El gran circo de Asia: Ovations!

Recuperamos otra de esas historias legendarias que fueron publicadas a través de la lista de correo. Hoy nos remontamos hasta Octubre del 2002 y narramos el día que fuimos al circo.

Parece que hay cierto consenso en que soy verdulero y vulgar. Por eso, algunos de mis colegas se empeñan infructuosamente en elevar mi nivel cultural. En esta ocasión, que sucedió un día antes de marcharme a España de vacaciones de verano mi amigo el turco decidió que yo necesitaba ir al circo, pero no a un circo cualquiera, sino al THE GREAT CIRCUS OF ASIA: OVATIONS! formado por dos compañías: Nugzarov, the sensational horse theatre y the National Circus of Pyongyang, North Korea. Ambas compañías han recibido un montón de premios por su espectáculo y en esta visita a Holanda, en lugar de la clásica carpa a la que la palabra circo nos tiene acostumbrado, actuaban en un teatro al que le habían quitado el patio de butacas para poder situar la pista del circo.

En fin, que un sábado a medio día nos vamos pa?l circo con entradas para los mejores asientos posibles, porque eso sí, a mí se me puede intentar culturizar pero con estilo y no en gallinero que en esas cosas soy muy sensible.

Yo andaba un poco mosca con el hecho de que no hubiera payasos ni animales (salvo los caballos). Al menos cuando llegamos el teatro tenía muy buena pinta: situado en Ámsterdam, el Koninklijk Theater Carré tiene a sus espaldas más de 100 años (fue inaugurado en 1887). Casualmente esa fue la calle en la que posteriormente se compró el turco su casa.

El espectáculo constaba de dos partes. Primero los rusos con su show de caballos y después los norcoreanos.

El show de los rusos fue increíble. Se subían a los caballos en movimiento, se bajaban, saltaban de uno a otro, se movían como pulgas alrededor de los caballos. En fin, algo de otra galaxia. Los rusos eran extremadamente ágiles y la ve
rdad que su espectáculo merece la pena.

Cuando acabaron y tras una pausa para preparar el teatro comenzaron los norcoreanos su espectáculo de trapecistas. La gran decepción fue que usaban red, con la ilusión que yo traía de que alguno se estampara contra el suelo, motivo por el cual traje la cámara para hincharme a hacer fotos si pasaba. Pero bueno nunca llueve a gusto de todos.

Al salir los coreanos todos mis sensores y alarmas se dispararon. Había algo raro allí algo que no cuadraba y no me refiero a los doscientos policías políticos para que no se escapen. Me refiero a su anatomía.

Todos sabemos que hay distintos colores y formas en este mundo. Los norcoreanos sobresalían por esos tremendos CABEZONES cuadrados. Cristo bendito. Si parecían pelotas de Bádminton gigantes. Es que no me extraña que sean tan buenos trapecistas. A ver quien puede competir con esa gente cuando están volando por el aire. Con ese cabezón el centro del equilibrio está claro donde se encuentra.

La otra cosa en que pensaba es en esas pobres mujeres que paren sin cesárea esos trullos. Tiene que doler largar por el coño semejantes cabezudos.

Bueno, el cabezón mayor era el encargado del cuádruple salto mortal. Un compañero lo impulsaba, lo lanzaba por el aire desde un pequeño trapecio, daba cuatro vueltas y lo agarraba otro. Se sube el supercabezudo al trapecio, comienza a coger fuerza y zás, sale disparado por el aire. Da 1, 2, 3 y 4 vueltas pero el que lo tiene que recibir no lo puede agarrar (lo crean o no se le escapó la cabeza) y cae a la red. .. ?? ?? que decepción. YO me daba de hostias pensando lo bien que habrían quedado mis fotos si no hubiera habido red. Se levanta de la red un poco desmoralizado se dirige de nuevo al trapecio y a comenzar de nuevo.

Tras coger carrerilla sale disparado de nuevo y tras las cuatro vueltas de rigor, que con semejante mollera levantaba una ventolera de cojones, el receptor lo agarra pero se le resbala y cae.

Abajo los de seguridad política se ponen nerviosos y el chiquillo como que los mira con carita de pena. El que tenía que recogerlo en el aire le dice algo en coreano y el chaval casi se echa a llorar. El que lo recogía tenía el barrigón coreano más grande que he visto en mi vida. El hijoputa seguro que se comía la comida de los que fallaban y le debía estar diciendo a este pobre que ya esa noche no cenaba.

Se sube el pobrecillo de nuevo al trampolín arrastrando esa testa y tras coger carrerilla, salta y esta vez es que ni se tocaron. Se queda un rato tirado en la red, yo creo que llorando y el barriguitas gritándole que se volvía loco todo fuera de sí.

El joven no se rendía y vuelve a subirse. Mi amigo el turco, muy agudo me dice que ahora lo consigue y ya verás como la gente aplaude como loca. Dicho y hecho. Salta, lo logra, lo agarra el tripas, y aquello fue el acabose. Las holandesas poco menos que se arrancaban pelos del coño para tirárselos. Acaba la exhibición aérea, bajan al suelo, se ponen un gorro típico coreano con una cinta de varios metros justo en el centro de la testa y se ponen todos en formación de ataque.

Al grito del cabecilla comienzan a mover las cabezas en plan niña del exorcista y las cintas comienzan a girar alrededor de aquellos helipuertos. De la ventolera tan grande me tuve que agarrar a la butaca porque pensé que nos echábamos a volar. Aquellos continuaban dale que te pego con las cabezas, acelerando y acelerando y aquellas cintas dando vueltas como locas y las madres agarrando a los hijos y agarrándose ellas mismas a donde podían para evitar salir despedidas. No os lo creeréis pero yo calculo que se renovó todo el aire del teatro en menos de 15 segundos.

Cuando acabaron aplaudimos como descosidos porque eso sí que fue impresionante. Nunca pensé que los músculos del cuello pudieran aguantar tanta tensión. Por descontado agarré un resfriado, algo lógico con esos airotes.

En fin, que salimos de allí aún con los ojos irritados de esa corriente tan fuerte y volvimos a casa más contentos que el carajo.