El día que entré a los pecios Olympia y Morazan Maru y caminé como en la luna en el lago Barracuda

El relato comenzó en El salto a Dubai que comienza las vacaciones

Mi segundo día de buceo en Coron comenzó como siempre temprano, que ya dice el refranero popular que quien se levanta la hora Virtuditas poquito buceo puede hacer. Me salí de mi tradicional desayuno filipino y opté por el occidental pero no haré algo así en el futuro. A las ocho bajé al club de buceo. Hoy éramos cinco, un filipino-australiano igualito a Julio José Catedrales veraniegas, una francesa y una pareja de gringos de Tejas, aunque la pava era de origen asiático. Todos ellos tenían solo el título de Aguas Abiertas por Moisés y claro, yo soy la élite, yo tengo el Avanzado con aguas hasta cerradas e iba con un maestro jedai de buceo para mí solito. He tenido suerte y ambos días ha sido así, con lo que es prácticamente como buceo V.I.P.

Como siempre, fuimos a la zona en la que los barcos recogen a sus pasajeros, nos subimos y teníamos casi hora y media hasta llegar al primer pecio así que me puse a tomar el sol y escuchar podcasts, que ya casi estoy acabando el mes de marzo y solo me quedan ochenta y pico por escuchar. El primer pecio era el Olympia Maru, un carguero japonés de ciento veintidós metros hundido por los gringos en un lugar con el fondo a treinta metros. Está cerca de la isla Tangat, que fue donde vi el segundo pecio el día anterior. Bajamos con una línea por la parte de proa y había un montón de corriente. La profundidad máxima a la que estuvimos fue de veintinueve metros y el tiempo total de buceo fue de treinta y ocho minutos. Por supuestísimo, entramos en el pecio, algo que me fascina. Estuvimos en la zona de carga. En el barco vimos una langosta enorme y un montón de peces León, peces ecorpión, pez cocodrilo y otros muchos que ni me se el nombre. Cuando salimos de la bodega ya más o menos se nos había acabado el tiempo que podíamos estar a esa profundidad, la corriente nos llevó a la línea y subimos bien agarraditos a la misma para que no nos mandara pa’l coño. Cuando salimos nos movimos a la zona del segundo pecio y al llegar comenzó a llover un montón. Esperamos la hora de rigor entre inmersiones, hablando y comiendo plátanos y galletas. 

El Segundo pecio era el Morazan Maru, otro carguero de ciento treinta y siete metros de eslora que está recostado en el fondo, creo que del lado de proa. El descenso máximo fue de veintidós metros y estuvimos cuarenta y seis minutos. Este es el pecio más espectacular de los que he estado hasta ahora por la combinación fantástica de corales, bancos de peces y por todo lo que se puede recorrer en su interior. En las bodegas de carga hay dos calderas gigantescas, todo un flipe. También había unas baldosas con nombres japoneses y en un lugar está como la suela de un zapato que se soldó al suelo del barco, seguramente por el calor cuando los bombardeos. Recorrimos un montón de salas en el barco incluyendo los baños y algo que puede que fuera la cocina. Al salir, bancos gigantescos de peces, jóvenes barracudas nadando a nuestro alrededor, ,corales de todo tipo, peces cocodrilo, escorpión, langostas y todo lo que te puedas imaginar. Desde el punto de vista de combinación de pecio con corales y vida animal, este gana por goleada absoluta a todos los demás que he visto. Fantástico. 

Al salir almorzamos hper-mega-excitados con lo que habíamos visto. Desde allí fuimos hacia la isla de Coron, que para los más despistados, aunque me quedo en Coron proper, la ciudad está en la isla de Busuanga y la de Coron no está habitada y es donde hay todo tipo de maravillas de la naturaleza, cmo el lago barracuda, uno en el que se mezclan agua dulce y salada y aguas termales. No necesitamos el traje húmedo para entrar, con lo que íbamos en bañador y con el equipo. También usamos muchísimo menos peso, en mi caso solo dos kilos. El barco nos dejó cerca y fuimos nadando hasta la orilla con todo puesto. Después nos quitamos la aletas para subir unos veinte escalones y bajar otros veinte y llegamos al lago. En esta inmersión solo bajamos a dieciocho metros y estuvimos cuarenta y seis minutos. Ha sido la más divertida hasta ahora. Según desciendes se incrementa la temperatura y a dieciocho metros estábamos a treina y nueve grados. Se puede ver la formación rocosa de la isla con una claridad increíble. Hay vida allá abajo aunque no mucha y se acercaban curiosos. Después fuimos a una zona a unos doce metros y comenzó la diversión. El fondo es arenoso, nos quitamos las aletas, que agarrábamos con las manos, saltabas y era como andar por la luna. Al respirar subías más y al exhalar el aire bajabas. UNA PASADA TOTAL. Estábamos todos allí haciendo el tonto durante unos veinte minutos, siguiendo una ruta saltando por rocas, cruzando puentes submarinos y haciendo todo tipo de boberías. Fue lo más. Salimos alrededor de un grupo de chinos que fliparon usando nos vieron llegar desde el fondo del agua del lago y saltando como saltamontes. Después tuvimos que subir los veinte escalones, bajarlos por el otro lado, tirarnos al mar y regresar al barco nadando. En lugar de ponerme las aletas, las usé como manoplas y cuando había poco fondo caminaba con los escarpines. No creo que este se pueda considerar un día típico de buceo porque si fueran todos así, el paraíso estaría en la tierra. 

El barco nos llevó de regreso a la ciudad de Coron, nos despedimos y yo me fui a tomar un helado antes de regresar a la pensión.  Por la noche tripití con el Lolo Nonoy Food Station, que me gusta un montón su comida y en particular su Leche Flan

Las fotos y el vídeo de lo que sucedió el día de este relato están en la anotación Caminando como en la luna en el lago Barracuda y visitando los pecios del Olympia Maru y el Morazan Maru y el relato continúa en El Akitsushima, el Okikawa Maru y el Lusong Gun boat

6 opiniones en “El día que entré a los pecios Olympia y Morazan Maru y caminé como en la luna en el lago Barracuda”

  1. Supongo que después de la guerra, aprovecharían sacando un valioso material de los barcos hundidos porque hay cantidad de cosas rescatables, e imposible de imaginarse los marineros mientras se ahogaban, que iban a servir de atracción turística, al menos, sus pobres barcos…
    Salud

  2. Genín, los chinos trincaron todo lo que pudieron de los pecios. De algunos se llevaron motores y carga. Entre los bombardeos y los agujeros que hicieron los chinos, es más fácil entrar y salir en ellos.

    Luis, ciertamente y volveré a las Filipinas para ver los que me faltan.

  3. Y cuanta plomada tuviste que poner para bajar ahí en la inmersión donde solo llevabas dos kg? Porque tú pesas aproximadamente medio kilo escaso, si no te pones plomos, no te hundes, es física básica….

  4. Dos kilos, obviamente. Y yo me hundo perfectamente ya que, al contrario que ustedes, soy hueso y carne y NADA DE GRASA, que es lo que flota. A ti y al otro, calculo que haría falta una hormigonera llena o quizás dos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *