Estatua de la Libertad y Broadway

Si quieres leer el relato del viaje al completo, salta hacia atrás en el tiempo hasta Es un mundo muy muy seguro – primera parte

A la mañana siguiente me levanté temprano para aprovechar la jornada. Con tanto por ver y tan pocos días sabía que sería duro y en el camino tendría que dejar algunas cosas para una futura ocasión. Lo primero es lo primero y desde que decidí visitar Nueva York sabía a donde me encaminaría el primer día. Cogí el metro, tiré hacia el Sur de Manhattan (Lower Manhattan) y me bajé del metro en Whitehall St ? South Ferry Station. Merece la pena comentar que el sistema de Metro de Nueva York es maravilloso. Funciona las 24 horas, es seguro, la frecuencia es brutal y además baratísimo. Lo mejor es comprarse un pase para siete días que vale 24 dólares (Unlimited Ride Metro Card 7 days). Si tenéis en cuenta que un viaje vale 2 dólares y que váis a usar un montón el metro y los autobuses, esto se paga solo en un par de días. Desayuné por allí y enfilé hacia Battery Park porque lo que yo quería era visitar la Estatua de la Libertad. Hay una gran diferencia entre ir en verano o en invierno. Si pilláis época de vacaciones, mejor reserváis para conseguir pase y poder subir al pedestal de la Estatua porque los dan en número limitado, con hora asignada y como no lo hagáis así tendréis que conformaros con caminar alrededor de la misma. En invierno no hay problemas. El billete del barco vale tanto para la Estatua de la Libertad como para la Isla de Ellis y salen cada veinte minutos más o menos.

Después de comprar el billete tienes que pasar un control de seguridad similar al de los aeropuertos. Tras eso, entras en el barco y partes hacia la isla de la Libertad. Detrá tuyo hay una vista increíble con la línea de rascacielos de la ciudad y el puente de Brooklyn. Al frente la estatua va ganando tamaño. No son más de quince minutos, pero es magia en estado puro. Llegas a la isla y a correr como cabras para no tener que competir con los otros cientos de personas que van contigo. La subida a la estatua requiere un nuevo control de seguridad y no te dejan llevar mochilas, así que la dejé en una taquilla y me puse a la cola. Aquello en verano debe ser horrible porque es una enorme caseta en la que hay que estar un gran rato. Yo fui en un día muy tranquilo y así y todo tardé media hora en pasar el control. La gente va entrando en pequeños grupos y un Ranger te da una charla. Si quieres te puedes quedar y escucharlo o lo puedes ignorar y enfilar hacia tu destino. En la sala en la que el hombre habla se encuentra la antorcha original, una joya que al principio pensaron en usar como faro. En su charla explica como se construyó, cuanto tardaron y demás. Tras esto pasas por un pequeño museo en el que hay réplicas, algunos de los moldes que se usaron e imágenes de la construcción y finalmente llegas a la base del pedestal. Se puede subir en ascensor o a pata. Yo elegí el segundo método por aquello del romanticismo y lo emotivo del evento. Subí las escaleras sin llegar a creerme que estaba en la Estatua de la Libertad. Es una pena que ya no se permita subir a la estatua. Te quedas a sus pies. Aún así la vista de Nueva York desde allí es impresionante. Te puedes imaginar los barcos que llegaban cargados de emigrantes desde Europa y veían a la Dama a su llegada. Me dio un ataque fotográfico y creo que tengo unas cuantas decenas de fotos del lugar. Cuando acabé la visita ya era bastante tarde y en el barco de vuelta decidí saltarme la visita a la isla de Ellis. Es un bonito museo que espero volver a visitar algún día pero como ya dije, hay que sacrificar algunas cosas y tenía claro lo que iba a hacer. Una vez en tierra cogí el metro y subí de nuevo a Times Square. Eran casi las tres de la tarde y a esa hora se comienzan a vender las entradas con descuento en el TKTS Booth. Hay bastante cola pero se consiguen hasta por la mitad de precio. Son para ese mismo día. Comentar que hay sesiones matinales (a las tres de la tarde) los miércoles y los sábados y se pueden comprar las entradas para esas sesiones por la mañana del mismo día a partir de las nueve. Yo compré para ver El Fantasma de la ?pera en el Majestic Theatre. Aquellos que están acostumbrados al TODO GRATIS se pueden ahorrar la pasta ya que esto no es para ellos. Aquí no hay mulas ni torrentes. Se paga por ver un espectáculo y se paga una pasta. Con el 50% de descuento mi entrada me costó 60 dólares y pensad que la mayoría de la gente no compró ese día. Hacer musicales no es barato.

Con la entrada en mi poder me dediqué a disfrutar de la zona de Times Square, la cual de día es tan espectacular como de noche. Repetí parte de la visita del día anterior y después fui de peregrinación a un lugar con el que he soñado toda mi vida, desde que era pequeñito, como diría una conocida cuando le hicieron la evaluación para las pruebas de Controladora Aérea y las falló por dar esa respuesta tan gilipollas. Tuve que caminar nueve manzanas y pasar por delante del Madison Square Garden para llegar a B&H Photo Video, posiblemente la tienda fotográfica más famosa del mundo y obligado punto de peregrinación para comprar material fotográfico. Sus dueños y todos sus empleados son judíos, de esos de las películas con los gorritos, los rizos y el frotamiento codicioso de las manos. La tienda es enorme y allí tienen TODO lo que puedas desear en fotografía. No lloré porque se me congelaron los lagrimales en el paseo pero vamos, casi me pongo de rodillas a dar gracias al Señor. Me compré un extensor 1.4x para mi super-mega lente Sigma, compré un flash Canon Speedlite 430EX flash, unos líquidos para limpiar el sensor de la cámara y mi nuevo trípode, un Bogen / Manfrotto 055MF4 Magfiber Pro Carbon Fiber con una cabeza compacta 486RC2 de la misma marca. Gracias a la conversión Euro-Dólar ahorré un montón de dinero pero aún así dejé la tienda con un agujero en el bolsillo de casi mil dólares y me prometí no volver en los días siguientes, que la tentación es muy grande. Me llevé también el catálogo de los productos que venden, un libro parecido al de Ikea que guardaré hasta el día que cruce el umbral de la Luz.

Desde la zona en la que está esta tienda hay una vista increíble del Empire State Building. Salí de allí feliz y contento y por supuesto sentía la necesidad imperiosa de tocar y usar lo que había comprado así que volví inmediatamente al apartamento para gozarme mi orgía fotográfica. Más tarde me preparé para el Chou y volví a la zona de la 42 con Broadway. Todos los teatros tenían grandes colas en las puertas. Entré al teatro y tomé asiento. Estaba en la platea, justo al centro. Si alguno de los protagonistas soltaba un pedo seguro que me iba a enterar perfectamente. Cuando hablamos del Fantasma de la ?pera estamos tocando el musical por excelencia, el que ha roto todos y cada uno de los records que puedas imaginar. Originalmente se estrenó en Londres y llegó a Broadway el 26 de Enero de 1988 al Majestic Theatre y ahí sigue. Ha sido visto por más de ochenta millones de personas, es el espectáculo que más dinero ha recaudado en la historia del mundo y si contamos solo las representaciones de Nueva York entonces hablamos de once millones de personas y más de seiscientos millones de dólares (y sigue sumando). Si los números no lo dicen todo, solo necesitas dos horas y veinte minutos para convencerte. Te quedas sin palabras, es una experiencia que te teletransporta a un mundo completamente distinto. Del espectáculo no diré nada. Quien quiera que lo vea, en Londres, en Nueva York o en cualquier otro lugar del mundo en el que se esté representando. Cuando terminó y estamos todos en pie aplaudiendo a rabiar y gritando como verduleras los Bravos de rigor sucedió algo extraño, algo que no pasa casi nunca. Ese día no había habido substituciones, todos los que cantaban eran los actores principales y todos estaban en el escenario llorando y aplaudiendo a la protagonista, a Rebecca Pitcher. Howard McGillin, el actor que interpreta al Fantasma cogió el micrófono y entre lágrimas contó que esa era una noche muy especial porque para Rebecca era la última vez que representaba el papel de Christine Daaé, el cual llevaba haciendo casi una década, tanto en Broadway como en una de las compañías que representan este espectáculo y que están continuamente de gira por los Estados Unidos. Rebecca sigue su camino y se marcha para afrontar otros retos y esas cosas que se dicen. Allí lloró hasta la gorda de las taquillas. Este es el tipo de cosas que siempre pasan cuando yo ando cerca. Me meto a ver un espectáculo y pasa algo extraño. Puesto que era su última noche, ella habló y dio las gracias y nosotros le dimos unas cuantas ovaciones extras para animarlos y que todos lloraran más.

Salí del teatro con más energía que la Barbie Durasel y me perdí en la noche de la capital del mundo. Visité unos cuantos bares y locales de esos de copas. La gente es muy amigable y te hablan al segundo así que quien quiera ir a un sitio así que no se preocupe si viaja solo, que a veces la compañía es un lastre. Ya bien entrada la noche cogí el metro para ir a casa. Iba solo en el vagón. Era algo extraño, como una de esas películas en las que despiertas y te encuentras que todo el mundo ha desaparecido. Se me hacía raro estar en una ciudad con tantos millones de personas y encontrarme allí tan solo, moviéndome por la ciudad en un vehículo que unas horas más tarde llevará en cada vagón a decenas de personas.

Así acabó el segundo día en Nueva York.

Esta historia continúa en El Empire State Building y el puente de Brooklyn

Una respuesta a “Estatua de la Libertad y Broadway”

  1. hola! primero de todo me presento, me llamo Gema, soy de Barcelona y mi grandisimo sueño seria pisar suelo neoyorkino (y alrededores), pero sobretodo no kiero irme al otro barrio sin haber estado por allí…….
    he leido esto y me han entrado muchas ganas de continuar leyend, por no decir de viajar allí, y no volver…. 😉
    me gustaria k pudieramos xatear o algo.
    responde si te interesa. gracias.
    un saludo!

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