Equilibrio cósmico

Los pollardones y los que viven del cuento suelen decir que hay una balanza cósmica que lo regula todos. Esa misma miasma dice lo que quieras si les invitas a comer a un buen restaurante, que ser asesor de lo etéreo no es más que ser un muerto de hambre con recursos lingüísticos. Hoy les voy a dar la prueba definitiva que necesitan para justificar sus teorías.

Quedo el sábado con el turco en Ámsterdam como suele ser habitual. Otros quedan en Ciudad Real, en Teruel, en San Nicolás o en Tegueste. Yo quedo en Ámsterdam, que se ve como de más estilo, más propio de alguien tan extra-ordinario y vulgar como yo. Hacía como tres semanas que no nos veíamos. Entre mis vacaciones en España, la visita de su novia fantasma y mi incursión de la semana pasada en territorios salvajes para ver ciervos no había habido ocasión. Como sucede siempre que llevamos mucho tiempo sin vernos, ambos tenemos un millón de cosas que contarnos y que luego no hacemos. Le hablé al turco de lo popular que es en mi bitácora pero él sigue sin creerme. Por más que le digo que la gente me pide conocerlo, él no reacciona. He intentado embaucarlo para llevarlo conmigo a Canarias en las siguientes vacaciones y así puedo hacer varias galas y sacarme un dinero con los chous pero no sé si vendrá. Le he dicho que hay tías que estarían incluso dispuestas a pulírselo, a menearle la turquiña hasta que produzca algún tipo de jugo, pero ni con esas. Dice que las mujeres españolas son como las portuguesas, todas con su maquinilla Mach 4D en casa. La verdad que no se lo pude discutir porque conozco a unas cuantas que tienen más pelo que el felpudo de mi casa.

Fuimos al cine y de copas, término que incluye un subconjunto de actividades. Cuando ya estábamos listos para partir me dijo que se tenía que comprar una nueva bicicleta robada porque le habían robado la anterior bicicleta robada que había comprado. Es la tercera en lo que va de año y sólo en cadenas de seguridad lleva más dinero gastado que mi presupuesto de estos cinco años en bicis. En Ámsterdam quien quiere hacer este tipo de negocio tiene que ir a la zona de la Universidad, que es donde están los vendedores de artículos de segunda mano de dudosa procedencia. Nos fuimos paseando y una vez llegamos tuvimos que esperar un rato hasta que apareció el profesional que hace estos encargos, hombre que mi amigo conoce por transacciones anteriores. El hombre le dijo que teníamos que esperar porque habían al menos tres personas por delante de nosotros, así que nos sentamos en una terraza junto a un canal a tomar unas cervecillas y disfrutar del último sol del verano. Veíamos pasar las pequeñas motoras con chulos de mierda vestidos de blanco y que trataban de fardar. Muchos de esos chulos van acompañados de unas tías de escándalo, unas chochas de morirse. Está clara la relación entre acción y reacción. La chocha se despatarra y paga con su coño por el uso y disfrute de un vehículo con el que navegar y dejarse ver, aunque sea con un tipo con menos gusto en el vestir que el padre de Julio Catedrales. Algunas de las tías levantaban aplausos de la hinchada que llenábamos los laterales del canal, unas tías con un escote delantero hasta el canalillo trasero, no se puede decir que medio desnudas porque en realidad iban casi desnudas. Las papayas aquellas nos sonreían con sus dentaduras de diseño, aclaradas con Blanco Nuclear y en ocasiones saludaban. Ninguna hablaba con el tipo que las paseaba ya que estas cosas se hacen rigurosamente por negocio, que hay que mantener una buena distancia entre la vida social y el sexo industrial. Ya le he dicho al turco que necesitamos uno de esos barcos, que el lo puede dejar frente a su casa y así el año que viene hacemos los paseillos. Las podemos recoger en el hotel Amstel que da mucho glamour y deberíamos exigir que vengan con boa y gafas de sol de pasta para que luzcan más y queden mejor en las fotos, porque posaríamos para todo el mundo.

Vimos llegar al profesional de la substracción de velocípedos y completar una transacción. Después se fue andando y volvió con dos más que repartió y se marchó andando de nuevo a la búsqueda de la que debía ser para mi amigo. Cuando volvió traía una bicicleta plegable como la que el colega me vendió y a él no le gustó demasiado, así que el hombre dijo que traería otra. Seguimos bebiendo y disfrutando del paisaje y del paisanaje. Tras lo que me pareció una eternidad el hombre llegó con una Oma fiets, una bici de esas enormes y de puro hierro que suelen usar las viejas holandesas. Mi amigo se levantó para ir a pagarle con el dinero que yo le había prestado y en ese momento su teléfono móvil decidió recuperar la libertad de la que había estado privado tanto tiempo. Saltó del bolsillo, rebotó en el suelo y se marchó de cabeza al canal. Sonó un Chof y se sumergió para siempre. Tuve que agarrar al turco que casi se tira a esas aguas empozoñadas para sacarlo. Perdió su agenda con todos los teléfonos, todo un drama. A mí me dolió más el medio giga que tenía la tarjeta de memoria de su telefonino, que aunque no lo usaba para escuchar emepetrés venía con ella. Nos fuimos al encuentro del ratero y el turco trató de explicarle el drama existencial de su vida, aunque el hombre no le hizo mucho caso y le explicó que él había estado en el hospital esa misma mañana y que no sabía cuanto más podría vivir. Con esas artimañas consiguió que el turco le pagara veinticinco euros por la bici, lo cual se puede considerar todo un robo. La vez anterior también le contó la misma historia y también le sacó un montón de pasta. El resto de la gente paga cinco o diez eurolos pero mi amigo dice que hay que valorar el trabajo que hace ese pobre tipo y que no vamos a racanear por algo tan útil como una bici.

Yo me quedé callado, miré hacia el agua y le dije que mi Dios ya había decidido el valor de la bicicleta y que le había reclamado el teléfono como pago para que comprenda que lo que está haciendo no está bien, ya que él valoraba muy mucho sus contactos y su agenda. El pareció sopesar la idea durante unos segundos, los que tardó en pasar una tía en bici con minifalda y enseñándonos el coño, momento en el que salimos los dos corriendo tras ella.

11 opiniones en “Equilibrio cósmico”

  1. Bueno… dios castiga a los pecadores. Y el hurto es pecado, y aprovecharse de él aun más… Dios es bueno, Dios es justo…

  2. Alabado… y dejad que yo aprenda a reventar cabezas a distancia en ese cursillo que estoy haciendo en CEAC para semidioses.

  3. el texto es cojonudo, deberias hacer muchos en esta linea
    las fotos molan… pero hay millones, textos como este solo los tuyos

  4. Esto es un 70% de realidad, un 20% de fantasía y un 10% de palabras raras. La proporción de realidad limitaría mucho el número de anotaciones que podría hacer, posiblemente una o dos por semana. Por eso los desvaríos son tan escasos. Tengo un par de ellos en el horno y tarde o temprano estarán listos para el consumo.

  5. Seguramente al menos a alguno. Ya verás el de esta noche. Vuelven las historias der Dani y esta seguro que molesta a dos o tres.

  6. A ver, por favor, alguien que viva en la peninsula. La frase “seguramente al menos a alguno” esta bien y yo empiezo a alucinar o suena rara????

  7. Es una de esas frases que podrían ponerse en la boca de cualquier político español y que aparecen como resultado de la mezcla de tres idiomas en mi cabezón.

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