El día que buceé en Miniloc y anteriormente me cagué por las patas pa’bajo

El relato comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones

Mi primera jornada de buceo comenzó problemática. La noche anterior cené dos platos, un curry de pollo con arroz y una especie de sopa con fideos que me dió muy mal rollo. Me daba la sensación que aquello estaba petado de glutamato sódico y no me comí más de un tercio. Fue demasiado. A las tres de la mañana me desperté con unos dolores de estómago tremendos. Quería echar el jiñote, o en este caso el diarreote pero no podía. Como yo no puedo vomitar y al contrario que algunas comentaristas que al parecer sudan los desechos, yo los tengo que cagar. Entre las tres y las cinco no dormí demasiado pero a esa hora me metí en el baño y le cambié el color blanco a la cerámica del retrete por un camelo diarrea ciertamente mierda. Me quedé más a gusto que un arbusto, fue épico. Por desgracia, dos minutos después de volver a la cama hubo el enésimo apagón de luz en el Nido y ya no pude dormir más. 

A las siete bajé a desayunar con miedo pero la comida no me sentó mal y decidí irme a bucear, aunque le expliqué al Maestro Jedai de buceo lo que me sucedía por si veía un rastro canelito mientras nadábamos. Me pusieron en un grupo con dos australianos y un británico que vive en Alemania y que pronto será alemán, por aquello de cierto país que decidió dejar la Unión Europeda. Congeniamos desde el principio y además nos tocó ser coleguillas de buceo. Había tres grupos más, uno de estudiantes del PADI Open Water y dos más con expertos avanzados como nosotros. El barco del club es espectacular y tienen dos de esos. Son los mejores barcos del Nido. El club es el Submariner Diving Center y el maestro jedai del submarinismo que nos tocó era Errol. 

Salimos para nuestra primera parada, que era al sudoeste de Entalula. Seguíamos la corriente y cuando nos tiramos al agua descubrí un universo de corales preciosos y peces por millones. La inmersión duró cincuenta minutos y la profundidad máxima a la que estuvimos fue de dieciocho metros, con un agüita a veintiocho grados. Ya empiezo a controlar mi respiración y no me bebo el aire como en las primeras inmersiones. Hice algunas fotos e incluso vídeos con la cámara submarina que algún día hasta se verán por aquí. Salimos eufóricos con el subidón del lugar. 

Nuestra segunda parada era cercana. El sitio se llama Paglugaban. Aquí bajamos a veintiún metros, estuvimos cuarenta y siete minutos bajo el agua y había otro tipo de peces. El sitio también era increíble pero me gustó mucho más el anterior, además de que allí había mucha menos corriente y aún tengo pánico de estamparme contra los corales y hacer un estropicio que no veas. La salida fue más bonita porque estábamos en una zona con unos seis metros de profundidad con lo que la parada de oración y meditación de tres minutos a cinco metros la combiné con más exploración. 

Después de esto nos pusieron un almuerzo espectacular que también cuajó en mi estómago. Entre buceos me llevé la cámara y me dedicaba a hacer fotos de los islotes. Después de comer y esperar un rato comenzó la tercera inmersión, en el sur de Miniloc y la zona favorita de todos los que vienen al Nido. Es una inmersión en la que vas entre dos islotes. Hay un montón de tráfico entre ambos ya que está en la ruta del m´s popular de los circuitos de saltos de islas, el A por lo que tenemos que entrar desde uno de los lados e ir sumergidos hasta el lugar. Estuvimos cuarenta y seis minutos a dieciseis metros. Entre los dos islotes hay unos corales gigantescos como lechugas alucinantes y bandas de peces, no se cuentan por cientos ni por miles sino prácticamente por cienes y cienes de miles. El lugar te deja flipando. Im Presionante. Un festín visual. Hay un montón de corriente por lo que te quedas bien pegado a los corales y sigo alucinando con mi control para no estamparme on ellos. A estas alturas del viaje yo daba por sentado que habrían carteles de busca y captura por todas las Filipinas con mi gentil careto pero no ha sido así. Después de salir, allí mismo decidí hacer tres inmersiones más al día siguiente. 

Volví a coger la cámara y hacer fotos y el regreso al Nido lo hicimos charlando y con la moviola. Al llegar al centro de buceo, el maestro jedai de buceo nos firmó nuestros cuadernillos y me marché con el casi-alemán a tomar unas cervezas. Después quedamos para cenar y matamos la tarde y noche hablando, comiendo y bebiendo. Me pegué un hartó de calamar que estaba delicioso. A la mañana siguiente tendríamos otra ración con más de lo mismo. 

El relato continúa en Otro triplete de buceo en el Nido

3 opiniones en “El día que buceé en Miniloc y anteriormente me cagué por las patas pa’bajo”

  1. Pues mira que si se te suelta el jiñote diarreico buceando, acabas con toda la fauna y flora en kilómetros a la redonda…jajaja
    Ansío ver vídeos de buceo 🙂
    Salud

  2. Genín, a lo peor acostumbra a los preciosos peces de los fondos coralinos a hacer como los pangas, y se hinchan a jalar…. puag….

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