En la playa

Acostumbrado a la playa de la Garita, que es muy tranquila y en donde muchas veces tomaba el sol sin nadie más en la playa o con otros bañistas a una distancia considerable, ir a la playa de las Canteras es una experiencia como la de acudir a un concierto, hay siempre multitudes, tienes siempre a alguien a unos pocos metros de ti y cuando te descuidas o estás inmerso en un audiolibro o te quedas dormido, al despertarte te encuentras un montón de gente nueva a tu alrededor y prácticamente poniéndote los pies en la cara, ya que en la playa de las Canteras no hay playa pa’tanta gente y el espacio, sobre todo en marea llena, es limitado. Cuando yo era pequeño, a esta playa se iba a jugar, tomar el sol, bañarte, montar un bingo bajo sombrillas o echar una partida al envite o hacer una comilona de familia y amigos. Ahora, todo el mundo va con sus teléfonos y la lista de prohibiciones es eterna, ya no se puede jugar a la pelota, no se puede fumar, no se puede poner música alta, no se puede esto o aquello y por la megafonía, en lugar de esos mensajes entrañables que teníamos anunciando que habían encontrado un niño de cuatro años y el chiquillo quería volver con su mamá y habían muy pocos detalles sobre la misma hasta que todos observábamos una mujer desquiciada que corría hacia el puesto De la Cruz Roja, ahora los mensajes son recordándonos prohibiciones, diciéndonos que la playa está llena de mangantes, y mensajes generales que además, dan en inglés. La playa ha perdido el lado salvaje y se ha convertido en otro producto de la sociedad actual, uno para las fotos en las redes públicas y ya no tiene aquel punto de lugar social en el que te tropezabas con viejos conocidos. La avenida de las Canteras es aún más exótica, ya que la fiebre de los corredores los ha llevado a circular por una avenida llena con miles de visitantes a la playa y esquivan la gente como pueden, en ese paripé de correr que hacen ya que van a la misma velocidad que una babosa por mi jardín cuando sabe que la voy a aplastar y se la comerán los cuervos.

El momento en el que la playa de las Canteras sigue siendo mágica es antes de las diez de la mañana, cuando está vacía y puedes recorrerla de punta a punta y si no miras hacia los edificios, casi que es un viaje al pasado, aunque a la playa le falta un montón de arena que al parecer se llevó el mar en un temporal de hace un par de años. Quizás el presidente gringo esté equivocado y el cambio climático exista de verdad, ya que lo del mar rompiendo contra el muro de la avenida es algo nuevo, siempre pensamos que llegaría un día que se podría ir andando a la barra de la cantidad de arena que tendría la playa y ahora más bien parece que el mar reclama el terreno.

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