El día que se me escoñó el lavavajillas

La semana pasada fue dramática, con lo peor que le puede suceder a uno en esta vida pasándome a mi. Por un instante fue como si el mundo se desplomó sobre mi sacrosanta persona para que no levante cabeza, como diría aquel intelectual que se hizo famoso por estar en una casa llena de cámaras. Era el lunes por la tarde/noche, acababa de cenar, recogía toda la loza, la metía en el lavavajillas, lo ponía en marcha y un rato más tarde, me paso por la zona y hay agua y espuma en el suelo. Hubiese preferido que me roben todos los gallumbos, que sin ellos se puede sobrevivir, como ya he demostrado durante mis vacaciones en Asia pero sin lavavajillas sí que no. Además, es que el aparato era prácticamente de paquete, solo tenía doce años y medio, recién terminada la garantía de cinco años, como si dijéramos.

Lavavajillas Ariston más bien muerto

Fue un disgusto tan grande que ni escribí en el mejor blog sin premios en castellano, me acurruqué en el sofá a lamentarme por mi malísima suerte. Descarté el llamar al servicio técnico, ya que con la edad del artilugio y el precio de la visita, ya me imaginaba lo que me iba a costar repararlo, seguramente para que caiga dentro de dos años y como hace tres años ya le habían cambiado algún tubo que estaba mal, opté por lo práctico, substituirlo. Lo primero fue buscar la marca en internet y me encontré que han abandonado ese mercado, o fueron comprados por otra que les cambió el nombre o algo así. Mi lavavajillas original era un Ariston, una maravilla que jamás ha desfallecido. Una peculiaridad del artilugio es que tengo uno estrecho, de cuarenta y cinco centímetros de ancho y empotrado en la cocina, con lo que el universo de posibilidades es muy limitado. Tenía la opción sueca, que no me gustaba y que incluso en su propia página la gente comenta que no es muy allá, dos opciones alemanas y tras estrujarme el cabezón me acordé de algunas marcas italianas y ahí fue cuando descubrí que la antigua Ariston ahora forma parte de otro grupo en el que está Indesit y que tenían un modelo que se parece escandalosamente al que yo tengo. Lo encontré en mi tienda de electrodomésticos favorita, lo compré y elegí pagar algo más de dinero para que desmonten ellos el viejo, lo retiren, instalen el nuevo y le pongan toda la parafernalia del panelamiento. Toda la operación me tomó unos minutos del martes por la tarde, el miércoles por la mañana me llamaron y acordamos que vendrían el jueves por la mañana a instalarlo. Yo quité el panel inferior del lavavajillas por si la zona estaba petada de agua y jabón para limpiarla.

Lavavajillas estrecho panelado en mi keli

Así estaba la cosa el jueves por la mañana después de hacerme unas Tostadas francesas para desayunar ya que es un pecado divino el no aprovechar el trabajo desde casa para comer algo diferente. Como venían a las once de la mañana y yo ya estaba en racha, me puse y cociné una Crema de calabaza asada con dos calabazas que compré unos días antes y ya con carrerilla, hice un Brownie para llevar el viernes a la oficina y como el horno estaba caliente, pues de paso me hice unos mantecados, que parece que ya bordo la receta esa tan sencilla y que me ha costado tanto. Por supuesto, también podría haberme dedicado a currar sin más, pero es una pena estar tan cerca de la cocina y no sacarle partido y además, ese día volvía a tener lavavajillas.

Lavavajillas Ariston después de desmontarlo

El instalador me llamó a las diez y media diciendo que estaría por mi casa sobre las once pero en realidad llegó un cuarto de hora antes. Si soy yo el que tiene que hacer lo que él hizo para desmontarlo, me pego ocho horas y es una chapuza del copón pero el colega en un pis-pás lo tenía fuera y el hombre como que lo cargó el solo. En la imagen anterior se puede ver que pese a todo el trafiqueo de comida en mi horno y cocina, todo estaba recogido.

El hueco para el lavavajillas en la cocina

Cuando lo sacó aproveché para limpiar la zona, que estaba tal cual quedó cuando montaron la cocina en el año 2005 y siempre es bueno pasar un trapillo. A la derecha está la nevera/congelador, también panelada y a la izquierda está el fregadero y sus bajos fondos. Aunque en esta imagen se puede ver las patas de los muebles, todo eso está cubierto con un panel gigantesco que retiré.

El nuevo lavavajillas Indesit

Con la misma gracia que se llevó el lavavajillas viejo, el colega trajo el nuevo, ya desembalado y se preparó para encajonarlo en su nuevo hogar. Han pasado trece años pero parece que la tecnología no ha evolucionado demasiado, es más de lo mismo.

Interior del lavavajillas

El hombre acabó el montaje en menos de media hora y siguió su recorrido por casas de otras familias con el mismo problema. Lo dejó funcionando en un programa corto para quitarle el agua que al parecer traía dentro y cuando llegué de la oficina, lo comencé a cargar. En la caja para poner el detergente y el líquido para abrillantar se puede ver que está hecho por los mismos que el viejo, ya que después de trece años siguen usando el mismo diseño. Han cambiado un poco la distribución en el interior pero vamos, que tampoco es que sea muy diferente.

El nuevo lavavajillas en su nuevo puesto de trabajo

Solo cuando hizo su primer ciclo descansé tranquilo. Si dura como el anterior, la próxima crisis debería suceder en el año 2031 y hasta ese día falta un rato bien largo. Con la magia del panelado de los electrodomésticos, no hay manera de saber que el aparato que está detrás es otro diferente. Vistos de frente, en su puesto de trabajo, ambos tienen el mismo aspecto.

4 opiniones en “El día que se me escoñó el lavavajillas”

  1. Reconozco que tampoco sé vivir sin él. Este cacharro y la secadora de la ropa han cambiado mi vida. Tengo en casa un Balay que tiene también doce años, y creo que es exactamente igual al que pones en las fotos, de 45 cm. Tan bien ha ido siempre (sale la media a un lavado y medio al día) que compré uno de 12 servicios (60 cm.) para otra cocina, ese cuesta más llenarlo, pero aún así sale a lavado diario cuando estamos por allí. Y lo mejor de todo, la cocina siempre recogida, porque a medida que vas usando cacharros vas colocándolos dentro. ¿Se nota mucho que le tengo cariño?

  2. Seguiré pensando, palabra, pero no consigo entender para que coño quiere un lavavajillas un tío solo, tiene que dar mas trabajo llenar un cacharro de esos para ponerlo a funcionar que lavar dos platos un vaso y tres cubiertos a mano, en fin, no lo puedo entender……
    Otra cosa es una familia, entonces lo entiendo…
    También lo podría entender si fueras truscolán… 🙁
    No es nada personal, palabra… 😉 🙂
    Salud

  3. Dice el que no cocina. Yo hago como 3 lavavajillas por semana, a veces más. Los calderos y todos los boles y coñas que uso para cocinar se ensucian. Las magdalenas no se preparan en el aire, o el brownie o el chocolate con churros ….

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