El gran Buda de Lantau

El relato de este viaje comenzó en El comienzo de otro gran viaje

En el mostrador de información turística me pusieron al día de lo que tenía que hacer y gracias a la servicial chica fui directo a dejar la mochila en la consigna, me compré un Airport Express Travel Pass y salí a buscar el autobús S1 que hace una ruta circular hasta la estación de Tung Chung. El aeropuerto de Hong Kong es una pasada, posiblemente el mejor que he visto en mi vida. Además de Wifi gratuito por todos lados, es inmenso y al mismo tiempo acogedor. Las avenidas por las que caminan los pasajeros parecen autopistas y no se hizo pensando en llenarlo todo de puestos de venta justo en donde tienen que estar las personas. El aeropuerto tiene un montón de niveles y según lo que pretendes hacer vas a unos o a otros. Al salir a tomar el autobús me golpeó el calor. Venir de Holanda, con 9 grados cuando salí de mi casa y plantarme doce horas más tarde en otro sitio a 26 es un cambio drástico. En el autobús tenían el aire acondicionado en las condiciones óptimas para preservar pescado fresco pero a nadie parecía importarle. La guagua nos dio un paseo por las instalaciones del lugar antes de cruzar el puente que separa la isla del aeropuerto de la de Lantau y en la estación Tung Chung nos bajamos todos.

Desde allí sale el teleférico hacia el Monasterio de Po Lin que es en donde está el Gran Buda pero no comenzaba a funcionar hasta las diez de la mañana (y eran alrededor de las ocho en ese momento) así que opté por tomar el autobús número 11 e ir hasta Tai O, un poblacho de pescadores que tanto la Chinita como otro de mis compañeros me habían dicho que visitara. En la guagua todos eran chinos salvo por otro occidental que llevaba una Canon 5D Mark I. Aunque las distancias no son muy largas, la carretera sube un montón y serpentea por la costa y tardó casi cuarenta y cinco minutos en llegar. Este pueblo es uno de los asentamientos de pescadores más antiguos de Hong Kong y también tenían salinas.

Paseé entre chabolas, casas desvencijadas en las que malamente parece que se pueda vivir. En algunas de ellas un grupo de viejas jugaba a algo sin determinar y en otras las veías preparando comida o acumulando basura. El pueblo está dividido en dos, con una de las partes en otra islita y ambas se unen por puentes y también sobre el agua hay más casas. Aunque el sitio es pobre de vicio no notas ningún tipo de inseguridad y la gente no te mira como si fueras el pan para hoy, algo que sí que te pasa en algunas calles de Madrid o Barcelona (o las Palmas ??) Anduve por el mercado del pueblo alucinando con las cosas que comen. Secan pescado al sol y os podréis imaginar que el tamaño de las moscas es antológico. También había mucho gato a los que se les permitía pasearse por los mismos lugares en los que luego exponían los productos y los pescados y mariscos los mantenían vivos en peceras, algo que me llamó mucho la atención. Visité el templo dedicado a Kuan Ti, el dios de la guerra y uno al que la gente le reza para pedirle protección. Aunque era temprano, aquello ya apestaba a incienso.

Después fui a ver el templo de Hau Wong para el que tuve que caminar un ratillo por un callejón y por las calles de casas sobre el agua, llenas de perros, gatos sin cola y viejas sin dientes que me miraban con curiosidad. En el templo tenían una especie de barco, algunos huesos de tiburón y la cabeza de una ballena que se encontraron los pescadores al fundar el villorrio.

Tras ver lo que había que ver y como no tenía hambre (aún estaba embuchado con el desayuno del avión), volví a la parada de autobús y allí me encontré con el otro occidental. Seguramente ambos teníamos la misma idea, tomar el autobús 21 al monasterio Po Lin pero nos quedamos con las ganas porque ese día no circulaba y tuvimos que regresar en el 11 a la estación de Tung Chung. Allí me dirigí al teleférico en el que ya había cola y compré mi billete. Tras esperar unos quince minutos me tocó el turno. Caben unas ocho o diez personas sentadas y los llenan meticulosamente. En el mío, además de los chinos estaba el otro occidental, en nuestra tercera coincidencia. El recorrido es bastante largo y espectacular. Pasa muy cerca del aeropuerto y después sube hasta las cimas en las que está el monasterio. En total son unos veinticinco minutos. En el tramo final se podía ver el inmenso Buda sentado tocándose los mondongos.

Para cuando llegamos yo estaba deshidratado y hambriento así que lo primero que hice fue buscar el sitio en el que iba a almorzar, un menú vegetariano que incluía una sopa que estaba de cambarse de buena y un plato de verduras con langostinos y tofu (creía que los vegetarianos no comen marisco pero debo estar muy equivocado). Me quedé bien lleno y aproveché para comprar una botella de agua.

Una vez mi tripa estaba contenta, fui hasta el gran Buda, cuyo nombre científico es Tian Tan Buddha, el cual se encuentra al final de una escalera con 268 escalones y mirando hacia el monasterio. La figura es de bronce, tiene unos treinta y cuatro metros de altura y pesa 250 toneladas, según mi guía turística más o menos lo mismo que un Jumbo. Costó una purriada de millones y cuando se abrió al público después de consagrarlo en 1993 se convirtió en la mayor atracción de Lantau. Subí las escalinatas haciendo fotos a destajo y disfruté como un enano en el lugar.

Después fui al monasterio Po Lin y también es espectacular, sobre todo para lo que es habitual por Hong Kong. Es enorme y tiene dentro tres estatuas de unos tres metros de alto. Allí queman incienso por kilos cada minuto y la gente hace unas ofrendas ostentóreas que dirían algunos intelectuales.

Merodeé por el lugar, hice todas las fotos que quise y cuando me aburrí me dirigí de nuevo hacia el teleférico, en donde la cola de bajada era más considerable. Me metieron en uno en el que había seis rusas y al poco trajeron al otro tío y también lo entraron. En total nos cruzamos como cinco veces y ahí intercambiamos unas frases de cortesía. Si me lo vuelvo a tropezar otro día, le doy mi dirección de correo y le regalo un pase para ser mi amigo porque tanta insistencia del destino tiene que tener algún propósito.

La media horilla de bajada la pasé tratando de superar el cansancio del día gigantesco y cuando llegamos a la base salí escopeteado para coger el autobús circular que me llevó de vuelta al aeropuerto en donde recogí mi equipaje y me monté en el tren que me llevaría hasta la estación de tren de Hong Kong Central. Es un viaje de media hora en el que iba durmiéndome de puro cansancio. Allí tuve que esperar un rato para tomar un taxi que me dejó en el hotel, el cual está en el barrio de Wan Chai y se llama JJ Hotel.

JJ Hotel Hong Kong

Un rato más tarde salía a coger el metro e ir hasta Tsim Sha Tsui y disfrutar desde allí con la sinfonía de luces que hacen con los rascacielos. Aún no lo he comentado pero aquí se construye hacia arriba y los edificios de cincuenta plantas o más florecen como setas en el bosque. Ha habido también alguna guerra entre arquitectos y han hecho que la vista desde el otro lado de la bahía sea espectacular. La sinfonía quedó un poco desmerecida por la bruma pero aún así estuvo genial y después, paseé un rato por el paseo de las estrellas en el que la de Jackie Chan es la sensación máxima. La gente adora a ese hombre. La de Bruce Lee también tenía sus seguidores pero ni punto de comparación.

Totalmente agotado volví al hotel y así acabo mi primer y larguísimo día de vacaciones en Asia. 

El relato continúa en La isla de Hong Kong

9 opiniones en “El gran Buda de Lantau”

  1. Vaya comienzo de viaje. Hijo, cómo puedes. Yo después de estar tantas horas de viaje estaría pidiendo ingreso en un Hospital y tú de visita. Sigue contando pronto y que te diviertas

  2. Si creen que esto es fuerte esperen a leer lo de los dos días siguientes, que ya está escrito y esperando a aparecer estos días. Después ya me relajé un poco y en Malasia fui de lolailo tocagüevos y hoy en Camboya tampoco he hecho nada que no fuera a menos de cinco metros de la piscina. Mañana me toca el primer de los tres días en los templos de Tombraider y el cuarto día creo que también estaré ocupado, después jornada de viaje y dos días en la capital del país antes de continuar hacia el sur de Camboya.
    A mi regreso a Malasia estoy pensando en ir dos días a Melaca para no darme el palizón y tener tiempo de rascarme la barriga.

  3. Si ves a la Jolie en los templos esos dile que Aliena está deseando pegarle un “viaje en avión” al Pitt. Que disfrutes!

  4. jaja, a ver qeu me conformo también con el maromo griego ese que te mandé eh? no tiene qeu ser exactamente Brad. Sulaco me llama la atención tu poca falta de comunicacíón en vuelos y demás, aunque yo mas qeu comunicar me comunican, debo tener cara de “cuénteme su vida” a falta de avión tengo pasado muchas horas de bus y escuchado muchas historias.

  5. Coñó con la habitación! Casi nada!!!! Si que te cuidas mal, si. Solo le pongo un pero, si la usas con la pareja, y te entran ganas de echar un… pino…. ese retrete con vistas no te hacen ganar puntos de sensualidad precisamente, no?

  6. Tiene persianas que se pueden bajar para dar algo de intimidad. Por lo que he leído, las añadieron más tarde ya que la gente se quejaba. Imagina que viajas con algún amigo y cada vez que jiñas, el otro (o la otra) se lo goza en 3D y con Dolby Surround.

  7. eso es una habitación y lo demás son cuentos! yo estuve en una que tenia puerta en el baño con vinilo y justo en el medio donde se veia el retrete el vinilo era transparente, todavia a dia de hoy no le encontré el sentido.

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