El día de los arrecifes de coral y los barcos hundidos

El relato comenzó en Cruzando China camino de Manila

Mi cuarta y última excursión en Coron era una llamada Arrecifes y barcos hundidos tour D. Como siempre, desayuno a las siete y media de la mañana, mi favorito, el tosilog y después me recogieron a las ocho y pico. El barco, el cuarto en el que me monté de la compañía con la que he hecho todas las giras, era el más pequeño pero aún así, al final éramos once y la capacidad, por supuesto, de diez pasajeros, más los tres de tripulación que seguramente no cuentan. Teníamos dos franceses, un belga, dos daneses, un holandés/españó/africano, dos chinos y tres filipinos. Yo me apunto a estas cosas feliz y contento y no investigo nada porque estoy de vacaciones y no me interesa, así que allí me enteré que íbamos a una zona a una hora y cuarenta minutos de Coron. El tiempo lo maté hablando con una francesa que resultó que trabajó en Burgos hasta hace dos lunas durante cinco años y que ha viajado por todo el universo conocido. En el camino, en cierta parte, veíamos en el agua medusas como cabezones de joputas-koreanos-de-mierda o papahuevos canarios. Eran gigantes. Tras el viaje eterno llegamos a la primera parada fue para ver un barco japonés hundido en la Segunda Guerra Mundial. Está en Lusong y lo llaman el Lusong Gunboat. Está muy cerca de la superficie así que se puede ver perfectamente con gafas y tubo. Fue un flipe, es increíble cómo ha quedado cubierto de corales y la cantidad insana de peces que hay en el lugar. Estuvimos dando vueltas alrededor del mismo como tres cuartos de hora. Después fuimos a ver un jardín de coral que según el guía es el mejor conservado de Coron. En dos palabras, FAN TÁSTICO. Asombroso, es enorme y está en perfectísimas condiciones. Hay una cantidad brutal de corales de la máxima calidad. Es como entrar en otro universo. Estuvimos allí otros tres cuartos de hora y dimos una vuelta larguísima en el agua para ver todos los corales, a los primos de Nemo y un montón de pescados más. Espero que los vídeos queden bien para que flipéis. En la zona también hay alguna tortuga pero debía haber salido a desayunar o a tomarse un cafelito porque no la vimos. 

Dejamos el lugar alucinando en tres y hasta cuatro dimensiones y solo con gafas de bucear y no las TresDé y continuamos hacia la isla de Pass, un pequeño islote con una playa bonita y en el que parece que hay Cabañas para desconectarte del universo y quedarte unos días perdido. Allí almorzamos ya que aunque aquí algunos se quejan de que estas anotaciones son cortas, no se dan cuenta que las escribo con el iPad y que si sumamos una hora y cuarenta minutos, dos tramos de cuarenta y unos diez minutos para moverte entre sitios y habiendo salido sobre las nueve y cuarto, ya era bien entrado el mediodía. Después de almorzar y charlar nos metimos en el agua para ver otro arrecife súper-hiper-meta bien conservado y en el que hay unos moluscos gigantes, son como almejas pero de cuarenta o cincuenta centímetros de diámetro, imagino que las entrenan los mismos que preparan a los ciclistas para el Tour, el Giro y la Vuelta y están dopadísimas y con múltiples transfusiones. Ese arrecife está como a metro y medio de profundidad con lo que te tienes que mantener en la superficifie en todo momento para no romper los corales o que te pique algo. 

Vinimos saliendo sobre las tres de la tarde de allí y tras más de una hora llegamos a otro barco hundido, en East Tangat. La francesa se tiró al agua, el belga se tiró al agua, después fueron en paralelo la otra francesa y la danesa, yo entré detrás y en eso que todos ellos señalan a una medusa con mala baba truscolana que venía hacia ellos. Lo que ninguno de ellos veía era la otra medusa truscolana que venía desde el fondo del mar hacia nosotros. No hubo ni que gritar ¡truscolano el último y además maricón! Salimos del agua sin dignidad ninguna y cuando empezamos a ver aparecer medusa y más medusas, le dijimos al capitán que pasaran por encima con el barco y con eso y el bizcocho que nos dieron, a casita, que se dice rápido pero vinimos llegando al puerto sobre las seis menos cuarto. Después, fui con la francesa a mi panadería filipina favorita, estuvimos hablando un rato y seguí hacia mi pensión. Organicé el transporte al aeropuerto del día siguiente y me fui a cenar al Kawayanan Grill Station porque es el más cercano a la pensión. Después, volví a mi cuarto para procesar las fotos, cargar baterías, mandar los Correos y escribir la anotación. Mañana, jornada de transición con visita al mercado local y seguramente, el día que mandaré las postales de los que las pidieron. Por supuesto y gracias a la magia de la programación de la bitácora, la acción que aparece hoy sucedió el jueves pasado.

El relato continúa en Regresando a Manila desde Coron

3 opiniones en “El día de los arrecifes de coral y los barcos hundidos”

  1. Para tu ser feliz del todo te faltó en el barco contar con dos parejas, una de truscolanes y otra de cabezones coreanos…
    Salud

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