El vicio del poder – Vice

De entre las principales candidatas a los Oscars de este año, la única que se estrenó después de la ceremonia fue la película de hoy y por eso a la hora de hacer mi quiniela, no tuve presentes las actuaciones en esta peli. Puedo confirmar y confirmo que no habría cambiado las películas que escogí, con lo que no haberla visto a tiempo no altera mi lista de favoritas. De alguna manera, el trailer, en el que se puede ver una escena con George W. Bush en la que el colega parece más retardado que de costumbre, me ponía de los nervios así que cada vez que pasaban el trailer, hacía un esfuerzo adicional por no mirar a la pantalla. La película se llama Vice y en España se estrenó muchísimo antes que en los Países Bajos, allá por la segunda semana de enero con el título de El vicio del poder.

Un julay trapichero descubre que desciende de las cloacas del truscolanismo y es casi que lo peor del universo conocido y por conocer.

Esto es como un biopic en el que vemos como un tipo gris y que parecía abocado al alcoholismo y a pegarle alguna jalada a su hembra para ponerla en su sitio, cambia de repente cuando la otra amenaza con dejarlo y se mete en política, que es en donde los seres más zarrapastrosos florecen como tulipanes en primavera y poco a poco, puñal a puñal, mentira a mentira, se convirtió en el hombre más poderoso del mundo y probablemente fue el responsable directo de la caída del Sadam Hussein, ya que le tenía una tirria que no veas a ese tipo y le quería quitar su petroleo. En su keli, una de sus hijas le sale bollera y la otra tonta-del-culo. O algo así.

Como pseudo-biografía, la película entretiene, aunque imagino que la mitad o más de lo que cuentan ha sido debidamente distorsionado. De los actores, Christian Bale está tan cambiado para parecer gordo y viejo que en realidad no se le ve y en muchos momentos creo que se pasó tratando de imitar al original, en lugar de crear su propia versión. Sam Rockwell es más real como el presidente Bush hijo, sus escenas son siempre divertidas y curiosas y se ve que hasta él se estaba divirtiendo en el papel. La que sí que destaca y está fantástica es Amy Adams como la mujer del Cheney, la odias con intensidad en muchos momentos porque la tía era básicamente la personificación de un criminal autoexiliado y que se autodenomina presidente en el exilio, es tan rastrera que probablemente votarías a favor de una excepción para que le den el finiquito y le apliquen la pena de muerte. Pese a las reacciones tan diferentes según los actores, la película cumplió su objetivo de entretenimiento y si antes de verla ya pensaba que cualquiera que dice que su vocación es ser político merece la pena de muerte instantánea, ahora lo tengo aún más claro.

Por el tipo de cine que es, ni de coña es algo para los miembros del Clan de los Orcos, que harán bien en evitar los cines en donde la pongan. Sí que molará a los sub-intelectuales con GafaPasta, esos se lo pasarán pipa.

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