El castillo de San Jorge, un montón de miradores, Alfama y mucho más

El relato comenzó en Viajando a Lisboa y comiendo pasteles de Belén

Después del paseo por el barrio de Belém, regresé en el tranvía número 15 hasta la Praça da Figueira, lugar en el que tenía entendido que pasaba el tranvía número 28. No lo encontré pero un conductor de guagua me dijo que la 737 me llevaría al lugar que yo quería ir. En este viaje no conseguí ninguna guía turística decente para el iPhone y como ya estoy muy mayor para cargar libros pesados, opté por comprarme en Amazon la Lisbon Pocket & Mag Guide de DK Eyewitness, pequeñita y con lo básico, aunque es tan básico que no ponen información alguna sobre el transporte, salvo por el mapa del metro. Buscando en la App Store no encontré ninguna aplicación y una vez allí descubrí que solo hay una para los teléfonos de los pobres y los miserables, los androitotorotas, llamada App SAPO. La lógica detrás de esta decisión es que como es país de pobres, allí nadie que tenga la guita para comprarse un iPhone usa el transporte público. Por eso mismo le pusieron un nombre tan ordinario y chabacano a esa aplicación, para recordarle a los pobres que son pobres. Bueno, regresando a la historia, la guagua 737 es como un micro y se petó de turistas y viejas bigotudas. La última parada era en la mismísima puerta del Castelo de São Jorge, el cual está en el barrio de Alfama, uno que hasta la Edad Media era donde se ubicaban los ricachones y los pijos pero que cuando le entraron los tembleques a Lisboa lo dejaron y fue ocupado por los pobres y los pescadores. Es una zona de calles estrechas, cuestas empinadas, calles torcidas y retorcidas y muchas tabernas y en la cima de la colina de San Jorge, las ruinas del castillo del mismo nombre.

Aunque te dicen el Castillo de San Jorge, allí lo que quedan son las ruinas y las murallas. Desde allí hay unas vistas fabulosas e impresionantes de la ciudad. La entrada con descuento por tener la Lisboa Card me costó seis leuros. En realidad allí vas por las vistas. Es pasar al interior, tienes una terraza enorme con la ciudad a sus pies y desde la que se ve perfectamente el río Tajo, el puente sobre el mismo que parece robado de San Francisco y el esperpento diabólico que les regaló el generalísimo Francisco Franco o Paco el hijoputa para los amigos. También se ve muy bien la Praça da Figueira desde la que venía. Por culturizarnos un poco decir que en ese lugar ha vivido la gente desde siempre e incluso antes.

En la época de la dominación y el expolio de los hijosdeputa terroristas musulmanes allí tenían una fortaleza y los cristianos venían de cuando en cuando a degollar unos cuantos de esos cabrones y regar el suelo con sangre, que de siempre se dijo que el vino sabe mejor con ese abono. A partir del siglo XIII (equis-palito-palito-palito) fue el lugar de residencia del Rey de Portugal solo que con tanto terremoto, el hombre no podía dormir tranquilo y no paraba de reformar su keli y se terminó mudando a otra parte de la ciudad. Después de que dejó de ser residencia real se olvidaron de preservarlo y se deterioró mucho. En el siglo XX (equis-equis, casi como película porno), lo declararon Monumento Nacional y restauraron sus murallas. Al subirte a las mismas tienes un montón de miradores, a cual más espectacular. Me lo pateé al completo, hice más fotos de lo que está escrito y al salir seguí callejeando por Alfama y fui al Miradouro de Santa Luzia, junto a la iglesia dedicada a la misma Santa, la cual recordaréis que era una pija ricachona más estrecha que un callejón que hizo voto de no follar y al mismo tiempo se comprometió con un macho cabrío, el cual, cuando ella se le cerró de piernas, se emputó que no veas y ella le cantaba el No te metas con mi Ku Kú y el hombre se lo tomó a mal y ella para calmarlo se arrancó los ojos y se los ofreció en una bandeja y por eso la hicieron santa, o sea, por tonta, estrecha y gilipollas. Bueno, volvemos a retomar el relato tras esta pequeña pausa informativa y educativa fruto de pertenecer a la Santa Madre Iglesia ya que de pequeño violaron mi libertad y mancillaron mi alma pura rociándome con agua bendecida por un presunto tocador de niños y que por lo tanto me convierte en miembro de la secta. Desde el mirador se puede ver el barrio de Alfama, las colinas, el río Tajo o la cúpula de Santa Engracia, entre otras cosas. Hay también un par de mosaicos y en uno de ellos se puede ver a los cristianos atacando el Castelo de São Jorge y matando musulmanes de mierda, que era lo que se hacía antes de la invención del cine y las Internetes.

Como tenía las pilas alcalinas, me puse a andar como las muñecas de Famosa cuando van juntas a cagar y subiendo por la Calçada da Graça acabé en el Miradouro de Graça, algo más alto y con unas vistas muy bonitas de otro lado de la ciudad y del castillo. Ya estaba poniéndose el sol y todas estas fotos seguro que me han quedado fabulosas. Volví andando por la Travessa das Monicas y llegué a São Vicente de Fora, o San Vicente de Afuera ya que estaba por fuera de los muros del castillo. La iglesia es impresionante pero ya pasaban de las cinco de la tarde y estaba cerrada, así que me limité a hacer fotos de la fachada, uno de los mejores ejemplos portugueses del Manierismo. Siguiendo por el lateral de la iglesia, por la calle Arco Grande da Cima que casualmente tiene un arco sobre la carretera, me topé con un mercadillo de cosas de segunda mano que en ese momento estaban desmontando. Me acerqué hasta Santa Engrácia, el cual ahora es el Panteón Nacional. Su cúpula se puede ver desde muchos de los miradores. También estaba cerrado así que hice fotos del exterior y decidí dar por acabada la jornada. Desde allí callejeé hasta la estación de Santa Apolonia, cogí el metro de la línea azul y mirando mi pequeña guía turística cambié de opinión y seguí hasta la parada de Restauradores. Al bajarme, salí a la Praça dos restauradores, hice unas cuantas fotos de noche y me subí al Elevador do Glória, un funicular que te lleva por la Calçada da Glória y te deja junto al Miradouro de São Pedro de Alcântara, lugar en el que hice otro montón de fotos del castillo y los barrios en las laderas de la ciudad al anochecer. Volví a bajar en el funicular, me acerqué a la Praça de D. Pedro IV o Rossio y a la Praça da Figueira para hacer más fotos de noche. También hice fotos de la Rua Augusta llena de gente por la noche, del Elevador de Santa Justa y cuando me cansé, tomé el metro en la estación de Rossio y me bajé en la parada de Intendente, desde donde me acerqué a la Cervejaria Ramiro, la cual está en el puesto número 5 en tripadvisor, para regalarme a mí mismo un banquete de marisco para cenar. Eran las siete de la tarde y estaba casi lleno así que me apalanqué en una mesa y me encochiné con unas Ameijoa à bulhão pato y dos gambas tigre gigantes y un cafelito de postre. Cuando salí del restaurante, la cola para entrar era épica. Regresé a mi hotel caminando y encontré una tienda de chinos en la que compré agua y un kilo de castañas para llevarme. Como estaba molido después del palizón de ese día y al día siguiente quería darme otro trote, opté por no salir más. Lo que sí que hice fue crearme la lista de las cosas que quería ver, marcarlas en el mapa de Lisboa de la aplicación CityMasp2Go y añadirle a cada una las opciones de transporte público (líneas de autobús, tranvía o metro y nombre de las paradas) para no tener problemas. Antes de acostarme creo recordar que me comí un par de Pastéis de Belém de los que me agencié allí.

Así acabó este intenso sábado en Lisboa.

El relato continúa en Mi último día en Lisboa con iglesias, museos y mucho más

10 opiniones en “El castillo de San Jorge, un montón de miradores, Alfama y mucho más”

  1. Lo del nombre de la aplicación será porque Sapo es el principal proveedor de internet de Portugal. También tiene el canal MEO con su maravilloso slogan: quien gusta del MEO, trae a sus amigos. 🙂

  2. Lo que veo es que aparte de turistear a tope te pusiste morao zampando pasteles, y encima no engordas, que envidia cochina y sarnosa me das…jajaja
    Salud

  3. Pues me han encantado estos paseitos por Lisboa, como hice más o menos el mismo recorrido me ha gustado recordarlo. Se nota que ahora hay menos gente que en agosto, pues yo ví bastantes colas para entrar en los sitios y Lisboa me encantó aunque a diferencia de lo que tú dices muchos sitios estaban bastante sucios y olia mal.

  4. Montse, igual es porque iba la Merkel unos días más tarde pero a mí me pareció una ciudad muy limpia y definitivamente, ni un solo lugar olía mal. En esta época no hay gente, no hice colas en ningún lado.

    Genín, no solo de pasteles, supongo que has visto las fotos de la cena …

  5. Cuando yo fui también estaba muy sucia y descuidada, algo que me llamó muchísimo la atención, me esperaba quizás una ciudad más moderna, me impactó en pleno centro la ropa tendida, creo que esto se debía de cuidar más en los centros históricos . En ell barrio del Alfama me pareció también que me iban a violar o a robar o las dos cosas, con lo que bajamos casi corriendo por el miedo que nos dio. Por lo demás, me comí un bacalao en un restaurante que también venía en mi guía buenísimo, aunque no sé por qué coño le tienen que echar el cilantro a todo, que no me gusta nada.

  6. Si, vi las fotos de la cena, pero yo me acuerdo mucho de los pasteles, el besugo y el aguardiente de madroño, bueno claro y el viño verde…
    Que lo estés pasando genial con el turco y todas las unidades de la familia!
    Salud

  7. Darliz, la ropa tendida era un plus fotográfico. En Italia también he estado en ciudades así y me encanta. Estambul tiene zonas por el estilo.

    Genín, Estambul es casi como volver a casa. Lo único que no hago es turismo.

  8. Que envidia por Dios. Comí en Belem hace muchos años unos langostinos de esos gigantescos y todavía me dura el regustito. Volví a Liosboa más tarde y no tuve ocasión de probarlos. La verdad es que se come bien en Portugal. Saludos

  9. Me has convencido para hacer un viajecito a Lisboa, posiblemente añadiendo alguno que otro lugar. Espero ver fotos pronto.

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