Elegidos a dedo

Anoche pedaleaba por las calles casi desiertas de la ciudad de Utrecht a las diez de la noche. Sobre mí, en el cielo, una luna enorme, casi tan grande como mi ego, aunque infinitamente más pequeña que mi estado anímico. Venía de ir al cine a ver un par de películas con Waiting y cenar juntos en un pequeño restaurante italiano junto al Blauwebrug llamado Lo stivele d’oro el cual me niego a recomendaros ya que se llenaría aún más de lo que normalmente está.

Con una luna tan grande sobre mí y solo por las calles hice lo único que se puede hacer en esos momentos, cantar a grito pelado la canción Jóvenes Eternamente de Pol 3.14, la cual espero que todo el mundo haya comprado ya puesto que hay que ser rastrero y miserable y seguramente de los del clan de los Druiderotas para racanear los noventa y nueve céntimos que vale esta joya perfecta. Mientras le gritaba a la luna, mi cerebro analizaba, evaluaba, catalogaba y archivaba información a ritmos frenéticos y uno de esos subprocesos tenía directamente que ver con los Cinco, ese legendario grupo de personas que forman parte de mi más íntimo círculo y a los que les deseo que seamos Jóvenes Eternamente para poder disfrutar de la amistad durante eones. También pensaba en El algoritmo de la amistad y en la forma en la que lo doblo y lo adapto para que encaje con la gente que me gusta, ya que aunque puede parecer inflexible, lo cierto es que tiene una gran capacidad para aceptar gente que en teoría debería estar fuera si yo lo aplicara a rajatabla. Así, al menos uno no cumple mi primera regla y al menos dos no cumplen la segunda, que yo sepa y sin embargo no me importa.

También me llamaba la atención como desde el año 2008 el núcleo duro de mis amigos se ha mantenido muy estable, algo que quizás a otra gente le parezca normal pero como dice uno de mis amigos de los círculos exteriores, en mi caso es extraordinario ya que en cada una de mis fiestas de cumpleaños la gente que acudía variaba considerablemente dada mi facilidad para hartarme de los seres humanos y desecharlos sin más miramientos, algo que si fuera una bellísima persona seguramente no haría pero por suerte no tengo ese tipo de escrúpulos y suelto lastre siempre que hace falta. En realidad, desde que llegó el Niño a mi universo, los anillos exteriores han ido disminuyendo de tamaño, año tras año y ajustándose más al concepto de amigos y menos al de conocidos, que son esos que tratas de cuando en cuando y que te importan un carajo, aunque si has pasado por la academia de artisteo de la vida, seguro que cuando te los tropiezas finges y realizas una actuación de premio dando a entender que sois como uña y carne.

En estos tres años, no se ha cruzado en mi camino ni una sola persona que mereciera siquiera una reflexión y una oportunidad, por pequeña que fuera, para aproximarse y comenzar a orbitar alrededor de mi (o yo a su alrededor, si no fuera egocéntrico y estuviera convencido de ser el centro del universo …). Y en un solo día, en el lugar que menos lo esperaba y tomándome totalmente desprevenido, me tropecé con dos. Sucedió en mi primer día de clase de italiano. El azar, si es que existe, hizo que llegara a mi primera clase de italiano casi a la hora en la que comenzaba, con la clase bastante llena y me senté en un lugar determinado del aula. A mi lado se sentó un chaval que también llegaba tarde. Creo que tardamos menos de treinta segundos en convertirnos en amigos. Si creyese en la reencarnación, tengo claro que en vidas anteriores vivimos increíbles aventuras juntos porque fue cruzarnos y saber, con una certeza absoluta, que estábamos condenados a acabar emborrachándonos juntos. Si se me ocurriera aplicar El algoritmo de la amistad lo habría desechado inmediatamente por fallar en el segundo y el tercer mandamiento pero en este caso, me la suda enormemente. Cada semana los vínculos se iban fortaleciendo y a partir de la tercera ya nos íbamos de copas después de clase y nos bombardeábamos continuamente con el Whatsapp, esa arma de comunicación masiva que solo sirve si conoces el número de teléfono de otra persona, ese pequeño secreto que un exclusivo grupo de elegidos sabe de mí. En la misma clase y con otro ritmo, sucedió que hubo otra conexión que comenzó a avivarse. Se trataba de mi profesor de italiano. Resulta rarísimo encontrar un amigo (de los de verdad, no de los más falsos que Judas que abundan como las hierbas malas …) y todavía aún más imposible que en el mismo lugar te des de bruces con dos y encima dos que no pasan las pruebas de resistencia (maldito sea el puto CaraCuloLibro …). Lo imposible parece que es posible y de un curso en el que me apunté porque me entró un antojo y del que no esperaba más que una forma de entretenimiento para el otoño he obtenido dos nuevos amigos y avanzan a tal velocidad por las diferentes constelaciones que me rodean que uno ya está empujando el grupo de los Cinco y amenazando con tener que reescribir la anotación y convertirla en Seis y el otro igual me obliga a llevarlo hasta Siete, un número totalmente desconocido para mí.

Por razones que sí que puedo explicar, la amistad parece que también surgió entre ellos con lo que somos como una mini-pandilla que se junta una o dos veces por semana para hablar y escuchar música, reírnos, comer y beber sin parar. En este pequeño grupo, el idioma que uso es el holandés, seguido del italiano y del español. Me niego a hablar con ellos en inglés. La razón por la que no me sorprende que se haya formado este grupo es que tengo clarísimo que yo congenio con un tipo muy determinado de personas, todos y cada uno de mis amigos y amigas parecen estar cortados por ese patrón y cuanto más te adentras en los Círculos y te acercas a los Cinco, más similares son, no en el aspecto físico pero sí en la manera en que viven su vida.

Anoche, mientras cantaba y reflexionaba sobre todo esto bajo una luna aún mayor que un sol, me preguntaba si en realidad no existirá un plan maestro y el destino me colocó en el lugar adecuado en el momento oportuno para que sucediera lo que debía suceder. Yo podría haber ido a estudiar italiano a otro lugar, podría haber llegado antes, o después, solo con un minuto de diferencia y me habría sentado en otro lugar de la clase, con otra gente, fantástica y todo lo que queráis pero sin chispa, sobre todo si tenemos en cuenta que yo estoy convencido de elegir a dedo a mis amigos. No hace mucho decía que estoy a trescientos metros sobre el cielo pero lo cierto es que parece que sigo subiendo y ya debo andar cerca de un kilómetro y medio sobre ese mismo cielo que da cobijo a la luna llena.

En este pequeño cuaderno que no pretende ser otra cosa que el diario de algunos de los eventos de mi vida, quiero que quede constancia de este evento extraordinario sucedido en el tramo final del 2011, un año que ya de por sí ha sido increíble.

10 opiniones en “Elegidos a dedo”

  1. Te felicito, porque es dificilisimo hacer nuevos amigos y sobre todo a ciertas edades cuando te pones más integrista. Yo necesitaría que me pasara eso a estas alturas de mi vida, la verdad, así que me alegro muchísimo por tí. Me alegro que tengas tantas ganas de vivir y que te sentaras en ese sitio en concreto en la clase, son cosas que pasan, aunque no muy a menudo y hay que celebrarlo.

  2. No, no es difícil si padeces el síndrome Peter Pan (o el Maicol yacson) como yo. El Niño tiene veinticuatro primaveras. A mí es que ya la gente algo mayor les entra la matraquilla de tener chiquillos y así no hay forma de poder salir y hacer cosas y con el Rubio y su tropa ya tengo bastante o el Turco y su hija …

  3. A una de mis contadísimas más-mejores-amigas del universo la conocí exactamente igual, pero en la facultad. Se sentó justo a mi lado, y de esto ya van unos cuantos años, aunque nadie lo diría porque estamos igual de buenas que entonces, conste. (Carmen, te quiero!)

  4. Darlíz, soy infantil que es distinto y no envejezco por culpa del síndrome.

    Virtuditas, de la universidad a mí solo me queda una amiga de los círculos exteriores a la que no me canso de llamar gorda para que se haga una dieta leididí y a la que para joderla le mando fotos de comida continuamente por el Whatsapp, a ver si incrementa su aguante a la comida. Por ahora no funciona, ella lo único que quiere es venir a visitarme a Holanda y que yo me pase el día cocinando y encochinarse hasta reventar.

  5. De todos creo que soy la unica que puede comentar aqui, o que por lo menos me atrevo…
    Mira que eres dificil, pero una vez que te conocemos…
    Lo unico en lo que insisto es que mientras en ese circulo no entre otra chica, pues vamos bien, jejejeje.
    A mi tambien me gusto mucho estar contigo todo el fin de semana. Comer alli fue magico, como siempre, pero comer en tu casa fue 1000% mejor 🙂
    Besitos. TQM.

  6. Los otros no comentan porque me ningunean y no se molestan en aprender el español para leerme, salvo Sergio, que ese directamente pasa. No digas nada de comer en mi casa que después se me llena de oKupas.

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