Esas cosillas que solo me pasan a mí

No pasa un día sin que me asombre la capacidad que tienen algunos para creerse ideas equivocadas y engañarse a sí mismos. Da igual que les hayas demostrado una y otra vez aquello que dudaban, siguen erre que erre con sus ideas estúpidas y no hay manera de que vean la luz.

Hoy tenía un día interesante en el trabajo. Tres reuniones por la mañana y una por la tarde. A la hora del almuerzo decidí quedarme en la oficina para avanzar algunas cosillas que se me habían atascado y en ese rato aproveché para leer un informe que me había llegado por la mañana. Yo no aparecía como una de las personas que tenía que dar su opinión y solo debía archivarlo una vez lo aprobara un grupo de sabios asombrosos de la multinacional para la que trabajo. Ojeé el dichoso informe sin fijarme demasiado y captando la esencia pero no el detalle. Puedo escanear visualmente hojas a una velocidad increíble gracias a las técnicas que aprendí en bachillerato. En realidad no leo en el sentido literal sino que capturo zonas completas del texto y dejo que mi cerebro las procese en una especie de barrido visual que busca el contenido e ignora el continente. El informe era sobre las diferencias entre dos versiones de un estándar europeo que dejará de ser válido en diciembre, un estándar relativo a la seguridad de aparatos electrónicos de bajo voltaje. Suena a chino y seguro que crees que te resbala pero es más que probable que estés rodeado de trastos que para poder venderse en Europa han de superar una serie de pruebas y este estándar define las relativas a la seguridad de los productos. Perdí cinco minutos en mirar el documento y seguí con lo mío. En algún lugar de mi empresa, los sabios pasaron varias horas estudiando el documento y trabajando en el mismo para aprobarlo y así archivarlo, tal cual mandan las leyes de la Unión.

Por la tarde se pasó uno de mis compañeros por mi despacho y juntos nos pusimos a la tediosa tarea del archivado, algo que tenemos que hacer en varios sitios ya que gran parte de los productos que vendemos se veían afectados y necesitaban ese informe para poder seguir estando en el lado legal del universo. Mientras archivábamos la cosa en el primer de los productos pregunté casualmente al compañero y sabio de la empresa una de esas preguntas estúpidas y que solo se me puede ocurrir a mí. Era algo muy de primaria, estúpido y tan obvio que debería dañar los ojos. Todo el informe comparaba el estándar que deja de estar vigente con el nuevo, pero en realidad no con la última versión del nuevo que fue publicada hace dos meses sino con la anterior, la cual tiene tres años ya que si hay algo que tienen estos organismos es que su velocidad para crear normas e imponerlas es similar a la de un caracol. Le pregunté si había alguna razón por la que no se hizo la comparación contra el estándar más reciente ya que las diferencias no son muy significativas y el hombre se quedó blanco mirándome fijamente. Me dijo que debía estar equivocado así que le señalé ese documento que habían aprobado y le mostré que en realidad yo tenía razón. Mientras balbuceaba se podían oír las teclas del ordenador de mi jefa que ya escribía un correo a media compañía defecando sobre la madre que los parió y reprochándoles su falta de rigor. El error era de bulto y aún peor que sea yo quien lo haya descubierto puesto que ni corto ni coso ese vestido y mi conocimiento es bastante ligero y más bien el resultado de conversaciones sobre otros asuntos.

Con el hombre mirándome con odio porque tendrían que volver a juntarse le pregunté la razón por la que habían incluido dos familias de productos que yo creía que estaban bien y que casualmente se nombraban cerca del final del informe. No sé muy bien de lo que hablaban en esa parte del documento pero sí que me llamó la atención el ver los nombres de cosas que no deberían estar allí. De nuevo me dijo que estaba equivocado y de nuevo le mostré, con una sencilla búsqueda en el documento que los errores estaban allí. Mi jefa gruñía por detrás y el tipo se disculpaba como podía. Se marchó cabizbajo y el resto de la tarde la pasé viendo correos bomba que iban de una parte de la compañía a la otra y que cuando alcanzaban a alguien le daban un revencazo del quince.

Los supuestos sabios que hicieron un trabajo tan mal son los que más caña nos meten y los que más critican mi trabajo (o la falta del mismo según ellos) y les ha tenido que sentar jodidamente mal que los haya puesto en evidencia en algo que supuestamente no conozco y con un documento que ni siquiera tendría que haber leído. Esos tíos se olvidan que pese a que año tras año se dejen la lengua criticándome y diciendo que me paso la vida de tertulia y tomando café, mi rendimiento nunca ha bajado del excelente y puedo hacer en una hora lo que a ellos les toma cuatro.

Cuando volvía a casa con mi bicicleta seguía riéndome y pensando en el tema y la única explicación que le veo es que mientras la mayor parte de la gente siempre trata de fijarse en lo que está bien yo desprecio todo aquello que parece estar en su sitio y a la hora de trabajar me centro en detectar los problemas para poder solucionarlos y mi cerebro está tan entrenado que da igual que sea un documento, una reunión o el lanzamiento de un producto, evalúo la situación, encuentro los puntos de fricción e inmediatamente trato de resolverlos. Como mi memoria auditiva y mi capacidad de comprensión han avanzado hasta niveles insospechados gracias a que escucho audiolibros y lo hago mientras camino, paseo, pedaleo o viajo en tren, proceso la información de manera distinta y recuerdo las cosas muy bien y por eso, antes de marcharme les mandé una versión corregida de su propio documento con los cambios que a mi modesto entender eran necesarios para que se pueda aprobar y que saqué de otro documento que se aprobó hace cosa de un mes. Lo envié justo antes de irme a casa y de regalo puse unos cuantos jefillos amarillos en el correo para que sepan como se las gastan algunos y seguro que ha dolido bastante porque mi jefa me mandó un correo con un mensaje sencillo y escueto: ¡Qué cabrón eres!

Mañana me paso el día tomando café en la puerta de los despachos de los aludidos para ver si les crece la úlcera y revientan de rabia.

5 opiniones en “Esas cosillas que solo me pasan a mí”

  1. Que cabrón eres! jajaja Te sales, es que te sales…. me ha encantado sobre todo la última frase, podría perfectamente haberla dicho yo! jajajaja

  2. Si los que cometieron el fallo no fueran holandeses sino japoneses igual ya tenías un par de harakiris sobre tu cabeza.

  3. Jc, si los que cometen el fallo son japoneses, se niegan a admitirlo y te torearán hasta que te canses. En mi caso, como mi paciencia es finita y tengo muy poca tolerancia con ellos, les lanzo un par de andanadas muy por arriba tirando a los jefes de sus jefes y los tengo besándome el culo antes de dos puestas de sol. Eso sí, no me vuelven a dar la mano en mi vida y me la guardarán por siempre, algo que igual me viene bien ya que desde que era pequeñito siempre quise que me despidieran de una empresa amarilla.

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