El día que subí a la colina de Mandalay

El relato del viaje a Birmania y Tailandia del 2011 comenzó en la anotación De Utrecht a Bangkok pasando por Hilversum y Amsterdam

Inicialmente tenia previsto volar a Mandalay desde Yangon a medio día y calculaba que llegaría al B&B entrando la tarde. Me enrocaría sin hacer nada. Me advirtieron que aquí se cancelan vuelos continuamente y de hecho el mío a Mandalay lo anularon y tuve que tomar otro por la mañana que me dio medio día extra en Mandalay. Después de hablar con el encargado del Peacock Lodge, opté por comenzar a visitar templos y subir a la colina de Mandalay ya que el día se presentaba bueno y uno nunca sabe si a la mañana siguiente vamos a tener un Monzón de cuatro días.

La primera parada fue en la Pagoda Atumashi Kyang en donde me compré el combo-ticket que vale 10 dólares y que te permite entrar sin problemas en la mayoría de los sitios. Dcen que hay formas de esquivarlo pero estando en temporada baja, pasé de arriesgarme. El templo se construyó en 1857 encargado por el rey Mindon. En su interior había una imagen de Buda muy famosa pero en el periodo británico la robaron. El templo fue reconstruido después de un incendio. Lo más curioso es que en los rincones te topabas con parejas dándose el piquito a escondidas. Desde allí fui a la Pagoda Shwenandaw Kyaung, totalmente construida de madera y que además resulta ser la única parte del palacio real que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial. Este edificio era parte de las dependencias en donde vivía el rey Mindon e incluso murió en el mismo. Su sucesor, el rey Thibaw Min mandó desmontarlo y trasladarlo fuera del palacio y se convirtió en un monasterio en 1880.

Mi tercera parada fue en la Pagoda Kuthodaw, la cual dicen que tiene “el libro más grande del mundo”. Estos tres templos están entre los del combo-ticket así que de no haberlo comprado me los habría perdido. El libro son 729 placas de mármol enorme, cada una en su pequeña estupa y juntas conforman los quince libros de Tripitaka. Tuvieron a 200 intelectuales trabajando para escribir todas las losas de mármol. Según mi guía, leyendo ocho horas diarias a una persona le tomaría 450 días para acabarlo todo. Al parecer en el 1900 se hizo la edición en papel y salieron 38 tomos de 400 paginas cada uno. Hoy en día seguro que lo llevas todo en tu iPad y dudo mucho que entre en una cutrada de Android porque no se hacen estas cosas para los pobres y roñosos. Cuando entré en el templo me fijé que había un montón de jovencitas vestidas de folclóricas, todas risueñas y esperando algo. También se veía una cantidad anormal de la pasma echando a mendigos y similares aunque aparte de los niños vendedores de postales que siempre ninguneo, a mi no me molestó nadie. El sitio es muy interesante y se construyó en 1857.

Este es un buen momento para explicar que mi taxi era una diminuta furgoneta pickup Mazda de 1969 que en la parte trasera puede llevar 4 personas (va cubierta). Son preciosas y estos pequeños taxis van siempre pintados de azul. El motorcillo de estas cosas debe ser un dos tiempos. Ya veréis alguna foto del mío, al cual bauticé como “Budchingo” ya que con él fui a ver todos los Budas.

Regresando al recuento de Pagodas, desde allí fui a la Sandamuni, justo al lado y que como tiene entrada gratuita es la que ven los que no quieren pagar. Se supone que es una “extensión” de la Kuthodaw y tiene 1774 losas de mármol todas y cada una con su correspondiente estupa en las que están los comentarios al Tripitaka de la otra Pagoda. Se construyó en 1913 en el mismo lugar en el que asesinaron al príncipe Kanaung.

Todo esto está en la misma zona. La ultima del barrio es la Pagoda Kyauktawgyi, la cual se acabó de construir en 1878 y en la que hay un enorme Buda sentado de 9 metros de altura y 900 toneladas de peso y construido con un único bloque de mármol que dicen que era tan garrulo que lo tuvieron que traer 10000 hombres, arrastrándolo durante 13 días. El festival más pachanguero de Mandalay se celebra En este templo a mediados de octubre para conmemorar Thadingyut o el final de las lluvias. Aquí fue donde me crucé con el primer occidental en Mandalay, ya que en temporada baja somos muy pocos los que nos dejamos caer por el barrio.

Desde aquí fuimos a la subida oeste de la colina de Mandalay, esa que nombran un montón de canciones y que da titulo al libro de Rudyard Kipling “El camino a Mandalay”. La colina tiene unos 250 metros de altura y la subida que yo usé es la más autentica, todo a pie, DESCALZO, por unas escaleras cubiertas que serpentean y que parecen interminables y en las que hay un montón de sitios para pararte a descansar. En el ascenso te cruzas con gente que vive allí, vende, mendiga simplemente pasaba por allí. Para los más gandules hay una carretera que los lleva casi hasta arriba y los deja en un sitio en el que pueden coger un ascensor o unas escaleras mecánicas. Debido al calor lo mejor es subir antes de las diez de la mañana o después de las cuatro de la tarde. En la subida sudas hasta el alma. En el camino hay varios altares y en uno de ellos se supone que están las reliquias Peshawar que dicen contienen tres huesos de Buda. A este pobre, después de morir le quitaron los pelos, lo deshuesaron y lo vendieron como mercancía de templo barata. Cerca de la cima te cruzas con un Buda de pie que señala hacia la ciudad. Al parecer hizo una profecía de una gran ciudad en ese lugar que se levantaría en el año 2400 de su fe que equivale a 1857 al pasar por el lugar con sus discípulos con lo que técnicamente, he estado en un sitio en el que andó el mismísimo chamo del Buda. El rey la mandó construir y trasladó el reino a Mandalay y esto explica también el por qué todos los templos son del siglo XIX o XX. En la parte superior de la colina hay algún altar, una estupa muy cachonda y unas terrazas perfectas para la puesta de sol y ver Mandalay y alrededores. Tenían unas alfombras verdes súper lujosas y unos bita Ines con ambiente Chill-Out que me dejaron flipando. Mientras esperaba a la puesta de sol y hacia fotos, aquello se fue llenando con las chamas que vi en la Pagoda Kuthodaw. En un momento determinado se llenó de polis, tíos con cámaras de televisión y de fotos y apareció una comitiva de VIPS. Era el presidente o lo que quiera que tengan en Vietnam, con su patrona y su séquito de parasitos. Eso explica que el lugar estuviese limpio como una patena. los mandatarios llegaron, les hicieron fotos, firmaron un libro y ningunearon la comida y bebida del ambiente Chill-Out que al parecer era para ellos. Cuando se fueron, los camareros se pusieron tibios con la comida y bebida. Yo monté mi trípode y me puse a hacer fotos de la puesta de sol. Terminada la misma, pateo de escaleras de vuelta y tras llegar al Budchingo, regreso al motel en donde me tenían una cena birmana preparada. El día fue muy completo e interesante.

El relato continúa en Excursión a Mingun