría hacia lugares históricos. El GPS es algo totalmente inútil en una ciudad en la que todas las salidas están siendo rediseñadas y ni una sola de las obras se ha acabado. Cruzamos entre vallas, andamios y descampados en los que en dos semanas plantarán árboles que con suerte conseguirán sobrevivir y tras un par de errores conseguimos enfilar la autopista hacia Huesca. En algo más de una hora llegamos a Loarre para visitar su famoso Castillo de Loarre. Llovía de forma continua y nos temíamos lo peor. Tras aparcar el coche corrimos hacia el centro de visitantes y compramos las entradas y alquilamos las audio guías. En total tres euros y medio por cabeza. Esta fue una de las decisiones más acertadas ya que por el mismo dinero puedes hacer la visita con un guía y después pudimos comprobar que no contaban ni la mitad y se saltaban un montón de cosas.

Este es el castillo mejor conservado en Europa del Románico, se remonta al siglo XI y se construyó por mandato del rey Sancho III para usarlo en sus ataques contra la chusma musulmana que invadía España en aquellos tiempos. El Castillo se ha conservado bastante bien y la visita es muy amena, sobre todo cuando recibes unas buenas explicaciones. A ratos paraba la lluvia y era en esos momentos cuando hacíamos las fotos al aire libre. Comentar que este castillo se usó en la película Kingdom of Heaven ? El Reino de los cielos y posiblemente fue lo único bueno de la misma porque aún tengo grabado en mi memoria lo mala que era.

Tras terminar la visita nos tomamos un café en el lugar y organizamos el resto de nuestra visita. Los parajes de la zona son preciosos y la lluvia le daba cierto encanto. Al llegar al Embalse de la Peña nos desviamos por una carretera local entre bosques y pequeñas centrales hidráulicas. Por los rápidos bajaban intrépidos deportistas con sus canoas. Nuestro destino final era el Monasterio de San Juan de la Peña, cerca de Jaca y de Santa Cruz de la Serós. Llegamos justo a la hora a la que cerraban para descansar la siesta, algo que me sigue chocando cuando voy a España ya que siempre olvido que todavía no han adoptado la jornada continua. La chica de la oficina de turismo nos había advertido que los horarios para ver la Ciudadela de Jaca eran muy reducidos y a esas alturas calculábamos que iríamos muy mal de tiempo. Almorzamos en Santa Cruz de la Serós con prisa y sin pausa y sin tiempo a regurgitar la comida volvimos al monasterio para comprar la entrada y por culpa de las prisas optamos por ver solo el Monasterio Viejo, el cual está empotrado en las rocas y fue el monasterio más importante de Aragon en la Edad Media. Recuerda mucho al Nombre de la Rosa y no hace falta mucha imaginación para sentir a los monjes flagelándose y cantando por el lugar. La entrada es bien saladita, sale por seis euros y bajamos al lugar en el primer micro. Pasamos de la visita guiada y corrimos por aquel sitio lanzando fotos a diestro y siniestro y como nosotros había un puñado de gente más ya que a la hora de subir, ellos también estaban en la parada del micro.

Después tuvimos otra pequeña sesión de carretera hasta Jaca a donde llegamos con el tiempo justo para entrar en la Ciudadela de Jaca. Esta fue la única metida de gamba de la chica de la Oficina de Turismo ya que en lugar de una hora, abrían 3 horas el sábado por la tarde y de saberlo, podríamos haber almorzado tranquilamente y visto el Monasterio Nuevo. En fin, espero que arda en el infierno y la meen todos los días dos rebaños de camellos apestosos.

Para entrar en la Ciudadela de Jaca hay que pagar un impuesto revolucionario de diez eurolos, algo abusivo pero al menos el recinto está bien cuidado por nuestro esplendoroso ejército y te enseñan un poquito del mismo, aunque bien poco y sin libertad para moverte por el lugar. Estuvimos haciendo la típica sesión de fotos y después vimos el museo de Miniaturas, en el que quedan bien claras las preferencias de bando de los que lo hicieron. Está curioso aunque no es algo que me convenza.

Desde allí fuimos a la Catedral de San Pedro de Jaca, también de estilo Románico y con casi diez siglos a sus espaldas. Es bastante bonita y los alabastros en los ventanales le dan un aspecto muy tétrico.

Al salir dimos una vuelta por el pueblo, nos tomamos unas tapas en un bar junto a la catedral que estaban de morirse de buenas y me compré un dulce que me dejó flipando de puro gusto. Una vez acabada la visita volvimos a Zaragoza a donde llegamos bien entrada la noche y en donde nos costó un huevo aparcar el coche en el centro para entregarlo en la empresa de coches de alquiler.

Puedes seguir con el relato de este viaje en Finalizando la visita a Zaragoza