El día de la partida

Otros más fastuosos se montaban la última cena con los colegas pero en mi caso no he tenido tiempo de eso y mi último día ha salido de una pesadilla de Tim Burton. Comenzó a las seis y veinte de la mañana, literalmente corriendo por todos lados, recogiendo cosas, apilando, empaquetando, desempaquetando y demás. A las siete añadí el ordenador del trabajo a la mezcla y comencé a trabajar mientras seguía con las tareas.

En algún momento de ese frenesí me preparé unos pannenkoeken, mi último desayuno en casa. A partir de ahora viviré durante unas semanas de lo que cocinan otros. También ha sido mi último gramo de vitamina C hasta que regrese, algo que echaré de menos.

Desayuno en casa

Desayuno en casa, originally uploaded by sulaco_rm.

A las once ya lo tenía todo más o menos preparado (salvo por las cosas que seguramente me olvidaré) y me lanzaba a cortar el césped en el jardín. Después mi vecino entraba en escena y aprovechando que los próximos tres días no llueven y hace sol, me obligó a fumigar la parte del jardín que quiero cambiar y poner césped con ácido acético o Schoonmaakazijn que es como conocemos por aquí a la versión comercial, diluida (o concentrada) entre el ocho y el quince por ciento. Uso un fumigador para lanzar el spray sobre las malas hierbas y con eso las mato y dentro de tres semanas, cuando vuelva, tengo un erial perfecto, sin malas hierbas y solo tendré que quitar la capa superior, aplanar, poner tierra nueva y sobre la misma desplegar las alfombras de césped.

Por la tarde, acabando de trabajar temprano y saliendo por patas para el aeropuerto, a facturar los siete kilos y trescientos gramos que llevo en mi mochila forclaz de cuarenta litros, todo un récord personal. Siete mudas de ropa, un teclado bluetooth, pulseras con citronella para los mosquitos y otras maravillas conforman mi preciada carga. Si hay algo de lo que estoy orgulloso es de viajar cada vez con menos cosas. Recuerdo cuando salía de mi casa con veinte kilos. Aquellos eran otros años. El equipaje de mano es otra mochila del mismo tipo pero de treinta litros en la que solo van los papeles, el iPad, la cámara, los cargadores y las medicinas del asma. Si compro alguna chorrada cuando esté por allí, al regresar esa mochila también irá petada o en el peor de los casos, me agencio con una maleta y lo meto todo dentro, aunque eso no entra en mis planes.

En fin, que hasta aquí hemos llegado. Cuando esto aparezca publicado yo debería estar aterrizando en el aeropuerto principal de Estambul y desde allí, salto un par de horas más tarde a Asia ….

2 respuesta a “El día de la partida”

  1. Porque he recibido las fotos y se que has llegado bien, si no estaría preocupadilla por lo del paso por Estambul, que están con el tema de la mina un poquito en ebullición por esos lares… Buen viaje.

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