En las ruinas de M? S?n

El relato comenzó en El salto a Hanoi

Como de siempre se dijo que no se puede sacar de donde no hay y yo soy la viva prueba, por más que me empapo de cultura y visito los más espectaculares sitios del mundo y del universo, no dejo de ser un cacho de carne con ojos. Pese a la leyenda esa que dice que yo planifico mis vacaciones un montón, yo llego a los lugares y allí mismo me entero de lo que hay. En el caso de hoy, como mi amiga la Chinita estuvo en Vietnam en diciembre, me hizo unas notas y para Hoi An me había indicado el centro de la ciudad y M? S?n, palabras junto a las que escribió templos como Angkor Wat. Mi cerebro altamente subdesarrollado inmediatamente piensa en un complejo enorme con cientos de templos y edificios y algo espectacular que te toma por lo menos dos días para visitar y me extrañaba que la Chinita me hubiera puesto que dos días en el lugar eran suficiente así que añadí un tercero por si las moscas, que a mí lo de las piedras arrejuntadas y envejecidas me atrae mucho gracias a haber visto todas las películas de Indiana Jones. En mi hotel apalabré una excursión al lugar para el segundo día. La chica me la quería colocar con el regreso en barco, algo a lo que yo me negué puesto que por casualidades de la vida había leído en mi guía turística que lo del barco es una bobería para llevarte por el río y casualmente hacer una parada en una isla donde hay una fábrica de casualmente productos para los turistas y tal y tal y yo ya había subido en suficientes barcos en Vietnam y he navegado por ríos vietnamitas con lo que regresaba en guagua, me ahorraba el trapicheo mercantil y aprovechaba mejor el día ya que la salida duraba cinco horas y comenzaba a las ocho de la mañana. Ese día me levanté a las seis de la mañana, como siempre, así que tuve tiempo para ducharme, afeitarme, vestirme, desayunar y tocarme los güevos a destajo para ver si finalmente me crecen y se ponen como aguacates de grandes. En la recepción descubrí que una pareja australiana que también se quedaba en mi hotel iban a la misma excursión y un poquito después de las ocho pasaron a recogernos y ya fuimos los últimos, así que no tuvimos que pasar media hora (como todos los demás) yendo de hotel en hotel para pillar turistas. M? S?n está a treinta y pico kilómetros del poblacho y se tardaba más o menos una hora gracias a las increíbles velocidades que no se alcanzan en las carreteras vietnamitas. Mientras íbamos al lugar dejamos la carretera principal y nos adentramos en secundarias y ahí comenzaron a cambiar las cosas un poco y de repente noté que la carretera estaba parcialmente ocupada, obligando a los vehículos a hacer zig zag. Los campesinos usan el asfalto para secar cosas y extienden sus productos en el mismo. Así pasábamos junto a alfombras de maíz, de arroz y de otras cosas que no pude identificar. Como en todos los lugares anteriores, la principal regla de tráfico y la única que parecen respetar es que el vehículo más grande tiene preferencia, así que coches y motos nos respetaban (íbamos en un híbrido entre mini-bus y autobús) y nosotros cedíamos el paso a autobuses y camiones.

El precio de la excursión era de pura risa, menos de tres leuros y me habían indicado que en el mismo no estaba incluido el precio de la entrada al lugar, el cual era de sesenta mil dong, los cuales dimos al guía y él compró las entradas para todos.

Me da hasta vergüenza explicar esto pero bueno, aunque aquí hasta el más tonto tiene gafapasta y es intelectual, diré que los templos de M? S?n pertenecen a una civilización que se desarrolló en esta zona de Vietnam entre los siglos IV (palito-equis) y XIII(equis-palito-palito-palito) muy relacionada con el hinduismo. Fue el reino de Champa y tuvo gran importancia en esa región. Este santuario fue uno de los más importantes del reino y estaba escondido entre montañas, cerca de la capital y llegó a tener hasta setenta templos. La mala suerte se cebó con el lugar y gracias a la generosa intervención de los americanos durante la guerra de Vietnam y a sus bombas, arrasaron el lugar en una sola semana de bombardeos y los destruyeron prácticamente todos, una lástima ya que este era el lugar arqueológico no habitado más grande de Indochina.

Visitamos lo poco que ha quedado en pie y que ha sido restaurado y escuchamos las explicaciones del guía turístico, o más bien las escuchaban los otros mientras yo corría como una cabra por el monte para hacer las fotos antes de que se desperdigaran y me jodieran las fotos, que la wikipedia te lo cuenta casi todo y seguro que el hombre se inventa unas trolas que no veas. Los templos están hechos en ladrillos rojos y aunque no tienen el empaque de Angkor Wat, son muy bonitos. Hay un par de secciones que se están restaurando y han sido cerradas a los turistas y según mi guía de viajes, lo mejor es no salirse de los caminos por aquello de las viejas minas que pueden quedar por allí sin explotar, aunque personalmente no dejaría el camino ni muerto por tener que poner mis pies en una vegetación muy tupida y en la que escorpiones y serpientes se mueven como peces en acuario.

Cuando el hombre acabó con sus explicaciones nos dijo en donde nos podíamos encontrar con él y nos dio tiempo suficiente para andar a nuestra bola. Los más güevones se fueron directos al bar a sentarse a tomar algo y los guerrilleros nos perdimos por el lugar haciendo fotos y buscando rincones curiosos. Una pareja parecía tener cierta fijación conmigo y me seguían a todos lados y hacían las mismas fotos que yo. Es culpa del puto efecto del Elegido, que es como una maldición en alguna ocasión. Llegué al punto de encuentron en los últimos cinco minutos y por detrás de mí venían el dúo que me seguían y dos malayas que debían estar entrenándose para las procesiones de Semana Santa y caminaban como tortugas.

En el viaje de regreso casi tres cuartas partes de la gente se quedó junto a un río para hacer el grandioso viaje de regreso en barco (el cual es solo de unos pocos kilómetros ya que para llegar al lugar hay que ir por carretera y realmente lo que hacen es dejarlos por fuera de la ciudad o eso que podríamos denominar el timo de la estampita) y el resto seguimos hasta Hoi An a donde llegamos pasado el medio día.

Subí escopeteado a mi habitación, largué la cámara y la ropa, me puse el bañador, preparé mi mochila resistente al agua con lo necesario y me fui a la casa de al lado del hotel a alqular una bici, la cual me costó la friolera de setenta céntimos de leuro por el derecho a usarla todo el día. Enfilé hacia el norte para ir a la playa de An Bang, la cual es básicamente la misma que la del día anterior (Cua Dai) solo que en otro lugar de la costa. Es además el lugar al que van los locales, no hay multitud de restaurantes y nadie te molesta. Me busqué un rincón y me puse a atorrarme como siempre y remojarme con frecuencia. A las cuatro de la tarde empezó a llegar fauna local, aunque alguno de mis amigos los denominaría chusma y gentuza y empezaron a montar chiringuitos en la arena ya que al parecer allí va la gente por la tarde a comer. Como yo soy como un Dios para esta gente, no me molestaron y a mi alrededor se llenó de todo tipo de puestos en los que iban a preparar verduras, pescados y mariscos. Sobre las cinco de la tarde me cansé y opté por volver al hotel.

Tras la ducha de rigor, salí a cenar y repetí con el Morning Glory, sobre todo porque el Casa Verde que era uno que estaba muy recomendado en mi libro estaba cerrado por causas desconocidas. Volví a hacer algunas fotos por la tarde/noche, paseé por el lugar, asistí a un espectáculo folclórico local, ubiqué todos los lugares que quería visitar al día siguiente y me comí un helado de escándalo antes de regresar al hotel y recogerme hasta el día siguiente, mi tercer y último día completo en Hoi An

El relato continúa en Hoi An

2 opiniones en “En las ruinas de M? S?n”

  1. ?ste viaje te ha tenido que salir baratísimo. Los precios que comentas (tanto en comida, transportes, entradas, etc.) son de ensueño. Me gustaría darme el gustazo de pagar ésos importes, por ésas cosas, para saber qué se siente sacando del bolsillo ésas cantidades.

  2. Menos mal que de vez en cuando te tumbas a la bartola, porque al leerte suelo quedar agotado, imagínate si hiciera realmente lo que tu haces…jajaja
    Salud

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