Escapada nocturna en Oslo

El relato comenzó en Una pequeña escapada de otoño

Nos habíamos quedado en la cena del primer día de nuestra estancia en Oslo, cena a horas del norte de Europa, o sea, a las cinco y pico de la tarde. Al regresar al hotel descubrimos que tenían café y té gratuito en la planta baja y nos lanzamos como buitres sobre un cadáver a por la máquina. Gratis, pero un café horrible y más aguado que la regla de la Duquesa del atún, esa que está más arrugada que unos pantalones de pana. Descansamos una horita y volvimos a echarnos a la calle. Yo quería hacer fotos nocturnas del edificio de la ?pera y de nuevo cruzamos el puente sobre la carretera y estuvimos paseando por el lugar haciendo fotos. La temperatura en esta época del año baja de golpe y porrazo así que donde antes teníamos once grados, ahora llegábamos a seis como mucho. Por desgracia no se han molestado en crear una iluminación antológica y de leyenda para el principal monumento del país, así que entre mi ineptitud fotográfica y la desidia noruega, imagino que las fotos no serán nada del otro mundo. Cuando regresábamos comenzamos a ser conscientes del pequeño cambio que se produjo en las calles y como ahora no parecían tan seguras.

Perdí toda mi dignidad corriendo por la recepción del hotel para subir a mi habitación y largar la cámara mientras Waiting me esperaba y fuimos andando hasta la estación central para tomar el metro. En la calle, los Orcos comenzaban a salir y había mucha gente con pinta sospechosa. Cuando bajábamos hacia el metro, Waiting me informó que un tipo me evaluó de la cabeza a los pies para determinar si merecía la pena atracarme. Como yo siempre me desplazo en mi propia nube, ni me di cuenta. Nos subimos a un metro, uno cualquiera ya que todas las líneas nos servían e hicimos el recorrido que debía tomar cinco minutos y que al final fueron diez. La cabrona de la recepción nos había dicho que el lugar al que íbamos era un paseillo muy agradable pero según el mapa, era una caminata de cojones, yendo de un lado del plano de la ciudad al otro. Aquella tía debía tener la regla caducada o algo parecido y pretendía metérnosla doblada, pero como no le hacemos mucho caso a la gente, que le den. En el metro observamos también que lo de mendigos y gente con pinta sospechosa rebuscando en las papeleras de la ciudad también es muy popular en el sistema de transporte público y un tipo pasó mirando las papeleras del vagón del metro y tratando de encontrar en el interior de las mismas el Santo Grial.

Al llegar a nuestro destino, la estación Majorstuen, nos bajamos y nos perdimos, algo que me sucede continuamente ya que yo nací con una brújula de agujas torcidas. Envié a Waiting a preguntar a un chamo que agitaba la pelvis para ver si alguna hembra se acercaba y el chiquillo se emocionó hasta las chacras y si no le paramos los pies, nos persigue hasta la frontera. Si hubiésemos salido del metro por la salida adecuada habríamos llegado sin más problemas, pero tampoco nos supuso un problema dar un rodeo con cincuenta metros adicionales. Íbamos al cine Colosseum, el cual parece ser que tiene la mayor pantalla THX del mundo y del universo. La sala principal tiene una cúpula increíble, que magnifica el sonido y le da al cine un aire grandioso. Nos compramos antes de entrar en la sala un paquete de gominolas malísimas que costó a precio de mamada de puta sin dientes en Amsterdam y cuando llegamos a la entrada descubrimos con horror que había una promoción de unas gominolas de otra compañía y estaban regalando paquetes a todo el mundo. La película que íbamos a ver se titula Drive y seguro que hablo de ella en un futuro medianamente cercano ya que a España no llega hasta finales de diciembre y está en la cola de baja prioridad de mi lista. Antes de comenzar la película apareció el Chamo Manué, cogió el micrófono y todos pensamos que nos iba a obligar a presenciar una sesión de karaoke pero al parecer era que rifaban pases para ir al cine gratis y hubo tres ganadores, los cuales bajaban a buscar su premio con desgana. El precio de las entradas de cine es de 100 NOK por cabeza o algo más de trece leuros al cambio actual. Cuando ponen el pequeño anuncio del THX, lanzan unas reverberaciones mágicas e increíbles que te agitan hasta las raíces de los pendejos de los güevos, una cosa asombrosa.

Cuando acabó la película, fantástica y maravillosa, fuimos con la manada hacia la estación de metro. El andén estaba petado de gente y en los paneles decían que llegaba un metro en dos minutos. Diez minutos más tarde seguían anunciando un metro dentro de dos minutos. Ahí perdí mi fe en la puntualidad de los noruegos. Finalmente llegó un vehículo y nos lanzamos en tromba a su interior. Sentados había un grupo de jóvenes numeroso, con uno que parecía ser el pastor de la manada y que avisó a los otros. Comenzó a graznar: WHO LET THE DOGS OUT y el resto le respondía a gritos mientras producían con sus botas una tamborilada. Curioso en la primera iteración, irritante tras cinco minutos repitiéndolo una y otra vez sin avanzar en la puta canción. Nos dimos cuenta que los jóvenes bebían cerveza, pero compartiéndolas, con dos o tres con una cerveza. Hasta en la Alianza de las inCivilizaciones del cuasi ex-presidente ZaPatazos, arrasada como está, la gente se puede permitir una cerveza para cada uno y no tener que poner la boca en donde la ponen otros para echar un trago. Los jóvenes se bajaron una parada antes que nosotros.

Al llegar al destino, salimos a la calle, alrededor de la medianoche y la zona de la Estación Central de Oslo era como el escenario de una película de criminales. Pasaba gente con pinta de escoria, te miraban con descaro buscando algo de valor y la sensación era la de estar en la Zona Cero del crimen mundial. Salimos de allí por patas, pasamos por delante de alguna tía vestida más como de Puteta que de puta y en un tiempo récord llegamos al hotel en donde pedimos asilo y nos refugiamos hasta el día siguiente, relato para el que tendréis que esperar al próximo episodio.

El relato continúa en Una de museos por Oslo

9 opiniones en “Escapada nocturna en Oslo”

  1. El cine era super bonito. Las gomitas costaban cerca de 5 leuros… Me sigue doliendo al saber que las entregaban gratis jajajaja.
    Un beso

  2. Como en algunas partes se conoce por gomita otra cosa, clarificar que las susodichas mencionadas por Waiting son GOMINOLAS y para los más pedantes, ni gomita ni gominola están reconocidas en el RAE pero son de uso común, la primera en Sudamérica y la segunda en España.

  3. Y por aquí pastillas de goma, que lo de gominolas es muuu peninsular.

    Me extraña eso de la gente con mala pinta, yo pensaba que esos países eran super seguros con una criminalidad muuuu pero que muy baja.

  4. Yo también lo pensaba, pero hasta en mi guía de viaje te avisan que los carteristas trabajan en los restaurantes de los hoteles, cuando la gente baja a desayunar y por Oslo vimos como muchísima gente con pintas raras y mendigando, incluso fuera de las zonas turísticas de la ciudad.

  5. Hasta en la Galeria de Arte Nacional te advierten en la puerta que te pueden robar dentro de ella.
    Yo nunca me habia sentido tan insegura en una ciudad y eso que soy de Caracas. El articulo que publica el Pais sobre Noruega ayer, o el redactor se leyo lo que dice Google de Oslo y como vive la gente alli o no me creo en 1000 años que haya estado alli antes de escribir sobre la ciudad, o sufrira sindrome de estocolmo y vivira alli y sera como aquellos que se hacen llamar A o B que son capaces de inventarse cosas para convencer a todo el mundo que su vida es ideal…no habia visto tanta gente rebuscando en la basura en mi vida…

    Un beso.

  6. Es verdad que en los alrededores de la estación de tren de Oslo sí vimos muchos mendigos, pero luego no tuve sensación de inseguridad en ningún otro sitio de Noruega; la verdad es que tampoco había mucha gente por la calle, hubo un sitio ideal, el sitio más bonito que he visto en mi vida, con lagos, montañas, etc. que tenía trescientos habitantes y sólo estábamos en la calle mi amiga y yo y nos cruzamos sólo con tres o cuatro personas el día y medio que estuvimos allí. Por poco me muero del aburrimiento, ahora el lugar precioso, de cuento.

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