El nuevo ala este de césped

En las últimas semanas he mencionado en varias ocasiones que durante todo el verano he andado ocupado con un pequeño proyecto en mi jardín. En realidad, todo comenzó en mayo, justo antes de irme de vacaciones a Asia, cuando ya empecé a matar las plantas de una franja de tierra de unos catorce metros de largo y ochenta centímetros de ancho. El objetivo era poner césped en ese lugar y aligerar significativamente mi carga de trabajo, ya que con el jardín actual, sencillamente no doy abasto y no me apetece pasarme ocho horas semanales arrancando malas hierbas y tratando de mantenerlo todo controlado, lo cual resulta imposible porque con lo que llueve por aquí, las plantas de mi jardín están desbaratadas y crecen como locas. Uno de los primeros pasos fue trasplantar un manzanero, algo que hice cuando aún no se había despertado del sueño invernal, mover una parra (también en invierno), cambiar otro mato del que no tengo ni idea de su nombre y matar sin escrúpulos una cantidad bárbara de hortensias que llenaban mi jardín. Quería algo más abierto, menos cargado y en donde con poco esfuerzo pueda limpiar y adecentar y que el resultado sea aparente tras una hora de trabajo a la semana.

Después de regresar de vacaciones comencé con la tarea de trasplantar un par de plantas de esas que cubren el suelo y que quería poner en rincones y empezar a quitar la tierra, aflojarla y sacar todas las raíces y bulbos que hay enterrados en la misma. Eso me tomó parte de junio y básicamente todo julio y algo de agosto. Cada semana, llenaba mi contenedor con una cantidad brutal de tierra, bulbos y raíces, algo increíble porque cuanto más sacaba, más parecía haber. Finalmente llegó un momento en el que todo tenía buen aspecto y la tierra estaba en el nivel adecuado y blandita y cuando por fin fui a comprar el césped, en rollos de dos metros y medio de largo y cuarenta centímetros de ancho, me dijeron que tardaban una semana en tenerlo preparado y que el día en el que lo reciben es los viernes, con tan mala suerte que justo ese día era cuando me iba Una semana a Gran Canaria. Para evitar demorarlo más, apalabré con mi vecino que él lo reservaría y así yo lo podía recoger al volver y hacer el trabajo.

El sábado por la mañana, a las diez de la mañana, el Rubio pasaba a recogerme con su coche y la carroza que le pone por detrás cuando se va de vacaciones a Francia y se llevan hasta los huesos de los bisabuelos, que no se como lo hacen pero siempre viajan con miles de kilos de cosas (entre otras, cinco bicicletas). Fuimos a la mega-maxi-hiper-ferretería, compramos seis sacos de tierra y recogimos el césped. En total, un dineral, tanto como doce rollos de césped vivo por treinta y un leuros y la tierra nueve leuros más. Lo trajimos a mi casa y el Rubio se piró porque tenía un montón de recados de su Primera Esposa. Yo me quedé con mi vecino y comenzamos la faena, aunque el día anterior yo ya había cardado la tierra y extraído las malas hierbas y los bulbos que se me habían escapado en las dos rondas anteriores. Durante las siguientes dos horas, pusimos tierra nueva y fértil, pusimos el césped y nos aseguramos de que todo quedara bien. Después, como nos sobró un rollo, quitamos una franja en otra de las zonas que tengo con césped y la reemplazamos por césped nuevo. Regamos, ajustamos los bordillos del parterre, limpiamos y acabamos tras casi tres horas y algo de trabajo. El resultado de mi pequeño proyecto veraniego es espectacular.

La nueva zona es el ala este, que junto con el ala noroeste y el ala suroeste conforman las tres nuevas zonas de césped. En esta primera foto se puede ver el resultado mirando desde la puerta de la cocina. Es una franja de césped enorme. También se puede ver uno de los manzaneros, con las dos únicas manzanas que ha producido, el ala suroeste y el contenedor de basura de jardín. El ala suroeste está algo descuidada porque me he dedicado de lleno al proyecto aunque hoy ya he comenzado a arreglarla y en una semana espero que luzca divina.

Si miramos la misma franja desde la puerta de entrada al jardín, la veremos así:

En esta imagen se puede ver un poquito del cerezo, la catalpa, el ala este y el dispositivo ultrasensorial que detecta movimiento y responde con latigazos de agua para mantener a los gatos fuera de mi jardín (está a la derecha, pegado a una manguera amarilla).

Por último y aprovechando que hice unas pocas fotos, aproveché para retratar la catalpa, la cual la habíamos visto cuando se despierta y así podemos comparar su aspecto cuatro meses y medio más tarde:

La catalpa a finales de agosto

La catalpa a finales de agosto, originally uploaded by sulaco_rm.

Está espectacular y cualquier día suelta todas las hojas y se queda como un enorme erizo hasta que la vuelva a poder a finales de febrero, cuando acabe el invierno. Ya puestos, mejor vemos la franja en la que reemplacé las calvas que había y el césped viejo por el nuevo, en el ala noroeste:

Franja hecha con los restos

Franja hecha con los restos, originally uploaded by sulaco_rm.

Esta semana, regaré todos los días el césped nuevo para que agarre bien y empiece a crecer y en un par de semanas espero cortarlo por primera vez. En lo que a mi respecta ya he acabado con los grandes cambios en el jardín para este año 2014 y solo me queda prepararlo para el otoño e invierno en su momento, aunque es posible que haya algo más, ya que el Rubio ha prometido hacerme una nueva puerta, mayor que la que tengo ahora y que dificulte la entrada a los gatos en el jardín e incremente la diversión cuando salten y los dos aspersores los bañes de arriba a abajo, salgan corriendo enloquecidos y después los persiga yo con la manguera para finiquitarlos.

10 respuesta a “El nuevo ala este de césped”

  1. Desde luego te has pegado un buen tute, me encanta ese verde, yo soy un amante incondicional del césped, además da poco trabajo si le pillas el punto de regarlo lo justo para que verdee y crezca lo menos posible para espaciar los cortes, te hablo de mi césped claro, porque aquí con la caló que hace en verano es un placer ver todo el ranchito rodeado de verde, parece que uno siente el frescor.
    Te está quedando genial!
    Salud

  2. Buenos días gente!! Ya estoy de vuelta! Bueno, de medio vuelta, porque he solicitado una reducción de jornada, así que estaré menos por aquí.
    Al tema que es lo que interesa… el jardín se ve muy limpio con ese césped, eso me gusta, pero ¡lo que me encanta es la catalpa! ¡está preciosa! estoy por copiarte el arbolito….

  3. Genín y un servidor ya nos hemos acostumbrado a estar solos por aquí. Ya casi ni se nota la ausencia de gente. No creo que la catalpa valga como planta de salón. Para eso, hazte con un bonsai o planta una semilla de limón y dedícate a criar uno como yo, que el mío ya tiene años y uso las hojas para cocinar, que le dan mucho más sabor a la comida que las de laurel.

  4. No se me había ocurrido, que idea tan genial utilizar hojas de limonero para cocinar, en la primera ocasión lo probaré, pero también se lo voy a decir a la vecina que es la que mas cocina y me invita constantemente, siempre he sido un tipo muy desinteresado 🙂
    Bienvenida Virtu.
    Salud

  5. Coño, no me había hecho yo la idea del tamaño de tu jardín, es grande, bastante grande, la especie de cobertizo que hay a mitad, la de la pérgola, es tuyo?

  6. Lo que tú llamas cobertizo es la casa de las bicicletas, un sólido edificio de hormigón y sí, me pertenece. Lo normal es que los jardines acaben ahí pero en el caso de mi casa y de otras tres, recibimos por orden divina unos metros adicionales que convierten nuestros jardines en enormes y nos aíslan del populacho.

  7. Mmmm, sulaco, no se me ocurriría meter la catalpa en una maceta en un piso de la ciudad, estaba pensando en añadirla a un jardín, no sé si piensas que me había afectado tanto el sol del verano a la cabeza, pero ya sé que el tamaño de las hojas de la catalpa es más grande que muchas estancias de algunos pisos, no se me daría por ahí.
    Por cierto, que también tengo un limonero, y no es pequeño, pero las hojas no se me había dado por usarlas. Nunca te acostarás…
    Gracias Genín, 😉

  8. Una gran parte de los platos tailandeses, malayos e indonesios tienen hojas de lima o de limonero para dar sabor. Por supuesto se quitan antes de servir. Yo tengo una bolsa de hojas de lima congeladas para usar cuando preparo mis sopitas vietnamitas y otras cosillas.

  9. Está precioso el jardín, aunque alucino con lo de ala este, noreste, etc., yo soy nula para los puntos cardinales. Me pierdo en todos sitios y eso de saber dónde está el norte o el sur, que a la gente le parece evidente, a mí me parece de cienciaficción.

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